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Archive for the ‘05. Geohegemónicas’ Category

La masacre de Gaza

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Por Roberto Páez González
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La masacre se ha consumado en un mes, iniciada con el nombre de Margen Protector y concluida por una tregua de 72 horas, seguida del retiro de las fuerzas israelíes. Tuvo al mundo sin aliento, con imágenes de bombardeos, declaraciones de políticos, diplomáticos y observadores, sentimientos de indignación e impotencia frente al drama de una castigada población de un millón ochocientos mil habitantes en apenas 385 km2.   
 
El rumor afirma que el retiro de las tropas israelíes no se debe a la presión internacional, las manifestaciones en múltiples ciudades del mundo, etc., sino a una comunicación telefónica de las autoridades egipcias, confirmando que los representantes de Hamas daban garantías de aceptar la tregua.
 
Es un claro indicio de la determinación de los dirigentes israelíes y también demuestra la incapacidad de la comunidad internacional de hacer cumplir la legalidad internacional, también burlada en cuanto a la creación de un Estado Palestino, o el cese de las colonias israelíes en Cisjordania, relanzadas desde 1996 –llegada de Netanyahu al gobierno- cuatro años después de que se hubiesen frenado, en 1992.
 
SOBRE ALGUNAS REACCIONES QUE SE MANIFESTARON
 
Al principio de estas operaciones, voceros oficiales de las grandes potencias recalcaron el derecho del Estado de Israel a defenderse; luego apareció la idea de la « equidistancia » -un ejercicio de hipocresía verbal- y atenuantes estadounidenses que no impidieron que Estados Unidos renovara las municiones al ejército israelí.
 
Pero se alzaron apreciaciones más críticas: las de los manifestantes contra los bombardeos en varias partes del mundo y, por ejemplo, una tribuna del exministro de relaciones exteriores de Francia, Dominique de Villepin, en Le Figaro (31/07/2014) o la declaración de cuatro personalidades –Rony Brauman, Christiane Hessel, Edgar Morin y Régis Debray- que publicó Le Monde (05/08/2014).
 
De Villepin afirma que « el Estado de Israel se condena a operaciones regulares en Gaza o en Cisjordania, una estrategia terrorífica porque condena a los  palestinos al subdesarrollo y al sufrimiento, terrorífica porque condena a Israel a convertirse paulatinamente en un Estado segregacionista, militarista y autoritario. Y la espiral de la Africa del Sur del apartheid anterior a Frederik De Klerk y Nelson Mandela, hecha de represión violenta, de iniquidad y de humillantes bantustanes. Es la espiral de la Argelia francesa entre putsch de los generales y OAS frente al campo de la paz encarnado por de Gaulle ».
 
De Villepin señala, además, que hay un profundo desequilibrio en la situación, que no opone dos Estados, sino un pueblo sin tierra y sin esperanza a un Estado acaso empujado por el miedo. Y que no es aceptable decir que Hamas instrumenta a los civiles  para hacer olvidar que se asesina a estos últimos, máxime cuando se ha rechazado reconocer que los civiles votaron por Hamas en 2007, al menos por su rama política.
 
De Villepin añade: « Porque no puedo aceptar que se niegue que hay algo que supera nuestras diferencias y que es nuestra común humanidad ».
 
Asimismo agrega –entre otras cosas- que existen herramientas para enfrentar la situación. Una consiste en las sanciones. Con el fin de « despertar la sociedad israelí. Cabe ponerla ante sus responsabilidades históricas antes de que sea demasiado tarde »; otra es la justicia internacional. La urgencia, hoy, es impedir que se cometan crímenes de guerra. Para ello, es hora de dar derecho a las demandas palestinas de adhesión a la Corte Penal International. La tercera a disposición de la comunidad internacional es la interposición.
 
La declaración antes mencionada de las cuatro personalidades –entre las que destacamos a Christiane Hessel, viuda de Stéphane Hessel, el autor de Indígnense (o Indignaos)- está encabezada por el título « Sr. Hollande usted es responsable de cierta idea de Francia que se juega en Gaza ».
 
Subrayan que el Presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, al llevar al nivel 3 las sanciones económicas contra Rusia por la muerte de 300 civiles inocentes, afirmaron: « la situación exige una respuesta urgente y decidida ». En Gaza, cuando « ya hay cinco veces más civiles inocentes masacrados » y bajo « la orden directa de un gobierno, las sanciones de la Unión Europea contra el Estado de Israel continúan a nivel cero ». Un doble estándar.
 
También se alarman porque « la particularidad del conflicto palestino-israelí concierne y afecta a la identidad de millones de árabes y musulmanes, millones de cristianos y occidentales y millones de judíos dispersos por el mundo ».
 
Y más adelante, afirman : « Nos dirigimos a usted, a quien hemos votado y no nos resulta desconocido. Es de usted de quien tenemos derecho a esperar una respuesta urgente y resuelta frente a esta carnicería, como a la sistematización de castigos colectivos en Cisjordania ».
 
Laurent Fabius, ministro de relaciones exteriores de Francia empleó en la última semana la misma palabra, « carnage ».
 
JEAN JAURES. REYES, PRESIDENTES Y LA GRAN GUERRA
 
El 4 de agosto del corriente, conmemoraron en Lieja, Bélgica, numerosos jefes de Estado y de Gobierno: el rey Felipe VI, los duques de Cambridge, el presidente de Francia, François Hollande, el de Alemania, Joachim Gauck, de Rumania, Traian Basescu, el canciller de Austria, Heinz Fischer, y diversos representantes internacionales, recibidos por los reyes belgas, Felipe y Matilde. También hubo otras ceremonias recordatorias, por ejemplo en Gran Bretaña.
 
Resulta un neto contraste frente a la tragedia de Gaza que en simultáneo alcanzaba su clímax.
 
Pocos días antes el presidente de Francia había conmemorado el centenario del asesinato de Jean Jaurès.
 
Aunque Jean Jaurès en su único gran viaje visitó Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro, dando conferencias cuya sola huella corresponde a las que brindó en Buenos Aires,(1) donde convalidó el modelo agropecuario oligárquico de inserción subordinada en la división internacional del trabajo, nos quedamos con el Jean Jaurès pacifista y humanista que se oponía a la guerra y había contribuido a la defensa de Dreyfus.
 
Hoy resulta extraña la amalgama por la que Jean Jaurès es admitido por hombres políticos de la izquierda y de la derecha francesa, como un comodín de senderos que confluyen.
 
Al principio del siglo corto de Eric Hobsbawm, el internacionalismo proletario parecía una fuerza capaz de resistir los impulsos belicistas, colonialistas e imperialistas denunciados también por Rosa Luxemburg, Karl Liebknetch, Lenin y otros.
 
No fue así. Hubo millones de muertos, según cifras que van de 10 a 30 millones. Haberse opuesto a la guerra tenía mucho sentido. Jaurés fue asesinado el 31 de julio de 1914 y la contienda se desencadenó a los pocos días, cuando Alemania llevó sus fuerzas a Bélgica para atacar a Francia, por lo que Gran Bretaña lanzó un ultimátum a Alemania para que frenara su avance. El 4 de agosto, en Francia, las campanas llamaban a rebato.
 
El 28 de junio anterior, había sido asesinado el archiduque de Austria–Hungría, Francisco Fernando de Austria, heredero del trono. Jaurès, aleccionado por las guerras balcánicas de 1912-1913, y firme pacifista, había dado un vibrante discurso en Lyon, el 23 de julio de 1914, incriminando la política colonial de Francia, la política exterior de la Rusia zarista y la voluntad de poder de Austria. Una semana después, Jean Jaurès caía muerto a tiros, cuando estaba sentado a una mesa del Café du Croissant, en París, cerca de donde se hallaba la sede de su diario, L’Humanité.
 
SECUELAS DE ESE PRINCIPIO DE SIGLO
 
Desaparecieron los imperios otomano y austrohúngaro. En 1917 se publicó la declaración de Balfour –dirigida a lord Rothschild- favorable a las aspiraciones de los judíos sionistas y al establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, en el sobreentendido de que nada se haría que pudiera perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina. Se hizo conocer antes del fin del año, para cuando se consideraba que sería efectiva la conquista definitiva de Palestina por las tropas británicas.
 
Se mantuvo esta voluntad política, en tiempos de crisis de los años treinta, el nazismo y la segunda guerra mundial, en lo cual los palestinos no tuvieron nada que ver.
 
