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Archive for the ‘14. Ideas y debates’ Category

 

Vaca Muerta

y lo que representa para el futuro argentino

Entrevista de Tiempo Argentino al politólogo Marcelo Gullo. Su último libro circula como un dogma en la región y aborda el interés estratégico del yacimiento. “Argentina está ante condiciones únicas para lograr la industrialización. Tenemos 25 años para lograr la insubordinación fundante”, asegura.

Por Martín Piqué

Los libros del politólogo Marcelo Gullo (nacido en Rosario, especializado en Relaciones Internacionales) están circulando como un secreto a voces entre diplomáticos y legisladores de toda Sudamérica. Su aporte conceptual más comentado, que sintetiza con precisión la historia de los procesos de desarrollo e industrialización alrededor del mundo, es la teoría de la “insubordinación fundante”. Dice Gullo –lo dirá en esta entrevista con Tiempo Argentino– que todas las naciones que llegaron a convertirse en países industriales lo hicieron desobedeciendo conscientemente el consenso ideológico que reinaba en cada época. Sobre todo incumpliendo con los mandatos del liberalismo económico. Y, al mismo tiempo, asignando un “adecuado impulso estatal” a las políticas que se rebelan a lo que parece impuesto por la división internacional del trabajo. Un destino de simples productores de materia prima.

 

“Todo proceso emancipatorio exitoso sólo puede ser resultado de una insubordinación ideológica contra el orden ideológico que en su momento estableció Gran Bretaña. Si un país logra sacarse de encima la subordinación cultural e ideológica, y además les da a esas decisiones un impulso estatal, realiza lo que yo llamo la insubordinación fundante. El ejemplo de este proceso lo encarnan los miembros del club de países ricos del mundo, como Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Japón, Canadá, Australia, Corea del Sur. Lo que sucede es que cada vez que un nuevo socio entra al club, cada uno en un momento histórico, y se desarrolla y adquiere poder, imita lo que antes Inglaterra: predicar todo lo contrario de lo que hizo para llegar a ese grado de desarrollo”, plantea Gullo desde una mesa del tradicional Bar de los Angelitos.

Gullo, que no tiene ningún parentesco con la familia del legislador porteño, sólo un origen común en el sur de Italia, ostenta un currículum académico envidiable. Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, con una maestría en Relaciones Internacionales en el Institut de Hautes Études Internationales de la Universidad de Ginebra, se graduó en Estudios Internacionales en la Escuela Diplomática de Madrid. Las dos figuras más importantes para su carrera académica, de quienes se considera discípulo, son el sociólogo brasileño Helio Jaguaribe (Premio Konex Mercosur por su aporte a las humanidades) y el fallecido filósofo, teólogo e historiador uruguayo Alberto Methol Ferré. “El intelectual preferido del Papa”, comenta el propio Gullo al mencionar a sus dos maestros.

 

La Argentina está por primera vez en condiciones de realizar su insubordinación fundante.
Un proceso que no era posible de ser completado en el bienio 2000/2001.

 

Con varios libros publicados en la Argentina y en Italia, Francia y Brasil, Gullo ejerce la docencia en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) mientras asesora a miembros de la Cámara de Diputados. Su teoría sobre “La insubordinación fundante” también inspiró a la Cancillería venezolana para desarrollar una doctrina oficial que rige, por orden de Hugo Chávez, como guía de la política exterior bolivariana. En esta entrevista con Tiempo, el politólogo advierte sobre la “ventana de oportunidad” que tiene la Argentina en un período acotado a los próximos 25 a 30 años. Para Gullo, el país está ante el desafío de aprovechar una circunstancia histórica mundial inédita que le permitiría completar su industrialización. “Por primera vez, y esto para los argentinos es una situación única, que no se dio nunca, la potencia hegemónica es una (por Estados Unidos), el comprador principal es otro (China) y el dueño de la infraestructura es otro (los capitales de la Unión Europea). Esto no se había dado nunca en la historia argentina. Esto posibilita un margen de maniobra que nosotros nunca hemos tenido”, explica.

–¿Qué relación le encuentra usted a su teoría de la insubordinación fundante con lo que está viviendo hoy la Argentina?

