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Archive for the ‘14. Ideas y debates’ Category

Una opinión sobre los candidatos mexicanos

- Por Bernardo Marín *

Kizza Terrazas.

Kyzza Terrazas, mexicano nacido en Nairobi en 1977, escritor y director de cine, es autor de dos libros de relatos, El primero ojo y Cumbia y desaparecer. Como cineasta debutó con El lenguaje de los machetes, proyectada en la Mostra de Venecia de 2011. La película, inspirada en los atentados del 11-S y en la revuelta de la localidad mexicana de San Salvador Atenco de 2006, es ante todo, una historia de amor y fue recibida con aplausos por la crítica. En sus respuestas al cuestionario de EL PAÍS, Terrazas saluda la reacción de parte del pueblo mexicano contra el monopolio de los medios durante la campaña pero se muestra escéptico sobre un cambio profundo de la realidad de su país.

Pregunta. Defina con una frase a cada uno de los tres candidatos principales.

Respuesta. López Obrador (PRD) es un luchador social demasiado preocupado con probar que es un luchador social. Josefina Vázquez Mota es como la sección de libros de superación personal: mojigatería superficial y profundamente dañina. Enrique Peña Nieto es una pantalla plana, el horror que el HD no logra ocultar.

P. ¿Qué le ha parecido lo mejor y lo peor de la campaña?

R. Lo único rescatable de la campaña es constatar —sobre todo a raíz del movimiento #YoSoy132, pero no únicamente— que un sector grande de la población rechaza el estado de cosas: monopolio en medios de comunicación y, por supuesto, a los propios partidos, al sistema que los alenta, solapa y permite sus excesos. Lo peor: que aún con esa suerte de despertar intuyo que la cosa seguirá igual, y que la seudodemocracia resulta muy cara e insuficiente.

P. ¿Cuál es la primera medida que le pediría adoptar al nuevo presidente?

R. Convocar a un verdadero diálogo entre las fuerzas políticas —que no sólo incluya a partidos— para hacer frente a la emergencia que vive el país por la violencia, y para marcar el rumbo de una profunda reforma política y económica.

P. ¿A quién va a votar? / ¿Quién cree que va a ganar?

R. Con gran desconcierto, votaré por AMLO. Creo que ganará EPN.

P. ¿Usted también es 132?

R. Sí, en algún sentido. Con un grupo de amigos, desde antes de las elecciones, impulsamos una suerte de manifiesto —más a manera de conversación— que tiene algunos vasos comunicantes con el #YoSoy132, pero habla puntualmente de la necesidad de caminar hacia una nueva ética civil. Esa serie de ideas pueden consultarse en: http://revolucionsinviolencia.com/

P. ¿Con qué candidato saldría a cenar?

R. Con ninguno.

R. ¿Le quita el sueño la posibilidad de un fraude en las urnas?

R. No. Pero sí me frustra mucho ver que, a pesar de todos los esfuerzos de tantos años, de tantos movimientos sociales importantes, los partidos políticos hayan sido incapaces de impulsar una reforma electoral verdadera que hubiera permitido una elección diferente y que sigan existiendo —de nuevo, por parte de todos los partidos, pero sobre todo del PRI— prácticas añejas de compra y coacción de votos.

P. Complete la frase: “En los últimos 12 años de Gobierno me hubiera gustado que…”.

R. Se diera cuenta que el mundo y los países no caminan por buen rumbo y que hubiera sido lo suficientemente razonable y sensato como para promover la justicia en su sentido más amplio, que bajara un poco los brazos, que dejara de actuar como patriarca que todo lo sabe y que todo lo hace bien.

Fuente: El País, 30.06.12 – * Desde México

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28.06.2012

Un “día después”

(de cuando Moyano se pasó de la raya) 

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- Por Roberto Páez González

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El acto de Moyano fue multitudinario, sí, pero no llegó a dejar un mojón memorable, ni para los organizadores, ni para nosotros, embanderados con Cristina.

Pero confirmamos datos y sacamos alguna conclusión nueva. Una de las conclusiones es que necesitamos iniciativa intelectual propia para evaluar lo que pasa -mientras esperamos las aclaraciones de la compañera Presidenta- para escudriñar qué pasa en las líneas internas, en el escenario político nacional y en los condicionamientos de los contextos internacionales que más directamente nos atañen.

Confirmaciones: el paro no fue general ni de la CGT, sino de Camioneros con apoyo de otros gremios, como dijo Moyano, y menos numeroso de lo previsto.

Pero tuvo lugar, y esto significó que Moyano y los suyos se corrieron del frente conducido por Cristina, siguiendo la búsqueda de una libertad de maniobra en la que encuentran sentido sus renuncias al PJ, etc.

El tener lugar de este discurso desde otro lado -otra vereda- es el anclaje opositor de un nuevo polo. Durará o no, podrá congregar a más o menos aliados, pero eso tenderá a precisarse pronto. Ni asegura que le permitirá ganar la reelección al frente de la CGT, aunque sí demostró que tiene capacidad para hacer daño.

Es lamentable lo de Piumato en todo este tiempo. Lógico lo de Venegas.

Ni me parece que puedan ser la cabeza del movimiento nacional y ya no son expresión de la columna vertebral.

No han representado la conciencia nacional, ni tampoco la conciencia de clase.