En cierto modo, tal vez, el siglo veinte no haya sido tan corto como Hobsbawm lo vio por la caída de la Unión Soviética y se haya prolongado hasta estos hechos de barbarie y –ojalá- de tomas de conciencia múltiples, de la comunidad internacional, de las comunidades judías, de los humanistas y pacifistas que sin duda son muy numerosos en el mundo.
06.08.14 

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La barbarie infinita

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Por Atilio A. Boron

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¿Qué está sucediendo en Gaza? El gobierno de Israel, un estado que somete a un injusto, cruel e inhumano bloqueo a un diminuto territorio palestino a orillas del Mediterráneo, decidió aplicar un escarmiento ejemplar por el asesinato de tres jóvenes colonos judíos presuntamente perpetrado por Hamas. Sin pruebas mínimamente convincentes y en medio de una sospechosa operación policial, Jerusalén acusó a esa organización de lo ocurrido con el propósito –como lo reconociera días atrás un apologista de Israel dentro de EE.UU., Zbigniew Brzezinski– de “agitar a la opinión pública en Israel para que justifique su ataque a Gaza”. Y eso fue lo que ocurrió: niños, ancianos, mujeres y hombres caen bajo el fuego de su metralla. Para Netanyahu y su gavilla en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, Ibérico Saint Jean, dijo que “primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos”. El gobierno israelí invirtió esa secuencia y comenzó por la población civil, gente cuyo único crimen era vivir en Gaza, y cometió un delito al aplicar una penalidad colectiva para un crimen perpetrado por algunos individuos. Después de este brutal y aleccionador escarmiento invadieron Gaza para aniquilar a los terroristas y sus colaboradores. Israel sabe que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas podía ocasionarle daños de alguna significación. Sus amenazas de destruir al Estado de Israel son bravuconadas que no se corresponden ni remotamente con su poder efectivo de fuego. Pero son muy útiles en la guerra psicológica: sirven para aterrorizar a la población israelí y así obtener su consentimiento para el genocidio y la ocupación de los territorios palestinos. Y también para que Estados Unidos y los países europeos aporten todo tipo de armamentos y amparen políticamente al régimen. Justamente en estos días Israel solicitó a Wa-shington la entrega de 225 millones de dólares adicionales para financiar la producción de componentes de su escudo antimisiles, conocido como “Cúpula de Hierro”. El secretario de Defensa de EE.UU. remitió un mensaje al Senado y a la Cámara de Representantes urgiendo la rápida aprobación de la petición israelí. Si fuese aprobada la ayuda de EE.UU. para estos propósitos ascendería, sólo en 2014, a 500 millones de dólares. La ayuda militar, de cualquier fuente, que recibe Hamas es cero. La desproporción de fuerzas es tan flagrante que hablar de una “guerra” es una broma macabra. Lo dijo Marco Aurelio García, asesor especial de la presidenta Dilma Rousseff: “Lo que estamos viendo en Medio Oriente, por el amor de Dios, es un genocidio, es una masacre”.

Y es así porque Gaza no tiene ejército, no se le ha permitido que lo tenga. Israel tiene uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que le proporcionan Washington y las viejas potencias coloniales europeas. Gaza tampoco tiene una aviación para vigilar su espacio aéreo o una flota que custodie su mar y sus playas. Los drones y helicópteros israelíes sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Las nuevas tecnologías bélicas le han permitido “perfeccionar” lo que hizo Hitler en Guernica. En su furia asesina han bombardeado casas, escuelas, hospitales, recintos de la ONU. Sus poderosos aliados (cómplices de sus crímenes) convalidan cualquier atrocidad. Ya lo hicieron antes, y no sólo con Israel, y lo harán cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia juega a favor de este plan genocida: callaron desvergonzadamente durante la Shoá perpetrada por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódica y periódicamente se está consumando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso: un genocidio. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional estableció en 1998 que “se entenderá por ‘genocidio’ cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: a) matanza de miembros del grupo; b) lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; c) sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. El gobierno israelí incurre en los tres componentes de la definición. El problema para el Estado de Israel, al menos en su actual conformación, es que rara vez el genocidio ha sido un camino hacia la victoria. Hitler asesinó a seis millones de judíos en los hornos crematorios y terminó aplastado por sus enemigos. ¿Por qué pensar que este genocidio tendrá un resultado diferente? Es tal vez por eso que en la entrevista ya mencionada Brzezinski afirmó que con sus políticas Netanyahu “está aislando a Israel y poniendo en peligro su futuro en el largo plazo”.

Afortunadamente, dentro de Israel hay sectores que reprueban con durísimos términos la conducta seguida en Gaza: un grupo denominado “Judíos contra el genocidio”, el Partido Comunista de Israel junto con el Frente Democrático por la Paz y la (Hadash) han condenado los crímenes perpetrados en Gaza y plantean, además, la legitimidad de la resistencia de cualquier territorio ocupado. Pero hay otros que predican la aniquilación de los palestinos, como Ayelet Shaked, la diputada que instó a las fuerzas de ocupación a matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Y desde el gobierno israelí se trabaja para fomentar la deshumanización del “otro” árabe. Los grandes medios de comunicación y las escuelas enseñan a los niños israelíes a odiar a sus indeseables vecinos, degradados a la condición de una raza despreciable. Para involucrarlos en el esfuerzo bélico se los invita a que escriban mensajes de muerte en los misiles que lanzan sus fuerzas armadas. Otros niños serán los que caerán muertos por esos proyectiles amorosamente dedicados por sus contrapartes israelíes.

Este comportamiento es un escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud, Albert Einstein, Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Lévi-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. La traición a los grandes ideales que el judaísmo aportó a la humanidad no será gratuita. Con su criminal cobardía, con sus delitos de lesa humanidad, con sus prácticas propias del “terrorismo de Estado”, con la violación de la legalidad internacional (desacatando la resolución Nº 242, de noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad exige que Israel se retire de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967), las autoridades israelíes están infligiendo un durísimo golpe a la sustentabilidad a largo plazo del estado de Israel. Su aislamiento en la Asamblea General de la ONU es patético, ejemplificado por su sistemático y solitario acompañamiento a los Estados Unidos en las votaciones sobre el bloqueo impuesto a Cuba. Incluso sus más incondicionales amigos, como Mario Vargas Llosa, no ahorran críticas: después de visitar Gaza en 2005 dijo en el diario español El País: “Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí … lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz”.

Parece poco probable que la infernal maquinaria bélica israelí pueda hacer un alto y reflexionar sobre el significado de esta traición a los ideales del humanismo judío. Un enfermizo racismo se ha apoderado de los círculos dominantes en la sociedad israelí que le inhibe reaccionar ante las monstruosidades perpetradas en contra de los palestinos en Gaza o ante la construcción de un ignominioso muro en Cisjordania, o ante la perpetuación y profundización de las políticas de usurpación y despojo colonial. Los horrores padecidos bajo el nazismo parecerían ser suficientes para justificar lo que es a todas luces injustificable e imperdonable. ¿Será así? Pero, en caso afirmativo, la cuestión es: ¿por cuánto tiempo? Pregunta pertinente si se recuerda el dictum de John Quincy Adams, sexto presidente de EE.UU. cuando dijo que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino intereses permanentes”, una frase repetida hasta el cansancio por otro criminal de guerra, Henry Kissinger. Sería bueno que las autoridades israelíes, que dan por descontado un apoyo indefinido de Wa-shington a sus políticas, meditaran sobre este asunto.

Fuente: Página 12, 29.07.14

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Elecciones U.E.

El Viejo Continente elige presidente

Por Federico Vázquez

Entre el 22 y el 25 de mayo, los 28 países que componen la Unión Europea van a las urnas para votar los diputados del Parlamento Europeo. Pero esta vez, además de las bancas, el resultado electoral determinará quién será el encargado de dirigir la Comisión Europea, algo que hasta el momento se acordaba a puertas cerradas.

En dos semanas Europa va a tener, por primera vez en su historia, algo parecido a un Presidente. Cabe una aclaración un tanto farragosa: los ciudadanos europeos votan, cada cinco años, a diputados de cada uno de los países miembros, para conformar el Parlamento Europeo, que se encarga de legislar sobre los asuntos regionales. Las distintas fuerzas nacionales conforman, en el Parlamento Europeo, bloques ideológicos transversales a los países. Es decir: los legisladores españoles del PSOE arman una misma banca con los del Partido Socialista francés, los socialdemócratas alemanes, los laboristas ingleses, y así. Mientras que los legisladores españoles del PP lo hacen con el CDU de Ángela Merkel y el UMP de Sarkozy.

Una vez constituido, ese Parlamento elige a ciertos miembros para conformar la Comisión Europea, que viene a ser el órgano ejecutivo de la Unión Europea. El Parlamento, además, elige al Presidente de esa Comisión. Hasta ahora, ese Presidente salía de los acuerdos y votaciones al interior del Parlamento, y los ciudadanos europeos la miraban de afuera. Esta vez, las distintas fuerzas políticas decidieron acordar de antemano quienes serían sus candidatos a presidir la Comisión y presentarlos a los votantes. De esta manera la “familia” socialdemócrata lleva como candidato a Martin Schulz y la conservadora a Jean-Claude Juncker. La izquierda, tiene como referente al griego Alexis Tsipras, y la ultra derecha a la francesa Marine Le Pen.

La idea es que, si bien la elección del Presidente de la Comisión seguirá siendo del Parlamento, al conocerse los nombres que van a impulsar cada bancada, los ciudadanos, indirectamente, van a estar eligiendo a quien ocupe ese puesto. Y la intención, en definitiva, es darle así una mayor legitimidad a quien tenga que conducir la integración de Europa en los próximos cinco años.