–Que la Argentina está por primera vez en condiciones de realizar su insubordinación fundante. Un proceso que no era posible de ser completado en el bienio 2000/2001, porque en ese momento la Argentina era como una persona a la que le pasó un camión por encima. Ahora, como ya estamos recuperados, como terminamos el proceso de recuperación –que nos llevó muchísimo tiempo–, estamos en condiciones de correr la maratón. Y, así, estamos en condiciones de concretar nuestra insubordinación fundante. Pero, esta vez, la característica de nuestra insubordinación fundante debe ser distinta de las de 1835, con Rosas, o de la de 1943, con Perón. Esta vez ese proceso debería realizarse en conjunto, con la América del Sur, que debería realizar su insubordinación fundante en bloque. Por otro lado, esta vez nuestro impulso estatal debe ser absolutamente selectivo y muy preciso, fortaleciendo las áreas que querramos desarrollar o industrializar.

–¿Y cómo ve a la dirigencia política ante la posibilidad de aprovechar esa ventana de oportunidad que ofrece el escenario internacional? Los candidatos que se asoman para competir en 2015 parecen expresar cierto giro conservador.

–Yo veo a toda la dirigencia política argentina muy metida hacia adentro. Muy tomada por el análisis táctico, coyuntural, sin poder realizar un análisis estratégico. Nos falta una gran reflexión estratégica. A la dirigencia la veo ensimismada en los problemas coyunturales, que son graves, claro, porque desde el punto de vista táctico no hay un gran margen de maniobra.

–¿Cómo se puede superar lo táctico para poder pensar lo estratégico?

–Sabiendo que lo estratégico te da una ventaja gigantesca. Y, por otro lado, ¿cuál es la gran desventaja táctica? Si nosotros llegáramos a caer en una situación de no pago, hemos perdido una ventaja que teníamos en el año 2000: el autoabastecimiento de petróleo. Que nos permitía soñar con la industrialización, porque podíamos seguir exportando y no necesitábamos importar petróleo. Ahora nuestro talón de Aquiles es un talón energético. Pero si consiguiésemos tener petróleo, inmediatamente, por las condiciones que tiene Argentina, más los nuevos yacimientos, en dos o tres años estaríamos de nuevo en autoabastecimiento.

–La presidenta advirtió sobre los reales intereses de los fondos buitre. Dijo que sobrevuelan también sobre los recursos naturales, aludiendo a Vaca Muerta.

–Exacto. Lo dijo muy bien el Pepe Mujica. Los fondos buitre son estafadores profesionales. Ellos presionan, no para que les paguemos los 1500 millones de dólares. Eso no les interesa. Lo que ellos quieren es justamente Vaca Muerta. Quieren, de una u otra forma, quedarse con ese yacimiento. Pero Vaca Muerta es lo único con lo que la Argentina no puede negociar. Podemos negociar pagarles más. Pero nunca podemos negociar Vaca Muerta porque es nuestro pasaporte al futuro. Porque con ese yacimiento no sólo tenemos abastecimiento energético sino que tenemos la posibilidad de exportación de energía, para lograr obtención de divisas, y con esas divisas financiar el gran proyecto industrializador-tecnológico. Con Vaca Muerta tenemos el capital suficiente para realizar la insubordinación fundante. Y si me preguntan por Chevron, yo digo que con las compañías multinacionales se puede negociar, dado que partimos de una posición de debilidad, pero el Estado se queda con el 51 por ciento. Eso es importante.

–La Argentina está, según la mirada neoliberal, impulsando artificialmente dos áreas de la economía: el complejo automotriz, que tiene un alto componente de autopartes importadas, y el polo electrónico de Tierra del Fuego. Esas áreas de la economía han recibido muchas críticas, sobre todo por el gran consumo de divisas que demandan en un momento de restricción externa. Y se les critica la falta de competitividad internacional…

–Todos los procesos de industrialización profunda que se dieron en el mundo, y de construcción de tecnología, comienzan haciendo productos que no son de alta calidad. Uno está aprendiendo ese proceso. Lleva un tiempo de aprendizaje lograr la misma eficiencia y eficacia que el otro tiene en la producción. Pero no hay que asustarse que un producto no tenga la misma calidad que otro ya fabricado en Estados Unidos o en Corea del Sur. O en Suiza o en Austria. Cuando los japoneses comenzaron su intento de industria automotriz, Toyota se fundió cuatro veces. Las cuatro veces, el Estado la rescató de la quiebra. Ellos comenzaron su proceso de industrialización en el sector automotriz en 1930. Recién en 1960 lograron hacer un auto  que era competitivo en el mercado mundial. Todo proceso industrializador tiene un período en el que sus productos están en búsqueda de la calidad pero no alcanzan la calidad internacional, están en búsqueda de un precio internacional pero no lo alcanzan, y detrás de ese proceso, apoyando, está lo que yo denomino el impulso estatal.

