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Archive for the ‘03. Evoluciones de la crisis’ Category

La posición de EE.UU.

Por Alfredo Zaiat

El caso de los fondos buitre contra Argentina expone las limitaciones de los gobiernos centrales para regular las finanzas globales, con Estados Unidos como protagonista principal. Cuando estalló la crisis internacional en 2008 se realizó la primera cumbre de presidentes del G-20, con las potencias desesperadas por el riesgo de una debacle global. El diagnóstico en ése y el siguiente encuentro fue que existía un problema sistémico y la manera de solucionarlo era a través de la creación de mecanismos de coordinación y de regulación para frenar el descontrol de los mercados financieros globales. Así quedó expresado en los respectivos documentos finales, críticos de la forma en que estaba funcionando el sistema mencionando especialmente el accionar de las calificadoras de riesgo. En la última cumbre presidencial se incluyó también una observación al despliegue de las guaridas (paraísos) fiscales. Hubo una promesa de impulsar reformas en los mercados financieros. Poco y nada se avanzó en ese sentido. Pese a la estruendosa crisis internacional que transita su séptimo año, precipitada por la existencia de un mercado globalizado y desregulado, cualquier intento de cambio para mejorar y aumentar la supervisión del sistema fue neutralizado. Estados Unidos ha estado acompañando la retórica reformista aunque moderando el contenido y a la vez frenando los intentos de una mayor regulación. El mismo recorrido se detecta frente al accionar de los fondos buitre, cuestionado por organismos políticos y financieros internacionales e incluso por gobiernos de países centrales. Estados Unidos reitera en ese tema su comportamiento ambiguo en el G-20, que en los hechos termina avalando el vuelo de los buitres.

En la administración Obama existen diferencias en la lectura sobre los buitres entre funcionarios del Departamento del Tesoro y del Estado. La pelea entre demócratas y republicanos en el Congreso suma ingredientes a la tensión que provoca ese tipo de fondos. Pero en la práctica, ya sea por limitaciones políticas, acorralado por la derecha republicana, o ideológicas, por el endiosamiento de las reglas de funcionamiento del mercado financiero, el gobierno de Estados Unidos no se animó a ejercer una posición firme frente a fondos de inversión especializados en litigar por deudas soberanas colapsadas.

En el documento final de los jóvenes del G-20, reunidos en la última cumbre presidencial realizada en San Petersburgo, Rusia, en septiembre del año pasado, se instaba a sus líderes políticos a incluir el tema de los fondos buitre. Propusieron condenarlos por ser un potencial peligro para futuras reestructuraciones de deudas. Estados Unidos vetó esa parte de la declaración.

En el Fondo Monetario Internacional existe mucha preocupación por el riesgo sistémico del fallo a favor de los buitres, inquietud expresada en declaraciones de su titular, Christine Lagarde, como también en documentos técnicos del organismo. El interés manifestado por el Fondo no es por simpatía hacia la Argentina, sino por las consecuencias negativas que prevé para futuras reestructuraciones de deuda. En ese organismo multilateral Estados Unidos ejerce un poder categórico en materia política. Pese a las prevenciones de sus autoridades y economistas, el gobierno de Obama le indicó al FMI que no se presente como amicus curiae ante la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos para respaldar la posición argentina.

Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación en Economía y Política en Washington, escribió en Página/12, el martes pasado, que “al contrario de Francia, Brasil, México y el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, el gobierno estadounidense no presentó un escrito en calidad de amicus curiae ante la Corte Suprema, a pesar de haberlo hecho en el caso de apelación. Y aquí está el gran misterio, tampoco lo hizo el FMI, incluso cuando en ocasiones anteriores había expresado públicamente su preocupación por el impacto de esa decisión”. Estados Unidos bloqueó la posición del Fondo contra los buitres.

La convocatoria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) a una reunión urgente de consulta de cancilleres, que se desarrolló anteayer, fue aprobada por aclamación, para evitar la votación que hubiera tenido la abstención de Estados Unidos. La delegada de la administración Obama en la OEA, Margarita Riva-Geoghegan, señaló que el caso tramitado en tribunales de su país “es independiente del gobierno de Estados Unidos”, y que el encuentro de cancilleres no debería evaluarse como un acto de “interferencia” sobre decisiones del Poder Judicial de su país. La declaración final tuvo también la abstención de Estados Unidos.

Santiago O’Donnell, autor de dos libros sobre los Wikileaks de la Embajada de Estados Unidos en el país y jefe de la sección Internacionales de este diario, facilitó al autor de esta columna los cables correspondientes al debate abierto entre los miembros del Club de París, en el cual queda expuesta en ese ámbito la posición de Estados Unidos sobre los fondos buitre. O’Donnell explica que, según cables diplomáticos originados por la embajada estadounidense en París publicados por Wikileaks, entre el 2006 y principios del 2010 los representantes de distintos países presentaron diferentes propuestas e iniciativas para regular o limitar la capacidad de los fondos buitre. Pero en todos los casos las iniciativas quedaron truncas o a mitad de camino, ya que los representantes, al evaluar los costos y beneficios, una y otra vez concluyeron con respecto a este tema que lo que más convenía era no hacer nada. El representante de Estados Unidos en el Club de París afirmó en más de una ocasión que lo mejor era mantener el statu quo.

En esos cables diplomáticos, a los fondos buitre se los denomina “acreedores litigiosos”. Como antecedente para entender el bloqueo estadounidense al FMI para ser amicus curiae, el delegado de Estados Unidos en el Club de París afirmó que de poco o nada serviría que los países integrantes de ese grupo de acreedores soberanos se presentaran en la Corte Suprema de su país con ese tipo de escritos a favor de países deudores querellados por los fondos buitre.

Hubo discusiones internas en el Club de París sobre qué decir ante el accionar de los buitres, pero no por el sobrevuelo sobre Argentina, sino sobre los ataques a los denominados países pobres muy endeudados (africanos) seleccionados para una reducción de deuda con esa entidad. Se menciona el caso del fondo buitre Donegal, registrado en las Islas Vírgenes Británicas, propiedad del financista estadounidense Michael Sheehan, contra la República de Zambia, uno de los países más pobres del mundo. Ese fondo había comprado una deuda por 3,2 millones de dólares y reclamó 55 millones en tribunales británicos. Finalmente, en 2007, cobró 15,7 millones, casi 500 por ciento de ganancia, luego de que el juez inglés Andrew Smith ordenara congelar los activos de Zambia en el Reino Unido. Frente a este caso, casi todos los países del Club de París propusieron advertir sobre la “amenaza” buitre, pero Estados Unidos se opuso y el comunicado final fue bien lavado al hablar de “acreedores que no están dispuestos a reestructurar sus acreencias”.