Este súbito arranque democratizador tiene una explicación. Europa lleva ya cinco años de crisis económica ininterrumpida y el miedo es que las próximas elecciones dejen asentado lo que muestran todas las encuestas: la apatía política generalizada, que hace temer que menos del 50% del padrón electoral concurra a las urnas. Y la Unión Europea necesita revalidar títulos de legitimidad democrática en tiempos donde sus autoridades se la pasan pidiendo ajuste sobre ajuste a las sociedades de los países menos prósperos. “Elegir” al Presidente de la Comisión vendría a funcionar como un aliento para que la gente acuda a las urnas. Habrá que ver, no parece un premio muy atractivo.

“Hoy, a 15 años del nacimiento de la moneda común, los resultados quedan a la vista. En vez de una región más equilibrada, la Unión Europea construyó realidades paralelas, en simetría con la clásica división internacional entre el Norte y el Sur.”

Como sucede desde hace ya un tiempo, lo políticamente correcto es la indignación por el crecimiento de los partidos de extrema derecha, que tiene en común una impronta anti inmigrante, pero sobre todo anti europeístas. Algunos proponen terminar con el Euro, casi todos volver a una política de soberanías nacionales y poner freno al avance de instituciones regionales. Según lo que dicen las encuestas, es muy probable que Le Pen salga primera en Francia. Otro tanto podría pasar con el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) que hace unos días desplegó afiches en Londres con la leyenda: “¿Quién maneja realmente este país? El 75% de nuestras leyes ahora se hacen en Bruselas.”

En países sin representaciones tan extremas, como España, se espera que el descontento con Europa lo coseche la izquierda, que podría levantar la puntería por arriba del 15%. En Grecia, todavía bajo el shock de las medidas de ajuste que impuso “Troika” (como se llama al triunvirato de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI) el partido de Tsipras también puede ganar muchos votos.

En definitiva, aún si se salva el primer escollo de la asistencia a las urnas, es muy probable que  un porcentaje importante de los europeos voten a dirigentes que quieren menos Unión Europea.

¿Por qué ocurre esto? Detrás de la “crisis”, no todos son iguales. Estos cinco años desde la hecatombe financiera de 2008, dejaron a la vista un proceso lento, pero que tuvo siempre la misma dirección. En 1989, cuando Alemania dejó de estar partida en dos mitades y, sobre todo, “intervenida” por las potencias mundiales de la guerra fría, empezó -una vez más- el proceso de recomposición del poder germano al interior de Europa. Esta vez, por suerte, el ánimo expansionista estuvo centrado en la economía: Alemania unificada se transformó en un gigante regional, con capacidades industriales y comerciales inigualables para el resto de los socios europeos.  Sólo un par de números: Alemania es, detrás de China, el país más exportador del mundo. Mientras todos sus vecinos de la Unión atraviesan penurias, Alemania tiene un superávit comercial del 7% del PBI. Una enormidad. A lo que hay que agregar que en su gran mayoría corresponde a bienes industriales, con mucha inversión en tecnología e investigación.
Al mismo tiempo, en los países del sur y el oriente de la Unión se expande el desempleo, los estados necesitan pedir préstamos al Banco Central Europeo y las políticas de ajuste están a la orden del día, con independencia de quien gobierne.

El “relato” alemán de porqué ocurre esto es simplón: el espíritu teutón les permitió no sólo superar casi medio siglo de división nacional, sino que durante los años 90 tuvieron el coraje de hacer reformas laborales y sociales que aumentaron la competitividad de su industria y, diez años después, comenzaron a disfrutar de esos sacfricios.

Sin embargo, esa tesis es contrapuesta con el hecho de que los salarios alemanes distan de ser africanos y los impuestos que cobra el estado son propios de un país desarrollado, con alto nivel de inversión social, educativa, tecnológica, etc. Lo que falta en ese relato es que Alemania encontró en el crecimiento de China y otras economías emergentes nuevos y enormes mercados para sus exportaciones industriales. Estos países en poco tiempo pasaron a necesitar maquinarias, infraestructura y todo tipo de bienes de capital para sostener el crecimiento de sus economías internas, lo que fortaleció aún más el frente exportador de la industria germana. Es decir, el “milagro” alemán no se sostuvo, como ahora quieren convencer a sus socios pobres de Europa, en la flexibilidad laboral interna u otros mecanismos de ajustes, sino en fortalecer las ventajas que ya tenía su sector económico más dinámico.

A lo que hay que agregar que, mientras ocurría este cambio en la economía mundial, Berlín tuvo la habilidad y la fuerza para construir el armazón de la Unión Europea y el Euro a partir de su situación particular, antes que desde las necesidades del resto de los países que eran estructuralmente distinta.

Hoy, a 15 años del nacimiento de la moneda común, los resultados quedan a la vista. En vez de una región más equilibrada, la Unión Europea construyó realidades paralelas, en simetría con la clásica división internacional entre el Norte y el Sur. De hecho, geográficamente es así: Alemania, Finlandia, Dinamarca o incluso Inglaterra viven problemas típicos de países híper desarrollados, con sociedades cohesionadas y economías entre pujantes y amesetadas. Por el contrario, el Sur (España, Portugal, Italia, Grecia y buena parte de los países del Este, incorporados en la última década) está desde hace cinco años sometido a terapias de shock, con economías muy endebles, más vinculadas al turismo o a productos primarios o de bajo valor agregado.

El crecimiento del voto “euroescéptico” surge tanto en los países del Norte, como los del Sur, aunque por motivos inversos. En el primer grupo, las fuerzas conservadoras y de extrema derecha representan a sociedades reacias a financiar cualquier solidaridad continental, refugiándose cada vez más en identidades nacionales, vistas como barreras de contención a todo lo malo que trae Europa. En el segundo grupo, donde no casualmente tienden a crecer expresiones anti europeas, pero de izquierda o anti sistema (como Grecia, España o incluso Italia), la reacción negativa se funda en que los beneficios de pertenecer tienen, cada día, menos privilegios.

En dos semanas se verá qué marca el termómetro electoral sobre este mapa desalentador. Los cinco años de crisis económica (que mejor sería llamarla “concentración geográfica de la riqueza”) parecen haber abierto una crisis política de la misma escala continental.

Fuente: Télam, 14.05.14

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Fortaleza Malvinas

El puesto más importante de la OTAN en el Sur

Por Raúl Argemí

 

Para afirmar su potestad sobre Las Malvinas y, de hecho, los mares aledaños, los británicos, con apoyo de EE.UU., han construido en la Isla Soledad la gran base militar de Mount Pleasant (Monte Agradable), la llamada Fortaleza Malvinas. Inau­gurada en 1986, tiene una pista de aterrizaje de 2.590 metros de longitud, que permite la operación de transportes de tropas y blindados como los gigantes C-5, un puerto de aguas profundas donde atracan submarinos convencionales y atómicos, e instalaciones donde se albergan varios miles de efectivos militares y otros tantos “contratistas”, figura de fantasía que encubre a mercenarios técnicos y militares.

Ni la defensa de un puñado de civiles malvinenses, ni las supuestas operaciones contra el narcotráfico justifican tal despliegue de fuerzas, como no sea porque allí se entrenan contingentes de soldados que participan en las guerras de Gran Bretaña. También es inquietante la afirmación de los especialistas de que allí, en función de hipótesis bélicas que conducen a una nueva Guerra Fría, se almacenan explosivos nucleares.

Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur son hoy una pieza importante en la estrategia global del imperialismo y particularmente en el accionar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), actualmente extendida por todo el planeta. Concretamente, integrada al sistema global de inteligencia y comunicación de la OTAN, es uno de sus enclaves mejor equipados y, lejos, el mayor en el hemisferio sur. Pero los británicos no están solos, porque su socio mayor en la OTAN es EE.UU., que comparte los servicios malvineros, en parte para sus bases sudamericanas del llamado Comando Sur, que se complementa con la resucitada IV Flota de Guerra de los Estados Unidos patrullando el litoral atlántico.

Un documento de 2008, el que define “La Estrategia del Comando Sur hacia 2018” deja clara la idea de que el sistema de seguridad a nivel continental debe garantizar al Pentágono la posibilidad de realizar operaciones en cualquiera de los países de la que consideran su “área de responsabilidad” y también en los que denominan “espacios neutrales”, es decir aguas internacionales, espacio aéreo, espacio cibernético. El Atlántico Sur es uno de ellos.

Con base compartida en las islas tiene el control del Atlántico sur, de las rutas que unen América con África, la conexión el continente Antártico, y el paso al Pacífico por el Estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake. ¿Qué está en juego? Los campos petroleros marítimos descubiertos recientemente en Brasil, sus equivalentes en el mar continental argentino y las riquezas pesqueras de la Patagonia.

Una observación de la base y un rastreo de documentos oficiales señalarán que este emprendimiento, que costó 1200 millones de dólares, merece ser depositario del orgullo de la Corona de la OTAN y de la Unión Europea.
Arma por arma. La Fortaleza Malvinas cuenta oficialmente con unos 1.500 efectivos, de los cuales residen en forma permanente algo más de 500 y los otros mil son parte de contingentes rotativos que llegan para un entrenamiento de combate que puede durar desde un mes y medio hasta cuatro meses, antes de seguir viaje hacia Irak o Afganistán. Teniendo en cuenta que los “kelpers” civiles son 2.800, sin incluir los civiles de la base, uno de cada tres habitantes de Malvinas es militar.