Las reivindicaciones de aumento del mínimo no imponible y del reparto de las utilidades de las empresas están en consonancia con intereses de segmentos de trabajadores privilegiados dentro del contexto y no tienen el ímpetu colectivo de las reivindicaciones de toda la clase, ni del apoyo a una política de defensa de la soberanía nacional, como durante los 18 pirulos.

Lo temible es el rasgo degenerativo populista-reaccionario en la combinación eventual con residuos de viejos partidos y viejos dirigentes si llegara a producirse una situación de crisis política; sin embargo hoy por hoy estamos lejos de situaciones como las de Paraguay o Bolivia. Pero por ahora, ya que Moyano no quiso los apoyos de la Mesa de Enlace o Micheli, se puede pensar que no quiere aparecer como destituyente, algo que también rechazó en su discurso.

Moyano quiere quedarse con el peronismo porque se autoconsidera histórico, no advenedizo, obrero, y no necesariamente pejotista. Pero estoy seguro que todavia quedamos muchos que por ser peronistas históricos, no advenedivos, obreros o no, pejotistas o no, estamos en el kirchnerismo que dirige brillantemente Cristina, aunque tengamos un montón de matices, y ya sabemos que -a pesar de las limitaciones que siempre tuvo el peronismo- nadie se puede quedar duraderamente con ese fondo de comercio si no construye independencia económica, soberanía política y justicia social.

Hay quienes siguen con la máscara de la Lealtad. Por lo que Moyano y ellos llegan a ser caminos que se bifurcan.

Parece que también puede haber dobles lenguajes o dobles vías en el PRO.

Lo que queda es que la lucha nacional y popular continúa y también que todos y cada uno de nosotros tenemos que reconocer a tiempo cuáles son nuestros papeles (dónde y cómo actuar, y para qué).

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Moyano vs. Moyano

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Para Moyano, hoy por hoy, y sin quitarle mérito a su inclaudicable pelea contra el neoliberalismo en los ’90, el tema Ganancias es anecdótico.

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- Por Roberto Caballero
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Dijo Hugo Moyano, el 29 de abril de 2011, frente a medio millón de trabajadores reunidos en la Avenida 9 de julio: “El movimiento Obrero Organizado a través de la CGT ha pedido a nuestra presidenta que se presente en elección para ser reelecta. Yo creo que no tiene que hacer mucho esfuerzo nuestra presidenta, porque lo que vemos al lado se desmorona solo.”
Me pregunto, como muchos por estas horas, ¿qué pasó desde entonces? ¿Qué pasó desde aquel apoyo incondicional de Hugo Moyano a la candidatura de Cristina Kirchner hasta el día de ayer donde, en el marco de una paritaria perezosa donde los camioneros piden el 30% de aumento y la patronal ofrece, por ahora, el 21%, el líder de la CGT haya amenazado con un paro nacional desde los estudios de TN, bajo la atenta supervisión de Marcelo Bonelli? Se habla de chantaje, de extorsión, pero eso por sí solo no explica la decisión, salvo que los funcionarios revelen en qué consiste ese chantaje o la presunta extorsión, como alguna vez Néstor Kirchner lo hizo con la Corte Suprema menemista. Moyano dice que es por el Impuesto a las Ganancias, y eso también se parece a una excusa para quedar bien con ese 10% de los trabajadores en blanco de ingresos medios y altos que se quejan porque el tributo funciona como una poda salarial, lo cual es cierto. Moyano reacciona en cámara porque el ministro Florencio Randazzo lo quiere denunciar penalmente por el desabastecimiento. En realidad, es algo menos visceral. Es más profundo. Viendo sus últimos reportajes y movimientos, Moyano actúa traicionando a Moyano, algo así como Moyano vs. Moyano, que reclamaba que el movimiento obrero organizado pasara a ser cabeza del peronismo y dejara de ser su columna vertebral. En el cónclave futbolero de La Ñata, Moyano se resignó a probar suerte, una vez más, como columna vertebral, pero esta vez de un armado post kirchnerista, donde reluce el ex consultor de Repsol Alberto Fernández, el ex ministro de Economía Roberto Lavagna y, desgraciadamente, el Daniel Scioli versión presidencial 2015, increíblemente ausente ayer en la trifulca, esperanza del establishment que quiere ver clausurado el proceso iniciado en 2003 por derecha. Creo que para Moyano, hoy por hoy, y sin quitarle mérito a su inclaudicable pelea contra el neoliberalismo en los ’90, el tema Ganancias es anecdótico. Lo prioritario sería agrietar la relación del gobierno que nacionalizó YPF y lanzó un plan de créditos para viviendas revolucionario –como pedía la CGT– con sus bases trabajadoras, para llevarlas al redil de un proyecto anti kirchnerista, que le ceda a él los espacios de poder que, en la teoría y en la práctica, el kirchnerismo le negó en su etapa cristinista. Ni siquiera está en juego la titularidad de la CGT. Es más que eso. Es un proyecto político, que no lo tiene como cabeza, sino como ariete para llenar la calle ya no de caceroleros de Recoleta y Barrio Norte que reclaman dólares, sino de trabajadores sindicalizados, porque sin esos trabajadores no existe la liturgia insurreccional que precede a un recambio de ciclo, como el que ansía Alberto Fernández, el nuevo armador de Scioli.
Pero Moyano está jugando todo su capital a un pleno. Lo sabe él, los moyanistas que dejaron de serlo, como su ex aliado Omar Viviani, y también los que en público lo respaldan, pero por lo bajo confiesan que extravió el rumbo porque decidió enfrentar un gobierno al que hay que examinar con un microscopio muy potente para detectarle medidas anti populares o anti sindicales. Es la primera vez en nueve años, por caso, que las paritarias van a empardar la inflación. Hasta ahora venían superándola, es decir, los trabajadores en la era K venían recuperando salario real, como no sucedía desde 1973/1974. Empatar no es perder. Y, mucho menos, cuando el frente externo se presenta crítico y hay medidas oficiales contracíclicas que son inéditas, al menos desde el retorno de la democracia hasta el presente, que desoyen todas y cada una de las recetas del FMI, del CEMA, de AEA y de la mismísima hegemonía del G-20.
Los que acusan a Moyano de traidor lo analizan desde la indignación del instante. Pero Moyano hace política: quiere tener diputados, espacios en la administración, ligereza en la adjudicación de fondos públicos, y supone que lo que Cristina le niega le será dado en un futuro más o menos próximo por Scioli como compensación a los servicios prestados en su proto-candidatura anti K. La respuesta, entonces, debería ser política y no emocional. Si la política busca el bien común y la coartada sindical de Moyano deja a un pueblo como Guaminí sin gas, sólo hay que confrontar dichos y hechos, de cara a la sociedad, que es la que decide.
Toda su movida se inició hoy, un 20 de junio, Día de la Bandera creada por Manuel Belgrano, quien en 1812 ordenó el “Éxodo jujeño”, para no dejar en manos realistas nada que pudiera servirle para abortar la lucha por la liberación. Belgrano redactó un bando que obligó a todo el pueblo a levantarse y a seguirlo hacia Tucumán, porque eso era lo que había que hacer si uno quería una patria libre. Y ese bando, sobre el final, previendo que la gente no iba a querer desprenderse de sus animales o de sus casas, decía: “Serán tenidos por traidores a la patria todos los que a mi primera orden no estuvieran prontos a marchar y no efectúen con mayor escrupulosidad sean de la clase y condición que fuesen.” No importaba el derecho de unos sobre sus propias cosas, porque había un derecho colectivo superior a resguardar: la libertad de todos, la construcción de una patria nueva, en la lucha anticolonial contra España.
La buena política persigue el bien común. Belgrano era un gran político, además de militar. Lo material era accesorio en esa encrucijada. No había interés sectorial o corporativo por encima del interés nacional.
Doscientos años después, la Argentina enfrenta una nueva encrucijada. Mientras el capitalismo mundial se hace añicos, un gobierno democrático intenta mantenerse de pie, exigiendo apoyo a los que se beneficiaron de sus políticas de casi una década.
En este contexto, ¿a quién se le ocurre un paro general de Camioneros que paralice el país?