Gran Bretaña planteó en ese ámbito, en 2009, que en su gobierno había comenzado un debate interno sobre un proyecto de ley en contra de fondos buitre. Francia se mostró interesado en la propuesta y consultó a Estados Unidos para definir una acción legal coordinada. El representante estadounidense contestó que avanzar en ese sentido traería problemas legales y políticos significativos, cerrando la discusión.

Los cables de Wikileaks del debate en el Club de París sobre los buitres reflejan que en esos países desarrollados predomina la idea de que el accionar de esos fondos es un tema complejo, que tienen herramientas limitadas para controlarlos y que, en última instancia, litigar y vender deuda en mercados de deuda forma parte del funcionamiento del sistema financiero internacional. Esto se traduce en manifestaciones de preocupación y en pronunciamientos sobre eventuales riesgos sistémicos, pero en los hechos no se hace nada para frenar a los buitres.

Weisbrot señala que la posición de Estados Unidos, en especial la que definió la abstención del FMI como amicus curiae, “puede ser la razón por la cual la Corte Suprema no haya invitado al procurador general de Estados Unidos a que presentara un escrito y finalmente haya decidido no escuchar el caso”. Si es así, la administración Obama, al igual que tribunales estadounidenses, es responsable de las consecuencias de un fallo que concentra el rechazo de países y organismos internacionales.

Esta posición de Estados Unidos permite realizar una mejor lectura de la presentación argentina desplegada el jueves último en la OEA reclamando que “la comunidad internacional actúe” ante el fallo de Griesa a favor de los buitres.

Fuente: Página 12, 05.07.14

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A 70 años del Desembarco:

recordación, diplomacia y multa en dólares

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Por Roberto Páez González

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En torno a las ceremonias conmemorativas del Desembarco de las tropas aliadas en Normandía -a setenta años de estos hechos cruciales en el desenvolvimiento de la segunda guerra mundial- tuvieron lugar gestos y acuerdos claves concernientes al conflicto ucraniano, las alianzas occidentales y el apaciguamiento de las relaciones con Rusia.

De la Operación Neptuno, que fue el inicio de la batalla de Normandía, y de esta batalla en su conjunto, quedaron huellas muy diversas además de haber sido una de la rutas de la victoria de los aliados, como la muerte de 20.000 civiles, cuyo reconocimiento oficial es una première. También murieron 37.000 militares aliados y de 50.000 a 60.000 militares alemanes.

La presencia de 1.800 veteranos fue un factor que convocó a la solemnidad y a un estado de espíritu contrario a que se repitan este tipo de hechos de la historia europea. Con la presencia de 21 jefes de Estado, entre los cuales François Hollande, Barack Obama, David Cameron, Angela Merkel y Vladímir Putin, a los que cabe agregar Petro Poroshenco –que asume hoy la presidencia de Ucrania- las celebraciones tuvieron un giro diplomático de envergadura.

Obama había hecho saber que no quería cenar con Putin en el restaurante parisiense Le Chiberta –esto fue el jueves- y Hollande, después de este dîner, acudió a un souper con Putin en el Palacio del  Elíseo, residencia oficial del presidente de la República francesa.

El presidente de Francia ofició de maestro de ceremonias y logró un cuarto de hora de diálogo entre Putin y Poroshenco, todavía presidente electo de Ucrania, y que a pesar de las reticencias iniciales Obama y Putin conversaran también un cuarto de hora.

Putin expresó que Rusia iba a reconocer el gobierno de Poroshenco y se anunció que enviaría un embajador a su asunción, el sábado 7 de junio.

No significa todo esto que se hayan resuelto los problemas relativos a Ucrania, si bien parecen pasos de desescalada y de promoción de iniciativas diplomáticas. Pero Poroshenco, después de asumir, dijo que no negociaría con los prorrusos y que Crimera era, es y será ucraniana.

Asimismo, Laurent Fabius, el ministro de relaciones exteriores francés, consideró en un reportaje que las condiciones no estaban dadas para que se reintegrase Rusia al G7.

Homenajes y tironeos

Durante el brindis televisado de François Hollande y Elizabeth II, la reina expresó su homenaje a Francia, y lo hizo incluso en francés, después de que su anfitrión evocara una frase de Víctor Hugo, “Inglaterra siempre será hermana de Francia” [1] y afirmara la ambición común de Francia e Inglaterra de “garantizar el porvenir del mundo”.

El esplendor de las ceremonias tuvo múltiples y grandiosas manifestaciones, pero recubre sin embargo lo que menos se dice.

A título de ejemplo, los forcejeos con relación al Tratado transatlántico, que abarcan aspectos culturales, de políticas comerciales y jurisdicción de eventuales litigios, las negativas de Francia y otros países europeos a importar carne de bovinos criados con hormonas, y largos etcéteras.

Y un botón de prueba puede verse en la multa sideral -de más de 10 mil millones de dólares- que el Departamento de Justicia estadounidense pretende aplicar al BNP Paribas, el principal banco francés, por operaciones en dólares que saltaron las sanciones económicas a Cuba, Irán y Sudán, entre 2002 y 2009.

La información fue dada por el Wall Street Journal esta semana. Ese monto, computado en París como extraordinario y desproporcionado, no está definitivamente decidido y es objeto de negociaciones altamente sensibles entre la banca europea y las autoridades norteamericanas.

BNP Paribas corre el riesgo, además, de sufrir una suspensión temporaria de efectuar transacciones en dólares, algo que afectaría gravemente al banco en diversas actividades dentro y fuera de Estados Unidos. Y que constituye una amenaza para la estabilidad del banco y la del sistema financiero europeo.

Lost en translation

Vladímir Putin fue acusado de sexismo por haber dicho durante una entrevista de televisión (TF1) y radio (Europe 1), hablando de Hillary Clinton: “Usted sabe, es preferible no debatir con mujeres”. Pero después se supo que había sido mal traducido y que, en realidad,  habría dicho que era preferible no disputarse con mujeres.