Una observación de la base y un rastreo de documentos oficiales señalarán que este emprendimiento, que costó 1200 millones de dólares, merece ser depositario del orgullo de la Corona de la OTAN y de la Unión Europea, que avala el avance sobre todos los territorios que entran en su interés, extendiendo Europa hasta Tierra del Fuego. La amplitud de las pistas y las instalaciones de la base la han convertido en la mejor equipada de América del Sur. Secundariamente, su ubicación en Monte Agradable ha convertido a esa ciudad –Mount Pleasant– en la segunda en importancia en el archipiélago.

De acuerdo con la información que no se puede ocultar a los observadores internacionales, en la base militar hay cuatro zonas acondicionadas para aeronaves, con 50 hangares normales, siete reforzados y estacionamientos de naves subterráneos. En la Fortaleza Malvinas pueden operar simultáneamente más de 80 aviones de combate y unos 20 cisternas o transportes, porque tiene dos pistas de aterrizaje. Una de 2.590 metros y la otra de 1.525 metros, aptas las dos para las operaciones de transporte y combate.

En la actualidad en la base han reemplazado cuatro de los Panavia Tornado F3 –que entraron en combate en Irak/1991– de la escuadrilla 1435, por otros tantos Eurofighter Typhoon, el caza bombardeo más letal y moderno del mundo. Con el Typhoon se puede volar hasta muy adentro del territorio argentino y desde allí disparar misiles con un alcance de 700 kilómetros. Esa unidad de combate se complementa con otra, la 1312, que tiene un Hércules C-3 y un cisterna VC-10. Luego, la unidad 1564 tiene dos helicópteros de rescate Sea King HAR.3 y un helicóptero CH-47 Chinook, para transporte de tropa.

Por el lado del mar, Monte Agradable cuenta con el puerto de aguas profundas Mare Harbour, donde ancla la flota británica e invitados. Allí las fuerzas británicas alternan al HMS Clyde, el HMS Montrose, el HMS Dauntless, cuentan con el destructor HMS Edimburg, además de buques de patrullaje, cañones de artillería de 105 milímetros, y sistemas integrados de misiles y radares Rappier FSC/Dagger. También, desde el año pasado, cuentan con el submarino HMS Talent, con propulsión de energía atómica y misiles crucero Tomahawk que le dan un alcance de fuego de 2.000 kilómetros de alcance.

Lo ya dicho, ni los pocos malvinenses decididamente probritánicos que viven allí, ni la supuesta hostilidad de una imaginaria Argentina belicista que podría volver a invadir las Malvinas, ni cualquiera de las razones tipo guerra contra el terrorismo o el narcotráfico, dos fantasmas inasibles, explican un despliegue de fuerzas tan desproporcionado. Lo cierto es que, gracias a esta movida, la Falkland Island Company (FIC) pasó de administrar campos de ovejas a ser un poderoso aparato económico multirrubro, y los isleños pueden alimentar sus noches al calor del fuego de turba, recordando que el príncipe Guillermo, uno de los herederos de la Corona, cae por allí de tanto en tanto llevado por sus obligaciones militares.

Fuente: Miradas al Sur, 30.03.2014

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Arabia Saudita, sitiada y temerosa

Por Immanuel Wallerstein
Durante mucho tiempo, al régimen saudí se le ha considerado pilar de estabilidad en Medio Oriente; el país convocaba respeto y prudencia de todos sus vecinos. Esto no es ya cierto, y los primeros en reconocerlo son los jugadores internos en el régimen. Hoy se sienten sitiados por todas partes y están bastante temerosos de las consecuencias de los disturbios en Medio Oriente para la supervivencia del régimen.

Este vuelco deriva de la historia de Arabia Saudita. El reino mismo no es muy viejo. Fue creado en 1932, mediante la unificación de dos reinos más pequeños de la península arábiga: Hejaz y Neid. Era una parte del mundo aislada y pobre que se había liberado a sí misma del dominio otomano durante la Primera Guerra Mundial, y que vino a estar bajo el eje paracolonial de Gran Bretaña.

El reino estaba organizado en términos religiosos por una versión del islam sunita llamado wahabismo (o salafismo). El wahabismo es una doctrina de tipo puritano muy estricta que fue notablemente intolerante no sólo hacia las religiones diferentes al islam, sino hacia las otras versiones del islam mismo.

El descubrimiento del petróleo habría de transformar el papel geopolítico de Arabia Saudita. Fue una firma estadunidense, después llamado Aramco –no una firma británica– la que logró conseguir los derechos de prospección en 1938. Aramco buscó la asistencia del gobierno de Estados Unidos para explotar los campos.

Una consecuencia del interés de Aramco, combinado con la visión que tuvo el presidente Franklin Roosevelt del futuro geopolítico de Estados Unidos, fue la ahora famosa reunión de Roosevelt con el gobernante de Arabia Saudita, Ibn Saud (y que en ese momento pasó casi desapercibida). Esta reunión ocurrió el 14 de febrero de 1945, a bordo de un destructor estadunidense en el mar Rojo. Pese a la grave enfermedad de Roosevelt (habría de morir dos meses después) y a la falta de experiencia alguna respecto de la cultura y la tecnología occidentales por Ibn Saud, los dos líderes lograron forjar un respeto mutuo y genuino. El intento de deshacer esto por el primer ministro Winston Churchill en una reunión que de inmediato arregló resultaría ser bastante contraproducente, porque fue visto como arrogante por Ibn Saud.

Aunque buena parte de la discusión privada de cinco horas entre Roosevelt e Ibn Saud estuvo dedicada a la cuestión del sionismo y Palestina –acerca de lo que tenían visiones bastante diferentes–, la consecuencia real de más largo plazo fue el arreglode facto por el que Arabia Saudita coordinó y controló las políticas de producción de crudo mundiales para beneficio estadunidense, a cambio de lo cual Estados Unidos ofreció garantías de seguridad militar de largo plazo a Arabia Saudita.

Para Estados Unidos, Arabia Saudita se volvió una dependencia paracolonial de facto, lo que, sin embargo, permitió que la extensa familia real creciera en riqueza y que semodernizara –no sólo en su habilidad de utilizar tecnología, sino aun en el sentido cultural, flexibilizando en sus vidas muchas de las restricciones del islam wahabita. Fue un arreglo que ambas partes apreciaron y nutrieron. Y funcionó bien hasta la segunda mitad de la primera década de 2000. Dos eventos importantes alteraron el arreglo. Uno fue la decadencia política de Estados Unidos. El segundo fue la llamada primavera árabe y lo que los saudíes percibieron como sus consecuencias negativas por todo el mundo árabe.

Desde el punto de vista de Arabia Saudita, la relación con Estados Unidos se amargó por varias razones. La primera fue que los saudíes sintieron que la anunciada reorientación Asia-Pacífico que remplazaba la (por muchos años) dominante orientaciónEuropa-Atlántico de Estados Unidos implicaría una retirada de su activo involucramiento en la política de Medio Oriente.

Los saudíes vieron ulteriores evidencias de esta reorientación en la disposición de Estados Unidos a entrar en negociaciones con el gobierno iraní y el gobierno sirio. De modo semejante, se sintieron mal por el anunciado retiro de tropas de Afganistán y por la clara renuencia a involucrarse en otra guerra en Medio Oriente. Sintieron que ya no podían contar con la protección militar estadunidense si llegara el caso de necesitarla. Por tanto decidieron jugar sus cartas independientemente de Estados Unidos y, de hecho, contra las preferencias de ese país.

Entretanto, sus relaciones con otros grupos islámicos se hicieron más y más difíciles. Tuvieron mucho cuidado de cualquier grupo que estuviera vinculado con Al Qaeda. Y por buenas razones, dado que hacía mucho tiempo que Al Qaeda había dejado claro que buscaba el derrocamiento del régimen saudí existente. Una cosa que los preocupaba especialmente eran los ciudadanos saudíes que se fueron a Siria y se involucraron en la yihad. Temían, recordando la historia pasada, que estos individuos regresaran a Arabia Saudita, listos para subvertirla desde dentro. De hecho, el 3 de febrero, por decreto real (una rara ocurrencia), los saudíes ordenaron el regreso de todos sus ciudadanos. Buscando controlar su modo de retornar, intentaron dispersarlos desde sus avanzadas para minimizar su capacidad de crear organizaciones internas. Parece dudoso que estosjihadis obedecieran. Consideran este edicto un abandono del régimen saudí.

Además de los potenciales adherentes a Al Qaeda, el régimen saudí ha tenido una relación difícil con la Hermandad Musulmana de mucho tiempo atrás. Aunque la versión que del islam tiene esta última es también salafista, y en muchos aspectos semejante al wahabismo. Hay dos diferencias cruciales. La base principal de la Hermandad Musulmana ha sido Egipto, mientras la base wahabita está en Arabia Saudita. Así que, en parte, esto siempre ha sido una competencia por ver cuál sede es la fuerza geopolítica dominante del Medio Oriente.

Hay una segunda diferencia. Debido a su historia, la Hermandad Musulmana siempre ha mirado a los monarcas con ojo agrio mientras el wahabismo se ligó cercanamente con la monarquía saudí. El régimen saudí no ve bien la diseminación de un movimiento al que no le importe un derrocamiento de dicha monarquía.