Fuente: Tiempo Argentino, 21.06.12

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Trabajemos juntos

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- Por Pedro Álvarez Icaza* y Leticia Merino**
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La mañana del 12 de junio falleció en Bloomington, Indiana, en Estados Unidos, Elinor Ostrom, quien en 2009 recibió el Premio Nobel de Economía por su contribución a la comprensión de las instituciones de acción colectiva, particularmente de la propiedad común. Ostrom fue la primera y hasta hoy única mujer en obtener esta distinción.

La noticia sorprendió a todos los que la admiramos y respetamos como profesional y como persona. Hace un mes, muchos mexicanos tuvimos la fortuna y dicha de escucharla y de asimilar sus profundos y a la vez sencillos consejos en torno al trabajo con las instituciones comunitarias del ámbito rural de nuestro país.

Pero, ¿quién era Lin Ostrom? Una académica y politóloga de la Universidad de Indiana, que planteó nuevos paradigmas en las ciencias sociales y durante 50 años se dedicó a documentar y desarrollar una teoría sobre la gobernanza de los bienes de uso colectivo de comunidades que realizan una apropiación social de sus recursos naturales a partir del establecimiento y cumplimiento de reglas de acceso y uso de la riqueza natural de muchos de ecosistemas alrededor del mundo. A partir de la documentación puntual y sistemática de experiencias de productores rurales, pescadores y usuarios de bosques, aguas superficiales o subterráneas, algunas dentro de territorios de comunidades indígenas, cuya característica principal es haber logrado durante cientos de años una gobernanza sustentable y equitativa de su riqueza natural y biodiversidad, sin el agotamiento de la base natural que les da sustento, en la mayoría de los casos sin la intervención de los gobiernos, o de los mercados, y en muchos casos a pesar de ellos.

Su trabajo, dedicación y la firme convicción de que el conocimiento es un producto y un bien colectivo que surge de la cooperación y el intercambio de experiencias, llevaron a Ostrom y a sus colegas a integrar la Asociación Internacional para el Estudio de los Recursos Comunes (IASC, www.iasc-commons.org). En 2004 la IASC realizó su décimo congreso mundial en el Jardín Etnobotánico de Santo Domingo, en Oaxaca, con la presencia de 800 asistentes provenientes de 73 países, entre ellos miembros de comunidades indígenas mexicanas y latinoamericanas. Le antecedió en 2000 la publicación en español de su obra más conocida: El gobierno de los bienes comunes: la evolución de las instituciones de acción colectiva, publicada en forma conjunta por el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Lin Ostrom adquirió notoriedad a partir de la refutación –con base en una extensa investigación de campo– de la difundida propuesta de La tragedia de los comunes, del biólogo Garret Hardin, quien en los sesentas planteó que los recursos naturales sujetos a propiedad colectiva estaban inexorablemente condenados al deterioro y agotamiento, al ser, en tanto de todos, de nadie. Durante décadas este argumento ha sido utilizado con frecuencia en políticas de conservación y manejo de la biodiversidad para justificar la privatización de la naturaleza, o una intervención excesiva del Estado sin participación de sus dueños y usuarios locales, en las políticas de conservación y manejo de la biodiversidad y en la actualidad en las políticas de mitigación de los efectos del cambio climático global en México y en muchas partes del mundo.