Nubes que se forman y no se disipan del todo…

NOTA

[1]  Victor Hugo. Cromwell. 1827: L’Angleterre toujours sera soeur de la France.

07.06.214

 

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Un 25 de mayo europeo en Francia

 

Por Roberto Páez González

 

Francia electoral

El último sondeo encargado por L’Express a la firma BVA –publicado el 19 del corriente- ubica al Frente Nacional de Marine Le Pen a la cabeza de las intenciones de voto con el 23 %, seguido por el partido del gobierno del expresidente Nicolas Sarkozy, UMP, con el 21 %. El gobernante Partido Socialista alcanza el 17% y la alianza de centro MoDem-UDI un 9,5%, mientras que los ecologistas de EELV tienen un 9% y  el Frente de izquierda el 8%. [1]

Los comentaristas destacan la progresión electoral de la extrema derecha del FN y la baja o hundimiento de los demás partidos, pero de cara al parlamento europeo el FN solo puede aspirar a formar parte de un grupo parlamentario si la extrema derecha europea alcanza o supera el 5% y, además, tendría que conseguir unirse. Pero en el contexto francés opera como un espantajo mediático que testimonia dosis crecientes de rechazo del electorado a las evoluciones de la Unión Europea, y particularmente a su gestión de la crisis desde 2008.

El FN, como otras expresiones políticas xenófobas, cuando no directamente racistas, acusan de todos los males a la inmigración y cuestionan las políticas europeas, especialmente las relativas al llamado Espacio de Schengen. [2] Los países que actualmente lo integran son 26. [3]

De otra parte, la desafección que se registra en el alto abstencionismo de las últimas elecciones, las críticas a “las decisiones de Bruselas” por la política de consolidación fiscal -es decir la austeridad y el desempleo- o el atolladero en el liderazgo francoalemán, generan en Francia un malhumor político en el que ninguna fuerza parece poder proponer una salida aceptable con relación a la deuda soberana, el atasco del crecimiento y la caída del empleo, ni una perspectiva para los jóvenes, cuyo nivel de paro ronda el 24 %.

Sarkozy agita el estanque

A tres días de las elecciones, una tribuna de Sarkozy del 22/05/14 en Le point y Die Welt, sacudió aguas estancadas, llamando a una profunda renovación de la UE como “garante de un modelo de civilización” sobre la base de una “gran zona económica franco-alemana” y la salida del tratado de Schengen, considerando que la situación en que se encuentra la UE es fuente de “exasperación” y “cólera” entre los franceses. Pero afirma también tomar la defensa de Europa: “Tenemos que ser europeos y franceses”, dice, y “refundar nuestra política europea”.

Sin embargo, no dice nada respecto de varios temas de ausencia notable. Uno de ellos : no convoca a votar por la UMP, su partido. Pero aunque ha dejado varios asuntos sin aclarar, veamos primero algunos que sí figuran en su texto.

Critica a Hollande –sin mencionarlo- por falta de liderazgo. Pero si el motor francoalemán no funciona a pedir de boca ello también concierne a la canciller alemana Angela Merkel. Durante el quinquenio de Sarkozy se gestó la expresión Merkozy que los amalgamaba y fue bajo ese liderazgo que se ingresó a un período de turbulencias causados por la crisis, pero que el sistema Merkozy no pudo dirigir satisfactoriamente.

Propone “la creación de una gran zona económica francoalemana”, lo que no parece inmediatamente posible, pero se anota por contraste como candidato presidencial para las próximas elecciones, para tomar la dirección “de los 18 países que componen nuestra unión monetaria”.

En un esbozo de programa, Sarkozy anuncia su intención de eliminar “por lo menos la mitad de las actuales competencias comunitarias”, las que “tendrán que ser asumidas por los Estados nacionales”, dejando para Europa un conjunto de “políticas prioritarias y fundadoras: industria, agricultura, competencia, negociaciones comerciales, energía, investigación”. Y suspender Schengen, un fracaso flagrante, según él, del que el Frente Nacional hizo un espantajo y, a la vez, su banderín de enganche. La idea de Sarkozy es suspender Schengen I y crear un Schengen II al que los países solo podrían adherir tras adoptar una misma politica inmigratoria.

Es lo que, para Sarkozy, permitiría “poner fin al abuso de procedimientos que permite a un extranjero entrar en el espacio de Schengen y, a partir de allí, escoger el país en el que las prestaciones sociales son más generosas”, porque de lo contrario, agrega, “es nuestro pacto social lo que va a explotar”.

El prototipo de la UE de Sarkozy

Además de “la gran zona económica francoalemana”, Sarkozy plantea un zona euro con 18 miembros, dirigida por la dupla francoalemana y una Unión con veintiocho condicionada en el nuevo marco, con una dirección intergubernamental, que ya no requiere –como la Europa de los padres fundadores– que aspire a unir el continente desactivando las lógicas de potencia y de alianza que en el pasado la llevaron a la catástrofe, mediante la transferencia de algunas competencias soberanas a órganos federales separados de los intereses nacionales.

Entre los grandes temas ausentes en esta tribuna de Sarkozy: no hay referencias a la intención de los partidos políticos de imponer al Consejo de Jefes de Estado y de gobierno a sus cabezas de lista como presidente de la Comisión, con el fin de democratizar la Unión.

Y está claro que existe  exasperación y cólera entre los franceses, pero al margen del malestar xenófobo estimulado por los medios, también predomina una sensación de despojo ante las decisiones de Bruselas  de las que el ciudadano de a pie no sabe a ciencia cierta quiénes son los verdaderos responsables. Un sentimiento de indefensión, de no ser ya capaces –los ciudadanos- de proyectar su futuro. En síntesis, un déficit de comunicación y de democracia. Y por añadidura, de credibilidad en la capacidad del sufragio para fijar o corregir rumbos.

La propuesta de Sarkozy implica ir más lejos en la desdemocratización de las instituciones europeas. Pero se presenta como un rasgo del hombre de carácter que –después de estas confusiones causadas por su derrota frente a François Hollande- puede volver a poner orden en la casa.