–El miércoles se anunció la creación de un banco de desarrollo del bloque BRICS. Sin embargo, el tantas veces mencionado Banco del Sur –el banco de Unasur– por ahora no se concreta.

– Que las condiciones estén dadas para hacerlo no quiere decir que la clase política esté dispuesta a hacerlo. Las condiciones internacionales están dadas. Nosotros, en la Argentina, por primera vez tenemos un margen de maniobra que no hemos tenido nunca. Desde el punto de vista estratégico tenemos un gran margen de maniobra, si bien desde el punto de vista táctico –la coyuntura– no es tan así. En la coyuntura no tenemos mucho margen de maniobra, pero desde el punto de vista estratégico sí. A lo largo de nuestra historia, la potencia hegemónica era la misma que el comprador principal de nuestros productos. Y también era el dueño de la infraestructura. Cuando eso pasa, tu margen de maniobra es casi igual a cero. Eso lo sufrió Perón, que intentó una insubordinación fundante pero sufrió un boicot gigantesco, que fue el que finalmente lo tumba. Porque a Perón no lo tumba el golpe del ’55, lo tumba el boicot anglo-norteamericano de la incovertibilidad de la libra y el impedimiento de que los países utilizaran los dólares del Plan Marshall para comprar productos en la Argentina. Cuando los ingleses decretan la inconvertibilidad de la libra, el primer ministro británico dice: “Con esta medida hemos herido de muerte el ambicioso proyecto industrializador de Perón.” Hoy, a diferencia de los años ’50 del siglo pasado, la potencia hegemónica sigue siendo Estados Unidos, que lo va seguir siendo por un largo período; el comprador principal es China, o el Asia si usted quiere, para lo cual agrego a la India; y los dueños de la infraestructura son casi todos capitales europeos. Esto posibilita un margen de maniobra que nosotros nunca hemos tenido. Ahora, ese margen de maniobra inevitablemente se va a cerrar. Y eso es lo que nos da hoy, estratégicamente, una ventana de oportunidad no mayor de entre 25 y 30 años. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla. Porque al final China va a ser co-hegemónico con Estados Unidos. No va a desplazar a Estados Unidos. Porque los chinos no van ni al galope ni al trote, los chinos van al paso con el caballo. Nunca se apresuran. Eso sí, cuando China sea  co-hegemónico con Estados Unidos, y le recuerdo que China es hoy el principal tenedor de dólares del mundo, lo que va a hacer China –ya lo está empezando– es comprar la infraestructura de todos los países que le venden cosas. Los chinos van a comprar todo lo que puedan de infraestructura, a cualquier precio, porque el precio no les importa: quieren cambiar un papelito verde (el dólar) que cada año se devalúa más por activos físicos. Y cuando sean co-hegemónicos, cuando sean los dueños de la infraestructura, y sean también el comprador principal, y a su vez intenten comprar también parte de la deuda, nuestro margen de maniobra va a hacer igual a cero. Por todo eso, la ventana de oportunidad para realizar nuestra insubordinación fundante –llegar a ser un país industrial– son los próximos 25 o 30 años. O lo hacemos ahora, en este tiempo estratégico, o tendremos que esperar 100 años.

La iniciativa contra la especulación

Entre sus actividades académicas, docentes y de asesor en temas internacionales, Marcelo Gullo sumó un compromiso activo en la denuncia contra la acción de los fondos especulativos en el mundo. El politólogo rosarino es uno de los impulsores de la Iniciativa Mundial contra la Especulación Financiera Global, una campaña de concientización que se propone difundir la amenaza que pesa sobre la Argentina tras la decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de dejar en pie el fallo del juez estadounidense Thomas Griesa. Para Gullo, que conversó sobre este tema con un grupo de legisladores nacionales del FPV, el litigio con los buitres es un caso testigo del “vacío legal” que existe en el Derecho Internacional.