Hace un mes la doctora Ostrom visitó México por séptima y última vez, invitada por varias instituciones. En esa ocasión dictó una conferencia magistral sobre políticas del cambio climático ante cientos de personas en la UNAM. Ahí enfatizó la necesidad de actuar y no esperar a la firma de acuerdos multilaterales, buscando pactos de gobernabilidad entre actores de distintas escalas, pero, sobre todo, fortalecer acciones locales de gobernanza para mitigar y hacer frente al cambio climático. Asimismo, en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica presentó el adelanto de la publicación en español de su último libro, Trabajemos juntos, dedicado a promover la cooperación y el trabajo interdisciplinario en todos los ámbitos de la ciencia.

Su lucidez, sencillez, energía y sabiduría nos daban aliento. Algunos sabíamos que tenía diagnosticado un cáncer de páncreas avanzado y esto nos hacía dudar de su visita, pero ella por ningún motivo quiso cancelar su viaje. La alegría con que se condujo lograron opacar momentáneamente su eminente partida.

Su ejemplo de vida, del quehacer científico y sus importantes contribuciones dieron un marco de referencia sólido a quienes estamos comprometidos con una apropiación social, compartida, justa y equilibrada de nuestra riqueza natural. También con la convicción de que la experiencia acumulada por muchas comunidades campesinas indígenas de nuestro querido México debería tomarse seriamente en cuenta en estos momentos de definición de las políticas públicas de los próximos años. Es una de las tareas pendientes de nuestro próximo gobierno.

*Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, Conabio.

**Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

  • Sobre el trabajo de Lin Ostrom
    RoAr
    Interesante artículo. No cabe duda que conforme se comprendan aún más los alcances de los postulados de Lin Ostrom, se irá sintiendo el vacío que deja su partida. Afortunadamente quedan pensadores y líderes locales que continúan ampliando su visión, y demostrando que comunidades indígenas y campesinas son capaces de manejar sus territorios terrestres o pesqueros sin intervención estatal. Por ello, creo que la tarea pendiente es llevar al escenario político las discusiones de sus postulados, para que todas aquellas comunidades alrededor del mundo que hacen las cosas acorde a su voluntad y que funcionan, sean respetadas y no intervenidas por cualquier proceso público o privado. Aparte del link de IASC, también quedan la plataforma del IFRI, y la Bibloteca digital de los commons, que también pueden ser accesadas por internet. Paz

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La víctima griega

El desastre se originó en Bruselas, Fráncfort y Berlín, al crear un sistema monetario defectuoso

- Por Paul Krugman *

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Desde que Grecia cayó en picado, hemos oído hablar mucho de lo que no va bien en todo lo que sea griego. Algunas de las acusaciones son ciertas, y otras son falsas, pero todas ellas son irrelevantes. Sí, existen importantes fallos en la economía griega, en su política, y, sin duda alguna, en su sociedad. Pero estos fallos no son los que causaron la crisis que está desgarrando a Grecia, y que amenaza con extenderse por Europa.

No, los orígenes del desastre se encuentran más al norte, en Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde las autoridades crearon un sistema monetario profundamente defectuoso —y quizás abocado a morir— y luego agravaron los problemas de ese sistema sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Y la solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares.

Por tanto, veamos esos defectos griegos: sin duda alguna Grecia tiene mucha corrupción y mucha evasión fiscal, y el Gobierno griego tiene por costumbre vivir por encima de sus posibilidades. Más allá de eso, la productividad laboral griega es baja de acuerdo con los niveles europeos, ya que es inferior en un 25% a la media de la Unión Europea. Sin embargo, vale la pena señalar que la productividad laboral en, vamos a decir, Misisipi, es más o menos igual de baja según los niveles estadounidenses, y más o menos por el mismo margen.

La solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares

Por otra parte, muchas cosas de las que oyen sobre Grecia no son ciertas. Los griegos no son vagos; al contrario, trabajan más horas que casi todo el mundo en Europa, y muchas más horas que los alemanes en concreto. Grecia tampoco tiene un Estado del bienestar desenfrenado, como les gusta afirmar a los conservadores; el gasto social como porcentaje del producto interior bruto (PIB), la medida habitual del tamaño del Estado del bienestar, es considerablemente más bajo en Grecia que en, digamos, Suecia o Alemania, que son países que hasta ahora han capeado la crisis europea bastante bien.

Entonces, ¿cómo se metió Grecia en tantos problemas? Culpen al euro.

Hace 15 años, Grecia no era un paraíso, pero tampoco estaba en crisis. El desempleo era elevado pero no era catastrófico, y el país más o menos se valía por sí mismo en los mercados mundiales, ya que ganaba lo bastante con las exportaciones, el turismo, los barcos y otras fuentes como para pagar más o menos sus importaciones.