Las elecciones del 25 de Mayo y después

Celebrada la intervención de Sarkozy por miembros de su partido, UMP, algunos por obligación -como  Jean-François Copé, su actual jefe- pero criticado por voceros de todas las demás formaciones y aun por su exprimer ministro, François Fillon -quien aseveró que “no es el acontecimiento central de la campaña”- la tribuna de Sarkozy parece ante todo una operación  publicitaria destinada a cimentar su candidatura presidencial como inevitable –gane o pierda su partido estas elecciones- cuando todavía quedan por delante tres quintos del quinquenio de Hollande y mostrarse disponible llegado el caso.

Empero, tanto las dificultades para desarrollar el juego democrático en el marco de las instituciones de la UE, como las dificultades de la democracia francesa para hacer frente a sus problemas financieros (déficit y deuda), económicos (reanudar con el crecimiento) y sociales (mantener vigente un Estado de bienestar) replantean el interés por estas elecciones, acaso sobre todo por lo que pueda colegirse a partir de los resultados.

En efecto, no cabe olvidar que existen problemas mayores, baste aquí enumerar la opacidad con la que se tramitan algunos acuerdos de mucha importancia, como el TAFTA [4] o la compleja implementación de la Unión bancaria [5] que ponen a prueba la credibilidad democrática de las instituciones de la Unión, como de los propios gobiernos, habida cuenta de que estos no parecen estar solucionando los problemas para cuya resolución fueron elegidos.

Y también cuestiones que incluyen, pero desbordan el marco europeo, como la influencia descontrolada del capital financiero sobre el productivo,  el productivismo antiecológico, las guerras e hipótesis de conflictos, la desigualdad.

Sin duda, Europa está bastante lejos de observar el enunciado del primero de los derechos del hombre y el ciudadano de 1789:  “Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos. Las distinciones civiles sólo podrán fundarse en la utilidad pública”.

Seguirá pendiente avanzar en ese sentido desde el lunes 26.

NOTAS

1]http://www.lexpress.fr/actualite/politique/europeennes-le-fn-donne-en-tete-par-un-nouveau-sondage_1544435.html#238YOHFRQthslv4b.99

[2] Creado en 1995 por el acuerdo de Schengen para suprimir las fronteras comunes, el espacio de Schengen funciona en términos migratorios como un solo país. Pero hay países de la UE que no forman parte del espacio de Schengen y otros países integrados en el espacio de Schengen que no pertenecen a la UE. Actualmente son 26.

[3]ttp://www.exteriores.gob.es/Embajadas/HANOI/es/Embajada/ServiciosConsulares/Documents/Visados/Visados.Espacio%20Schengen.pdf

[4] TAFTA es el  Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio e Inversión entre EEUU y la UE , en inglés, Transatlantic Free Trade Area.

[5] El Parlamento europeo adoptó el 15 de abril de 2014 un conjunto de textos para completar la Unión bancaria, por la que Europa dispone de un sistema para supervisar a los bancos de la zona euro y tratar las quiebras eventuales, pero cuya implementación se desarrolla en varios años.

23.05.14 

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Desamericanizar

Por Alfredo Zaiat

Estados Unidos es la primera potencia mundial y seguirá siendo una de las grandes economías en las próximas décadas. El dólar es la moneda de aceptación universal para transacciones comerciales y financieras, y seguirá siendo una divisa relevante en el flujo de capitales internacionales. Pero la centralidad absoluta de Estados Unidos en la economía mundial y el dólar está empezando a ser cuestionada. Los análisis conservadores repiquetean hasta el cansancio con la idea de que la Argentina está fuera del mundo. Tienen razón. Pero por otro motivo del que ellos expresan, concentrado en muletillas sobre la confianza y en deseos del rechazo del inversor extranjero que colisiona con la realidad. La Argentina está realmente fuera del mundo por otra cuestión. Lo está cuando influyentes sectores sociales, cuyos intereses están amplificados por grandes medios hacia toda la sociedad por razones económicas y políticas, manifiestan fanatismo por el dólar. Si tuvieran la capacidad de observar apenas un poco por encima del ombligo, descubrirían que en ese mundo exterior que tanto invocan existe un debate intenso sobre el destino de la primacía del dólar como moneda de reserva y de transacción universal.

Las razones para explicar la dolarización de excedentes son variadas, necesarias de conocer para comprender la dinámica de la economía doméstica: diferencial de tasa de interés local e internacional, conducta rentista, refugio por la memoria de crisis pasadas, operaciones inmobiliarias en dólares, fuga de capitales, régimen hiperliberal de acceso a la moneda extranjera durante más de tres décadas. Pero también es importante saber que lentamente algo está cambiando en la economía mundial. Y ese cambio tiene como protagonista al dólar. Una expresión impactante de esa transformación fue el editorial de Xinhua, la agencia de prensa estatal china, que refleja el pensamiento de los líderes del Partido Comunista. Convocó a que quizá sea un buen momento para que el mundo, confundido (por el cierre parcial del gobierno de Estados Unidos y la crisis por el techo de la deuda), empiece a considerar la construcción de un mundo “desamericanizado”.

La tregua entre demócratas y republicanos que evitó la cesación de pagos de Estados Unidos es frágil, al extender el techo de la deuda hasta el 7 de febrero y la reapertura de la administración federal hasta el 15 de enero de 2014. Con la irrupción de nuevas potencias en el nuevo siglo, sobresaliendo China, y con la crisis de 2008 que aún persiste, el sistema monetario mundial empezó a ser cuestionado. En ese contexto, la sola posibilidad de un escenario de default de los bonos del Tesoro de Estados Unidos reavivó el debate sobre el dólar como moneda dominante de la economía mundial. Y China juega un papel central en esa eventual reconfiguración.

China es el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos y, por lo tanto, tiene mucho en juego. En 2000, China poseía apenas 60 mil millones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos, equivalente al 2 por ciento del total de los 3,3 billones en manos de residentes estadounidenses. Desde entonces, el desequilibrio de las cuentas fiscal y externa, a lo que se le sumó el salvataje a bancos, compañías de seguro y automotrices, elevó la deuda a casi 12 billones de dólares (16,7 billones incluyendo las tenencias de las dependencias públicas). En ese período, China aumentó la cartera de bonos del Tesoro en más de cinco veces, al ubicarse en el 11 por ciento (1,3 billón de dólares) del stock circulante en el mercado abierto, en julio de este año.