Y aunque alguna vez tuvieron buenas relaciones con el régimen baathista en Siria, esto ahora es imposible debido a la intensificada polarización entre sunitas y chiítas en Medio Oriente.

La falta de aprecio de los saudíes hacia los laicistas, los simpatizantes de Al Qaeda, los que respaldan a la Hermandad Musulmana y el régimen chiíta baathista, no deja ningún grupo obvio al cual respaldar en Siria. Pero no apoyar a nadie no protege ninguna imagen de liderazgo. Así que el régimen saudí manda armas a algunos cuantos grupos y pretende que hace mucho más.

¿Es Irán realmente el gran enemigo? Sí y no. Pero para limitar el daño, el régimen saudí está involucrado secretamente en conversaciones con los iraníes, conversaciones cuyos resultados son inciertos, dado que los saudíes creen que los iraníes buscan alentar a los chiítas a que hagan erupción en Arabia Saudita. Y pese a que el número total de chiítas en Arabia Saudita es incierto (tal vez 20 por ciento), están concentrados en la esquina sudeste, precisamente el área de mayor producción petrolera.

Casi el único régimen con el que los sauditas están en buenos términos es el de Israel. Comparten la sensación de estar sitiados y temerosos. Y ambos se involucran en el mismo tipo de tácticas políticas de corto plazo.

El hecho es que, en lo interno, el régimen saudita tiene pies de barro. La élite interna está ahora cambiando –de la llamada segunda generación, los hijos de Ibn Saud (los pocos hijos sobrevivientes son bastante ancianos), a los nietos. Es un grupo grande que no ha sido probado y que podría ayudar a derrumbar la casa en su competencia por llenarse las manos con los despojos, que son todavía considerables.

Los saudíes tienen buenas razones para sentirse sitiados y temerosos.

Traducción: Ramón Vera Herrera

Fuente: La Jornada, 15.03.14

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El gobierno chino prepara reformas

que beneficiarán a América Latina

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Por Federico Schmalen

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El cónclave del PCCh tomó definiciones políticas que le asignan un rol “decisivo” al capital privado. La desaceleración de la economía y la crisis internacional plantean orientarse más decididamente hacia su propio mercado interno.

 
Las expectativas eran grandes porque se trató del primer plan de reformas bajo el mandato del líder Xi Jinping, a un año de su asunción. Se había anunciado una reforma “sin precedentes”.
El denominado Tercer Pleno del 18º Comité Central del Partido Comunista Chino, sin embargo, postergó para dentro de algunas semanas la difusión de las medidas concretas que surgirán a partir de los cuatro días de debates de los más de 200 dirigentes del partido. En concreto, el plenario resolvió la creación de dos comités. Por un lado el Comité de Coordinación de las Reformas y, por el otro, el Comité de Seguridad Nacional.
El primero tendrá la tarea de darle forma a las medidas que se tomarán con vistas a un período cuyos resultados y aplicación debieran plasmarse hasta el año 2020. El segundo se orientaría a cuestiones que hacen a la seguridad nacional.
De todas formas los trazos gruesos de la reforma salieron a la luz a través del documento oficial difundido (a cuenta gotas) por la Agencia Xinhua. Allí se establecen fuertes definiciones en lo que hace al rol del capital privado en la economía que, se explicitó, pasaría de “básico” a “decisivo”.
Ese cambio de rol, según algunos analistas, podría traducirse en una participación de hasta el 15% en la participación del capital privado en las empresas públicas. También, según lo difundido por Xinhua, se incrementarán los porcentuales que las empresas públicas deberán ceder al gobierno sobre sus beneficios.
Se habilitará la creación de pequeños bancos privados y se liberalizarán las tasas de interés. Los gobiernos locales podrán emitir obligaciones propias y también se ampliará la participación privada en empresas de servicios. El gobierno ya señaló que el objetivo está puesto en establecer las medidas necesarias para duplicar el PBI per cápita del 2010 para el 2020.
El régimen económico de transición que rige en el gigante asiático avanzaría hacia una mayor restauración capitalista pero todavía con una fuerte presencia y regulación del Estado. El documenta ratifica que “el PCCh debe reforzar y mejorar su liderazgo y debe ocupar de lleno su papel central de mando”.
El hermetismo con el que se desarrollaron los debates no permite todavía concluir si la mesura a la hora de difundir y tomar resoluciones está asociada a disidencias internas en el partido gobernante sobre los ritmos de la restauración o si, por el contrario, surgen de una homogénea cautela a la hora de avanzar en medidas tendientes a establecer una economía de mercado en momentos en que, precisamente los emblemas del capitalismo atraviesan una de las más profundas bancarrotas de la historia.
La reciente crisis política entre republicanos y demócratas en los Estados Unidos que amenazó con la posibilidad de un default técnico norteamericano generó gran preocupación en el gigante asiático. Pablo Nacht, becario CONICET y doctorando en FLACSO, precisó que “China tiene un grave problema externo por su alta exposición a la deuda norteamericana, que se suman a las presiones internacionales que existen para revaluar su moneda”.
DESACELERACIÓN. Las deliberaciones del plenario se desenvolvieron bajo la atenta mirada del mundo. Estuvieron signadas por la desaceleración de la economía que, para 2013, concluirá con el crecimiento más bajo desde el año 1990, similar, quizás, al del año 1999. Es que las últimas proyecciones indican que no llegará al 8% y que, posiblemente, se ubique más cerca del 7,5 por ciento.
En 2007 había superado el 14%. Para una economía cuyo PBI anual en 2012 fue de 12,61 billones de dólares (casi 13 millones de millones de dólares), un punto de crecimiento del PBI equivale al PBI anual entero de, por ejemplo, un país como Angola. Con todo, a principios de este mes el Buró Nacional de Estadísticas chino difundió un informe que muestra el índice de actividad más alto de los últimos 18 meses. La OCDE también mejoró sus pronósticos para la economía hacia 2014.
RESTRICCIONES. Con 2000 billones de dólares en 2012, China es el segundo exportador mundial. Una de las incógnitas de la economía del gigante asiático se sitúa en la posibilidad de estar enfrentando dos cuellos de botella en forma combinada. Por un lado, la que deriva de su dependencia de esas exportaciones y la inversión pública en un contexto de retracción de la demanda de sus principales mercados de productos manufacturados, y por el otro lado, la posibilidad de enfrentar la llamada “trampa del ingreso medio”, es decir la pérdida de competitividad resultantes de un aumento relativo de los salarios (con sus competidores)( y un bajo nivel de inversión.
El PBI per cápita alcanzó para 2012 los 9300 dólares anuales, que ubican al país muy por detrás de la media mundial (ocupa el puesto 124 entre los países del mundo) pero a partir de una muy desigual distribución del ingreso (el índice GINI se ubica en 47,4 situando al país en el puesto 29 entre los peores países del mundo en la materia). Estos datos sirven para ilustrar sobre el carácter contradictorio del proceso de restauración en el que todavía miles de campesinos viven en condiciones semifeudales combinadas con un régimen de propiedad comunal. La agricultura sigue siendo el sector que concentra la mayor cantidad de mano de obra con casi un 35% de los 798,5 millones de trabajadores. A modo de comparación, la agricultura de Brasil explica el 15% y la de Argentina sólo el 5% de la mano de obra.
Es por eso que la reforma apuntará también a, por un lado, la liberalización paulatina de la venta de tierras (en manos comunales y bajo usufructo familiar) por un lado y, por el otro, a la flexibilización de las normas migratorias internas. Puntualmente la paulatina eliminación del hukou que es un pasaporte interno que, a través del control de los servicios sociales,  impide la migración hacia las ciudades. Ese proceso según los promotores de la apertura favorecería la explotación extensiva de la tierra, la oferta de mano de obra y el consumo masivo de las clases medias. Lo mismo explica la relajación de la política de “hijo único”.
INESTABLE. Santiago Juncal, economista e investigador de la Universidad Nacional de General Sarmiento, destacó que “ellos tiene un gran problema y es que tienen que crecer a más del 7% porque, si no, se genera un caos social. Tienen más de 500 protestas por día en todo el país a pesar de la fuerte represión que existe”. Quizás allí esté la clave de la segunda resolución del Plenario en lo que hace a la creación del Comité de Seguridad cuyos objetivos generales establecidos en la resolución del Plenario son “mejorar la gobernanza” así como “garantizar la estabilidad social”. Para eso establece la creación de “sistemas para prevenir y poner fin de forma efectiva a las disputas sociales y mejorar la seguridad pública”.
IMPACTO REGIONAL. Consultado sobre el impacto en las economías regionales, Pablo Nacht señaló que “desde 2008 hay un vuelco de la economía china hacia su mercado interno. Si se impulsa el consumo es una oportunidad para países como Argentina”.
Santiago Juncal, señala que, de todas formas, “el impacto en América Latina tiene más que ver con lo que hagan los gobiernos locales que con las propias reformas. Ellos pueden volcarse más al consumo que a la inversión, pero eso no resuelve la ausencia de una estrategia conjunta de los paíes de la región para penetrar el mercado chino con mayor valor agregado. Hay algo que no está hecho y que debería estar en la agenda de Unasur y CELAC”, sostuvo.