“Estamos ante un fenómeno creciente, que surge de un sistema financiero informal que se dedica a la estafa en todo el mundo. A nivel global hay un enorme vacío en la legislación, lo que permite que un grupo de personas sin escrúpulos pretenda vivir del sufrimiento de los pueblos. Esto nos obliga a pensar qué hacer, y lo que hay que hacer es promover una gran concertación en todo el mundo para sancionar un nuevo marco legal. Recordemos que todo nuevo  marco legal, en la historia de la humanidad, siempre comenzó con la denuncia de algo. Así sucedió con la esclavitud. Y eso es lo que queremos hacer ahora”, explica Gullo.

Fuente: Tiempo Argentino, 20.07.14

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El Cóndor sobrevoló el Senado francés

COLOQUIO SOBRE EL PLAN DE EXTERMINIO CONJUNTO DE LAS DICTADURAS SUDAMERICANAS

Los panelistas pusieron de relieve la trascendencia que tuvo el Plan Cóndor, su carácter multinacional y criminal, las víctimas que provocó y cómo reactivó el concepto de justicia universal.

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Por Eduardo Febbro

Desde París

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El Colectivo Argentino por la Memoria con el respaldo activo de la embajada argentina en Francia y del senador Jean Desessard organizaron en París un espléndido coloquio internacional sobre el Plan Cóndor. Tres décadas después de la recuperación de la democracia en la Argentina y cuando transcurrieron 21 años del descubrimiento de los llamados “archivos del terror” por parte del activista y defensor de los derechos humanos paraguayo Martín Almada, el coloquio que se celebró en el Senado francés abordó la cadena polifónica de este eje del mal compuesto por las dictaduras de América del Sur.

Los principales actores judiciales y los activistas de derechos humanos que intentaron e intentan desentrañar los meandros aún ocultos del Plan Cóndor estuvieron presentes en la capital francesa: desde el juez español Baltasar Garzón, Alicia Bonet-Krueger y Estela Belloni –respectivamente presidenta y cofundadora del Colectivo Argentino por la Memoria–, el mismo Martín Almada, el periodista norteamericano John Dinges, el profesor e investigador Gabriel Peries, la fiscal de la Audiencia Nacional de España, Dolores Delgado García, hasta la abogada francesa Sophie Thonon, el fiscal argentino Miguel Angel Osorio, el abogado chileno Eduardo Contreras o el director general de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores, Federico Villegas Beltrán. Todos pusieron de relieve la trascendencia que tuvo el Plan Cóndor, su carácter multinacional y criminal, las víctimas que provocó y, a su manera paradójica, el papel que desempeñó en la reactivación del concepto de justicia universal que desembocó en el arresto del dictador Augusto Pinochet en Londres.

“El Plan Cóndor es parte de algo mucho más complejo”, resaltó el fiscal Miguel Angel Osorio mientras que Eduardo Contreras, defensor de las familias de las víctimas chilenas, destacó que “al Plan Cóndor le debemos la muerte de muchas personas en América latina”. Para Contreras, “este acuerdo siniestro urdido en Estados Unidos, y hecho suyo por los generales dictadores de la época, provocó mucho dolor, pero también nos ha unido a todos en la búsqueda común de recuperar la memoria, la verdad, la justicia y la reparación”. En este contexto preciso, el juez español Baltasar Garzón puso de relieve los avances realizados en la Argentina en materia judicial: “La Argentina puede estar orgullosa de ser un ejemplo mundial”, dijo Garzón. Lejos de haber terminado, el ciclo de las investigaciones continúa al ritmo de los nuevos descubrimientos. A este respecto, Martín Almada recordó que “inicialmente los archivos del terror eran tres toneladas. Ahora serán cinco”. Pese a las evidencias, las Justicias no están siempre dispuestas a enjuiciar a los culpables. Almada dijo a Página/12 que “debido a la impunidad que impera en Paraguay se tuvo que recurrir a la Justicia argentina”.