Stephen Roach, investigador y profesor de la Universidad de Yale, explica que esa acumulación de deuda estadounidense está en el centro de la interdependencia que une a las dos economías. Publicó el artículo “China’s wake-up call from Washington” en Project Syndicate, precisando que China no ha estado comprando bonos del Tesoro “por benevolencia o porque piensa que Estados Unidos es un ejemplo de riqueza y prosperidad”. La absorción de esa deuda en las últimas tres décadas fue porque ha sido funcional a su política monetaria y cambiaria para facilitar su crecimiento impulsado por las exportaciones. China ha contabilizado superávit de cuenta corriente desde 1994 y ha derivado gran parte de ese excedente de ahorro a la compra de bonos del Tesoro.

Autor de los libros The Next Asia y Unbalanced: The Codependency of America and China, Roach precisa que China ha reciclado el 60 por ciento de su ahorro a deuda pública de Estados Unidos, con el objetivo de limitar la apreciación del yuan frente al dólar y, de ese modo, mantener la competitividad de su producción para fortalecer el crecimiento impulsado por las exportaciones. Ese dinamismo también ha sido muy beneficioso para Estados Unidos debido a que su economía basada en el hiperconsumo registra una importante escasez de ahorro interno, lo que deriva en un crónico déficit de cuenta corriente. Desequilibrio que tiene que cubrir con deuda tomada por inversores extranjeros, con China a la cabeza. La necesidad de compra abultada de deuda por parte de China implica también otro beneficio para Estados Unidos porque define tasas bajas ante la fuerte demanda. Y el elevado consumismo lo cubre con la importación barata de productos chinos que favorece a los consumidores estadounidenses, quienes logran así estirar sus presupuestos en una etapa crítica para el empleo y los ingresos reales.

“Durante más de 20 años, esta codependencia de beneficio mutuo les ha servido a ambos países para satisfacer sus respectivas agendas de crecimiento”, afirma Roach. Un error habitual es evaluar el recorrido futuro en base a acontecimientos del pasado. Es decir, pensar que no pueden ocurrir cambios debido a lo acontecido durante tantos años. Roach no lo cree así al sostener que el pasado no debe ser visto como prólogo. “Una transformación radical está próxima, y las últimas polémicas fiscales de Estados Unidos bien pueden ser el punto de inflexión.” Menciona que China ha tomado una decisión estratégica para modificar su política de crecimiento en el 12º Plan Quinquenal, de marzo de 2011. Estableció un marco general para un modelo de crecimiento más equilibrado basado cada vez más en el consumo privado doméstico. Ese plan está a punto de ponerse en marcha, y una señal relevante en ese sentido será el III Plenario del Comité Central del 18º Congreso del Partido Comunista de China, que se desarrollará el próximo mes.

Esto tendrá como consecuencia una disminución del excedente de ahorro de China, con un ritmo más lento de acumulación de reservas en dólares, y por lo tanto una reducción de la demanda de activos nominados en dólares, como los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Del mismo modo que China está revisando su modo de crecimiento, también Estados Unidos empieza a plantearse la necesidad de la reindustrialización de su economía, teniendo en cuenta que con la explotación de yacimientos de petróleo y gas no convencional alcanzará el autoabastecimiento a un costo más bajo que la energía que compra a precio internacional. Esto le permitiría sustituir importaciones con una producción competitiva.

El debate sobre el techo de la deuda estadounidense es un acontecimiento que navega en la superficie del sistema monetario mundial, pero las corrientes subterráneas están fluyendo a mayor velocidad. Una de ellas tuvo su expresión en el reciente acuerdo del Banco Central Europeo con el Banco Central de China para intercambiar yuanes y euros; o sea, realizar su comercio sin acudir al dólar. La Unión Europea es el mayor mercado de China, y acuerdos de este tipo debilitan el dólar y aumentan el poder del yuan.

La moneda china es la novena moneda más transada en el mundo y camina hacia su creciente internacionalización, proceso económico de largo plazo que ya ha comenzado. El Banco Popular de China informó que la liquidación de operaciones en yuanes en el extranjero ascendió a 3,16 billones (515 mil millones de dólares) en nueves meses de este año, 50 por ciento más que en igual período del año pasado. China hoy tiene acuerdos de intercambio de divisas con 22 países por un total de 2,2 billones de yuanes, unos 370 mil millones de dólares.

Son pasos con paciencia oriental en el camino de la desamericanización de la economía mundial, que es lo mismo que desdolarizarla.

Fuente: Página 12, 26.10.13

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Día de la lealtad

Por Alfredo Zaiat

La economía mundial está en vilo por la posibilidad del default de la deuda de Estados Unidos. El grupo más conservador de los conservadores republicanos resiste la aprobación del presupuesto porque no quiere extender la atención sanitaria primaria a los sectores sociales más vulnerables, lo que ha provocado una serie de dificultades administrativas, laborales y de funcionamiento del gobierno de Obama. También pone como condición recortes del gasto público para facilitar la aprobación en el Congreso de la elevación del límite de la deuda, hoy en 16,7 billones de dólares. Existe un convencimiento generalizado entre analistas y políticos de que sobre el filo del vencimiento habrá finalmente acuerdo y no habrá debacle. Pero los días pasan con pocos avances en la negociación. El 17 de octubre es el día que estará en juego la lealtad de la administración estadounidense con los dueños de los títulos del Tesoro. El jueves próximo se topará con esa restricción de endeudamiento. La eventualidad del default de la deuda estadounidense tendría un impacto fortísimo sobre la primera potencia mundial, la economía global y sobre el dólar como moneda de aceptación universal.

El gobierno de Obama no ahorró advertencias sobre lo que puede suceder si en cinco días tiene que anunciar al mundo que no puede pagar los vencimientos diarios de su deuda. Obama afirmó que sería como una bomba atómica y el Departamento del Tesoro elaboró el informe “The potential macroeconomic effect of debt ceiling brinkmanship”. La introducción no deja margen de duda de la preocupación por un escenario de default. “Estados Unidos nunca ha incumplido sus obligaciones, y el dólar y los títulos del Tesoro están en el centro del sistema financiero de la comunidad internacional. No existe precedente de un default y tendría el potencial de ser catastrófico: los mercados de crédito podrían congelarse, el valor del dólar podría desplomarse, las tasas de interés de Estados Unidos podrían dispararse, esta situación negativa podría repercutir en todo el mundo, y podría haber una crisis financiera y recesión que podría ser igual a la de 2008, o peor.”