Para Nacht, “la oportunidad real pasa por ofrecer algo más que commodities. Caso contrario, la tracción de la economía china sólo servirá para primarizar aun más la economía nacional en beneficio del sector sojero y de la recaudación estatal a través de las retenciones. Lo mismo vale para el resto de los países de América del Sur”, alertó.

Fuente: Infonews, 17.11.13

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Argentina entre los buitres y el desastre sirio

La conexión entre los fondos buitre y la crisis del sistema financiero. Por qué los países centrales volvieron a preocuparse por los paraísos fiscales. Las incógnitas que plantea la catástrofe siria. La opinión de Stiglitz y Krugman.

Por Martín Granovsky

En 1712 Pedro el Grande, el primero de los Romanov, estableció su capital en San Petersburgo. Quería abrir una puerta a Europa. En 1917 cayó el último de los zares, Nicolás II Romanov, y en 1918 la capital pasó a Moscú. Vladimir Putin, que gobierna desde tierra moscovita, acaba de ser el anfitrión del Grupo de los 20 en San Petersburgo. Esta vez la ciudad fue una puerta por donde entraron los problemas irresueltos del mundo, entre ellos la crisis financiera y la catástrofe siria.

El documento final que habla de “guaridas fiscales” en referencia a los paraísos y alegró a la presidenta argentina tiene una raíz en los problemas de los países más desarrollados.

“En los últimos doce meses se fueron de Italia a Luxemburgo 140 mil millones de euros para atesorar dinero fuera de Italia en protección para un eventual derrumbe”, explica el economista Arnaldo Bocco, ex director del Banco Central bajo Néstor y Cristina Kirchner. “Los grandes contribuyentes dejan de serlo en los países donde antes residían, lo cual genera grandes problemas en la recaudación tributaria de los países desarrollados como Alemania y los Estados Unidos”, afirma Bocco.

¿Por qué dentro del G-20 los países desarrollados comenzaron dándole un alto perfil al debate sobre los paraísos fiscales en 2009, bajaron luego el perfil del tema y volvieron a elevarlo en los últimos meses?

“Los paraísos fiscales son el patio trasero del sistema financiero”, dice el diputado nacional por el Frente para la Victoria Eric Calcagno, quien ofrece un dato para entender la magnitud del fenómeno que los expertos llaman “financierización”: “Hace 30 años por un 1 punto de producción había un punto de stock financiero. Hoy por cada punto hay 3,6 de stock”. Los paraísos fiscales quedan articulados con la práctica de los fondos buitre, que según Bocco son estudios de abogados especialistas en comprar títulos de deuda a bajo precio en medio de las crisis para especular con una suba futura.

“Los fondos buitre representan un poder financiero marginal al sistema capitalista”, dice Calcagno. Pero no tan marginal: “Hacen una parte del trabajo más sucio y al mismo tiempo conspiran contra la estabilidad de todo el sistema”.

Para Bocco, paraísos y fondos buitre se relacionan con el lavado de dinero, “porque en el paraíso fiscal se hace residente el grueso de los grandes evasores y el gran dinero de la corrupción”.

El economista sostiene que dentro del G-20 la resistencia al desmonte de los paraísos fiscales está encabezada por Gran Bretaña, que “ejerce una protección sobre los lugares de libre tránsito y sin regulaciones transparentes”. Pero a los países desarrollados cada vez les cuesta más equilibrar las cuentas fiscales, y eso explicaría que cíclicamente la tensión con la existencia de los paraísos aumente.

En parte la baja de recaudación ocurre por la utilización de fideicomisos de existencia discreta alojados en un paraíso. “Con frecuencia un fideicomiso alojado en un paraíso administra los bienes de una familia de fortuna que vive de sus beneficios y no tributa todo lo posible en el país donde reside”, ilustra Bocco.

El ex director del BCRA recomienda seguir con atención un dato que juega en este contexto mundial: quién piloteará la Reserva Federal, el banco central de los Estados Unidos. Una candidatura es la de la actual vicepresidenta, Janet Yellen. Otra es la de Larry Summers, que fue el poderoso consejero de Bill Clinton para las cuestiones financieras.

La desigualdad

En un artículo publicado el viernes en The New York Times el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz escribió que trabajó con ambos y antes que a Summers prefiere a Yellen.

“Como autoridad del Departamento del Tesoro durante la administración Clinton, el señor Summers apoyó la desregulación de los bancos, incluyendo el rechazo a la ley Glass-Steagall, lo cual fue clave en la crisis financiera de los Estados Unidos”, dice el texto de Stiglitz. Al abundar sobre Summers escribió el Nobel que cuando Summers fue secretario del Tesoro entre 1999 y 2001 su gran “logro”, entre comillas, fue garantizar que los derivativos, es decir los productos no controlados del sistema financiero, “no fueran regulados, una decisión que ayudó a la explosión de los mercados financieros”.

Según Stiglitz, la desregulación es una de las causas de la desigualdad por cuatro motivos:

– De acuerdo con cómo se las maneje, las crisis son creadoras de desigualdad y pobreza. En la última crisis, los ingresos medios cayeron un 40 por ciento, muchísimos trabajadores perdieron su empleo y la sociedad sufrió el recorte de servicios públicos. En cambio el uno por ciento más rico “disfruta los resultados de la recuperación”.

– La desregulación contribuyó a la financierización de la economía.

– La desigualdad se ve reforzada “por las prácticas abusivas del sector financiero, que prospera a costa de los norteamericanos comunes, a través de préstamos predatorios, manipulación de mercados, abuso con las tarjetas de crédito y aprovechamiento del monopolio del sistema de pagos”. Frente a eso la Fed no usó su enorme poder, que sí utilizó “para fortalecer los balances bancarios a expensas de los ciudadanos comunes”.

– Además de lo que hizo mal, el sector financiero continúa sin hacer cosas como facilitar créditos para las pequeñas y medianas empresas.

Otro Nobel de Economía, Paul Krugman, escribió ayer que cuando a punto de cumplirse cinco años de la crisis de Lehman Brothers, símbolo de la actual gran caída, la administración Obama protagonizó “un gran fracaso”. Krugman lo atribuye al énfasis en la austeridad y no en la creación de empleo y la preservación de los hogares frente al remate masivo.

El dilema sirio

En este tablero fue que sesionó la última cumbre del G-20 en la que la Argentina y Brasil elevaron su protesta contra los paraísos fiscales y la desregulación financiera que aún gobierna el mundo. En el caso argentino no hubo una cumbre bilateral entre Cristina Fernández de Kirchner y Barack Obama. La Presidenta, por otra parte, eligió personalizar críticas en el colega norteamericano. En el caso brasileño, la revelación de que la Agencia Nacional de Seguridad espió en 2012 a la propia Dilma Rousseff y a sus consejeros sí generó una entrevista a solas. Dilma anunció públicamente el viernes que Obama le había prometido una explicación. También condicionó su programada visita de Estado a Washington a la respuesta, que debería llegarle de aquí al viernes.

Es el mismo período en que el presidente de los Estados Unidos anunciará su decisión final sobre Siria, donde ya hay 90 mil muertos y dos millones de desplazados dentro y fuera del territorio.

“Todo el mundo está a la espera del anuncio de Obama y hoy hay una probabilidad de un 85 o 90 por ciento en el sentido de un ataque sobre Siria en los próximos dos o tres meses”, opina Khatchik Derghougassian, experto de la Universidad de San Andrés.

Una duda es si Obama insistirá o no en su nueva estrategia de convencer al Congreso antes de lanzar un ataque, al parecer una medida necesaria frente al rechazo de 6 de cada 10 norteamericanas, cifra muy alta en un país que ya no tiene conscripción.

“Quiere lograr una mínima ‘legitimidad’”, dice Derghougassian. “Tomar esta decisión le será difícil. No tomarla también porque ya dio su palabra.”

Samantha Power, la flamante embajadora en las Naciones Unidas, reforzó en los últimos días su argumentación ante sectores progresistas.

El viernes dijo en el Center for American Progress que ante la denunciada utilización de ataques con gas venenoso y la parálisis del Consejo de Seguridad por la divergencia entre Washington y Moscú, “no hay un Plan B sin riesgos”. Su Plan A, como sucedió ante la crisis libia, es la intervención militar. “El gobierno debe tomar la responsabilidad por los riesgos y las consecuencias potenciales de su acción”, dicho lo cual prefirió dejar sin detalle alguno la exposición de esos efectos eventuales mientras se concentraba en publicitar la necesidad de una intervención militar inmediata.

La Argentina había votado contra las violaciones a los derechos humanos en Siria en el marco de las Naciones Unidas pero se opone a una acción militar como casi toda América latina.

“Solamente México, Colombia y Chile guardaron distancia y silencio”, dice el analista venezolano Modesto Emilio Guerrero. El resto condenó una invasión o una intervención militar. “Nunca tiene razón para invadir, pero en el caso de Siria tampoco puede sostener lo que dice. El gobierno ruso informa que el gas usado que se encontró tiene olor. Si tiene olor no es militar. Si no, es del gobierno sirio. ¿Y ahora? La Liga Arabe no apoya la intervención militar. La oposición al gobierno sirio está fragmentada y los dilemas son muchos ¿Los Estados Unidos quieren construir un régimen con Al Qaida dentro?”