El periodista norteamericano John Dinges, autor del libro Los años Cóndor, cómo Pinochet y sus aliados llevaron el terrorismo a tres continentes, detalló la dimensión internacional del dispositivo represor y “las evidencias que esa internacionalización permitió rescatar. El hecho de que el Plan Cóndor haya sido internacional llevó a que se escapara del control de los gobiernos individuales y eso condujo a los juicios internacionales”. Esos juicios tienen, desde luego, un punto central: el caso del dictador Augusto Pinochet asumido por el juez Baltasar Garzón.

La fiscal de la Audiencia Nacional de España, Dolores Delgado García, recordó a la vez con orgullo y con nostalgia que esa intervención de una Justicia exterior fue “un paréntesis que luego se cerró, pero que marcó un antes y un después”. Pero antes de que ese paréntesis desapareciera intervino un hecho mayor que el abogado Eduardo Contreras califica como trascendente: “La detención de Pinochet en un país distinto consagró el principio de justicia universal”.

La Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay, las dictaduras de aquella época, colisionaron para “obtener información y detener a adversarios políticos”, según recordó Dolores Delgado García. “Esa coordinación las llevó incluso a actuar en Estados Unidos”, destacó el fiscal Miguel Angel Osorio cuando se refirió al asesinato del diplomático chileno Marcos Orlando Letelier, ultimado en Washington por agentes del régimen militar de Pinochet en 1976.

La fiscal de la Audiencia Nacional también rescató el hecho de que la detención en Londres de Pinochet reveló en toda su profundidad los aspectos más escondidos de la represión al tiempo que asestó un golpe severo a la imagen de Pinochet. A este propósito, John Dinges recordó que “el Plan Cóndor fue el argumento jurídico más fuerte que se podía desarrollar para que el caso valiera internacionalmente. Y así fue con un caso específico chileno”.

Fuente: Página 12, 14.12.13

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Octubre de 1492, sangre, lodo y capitalismo

Por José Pablo Feinmann

El presente texto busca ser una guía para el estudio histórico, religioso y filosófico del despegue del capitalismo. Cuando los conquistadores y los historiadores de este inclaudicable sistema lo interpretan como la civilización, como la pesada carga del hombre blanco que rescata a los pueblos subalternos de su barbarie para dirigirlos hacia el progreso que ellos encarnan, hablan de la invasión a las tierras de América en términos de “descubrimiento”. Para ellos –para el Occidente capitalista– lo fue. Lo que Europa miraba era “descubierto”. Se “descubría” a los pueblos salvajes para conducirlos a la civilización. Escribe Hegel: “El Nuevo Mundo quizá haya estado unido antaño a Europa y Africa (…) La conquista del país señaló la ruina de su cultura, de la cual conservamos noticias; pero se reducen a hacernos saber que se trataba de una cultura natural, que había de perecer tan pronto como el espíritu se acercara a ella (…) Los indígenas, desde el desembarco de los europeos, han ido pereciendo al soplo de la actividad europea (…) mucho tiempo ha de transcurrir todavía antes de que los europeos enciendan en el alma de los indígenas un sentimiento de propia estimación” (Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Introducción especial: El Nuevo Mundo). Señalemos la sinonimia que se establece entre el capitalismo occidental en busca de riquezas y “el espíritu”. Cuando Colón “descubre” América, ésta es descubierta por el espíritu. ¿Qué podrá decir Hegel de los africanos? Cito: “El negro representa el hombre natural en toda su barbarie y violencia; para comprenderlo debemos olvidar todas las representaciones europeas. Debemos olvidar a Dios y a la ley moral. Para comprenderlo exactamente, debemos hacer abstracción de todo respeto y moralidad, de todo sentimiento. Todo esto está de más en el hombre inmediato, en cuyo carácter nada se encuentra que suene a humano (…) Si pues en Africa el hombre no vale nada, se explica que la esclavitud sea la relación jurídica fundamental” (idem).