Analiza que la posibilidad de un default puede ser perjudicial para los mercados financieros, las empresas estadounidenses y las familias. Recuerda lo sucedido en 2011, cuando también se postergó la aprobación de aumentar el techo de la deuda, y la confianza de los consumidores y de las empresas “se redujo drásticamente”, los mercados financieros pasaron por un estrés en las cotizaciones y el crecimiento del empleo se desaceleró. Menciona que de junio a agosto de ese año, la confianza del consumidor descendió 22 por ciento. Tardó muchos meses (seis) en alcanzar el mismo nivel previo a la crisis de la deuda, acota. También indica que la deuda pública de Estados Unidos fue degradada, el mercado de valores cayó, la volatilidad de los precios de los activos aumentó, y el riesgo de crédito subió notablemente, efectos que persistieron durante meses en los mercados financieros. El alza del costo crediticio no fue sólo para el rubro corporativo (56 puntos básicos sobre la tasa) sino también para el hipotecario (70 puntos básicos). El documento calcula que para un crédito de 235 mil dólares, ese incremento de tasa de interés implicó para la familia endeudada un pago adicional de 100 dólares mensuales. Concluye que el impacto sería más duro que en 2011, cuando la economía se debilitó al año siguiente.

El informe del Departamento del Tesoro incorporó en el análisis el shutdown, el cierre del gobierno, que se inició el 1º de octubre. “Si se prolongara, la economía podría debilitarse, haciendo que los efectos adversos de un default se agudizaran. Explica que la teoría económica y la evidencia empírica enseñan que el retroceso de precios de las acciones y la ampliación del riesgo implícito por un default tienen efectos adversos sobre el gasto privado, reduce la confianza y aumenta la incertidumbre. En un episodio similar de 2011, el índice de acciones S&P500 retrocedió 17 por ciento en los meses dominados por el debate sobre el límite de la deuda. El Departamento del Tesoro cuantificó esa caída entre el segundo y el tercer trimestre de 2011, precisando que la riqueza de los hogares disminuyó 2,4 billones de dólares (“household wealth fell $2.4 trillion”). Destaca que esa caída tiende a una contracción en el gasto de consumo, rubro relevante de la economía estadounidense, puesto que representa aproximadamente el 70 por ciento del PIB.

El último párrafo del documento del Departamento del Tesoro de Estados Unidos manifiesta la inquietud ante un default, escenario de miedo que resulta funcional a la negociación del gobierno demócrata con los republicanos. Afirma que la cesación de pagos “podría tener un efecto catastrófico no sólo en los mercados financieros sino también en la creación de empleo, el consumo y el crecimiento económico. La recesión puede ser de la magnitud de fines de 2008, o peor, crisis que fue la más grave desde la Gran Depresión”. Para cerrar con una referencia que incluye a la Argentina, como a otros: “Teniendo en cuenta la experiencia de países que han dejado de pagar su deuda, las consecuencias económicas del incumplimiento serán profundas (altas tasas de interés, caída de la inversión, pagos de deuda más abultados y un crecimiento económico lento), y podría durar más de una generación”.

Lo que puede suceder en Estados Unidos y en la economía mundial es muy importante para todos, pero el destino del dólar como activo de reserva global es de una relevancia aun mayor para la minoría intensa e influyente de ahorristas argentinos que tienen al billete verde como refugio de gran parte de sus excedentes. Barry Eichengreen, profesor de Economía y Ciencias Políticas de la Universidad de California, Berkeley, escribió “Exorbitante privilegio: el auge y la caída del dólar, y el futuro del sistema monetario internacional”. Se pregunta cuánto tiempo más el dólar será la moneda de aceptación mundial, y si ese status quedará dañado por la batalla en el Congreso de Estados Unidos por el aumento del techo de la deuda. Antes de responder, señala que se equivocaron quienes habían pronosticado el retroceso del dólar como reserva mundial a partir de la crisis de 2008. El estallido de la burbuja especulativa de las hipotecas subprime en 2007 y la caída del banco de inversión Lehman Brothers un año después, que precipitaron recesión y estancamiento en las economías de Estados Unidos y Europa, crisis que transita por el sexto año, no afectaron negativamente el dólar ni los bonos del Tesoro como refugio de los capitales financieros. Sucedió lo contrario.

Ofrece como prueba estadísticas del Fondo Monetario Internacional que confirman que esos acontecimientos traumáticos causaron “poca (o ninguna) disminución de la dominación del dólar en las tenencias de reservas en moneda extranjera de los bancos centrales”. Lo mismo reflejan los datos recopilados por el Banco de Pagos Internacionales que muestran que el dólar sigue predominando en las transacciones de divisas globales tanto como lo hizo en 2007, antes del estallido de la crisis. Eichengreen señala que el default de la deuda de Estados Unidos sería, en cambio, un shock con efectos muy diferente sobre el dólar. El colapso de Lehman Brothers generó un estado de incertidumbre y alto riesgo que derivó en el vuelo de los capitales hacia activos considerados muy seguros y elevada liquidez. Esos activos fueron los bonos del Tesoro de Estados Unidos, deuda que permitió el financiamiento del rescate estadounidense como también mantener tasas muy bajas para impulsar su economía. El atributo de muy seguros de esos títulos quedaría dañado con el default. “La idea de que el gobierno de Estados Unidos siempre paga sus cuentas ya no se daría por sentado”, afirma. “El resultado sería una fuerte caída del dólar y pérdidas catastróficas para las instituciones financieras de Estados Unidos. Se perdería el estado de refugio seguro global del dólar”, sentencia Eichengreen.

Es probable que cuando republicanos y demócratas observen desde el borde del precipicio el destino que les espera a los títulos del Tesoro y al dólar, lleguen a un acuerdo para evitar el default de Estados Unidos. Pero sólo la existencia de esa posibilidad y esa mirada de angustia sobre el abismo revelan lo frágil que es la economía mundial dominada por las finanzas globales, y lo volátil que puede llegar a ser la confianza en un papel moneda con predominio del color verde.

Fuente: Página 12, 12.10.13

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Podría desatar

un colapso financiero internacional

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Mientras las negociaciones entre republicanos y demócratas para superar el “cierre del gobierno” de Estados Unidos se estancan, arrecian las advertencias sobre el peligro de una catástrofe financiera nacional y mundial si las principales fuerzas políticas norteamericanas no logran alcanzar un entendimiento.