Luego Grecia se incorporó al euro, y sucedió algo terrible: la gente empezó a creer que era un lugar seguro para invertir. Entró dinero extranjero en Grecia, una parte de él, pero no todo, para financiar los déficits del Gobierno; la economía se aceleró; la inflación aumentó; y Grecia perdió cada vez más competitividad. Sin lugar a dudas, los griegos despilfarraron mucho, si no la mayor parte, del dinero que entraba a raudales, pero también es verdad que todos los que quedaron atrapados en la burbuja del euro hicieron lo mismo.

Y luego estalló la burbuja, y en ese momento, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes.

Al estallar la burbuja, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes

Pregúntense por qué la zona dólar —también conocida como Estados Unidos de América —funciona más o menos, sin las graves crisis regionales que afligen ahora a Europa. La respuesta es que tenemos un Gobierno central fuerte, y las actividades de este Gobierno proporcionan a todos los efectos rescates automáticos a los Estados que se meten en problemas.

Piensen, por ejemplo, en lo que podría estar sucediendo en Florida ahora mismo, tras su enorme burbuja inmobiliaria, si el Estado tuviera que sacar el dinero para la Seguridad Social y Medicare de sus propios ingresos que se vieron reducidos repentinamente. Por suerte para Florida, es Washington en vez de Tallahassee quien se está haciendo cargo de la factura, lo que significa que Florida está recibiendo a todos los efectos un rescate a una escala que ningún país europeo podría soñar.

O piensen en un ejemplo más antiguo, la crisis de las cajas de ahorros de la década de 1980, que fue en gran medida un problema de Tejas. Los contribuyentes acabaron pagando una enorme suma para resolver el lío, pero la inmensa mayoría de esos contribuyentes estaba en otros Estados que no eran Tejas. Una vez más, el Estado recibió un rescate automático a una escala inconcebible en la Europa moderna.

Por eso Grecia, aunque no exenta de culpa, se encuentra en apuros principalmente debido a la arrogancia de las autoridades europeas, en su mayoría procedentes de países más ricos, que se convencieron de que podrían hacer que funcionase una moneda única sin un Gobierno único. Y estas mismas autoridades han empeorado la situación al insistir, a pesar de las pruebas, en que todos los problemas de la moneda estaban causados por el comportamiento irresponsable de esos europeos del sur, y que todo funcionaría si la gente estuviera dispuesta a sufrir un poco más.

Lo que nos lleva a las elecciones del domingo en Grecia, que acabaron por no solucionar nada. Puede que la coalición de Gobierno haya logrado mantenerse en el poder, aunque ni siquiera eso queda claro (el segundo socio de la coalición está amenazando con abandonarla). Pero, de todas maneras, los griegos no pueden resolver esta crisis.

La única forma en la que el euro podría —podría— salvarse es si los alemanes y el Banco Central Europeo se dan cuenta de que son ellos los que tienen que cambiar su comportamiento, gastar más y, sí, aceptar una inflación más elevada. Si no, bueno, pues Grecia pasará a la historia como la víctima del orgullo desmedido de otros países.

* Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008.

© 2012 New York Times Service. Traducción de News Clips.

Fuente: El País, 19.06.12

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La marcha de la economía

Cuestión de peso y cuestión de precios

No se puede desconocer que el clima de estos días está alimentado por las grandes operaciones del Grupo Clarín, más que preocupado por el fallo de la Corte que pone fin a la multiplicidad de licencias (verbigracia, monopolio puro y duro).

- Por Eduardo Anguita

La mayor preocupación de los argentinos –sin dudas, y desde los ciudadanos de a pie hasta los que toman las grandes decisiones– es la marcha de la economía. Hay incertidumbre y todas las miradas apuntan a preguntarse qué tanta importancia tiene la cuestión del dólar paralelo o su contrario; o sea, la decisión del gobierno de fortalecer el peso nacional. Una observación, de un periodista no especializado en economía como quien escribe estas líneas: si se devaluara el peso, muchos precios internos crecerían de modo automático. Esto es, la decisión oficial de no ceder ante las presiones de quienes quieren depreciar el peso ayuda a evitar el impacto inflacionario. Sin embargo, muchos precios crecieron de manera notable en los últimos meses. Por dar un solo ejemplo, muy argentino, a principios de diciembre pasado, la política de precios sostenía que se iba a poder conseguir el kilo de asado a 20 pesos. Hoy, el precio de supermercados Coto es de 43,90 pesos por kilo. Casi diez dólares. Y acá la asociación con el dólar no es por colonizado cultural sino que, históricamente, la carne argentina tiene sus precios internos asociados a los precios de exportación. Es decir que cualquier devaluación presionaría en el precio de la carne. Lo mismo sucedería con muchos otros productos de consumo popular.