Derghougassian subraya que “ya hubo un intento para una conferencia internacional, pero las partes no están de acuerdo, lo cual es un problema porque no hay una oposición unida sino varios grupos y los más extremistas no quieren saber nada de llegar a un acuerdo”.

Agrega el experto: “La oposición política del Ejército Libre Sirio, en cambio, quiere modificar el régimen baasista. Mientras, a los islamistas los apoyan Turquía, Arabia Saudita y Qatar. Cada país tiene su propio juego. Arabia lo hace para fisurar la alianza entre Siria e Irán. Turquía encontró en las revueltas árabes la oportunidad de presentarse como una potencia regional”.

El cuadro es complejo y hay grandes actores internacionales tratando de influir. Tal como se informa aparte, el papa Francisco fue ayer el principal. Entretanto, en el Senado norteamericano avanza una propuesta de los legisladores Joe Manchi y Heidi Heitkamp según la cual se le podría pedir al presidente Ba-shar al Assad que Siria firme la Convención sobre Armas Químicas y adopte pasos concretos para cumplirlo en 45 días. Pasado ese tiempo, los Estados Unidos quedarían con las manos libres.

Fuente: Página 12, 08.09.13

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Imperialismo de los derechos humanos

Por Guillermo Levy *

Con el fin de la Guerra Fría, ya hace más de veinte años, intervenciones militares o invasiones se empezaron a justificar, derrotado ya el fantasma comunista, en el marco de las banderas de la democracia y los derechos humanos.

El Consejo de Seguridad o la OTAN, o unilateralmente Estados Unidos con algunos aliados circunstanciales en busca de prebendas comerciales, han producido en estos veinte años diversas intervenciones militares, invasiones o simplemente han recalentado conflictos internos apoyando rebeliones armadas. El saldo de cientos de miles de muertos de esta geopolítica imperial de los derechos humanos es un balance devastador en el escenario mundial más desequilibrado militarmente que conoció la historia de la humanidad.

La primera guerra inaugural fue la del Golfo en el año 1991 para recuperar Kuwait para la monarquía absoluta que la gobernaba y que había sido invadida por Irak. Luego le siguieron las tremendas guerras genocidas que desmembraron a la ex Yugoslavia, tarea alentada tanto por los Estados Unidos como por muchas potencias europeas; cientos de miles de muertos en la guerra serbo-croata y luego en la de Bosnia. La cuestión musulmana, que no había aparecido en el escenario de los nuevos enemigos de la humanidad en la era poscomunista, aparece solapadamente en la guerra de Bosnia, que tiene combatientes chechenos y afganos peleando en el sur de Europa por su utopía de conquistar el primer Estado musulmán en Europa en reemplazo de la multiétnica Bosnia que había sabido construir el socialista Tito.

Ahí, los norteamericanos petardearon los acuerdos de paz europeos en 1995 para empezar a incidir fuertemente en la geopolítica europea e incentivaron a las partes a continuar con el conflicto que –decenas de miles de muertos mediante más– continuó hasta 1997. Luego de todo ese desastre y desmembramiento del hermoso país que supo ser la Yugoslavia socialista, vino la pequeña confrontación de Kosovo, región que sin ninguna tradición independentista y solo con el apoyo de los tanques de la OTAN y los medios internacionales, buscaba desmembrar más la en ese entonces Serbia y Montenegro. La OTAN intervino supuestamente para defender a los civiles kosovares hostigados por las tropas serbias luego de guerras civiles y genocidios permitidos por la ONU, por la OTAN y por el Consejo de Seguridad. El objetivo real, instalar tropas norteamericanas en el sur de Europa.

En el medio, el genocidio de casi un millón de personas en cien días en Ruanda no mereció intervención militar alguna. Esa región, en el medio de Africa, no merecía la pasión belicista en defensa de los derechos humanos, sobre todo cuando los Estados Unidos, luego de la fracasada intervención en Somalia, preferían no meterse mucho en Africa.

Más allá de estas idas y vueltas, el fin de la Guerra Fría vio nacer una nueva forma de “intervención humanitaria” que sirvió para justificar, con una gran hipocresía, las cirugías necesarias para el diseño internacional de la hegemonía norteamericana.

Llegó el 2001 y la cuestión del terrorismo pareció reemplazar en la pulsión invasora en defensa de los derechos humanos. Sin embargo, ambos argumentos supieron articularse.

Afganistán era el país de los talibán que habían volado las Torres Gemelas. Ex aliados contra los soviéticos, hoy eran los nuevos enemigos. Nombres como el Talibán, Al Qaida, cobraron una fama central que no deja de producir asombro cuando se ve que son estos sectores o sus aliados los que reciben ayuda de Estados Unidos, países europeos y dictaduras del golfo Pérsico, contra los resabios de los gobiernos árabes laicos de la región.

Afganistán era el refugio de los terroristas que habían volado las Torres Gemelas pero también era un país en el que las mujeres eran obligadas a usar chador y las libertades civiles eran inexistentes. A la búsqueda de los culpables y por la liberación del pueblo afgano nos anunciaron la primera gran invasión posatentados que aún continúa empantanada, con sus muertos permanentes y los ataques y bombardeos con aviones no tripulados en Pakistán. Hoy, como antes del 2001, esos tremendos enemigos presentados como el nuevo enemigo de la humanidad a la opinión pública mundial son los aliados en la lucha contra los Khadafi o Asaad.

Luego de Afganistán, llegó Irak por segunda vez en busca de armas de destrucción masiva que nadie vio ni creyó y el asesinato de Saddam Hussein. Un tiempo después, ya con las complejas y heterogéneas “primaveras árabes”, llegó Libia, en ayuda a los que querían derrocar a una dictadura y convirtieron al país, en su cirugía de bombas, en un infierno de tribalismo. Y ahora se viene Siria.

La impunidad de los argumentos que sobreactúan una indignación frente a violaciones a los derechos humanos cada vez es más grande. Antes, por lo menos, había una producción de relatos, imágenes y argumentos para lograr ciertos consensos en la opinión pública mundial.

Hoy la impunidad es cada vez más grande y los argumentos cada vez más insignificantes.

Solo personas con limitadas capacidades mentales pueden pensar que en la cúpula de poder de los Estados Unidos reina la indignación por el supuesto ataque con armas químicas contra civiles en Siria. Armas químicas que se producen en las democracias occidentales y que es altamente probable que haya usado la oposición occidental-islamista para producir una excusa que ni siquiera es sostenible para Gran Bretaña, el gran aliado de Estados Unidos en todas las invasiones desde el fin de la Guerra Fría. Arrancar la agenda de los derechos humanos de la nueva agenda imperial se hace imprescindible para no seguir legitimando un nuevo orden mundial donde, por lo menos hoy, potencias occidentales, especuladores financieros e islámicos radicales filo Al Qaida parecen que andan por el mismo andarivel.

* Docente Sociolgía UBA, investigador de la Untref.

Fuente: Página 12, 07.09.13

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¿DE QUE OPCION POR LOS POBRES HABLA EL PAPA?

Entre la caridad y el cambio estructural

Francisco desea “una Iglesia pobre y para los pobres”, pero faltan definiciones para saber si sus propósitos apuntan a una mirada reformista que demande ajustes al sistema o a recuperar la perspectiva liberadora del magisterio episcopal latinoamericano.

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Por Washington Uranga
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Jorge Bergoglio, en su nueva condición de papa Francisco, ha insistido en mandar señales que intentan instalar la imagen de pobreza y austeridad, tanto en lo personal como en lo institucional. Los gestos han sido acompañados de un discurso que subraya el deseo de “una Iglesia pobre y para los pobres”. Y en este mensaje muchos han querido ver la recuperación de la tradición histórica y teológica que la Iglesia Católica en América Latina ha construido y cimentado después del Concilio Vaticano II (1962-65) y como relectura y aplicación a la región de ese acontecimiento de la Iglesia universal. Está claro que, a través del pensamiento que se le conoce en sus escritos, pero también por sus prácticas pastorales, Bergoglio no se sitúa en la radical elección planteada por la Teología de la Liberación latinoamericana, que ha sido la perspectiva teórica fundamental de esa opción. Es así porque los argentinos, en general, incluso sus teólogos populares y más importantes como el ya fallecido Lucio Gera, nunca se sintieron cómodos con un pensamiento teológico de la liberación que reconoció aportes del marxismo. Pero también porque el hoy papa Francisco estuvo siempre enrolado en las corrientes cuya preocupación por lo social se puso de manifiesto mediante la acción caritativa, por una parte, y a través de la mediación política solapada y discreta con el poder, por otra. No por el compromiso directo con la lucha de los movimientos populares.

Pese a lo dicho, la llegada de Francisco al pontificado despertó expectativas incluso en los más reconocidos teólogos latinoamericanos de la liberación, como Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Ivonne Guevara y Oscar Beozzo, para mencionar tan sólo algunos.