En su diario, Colón escribe sobre los arawaks de las Antillas: “No llevan armas, ni las conocen. Al enseñarles una espada, la cogieron por la hoja y se cortaron al no saber lo que era. No tienen hierro. Sus lanzas son de caña (…) Serían unos criados magníficos (…) Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos” (citado por Howard Zinn, La otra historia de los Estados Unidos, Siglo XXI). Al mismo tiempo, España había expulsado de su santo territorio a los judíos y a los musulmanes. La reina Isabel ya había aceptado los castos proyectos de Torquemada y lo autorizó a castigar a los pecadores y herejes. El Santo Oficio empezaba su tarea: limpiar a las almas impuras de Europa en tanto Colón llevaba el espíritu a los nuevos territorios. Aunque más que eso se dedicó a la búsqueda de oro, pues había asegurado a su reina que regresaría con las naves cargadas de ese metal codiciado. “Como otros estados del mundo moderno, España buscaba oro, material que se estaba convirtiendo en la nueva medida de la riqueza, con más utilidad que la tierra pues todo lo podía comprar” (Howard Zinn, ob. cit.). En el poderoso capítulo de Marx sobre el carácter fetichista de la mercancía y su misterio, se explica cómo todas las mercancías terminan refiriéndose a una: el dinero. De lo contrario, no se habría superado la etapa del trueque. Pero añade que, a su vez, el dinero se refiere a una forma superior de representación: el oro. Así, los metales preciosos desempeñan “la función social de equivalente general” (El Capital, tomo I, vol. I, Siglo XXI).

En Hegel vemos que la criaturas ajenas al espíritu europeo carecen del espíritu de la civilización. Los conquistadores habían anticipado –desde el catolicismo– esta condición. Los indios carecían de alma. Se los trató de evangelizar pero, se dijo, no lo aceptaron. Así, fueron torturados, quemados, masacrados. ¿Qué es el alma? En el Cap. 5, artículo 3 del quinto tomo de la Summa Theologica, Santo Tomás se enfrenta al siguiente problema. En la Biblia se dice que El Verbo se hizo carne. ¿Significa esto que carecía de alma? No. “El Verbo es fuente de la vida como causa eficiente de la vida. Pero el alma es principio de la vida para el cuerpo en cuanto forma del mismo”. Los indígenas no tenían alma. Carecían del “principio de la vida para el cuerpo”. Eran, así, sólo cuerpo. Sólo carne. ¿Podían recibir el sacramento? Los sacerdotes que acompañaban a los héroes de la conquista lo ofrecían. Porque “es necesario para salvarse que los hombres se unan bajo el nombre de la única religión verdadera. Luego los sacramentos son necesarios para la salvación del hombre” (Santo Tomás, Ibid., Necesidad de los sacramentos, artículo primero). Por consiguiente, los buenos pastores informaban que los salvajes rechazaban los sacramentos. No tenían salvación posible. Son conocidos los horrores de las matanzas a que los conquistadores de la católica sometieron a los pueblos originarios de América. Escribe Marx: “El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de Africa en un coto reservado para la caza comercial de pieles-negras caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria” (El Capital, ob. cit., p. 939). Bartolomé de las Casas: “La causa porque han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días” (Opúsculos, Cartas y Memoriales, Ver: Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Ed. Edaf). Pero el capitalismo no habría de desarrollarse en España. Había otra nación más pujante, más consciente de su destino histórico: Inglaterra. Para quedarse con el oro que los españoles extraían de sus colonias decidieron atacar los galeones que lo transportaban. Así, podría decirse que los piratas fueron el engranaje fundamental (entre algunos otros) que permitieron el desarrollo del capital en la Gran Bretaña. Escribe Enrique Silberstein: “Todas las campañas de los piratas y filibusteros (o en su gran mayoría) se dirigían a robar a los barcos españoles que de América, cargados de oro o de mercaderías, se dirigían a España (…) Los filibusteros (y los piratas) fueron la cuña que introdujo Inglaterra (o mejor dicho sus empresarios) para ser los beneficiarios directos de los descubrimientos de los españoles y los portugueses. Pero, no sólo eso, sino que fueron ellos, los transportadores de la mano de obra, arrancada de Africa primero, comprada en Africa después, que era reclamada insistentemente por quienes trabajaban afanosamente para apoderarse de los metales preciosos que se encerraban en la tierra americana (…) Robar a los barcos españoles y transportar esclavos negros era la finalidad de los piratas y los filibusteros” (Los constructores del capitalismo, libro agotado por completo y absurdamente no reeditado aún). Así nace el capitalismo. Con los frutos extraídos al suelo suramericano y la matanza de sus pueblos originarios. Incapaz España de completar su empresa colonizadora con un sistema nuevo de producción, es Inglaterra la que, por medio de sus filibusteros, accede al desarrollo del capital comercial primero y del capital industrial después. Sabrá premiarlos: Henry Morgan será gobernador de Maracaibo. Y los lineamientos jurídico-filosóficos de su gobierno se los escribirá John Locke, uno de los grandes mentores económico-ideológicos del capitalismo. (Un necesario desarrollo de las lecturas aquí indicadas debiera ser el capítulo Colonias de Adam Smith en su dilatado y fundamental ensayo sobre la riqueza de las naciones y el bastante conocido cap. XXIV del primer tomo de El Capital sobre la acumulación originaria del capital.) Todo este desarrollo de la barbarie de los civilizadores lo resume Marx en una frase célebre: “Si el dinero, como dice Augier, viene al mundo con manchas de sangre en una mejilla, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies” (ob. cit., p. 950). En Irak (y vaya a saber muy pronto en qué otro lugar hasta la hecatombe) lo sigue haciendo.