Todo indica que el gobierno no va a desdoblar el mercado cambiario por lo cual, es lógico entender el reclamo de algunos exportadores que piden una paridad más competitiva; o sea, los estímulos deberían llegar por vía fiscal o financiera. O sea, reducción de impuestos y, sobre todo, líneas de crédito subsidiadas. Si bien la presidenta dio algunas señales en este sentido y la ministra de Industria dispone de un fondo para créditos pyme, la situación de restricción del dólar parece generar algunas dudas extras respecto de los problemas económicos que implican a todos los argentinos. Es cierto que se han hecho cosas. Concretamente, los créditos del Bicentenario tuvieron plazos y tasas muy generosos. Claro que 2011 no sólo fue un año electoral si no que tuvo un clima económico despejado. En la Argentina y, en general, en el mundo. Además de un crecimiento del 9% del PIB, la inversión sobre el producto llegó al 24%, un nivel histórico. Se daba con un mercado interno potente y un nivel de financiamiento adecuado.

El gran problema es que, salvo los créditos otorgados por líneas especiales, la banca privada tiene la mitad de su cartera de créditos destinados al consumo inmediato: automóviles y bienes durables. Bancos con mucha liquidez, sin una normativa estricta (todavía rige la ley de la última dictadura), altísimos costos de intermediación (sobre todo cuando se trata del negocio de las tarjetas de crédito, que les agregan tasas usurarias), dentro de un mercado de préstamos pequeño, que representa el 15% del PIB, uno de los índices más bajos de América Latina.

Este año, las previsiones de crecimiento del PIB son muchísimo menores. Sobre todo, por factores externos. Pero, la pregunta sin fácil respuesta es por qué a un ritmo menor del crecimiento económico se le agrega un crecimiento de los precios. Desde hace años en la Argentina no se oye hablar de la inflación por expectativas. Es preciso aclarar que ese concepto de inflación por expectativas era propio de las etapas de valorización financiera y de mucho peso de la especulación. Pero pese a ello, en estos días se pusieron en juego muchos elementos que resultan indicativos de incertidumbre y especulación. El retiro sostenido de los plazos fijos en dólares por parte de los ahorristas impacta sobre los dólares que salen del circuito legal y van al colchón. Según datos del Banco Central, a fines de 2011 había casi 15 mil millones de depósitos en dólares y ahora hay 10 mil. Es preciso destacar que la “pesificación” no es algo repentino ni surgido artificialmente: en estos años crecieron en forma sustantiva los depósitos en pesos y disminuyeron notablemente los depósitos en dólares. Hasta ahora se cumplió realmente que mantener plazos fijos en dólares o dejarlos en el colchón no resultó rentable en términos financieros.

No faltan los especialistas –o analistas financieros– que asocian estos retiros con “los traumas de la salida de la Convertibilidad”. Otros dicen, sencillamente, que se trata de una visión cortoplacista: sacar dólares que en el mercado oficial valen 4,50 pesos para ver si los pueden vender en el ilegal o paralelo a cerca de 5,70 pesos. Hay que subrayar algo: los controles del Central pueden llegar a detectar el paso del circuito legal a uno que no lo es. Sin embargo, acá es preciso ponderar si un cambio cultural de pesos a dólares se debe o se puede hacer con una vara coercitiva o con más y mejor información, con más y mejores alternativas para quienes tienen ahorros y no quieren que se deprecien.

Al respecto, mucho podría hacerse con la comunicación oficial. Por ejemplo, poniendo información en los portales de varias secretarías de Estado o bien promoviendo que los responsables de la banca pública y de los ministerios y secretarías se brinden en los diversos medios de comunicación, no como informantes en off (es decir, con reserva de nombrar la fuente), sino como voceros de información oficial. Es decir, de información pública. En concreto, sobre el dólar, todo indica que el mercado no legal es pequeño y que está bajo control. Pero también es cierto que hasta Brasil está devaluando el real. Más allá de que durante mucho tiempo lo revaluó, en los últimos meses lo depreció. Fue, tanto por la presión de los grandes empresarios paulistas, como por el aumento impresionante del sector financiero por aportes externos a Brasil. Algunos llaman a eso aumento de la inversión externa. Sin embargo, con la intoxicación financiera de Europa y los Estados Unidos, mucho del dinero que llega también puede ser parte de los negocios de bancos que hacen movimientos demasiado tóxicos como para bautizarlos inversiones.

No se puede desconocer que el clima de estos días está alimentado por las grandes operaciones del Grupo Clarín, más que preocupado por el fallo de la Corte que pone fin (el 7 de diciembre próximo) a la multiplicidad de licencias (verbigracia, monopolio puro y duro). Pero también es cierto que hay por lo menos una desaceleración en varios segmentos, que hay todavía algún grado de incertidumbre sobre algunos convenios colectivos de trabajo, y que la mayoría de los que se firmaron están muy por encima del rasero del 18% que el gobierno estimaba para la actualización salarial. Varias cámaras empresarias justifican “la adecuación de los precios” al supuesto impacto del costo laboral. En las grandes industrias y en los productos de origen agropecuario, eso es poco creíble y fácilmente rebatible. Sin embargo, en los sectores de mano de obra intensiva o empresas pequeñas y medianas, la afectación puede existir. Con un agravante: el trabajo no registrado, cuyo aumento es eventual y de difícil seguimiento censal, tiene más incidencia en las pequeñas y medianas empresas. Por lo tanto, si existen desequilibrios entre salarios, precios y competitividad, es más difícil de evaluarlos en los sectores con alto grado de informalidad. A criterio de quien escribe estas líneas, es mucho más grave la informalidad –o ilegalidad– en la contratación de trabajo que en el mercado de divisas. En este último caso, se trata del color de los papeles, en el anterior se trata de seres humanos que hacen una tarea a cambio de un salario y que tienen derechos consagrados por la Constitución y las leyes.