En estos círculos de la Iglesia Católica se advierte que para traducir en hechos y en orientaciones pastorales lo hasta ahora manifestado en sus discursos, el nuevo Papa debería retomar los grandes lineamientos emanados del Concilio Vaticano II –muchos de ellos desechados por Juan Pablo II y Benedicto XVI– y hacer suya la llamada “opción por los pobres” que los obispos latinoamericanos plantearon en Medellín (1968) y en Puebla (1979).

En un texto publicado por la Universidad Católica de Perú, el peruano Gustavo Gutiérrez acaba de señalar que para hacer carne lo que el Papa dijo, “una Iglesia pobre y para los pobres” se necesita “reconocer que el auténtico poder de la Iglesia consiste en servir a los pobres”.

La mirada latinoamericana

¿En qué consiste la originalidad del pensamiento católico latinoamericano de la liberación? Para el brasileño Clodovis Boff (también teólogo y hermano de Leonardo), “la Iglesia de América Latina se caracteriza por ser una ‘Iglesia social’: es una iglesia profética, de los pobres y liberadora” (http://servicioskoinonia.org/relat/203.htm).

La conferencia de los obispos latinoamericanos en Medellín (1968) le dio visibilidad institucional a lo que desde tiempo antes de venía gestando en el trabajo eclesial de base. En el documento final, los obispos afirmaron que “estamos en el umbral de una nueva época histórica de nuestro continente, llena de un anhelo de emancipación total, de liberación de toda servidumbre… Percibimos aquí los preanuncios en la dolorosa gestación de una nueva civilización” (No. 4).

Podría decirse que el Vaticano II había impulsado una mirada “desarrollista” de la sociedad que pretendía reformas del orden capitalista para hacerlo más justo, más equitativo. Denunció las injusticias y pidió cambios. En uno de los documentos conciliares se puede leer: “Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir” (Gaudium et spes, No. 4).

Y lo anterior se completaba con el elogio de la caridad. “La acción caritativa puede y debe llegar hoy a todos los hombres y a todas las necesidades. Donde haya hombres que carecen de comida y bebida, de vestidos, de hogar, de medicinas, de trabajo, de instrucción, de los medios necesarios para llevar una vida verdaderamente humana, que se ven afligidos por las calamidades o por la falta de salud, que sufren en el destierro o en la cárcel, allí debe buscarlos y encontrarlos la caridad cristiana, consolarlos con cuidado diligente y ayudarlos con la prestación de auxilios. Esta obligación se impone, ante todo, a los hombres y a los pueblos que viven en la prosperidad” (Decreto conciliar Apostolicam actuositatem No. 8).

Esta fue, en líneas generales, la propuesta del Concilio. Los latinoamericanos fueron más allá.

En el primer documento de Medellín, los obispos denunciaron la “miseria que margina a grandes grupos humanos” y dijeron que “esa miseria, como hecho colectivo, es una injusticia que clama al cielo” (No. 1). Luego anunciaron que Cristo que vino “a liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes” (No. 3); que la “verdadera liberación” envuelve una “profunda conversión”; y afirmaron la “liberación integral” como acción de la “obra divina” (No. 4), asegurando que el amor es “la gran fuerza liberadora de la justicia y la opresión” (No. 5).

Y todavía más. En Medellín también, pero ya en el documento número II, sobre la paz, los obispos hablaron de “dependencia” y sostuvieron entonces que “el subdesarrollo latinoamericano es una injusta situación promotora de tensiones que conspiran contra la paz” (No. 1), equipararon “situación de pecado” con “situación de injusticia” y en otro momento directamente con “violencia institucionalizada” (No. 16). En el mismo texto se afirma que es misión de la Iglesia es favorecer “todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base” (No. 27).

Cambios estructurales

No hay aquí un planteo reformista, sino claramente el respaldo a cambios estructurales. Allí mismo se piden “transformaciones profundas” (No. 17) y se critica como omisión el pretendido apoliticismo que elude el compromiso por la justicia y se reconoce la legitimidad de la “insurrección revolucionaria”, algo que ya había hecho el papa Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio (1967), “en caso de tiranía evidente y prolongada, que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y damnificase peligrosamente el bien común del país” (PP No. 31). Sin embargo, en sintonía con el papa, los obispos latinoamericanos se inclinaron por la acción pacífica (No. 19). En medio del clima de represión política y de agitación revolucionaria que se vivía entonces en la región, la Iglesia afirmó que “el cristianismo es pacífico… No es simplemente pacifista, porque es capaz de combatir. Pero prefiere la paz a la guerra.” (No. 15).

En 1973, un libro publicado por el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), Liberación: Diálogos en el Celam, incluyó un artículo de Gustavo Gutiérrez, “Praxis de liberación, teología y evangelización”, en el cual el peruano sostiene que “los últimos años de América Latina se caracterizan por el descubrimiento real y exigente del mundo del otro: el pobre, el marginado, la clase explotada. En un orden social hecho económica, política e ideológicamente por unos pocos y para beneficio de ellos mismos, el ‘otro’ de esta sociedad –las clases populares explotadas, las culturas oprimidas, las razas discriminadas– comienza a hacer oír su propia voz”.

Esa Iglesia latinoamericana acompañaba los aires de cambio de la región. Por ejemplo: es inevitable ver la influencia de Paulo Freire en el documento sobre educación, donde aparece siete veces de distintas maneras la idea de “liberación”. Y en el que se define la “educación liberadora” como aquella que “convierte al educando en sujeto de su propio desarrollo” y se la propone como “el medio clave para liberar a los pueblos de toda servidumbre” (No. 8).

Tampoco faltó entonces la autocrítica. “Llegan también hasta nosotros –afirmaron los obispos– las quejas de que la jerarquía, el clero, los religiosos, son ricos y aliados de los ricos. (…) Los grandes edificios, las casas de párrocos y de religiosos cuando son superiores a las del barrio en que viven; los vehículos propios, a veces lujosos; la manera de vestir heredada de otras épocas (han contribuido a crear esa imagen de una Iglesia jerárquica rica)” (No. 2).

Mientras todo esto sucedía en América Latina, la Iglesia en la Argentina –salvo contadas excepciones como la de los Sacerdotes para el Tercer Mundo– se mantuvo ajena, lejana y hasta desconfiada mirando a las Iglesias del continente. No debería perderse de vista que esos fueron precisamente los años en los que Bergoglio se formó como sacerdote y como teólogo.

Opción por los pobres

A pesar de la reacción conservadora que desató en la Iglesia católica latinoamericana grandes enfrentamientos internos, y de los mártires que arrojó la postura liberacionista en medio del avance de los regímenes de seguridad nacional, en Puebla (1979), ya con Juan Pablo II como papa, los obispos ratificaron el compromiso de Medellín. “Los pobres merecen una atención preferencial, cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren. Hechos a imagen y semejanza de Dios, para ser sus hijos, esta imagen está ensombrecida y aun escarnecida. Por eso Dios toma su defensa y los ama. Es así como los pobres son los primeros destinatarios de la misión y su evangelización es por excelencia señal y prueba de la misión de Jesús”, reafirmaron entonces (Puebla No. 1142). Retomaron el decreto conciliar Apostolicam actuositatem para sostener que es necesario “cumplir antes que nada las exigencias de la justicia para no dar como ayuda de caridad lo que ya se debe por razón de justicia; suprimir las causas y no sólo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan liberando progresivamente de la dependencia externa y se vayan bastando por sí mismos” (AA 8, Puebla 1146). Reafirmaron la necesidad de “una convivencia humana digna y fraterna”, llamaron “a construir una sociedad justa y libre” (No. 1154) y a impulsar “el cambio necesario de las estructuras sociales, políticas y económicas injustas” (No. 1155) porque “la economía de mercado libre, en su expresión más rígida, aún vigente como sistema en nuestro continente y legitimada por ciertas ideologías liberales, ha acrecentado la distancia entre ricos y pobres por anteponer el capital al trabajo, lo económico a lo social” (No. 47).

Este posicionamiento de la Iglesia latinoamericana fue duramente contestado y reprimido desde el Vaticano durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Las siguientes asambleas de los obispos latinoamericanos (Santo Domingo, 1992 y Aparecida, 2007), sin negar expresamente todo el magisterio anterior, se dedicaron mucho más a pensar la Iglesia hacia adentro, los temas clásicos de la “evangelización”, de la pérdida de influencia en la sociedad y el retroceso frente a otras religiones. Los obispos argentinos, poco presentes en Medellín y Puebla, sí tuvieron mucha participación en Santo Domingo y Aparecida. Bergoglio fue el principal redactor del documento que surgió en Brasil en el 2007.

¿Cuál es la visión que rescata hoy Francisco cuando dice que sueña “una Iglesia pobre y para los pobres”? ¿Dónde se ubica? ¿En la mirada reformista del Concilio, reflejada en Santo Domingo y Aparecida –lo cual sería coherente con su historia personal– o más bien en la tradición social liberadora de la Iglesia latinoamericana de Medellín y Puebla? ¿Basta con la austeridad personal del Papa, con los signos y con los discursos? No hay todavía respuestas para estas preguntas, pero hay que seguir aportando elementos para la reflexión mientras los hechos comiencen a hablar por sí mismos.

Fuente: Página 12, 31.03.13

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