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A los repetidos llamados formulados por el Tesoro estadounidense para apurar un acuerdo antes del 17 de octubre, fecha en la que el país podría entrar en suspensión de pagos si el Congreso no autoriza el techo de la deuda, se sumó ayer el FMI.A través de su directora-gerente, la francesa Christine Lagarde, el Fondo Monetario Internacional dijo que si no se resuelve el problema del Presupuesto y del techo de la deuda, las consecuencias para la economía mundial podrían ser iguales o peores a las de la crisis de los años 2008-2009.

La tensión y el temor se acrecentaron al finalizar la primera semana de “cierre del gobierno”, después de que el titular de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehmer, asegurara que lo que ocurre “no es un juego” sino una “batalla épica” que lleva adelante su partido contra el gobierno.

Los demócratas, por su parte, con el presidente Barack Obama al frente, afirman que no van a ceder ante el chantaje republicano que implica ofrecer su voto para aprobar el Presupuesto y elevar el máximo de la deuda pública, previa renuncia del Gobierno a instrumentar la ley de reforma sanitaria aprobada en 2010 por el Congreso.

Más allá de las escaramuzas y los movimientos tras bastidores de los protagonistas de esta guerra política, lo que está en juego es ni más ni menos que la continuidad de la lenta y difícil recuperación económica estadounidense y, por sobre todo, la posibilidad de un desplome catástrofico de los mercados y las finanzas.

Y no se trata apenas de la cuestión económica de Estados Unidos.

La primera potencia mundial detenta la moneda de reserva mundial, la fijación de su tasa de interés rige los movimientos de capitales internacionales y los títulos de su deuda pública de 16 billones de dólares está en poder, mayoritariamente, de China, Japón y Europa.

A través de la compra de los bonos de la deuda emitidos por el Tesoro, la Reserva Federal (banco central) viene sosteniendo -a duras penas- el crecimiento del PBI y evitando la caída de la economía en deflación y en una tasa de desempleo explosiva.

Asimismo, la emisión de bonos actúa como la base de una pirámide de expansión financiera que sirve para propósitos de especulación bursátil, inversiones en el exterior, atesoramiento de los bancos, etc., ya que los títulos respaldados por el Estado norteamericano sirven como garantías de préstamos y respaldo de inversiones.

El entrelazamiento de la economía y las finanzas de Estados Unidos con el resto del mundo, incluyendo los países emergentes, llevaría inevitablemente, en el caso de una suspensión de los pagos públicos de esa nación, a una enorme crisis financiera y al inicio de una recesión mundial.

En este sentido, las advertencias formuladas esta semana por banqueros de Wall Street al salir de una reunión Obama, al igual que las del Tesoro y el FMI, buscan actuar como un arma de presión combinada para vencer las resistencias de los republicanos y para que éstos abandonen la línea extremista del derechista Tea Party.

Este grupo interno del partido Republicano, que se estima que tiene no más del 20% dentro de éste, tiene sólo 49 de los 435 miembros de la Cámara de Representantes, pero su influencia ideológica dentro de la oposición se extiende más allá de estos porcentajes.

El establishment estadounidense, principalmente su sector financiero, así como todo el mundo financiero internacional está condenando la posición extrema y unilateral, de miras estrechamente nacionales, del Tea Party, que está poniendo en riesgo la estabilidad mundial.

Hasta el momento, los cierres parciales de actividades públicas en Estados Unidos (parques nacionales, empleados federales en Washington, etc.) no son más que pequeñas muestras de lo que ocurriría el 17 de octubre si el Gobierno de Obama no obtiene la autorización parlamentaria para aumentar el gasto y hacer frente a las deuda estatales.

La tendencia bajista del dólar en las últimas semanas, que llegó a cotizar el jueves a 1,36 por euro, el punto más bajo en dos años, así como la leve pero persistente subida del oro, son un termómetro de la preocupación creciente en el sector financiero.

Los bancos han aumentando en porcentajes de entre el 20% y el 30% la disponibilidad de dinero en efectivo, así como también han elevado el giro en descubierto para empresas y particulares, en previsión de que falten dólares a partir del 17 de octubre y de que eso desate pánico y una corrida contra la moneda.

Fuente: Télam, 05.10.13

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Atrapada en su ‘lustro del diablo’

 
La salud de los bancos es el gran quebradero de cabeza para Europa

Por Claudi Pérez *

El capitalismo es, a veces, una perfecta contradicción; un estupendo oxímoron. Es paradójico que el peor momento de la Gran Recesión, en el que pudo pasar de todo, sea todavía la quiebra de Lehman Brothers. Porque aquel final de verano de 2008 fue prácticamente el único momento en el que sistema se atrevió a aplicar de veras su regla de oro: que cada palo aguante su vela. El Gobierno estadounidense dejó caer Lehman, el cuarto banco de inversión del mundo, y apareció el fantasma de una segunda Gran Depresión. Washington, con el supuestamente ultraliberal George W. Bush al mando, se vio obligado a dejar de lado esa máxima de inmediato para pasar a intervenir bancos, agencias hipotecarias y aseguradoras; Europa, que había fantaseado con el decoupling (el desacople de su economía con respecto a la crisis norteamericana), se vio de repente en medio del remolino, en unas semanas de enfebrecida inestabilidad que se conocen como el trimestre del diablo. La crisis financiera fue mutando, convertida en una especie de monstruo con varias cabezas: sembró el pánico en los mercados de deuda soberana y después fue —y sigue siendo, sobre todo en la UE— económica, política y social.

Ha pasado un lustro desde que ocurrió todo aquello, y las aguas han vuelto a una relativa calma. EE UU y sus bancos se recuperan. Los emergentes han resistido, a pesar de que la marea negra de la Gran Recesión empieza a cruzar océanos y amenaza ahora las costas de Brasil, India, China y compañía. Solo Europa —y, con ella, sus bancos— sigue atascada en su particular lustro del diablo, en el que también prácticamente todo ha sido posible, incluso, una ruptura del euro. En los peores momentos, los líderes europeos dieron siempre un paso adelante, pero con parches que no han alcanzado para adquirir suficiente velocidad de crucero. “Europa ha hecho lo suficiente para sortear el colapso, pero no para salir de esta con éxito”, resume el profesor de Berkeley Barry Eichengreen.