Un buen ejemplo de cómo se pueden hacer las cosas bien ante la presión de los hechos está en la nacionalización del 51% de las acciones de YPF. Al día siguiente de la constitución del directorio, su presidente electo, Miguel Galuccio, dio a conocer los lineamientos de los próximos cinco años. A poco de hacer pública esa estrategia, Galuccio dio los nombres de bancos (extranjeros y muy poderosos) que estarían interesados en asociarse en las inversiones. Para alguna parte de la sociedad podrá resultar chocante que la banca financiera sea socia de la nueva YPF, pero no se financia siempre con lo que se quiere sino con lo que se puede. Y lo bueno es que no se oculte el origen de los posibles socios. Sería extraordinario que tuviéramos un Banco de Desarrollo. Es más, es un buen momento para debatir su importancia, pero, ¿con qué se fondearían los créditos subsidiados y a largo plazo? ¿Está la silenciosa oposición o algunos oficialistas no tan fieles dispuestos a alentar una redistribución de ingresos con impuestos especiales para sectores que tienen rentas extraordinarias y podrían ser la columna vertebral de un banco de fomento? ¿Lo apoyarían para fondear un gran plan de viviendas populares? Es evidente que, por más que el oficialismo evite el tema, el superávit fiscal ya no está en el menú de este año y de los próximos. Habrá que hacer “sintonía fina”, una forma no agresiva para llamar lo poco agradable que es explicitar que no hay fondos de sobra ni mucho menos. Por eso es importante que la readecuación de las tarifas energéticas no quede librada a una demarcación catastral. Hay que tener presente que hasta ahora son muy pocos los usuarios que recibieron las facturas sin los subsidios, pero el impacto del cambio es muy fuerte. No caben dudas de que este año el Estado deberá restringir fuertemente esos subsidios. La manera en que se haga no es menor: tanto por el impacto en el bolsillo como en la manera por la cual cada uno reciba la información –previa– en tiempo y forma.

Fuente: Tiempo Argentino, 12.06.12

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La centralidad de la “cuestión peronista”

- Por Edgardo Mocca

Desde el comienzo del ciclo kirchnerista, y particularmente a partir del conflicto con las patronales agrarias en 2008, se ha transformado el patrón de la disputa política argentina. El bipartidismo que resurge con la apertura democrática en 1983 y deviene “bipolarismo” en los tiempos de la Alianza ya no sirve como eje explicativo de las contiendas principales. No se trata solamente del marcado declive electoral nacional experimentado por el radicalismo; la UCR, dicho sea de paso, sigue siendo el segundo partido, tanto por el desarrollo de su estructura territorial federal como por el volumen de su representación parlamentaria nacional. La principal mutación consiste en el surgimiento del kirchnerismo como un nuevo movimiento de época en la Argentina. Como la expresión nacional de una nueva experiencia transformadora de extendida influencia en América del Sur y de gran relevancia en el contexto de la crisis del paradigma que rige la política y la economía mundial desde mediados de la década del setenta.

Los viejos modos de la “política normal” ya habían estallado en las calles y las plazas de aquel diciembre de 2001, cuyas señales inaugurales de un nuevo tiempo pueden verse hoy con claridad. El kirchnerismo no hizo nada para recuperar esa normalidad política. Más bien situó a sus añoradores en el lugar simbólico del pasado al que la sociedad argentina no quiere volver. Por eso hoy el intento de respuesta al interrogante sobre el futuro del sistema político argentino no puede hacerse con el viejo instrumental analítico. No corresponde preguntarse quién será el candidato del radicalismo o del peronismo o de cada una de las coaliciones en las que éstos puedan participar. La pregunta central parece ser cómo y en qué condiciones la experiencia kirchnerista puede prolongarse en el tiempo y constituir un nuevo piso de disputa política (como fue, por ejemplo, el llamado “consenso socialdemócrata” en la Europa de las décadas siguientes al fin de la segunda guerra) o cómo esa experiencia puede ser derrotada definitivamente sin dejar huellas importantes hacia el futuro.

La pregunta debería ser pensada en dos grandes conjuntos de problemas. Uno concierne a la suerte de las políticas concretas que logren darle consistencia y profundidad al proyecto político en curso en el marco de los nuevos desafíos que plantea la crisis del capitalismo mundial. El otro centro de atención debería colocarse en la construcción de una fórmula política capaz de superar el nada desdeñable escollo que supone la actual inhibición constitucional para una nueva reelección de Cristina Kirchner. Otra manera de decir lo mismo sería preguntarse por el modo en que la actual conducción política nacional podría transitar el espinoso camino de la lucha por la sucesión en el interior del peronismo.