Fuente: Página 12, 13.10.13

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Tres mil millones de dólares en tres años

El plan de financiamiento fue anunciado luego de una reunión entre el ministro de Economía y el vicepresidente del organismo. Ahora resta la aprobación definitiva del directorio del banco. Se espera un arreglo por los juicios del Ciadi.

Por David Cufré y Tomás Lukin

El Gobierno acordó ayer con el Banco Mundial un programa de créditos por 3000 millones de dólares a desembolsar entre el próximo año y 2016. El entendimiento debe ser ratificado en diciembre por el directorio del organismo y de ahí en más se irán aprobando préstamos puntuales para planes específicos. El giro de los fondos sería de 1000 millones por año, aunque dependerá de la velocidad de ejecución de esas medidas. El anuncio lo hicieron de manera conjunta el Ministerio de Economía y el BM luego de una reunión en Washington de Hernán Lorenzino con el presidente de la entidad, Jim Yong Kin, y con el vicepresidente, Hasan Tuluy. El financiamiento será utilizado para mejorar los servicios de salud y educación, para la Asignación Universal por Hijo y para inversiones en infraestructura en materia rural. Más allá de eso, para el Gobierno implica acceder a una fuente de divisas en un contexto de presiones sobre las reservas del Banco Central. También habilita eventuales créditos a empresas argentinas por parte de la Corporación Financiera Internacional (CFI), el brazo para el sector privado del BM, y marca un camino de búsqueda de dólares para el Estado por distintas vías.

Como escribió este diario la semana pasada, la estrategia que viene desplegando con paciencia el Ministerio de Economía intenta abrir canales de financiamiento en moneda dura. Esos dólares son necesarios para atender los desafíos del frente externo, que obliga al Estado a disponer de divisas para pagar la deuda pública, afrontar las crecientes importaciones de energía y abastecer la demanda de turistas argentinos que viajan al exterior, entre otros fines. Una de las vías para hacerse de esos dólares –más allá de los ingresos por exportaciones– son los créditos de los organismos internacionales, como el BM, el BID y la CAF. Otra veta es la promoción de inversiones de empresas extranjeras en el país y, en este caso, se apunta especialmente al área de energía e hidrocarburos, como el acuerdo de YPF con Chevron por Vaca Muerta.

Tanto en un caso como en el otro, el Gobierno se muestra dispuesto a encarar negociaciones que faciliten los objetivos. Lorenzino avanzó en algunas de ellas en sus viajes de los últimos dos meses a la capital de Estados Unidos y en su estadía actual en esa ciudad. Un frente que busca cerrar es con el FMI por la calidad de las estadísticas del Indec. La expectativa oficial es que la implementación del nuevo índice de precios al consumidor a nivel nacional –que se elabora con la colaboración del propio organismo– desactive las amenazas de sanciones que había lanzado el Fondo Monetario el verano pasado. La otra negociación fundamental es por los juicios que la Argentina perdió en el Ciadi, pero todavía no pagó.