A diferencia de EE UU, la eurozona está pagando el exceso de austeridad

En los terroríficos meses que siguieron a la caída de Lehman Brothers, casi todos los Gobiernos del mundo se pusieron de acuerdo para compensar el repentino hundimiento del gasto privado y se aplicaron en desarrollar políticas monetarias y fiscales expansivas. Parecía llegado el momento de la venganza de la política, tras años de desregulación y progresivo ninguneo del Estado en favor del mercado. Pero en 2010 ocurrió algo extraño: una gran parte de la élite del mundo, espoleada por los mismos banqueros que habían recibido dinero público a paletadas, decidió arrojar por la borda las lecciones de la historia y empezó la era de la austeridad. A distintas velocidades: austeridad moderada en EE UU, que no hizo un giro completo y eso le ha permitido salir del pozo con más claridad; y austeridad a rajatabla en Europa, que solo muy recientemente ha preferido cambiar de retórica y poner el acento en las reformas, pero que en la práctica sigue de lleno en esa política económica.

La eurozona está pagando esos excesos con la tijera. Presenta leves signos de mejoría, pero será el único gran bloque económico del mundo que cerrará el conjunto del año con una caída del PIB. Y sobre todo con tremendas dudas en varios flancos, a pesar de la renovada complacencia de sus líderes. La deuda pública en la mayoría de los países no solo no baja, sino que aumenta. Los rescates han sido un fiasco. Los bancos continentales tienen menos colchones de capital que los estadounidenses y presentan serias incertidumbres. El paro y la pobreza están en máximos, y en algunos países —Grecia y España y, en menor medida, Portugal e Italia— el desempleo presenta números depresivos.

Pero los bancos, inicio y estación final de esta crisis circular, son tal vez el gran quebradero de cabeza de Europa. La austeridad y la recesión no les han permitido recuperarse, a pesar de los centenares de miles de millones de dinero público que han recibido. Y viceversa: sin bancos solventes que hagan lo que tienen que hacer —dar crédito—, ninguna economía puede recuperarse.

El bucle diabólico entre deuda soberana y banca sigue sin romperse y es un problema eminentemente europeo. Porque el continente no sabe manejarse en el jaleo: a partir de 2008, EE UU prestó ayuda a 13 entidades y dejó quebrar a medio millar de bancos. Europa ha dado ayudas de Estado a 50 entidades y sigue sin resolver cómo demonios dejarlos caer, según los datos de Bruegel. La unión bancaria, en pleno proceso de construcción, es probablemente la nueva piedra filosofal europea: del acierto en el diseño de su infraestructura depende la tranquilidad del sistema financiero, y de ella se deducirá también si los líderes quieren verdaderamente más unión o si el proyecto europeo está definitivamente varado.

“El problema con la banca europea tiene un componente político: la relación entre deuda soberana y sistema financiero sigue ahí, sin romperse”, apunta Tano Santos, de la Universidad de Columbia. Europa tiene un doble examen para ver cómo desata ese nudo gordiano. Por un lado tiene que disipar dudas: “Sinceramente, no sabemos cómo están los bancos”, reconocía a principios de verano el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. Por otro, tiene que poner —una vez más— una bazuca encima de la mesa para eliminar incertidumbres si se detectan agujeros de capital en las entidades. Las respuestas a esos interrogantes las tienen el Banco Central Europeo (BCE) y los líderes del euro.

El bucle diabólico entre deuda soberana y sistema financiero sigue vivo

“El BCE va a arrojar mucha luz con su examen de la banca europea a partir de este otoño”, apunta Santos. “Va a haber muchas sorpresas: no sería de extrañar que apareciesen pérdidas, y fuertes, en países del centro, ya que, en la periferia, los bancos se han visto obligados a abrir sus libros de una forma que no se ha hecho en otros sitios”, añade. Una vez que esté listo ese examen, hará falta recapitalizar algunas entidades: con dinero privado, siempre que sea posible, y —una vez más, la maldición de esta crisis— con dinero público, cuando no lo sea. La destrucción creativa schumpeteriana, versión 2.0: siempre con la posibilidad de acudir al dinero público, si la banca está por medio.

El problema es que no está claro de dónde saldrían esos fondos. Europa trabaja en un mecanismo de resolución de bancos. Pero para que el mecanismo sea creíble tiene que contar con financiación pública, en teoría, sin límite: eso implica transferencias entre países, y no es seguro que Merkel y compañía estén dispuestos a tanto. Esa es la próxima clave de la crisis europea.

Es poco probable un nuevo Lehman Brothers en la eurozona: ni en el sistema bancario ni en forma de un evento sistémico, como la fractura del euro por algunos de los países más débiles. Y sin embargo, nadie acaba de fiarse. “Cinco años después de verle las orejas al lobo, Europa aún no tiene una unión bancaria propiamente dicha. Apenas un esbozo insuficiente para futuras crisis, que las habrá. Algunos problemas siguen ahí: bancos demasiado grandes para caer, riesgos excesivos y una autoridad de resolución insuficiente”, afirma Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales.

Preocupan los bancos, cargados hasta las cejas de deuda pública y faltos de capital, con el sistema financiero fragmentado y un Banco Central que no acaba de sustanciar aquella promesa —“todo lo que haga falta”— y cuya política monetaria laxa no se transmite allá donde más se necesita. Preocupan varios países, metidos en una espiral endemoniada. Y preocupan los líderes, y Alemania en particular, autores intelectuales de una gestión de la crisis muy cuestionada. “Europa no ha tenido el valor de limpiar de verdad su banca. Un sistema financiero demasiado grande, como el europeo, es siempre un problema, a no ser que sea tremendamente fuerte. Y no es el caso. La banca tiene enormes bolsillos de vulnerabilidad”, resume Daniel Gros, director del think tank bruselense CEPS. “La unión bancaria podría crear las estructuras para que ese vínculo entre deuda soberana y bancos se debilitara, pero eso no va a ser de la noche a la mañana”. Ese periodo intermedio, esa tierra de nadie hasta contemplar la unión bancaria, se adivina fundamental. Y aquí y allá se adivinan arenas movedizas.

* Desde Bruselas

Fuente: El País, 16.09.13

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