Claro que la alusión al peronismo es toda una cuestión. Lo constituye una extendida red de caudillos provinciales y municipales fuertemente ensamblados en la estructura estatal, que en ausencia de sólidas instituciones político-partidarias ha devenido una apoyatura imprescindible de la movilización política. Tiene en su interior al movimiento sindical, que, paralelamente a la recuperación del empleo, a un grado de reindustrialización y a la activación de las convenciones colectivas de trabajo recuperó parte del terreno perdido en las décadas anteriores. Sin embargo, la coalición cristinista no se limita a la estructura territorial del justicialismo y a su principal movimiento social: incluye una difusa constelación de grupos sociales y políticos, proveniente de experiencias y tradiciones políticas muy heterogéneas. En el interior de ese conglomerado están las organizaciones juveniles que se han expandido visiblemente en los últimos años y no solamente por el impulso recibido “desde arriba” sino, ante todo, por el hecho innegable de la politización general de la sociedad, particularmente a partir del conflicto agrario de 2008. Se suman organizaciones políticas de diferente grado de desarrollo; las hay fuertemente identificadas con el peronismo y las hay provenientes del universo progresista que decidió el apoyo a los gobiernos kirchneristas; están las fuerzas menores que integran junto al PJ el Frente para la Victoria y las que, como el Nuevo Encuentro, de Martín Sabbatella, militan por ahora fuera de ese espacio. Y debe sumarse también la presencia de referentes de movimientos sociales –en primer lugar las que históricamente se identificaron con la defensa de los derechos humanos–, de espacios intelectuales como Carta Abierta y de destacadas personalidades del mundo de la cultura popular. Es claro que no todos estos componentes son decisivos a la hora de la elección, pero indudablemente han agregado entusiasmo militante y prestigio político a la causa kirchnerista.

No todo el kirchnerismo es, por lo tanto, peronista. Tampoco todo el peronismo es kirchnerista. La referencia no se limita al llamado “peronismo disidente”, hoy en proceso de disolución. Alude también a la amplia gama que recorre la intensidad de los apoyos al gobierno nacional en la mencionada red territorial del justicialismo. Es innegable que el proceso kirchnerista motorizó un fuerte cambio cultural en un conjunto de cuadros dirigentes partidarios respecto del estado de cosas propio de la década del noventa. Pero tampoco puede desconocerse que también anida en esa estructura una cierta nostalgia por el orden perdido, por aquella matriz política que no tensaba la cuerda en la relación con los sectores más poderosos de la sociedad. Tanto Néstor como Cristina Kirchner han sabido ejercer hegemonía política sobre esa heterogénea política, no tanto por la capacidad de operación en su interior sino por la dinámica de sus decisiones políticas y el impacto de esas decisiones en el sentimiento popular.

En los meses inmediatamente posteriores a la elección de octubre último, predominó entre los analistas la sensación de que la contienda política futura se ordenaría en torno de un eje “oficialismo-oposición” y, a partir de esa mirada, la figura de Mauricio Macri se convertía en el desafío principal para la continuidad en el tiempo del proyecto kirchnerista. El impulso que le dio a esa perspectiva el visible empeño de los medios hegemónicos a su favor, ocultó sus problemas estructurales, que son muchos y muy variados. El visible déficit de liderazgo personal que ofrece el jefe porteño, la obstinación en situar a la ciudad en una confrontación permanente con las provincias y su peregrina idea de ofrecer el “no gobierno” municipal como carta de presentación para una alternativa nacional parecen elementos suficientes para poner en duda la viabilidad de esta propuesta política.

Hay, sin embargo, un obstáculo central para ese proyecto. Es el peronismo. Hoy no parece haber mucho ambiente favorable en el interior de la estructura del justicialismo para saltar el charco en la dirección de un reagrupamiento de derecha. Es decir, puede haberlo en expresiones menores de lo que fue el menemismo y en las raleadas filas de la “disidencia peronista”. Pero nada de eso altera sustancialmente la escena. La fuerza fundamental del justicialismo, los dirigentes que gobiernan provincias en primer lugar, no serán, con toda probabilidad, parte de una aventura semejante, en momentos en que está abierto el proceso político de la sucesión presidencial en el interior del peronismo. El macrismo no tiene cómo constituir una fuerza de alcance nacional sin ese concurso del peronismo: difícilmente alcancen para ese objetivo las incorporaciones de Adrián Menem y Fernando Niembro.

Es por eso que el anuncio de Scioli de su pretensión presidencial para 2011 adquiere una fuerte significación. Puede pensarse que es prematura pero no que es sorpresiva. Por otro lado, Scioli no anunció que empezaba su campaña proselitista, simplemente “reservó lugar”. Si efectivamente, como aquí se sostiene, el problema político a resolver es la continuidad o no de la experiencia kirchnerista, el lugar del gobernador bonaerense es profundamente problemático. Hasta ahora pudo moverse en el terreno de una marcada economía en materia de definiciones estratégicas: le alcanzó con las muletillas de su lealtad a Néstor y a Cristina y su concentración en las tareas de gobierno. Este discurso ya no será suficiente. Sus más fuertes respaldos en los forcejeos políticos provinciales vinieron de las grandes empresas mediáticas, de Alberto Fernández y de Moyano. Hace rato que el ex jefe de Gabinete trabaja a tiempo completo en la vertebración de lo que hasta hace un tiempo llamaba el “poskirchnerismo”; Moyano, por su lado, enarboló como bandera de su viraje antigubernamental la defensa del “verdadero peronismo”.

La idea de que el camino de Scioli hacia la candidatura presidencial puede aunar el apoyo de los poderes fácticos enfrentados existencialmente al Gobierno y, al mismo tiempo, contar con el apoyo o la neutralidad del kirchnerismo es pura fantasía. Todo indica que, en el mapa político generado por la elección de octubre, la disputa sobre el futuro del kirchnerismo se librará en el interior de la coalición que hoy sostiene al Gobierno.

Fuente: Página 12, 20.05.12

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