En este último caso trascendió de fuentes oficiales y del sector privado que el Gobierno acordó ayer con cinco empresas el pago de esas sentencias por unos 460 millones de dólares. La liquidación sería con quitas de capital e intereses y mediante la entrega de títulos públicos, el Bonar 2017 y el Boden 2015. A su vez, las compañías se comprometerían a reinvertir en el país un porcentaje de la deuda cancelada. La Argentina perdió dos de esos juicios en el Ciadi con las empresas Azurix –ex concesionaria del servicio de agua y cloacas en la provincia de Buenos Aires hasta 2002, cuando se le rescindió el contrato por graves incumplimientos en el servicio– y con Blue Ridge –que compró el juicio que había iniciado antes CMS, accionista en TGN– y estaba muy cerca de recibir laudos definitivos en contra también en el Ciadi en los casos promovidos por Vivendi, National Grid y Continental Casualty Company (ver nota aparte).

El Ciadi es el tribunal del Banco Mundial que dirime controversias entre países y empresas extranjeras, cuya competencia fue aceptada por la Argentina bajo el gobierno de Carlos Menem. Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández rechazaron todos estos años pagar aquellos fallos en contra con el argumento de que las empresas también debían iniciar juicios de ejecución en tribunales argentinos. Las compañías nunca lo aceptaron. El cortocircuito tuvo como derivación el enfriamiento en la relación entre el Gobierno con el Banco Mundial. Ahora que se vuelve a activar ese vínculo, el Ministerio de Economía avanzó en el acuerdo con las empresas descripto anteriormente, con quitas y pagos en bonos.

Ayer al mediodía trascendió que el arreglo con las cinco compañías sería anunciado un rato más tarde, pero finalmente no hubo ninguna comunicación oficial. Se había llegado incluso a convocar a una conferencia de prensa conjunta de Amado Boudou y Lorenzino, por teleconferencia, pero se suspendió por problemas técnicos.

Más allá de cuándo se anuncie el entendimiento, el punto es que el Gobierno está buscando alternativas de financiamiento y para eso necesita cerrar focos de conflicto. Directivos del FMI le sugirieron a Lorenzino que el país vuelva a aceptar las auditorías anuales de la economía como marca el artículo IV del estatuto del organismo, y que Argentina rechaza desde 2006, cuando le pagó al Fondo el total de la deuda. También se menciona una eventual negociación con el Club de París para superar el default que arrastra desde 2002. En este caso, sería para promover la llegada de inversiones privadas al país. Todos esos pasos también facilitarían las cosas con el Banco Mundial, cuyo directorio está dominado por Estados Unidos y Europa y hace más de un año que se muestra reticente a aceitar nuevos préstamos al país. El acuerdo que se anunció ayer empezaría a marcar un cambio de rumbo en esa relación.

Fuente: Página 12, 11.10.13

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EL NÉSTOR KIRCHNER

QUE ANTICIPO NICOLÁS CASULLO

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Por Ricardo Forster

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Pocos y raros son los escritos portadores de una fuerza anticipatoria, más raros todavía los artículos periodísticos que logran proyectar una poderosa intuición que lleva las marcas de lo por venir.

No era Nicolás Casullo un pensador inclinado a las profecías, de esos que se ocupan de ofrecernos una pintura supuestamente certera de lo que la historia guarda como realización necesaria.

Su crítica de las izquierdas estaba atravesada por su rechazo a la reducción “científica” del decurso de las cosas; no había en él, al menos en el que inició en el exilio mexicano su revisión de aquella filosofía de la historia que le dio estructura teórica y fuerza programática a la utopía revolucionaria, ninguna inclinación a ofrecerse como rastreador de las sendas que inexorablemente deberían llevar a la victoria.

Ni escatologías profanas ni teleologismos metafísicos que viniesen a garantizar que la historia acabaría por cumplir sus promesas de liberación.

Más bien lo contrario, la dolorosa conciencia de vivir una época destemplada que, entre otras cosas, se había devorado el mito de la revolución y herido el corazón de la tradición emancipatoria.

En la larga travesía de los años ’90 (anticipada crudamente por la brutal etapa que inició la dictadura en el ’76 y que apenas si el interregno del entusiasmo democrático del ’83 alcanzó a paliar un poco) Casullo si bien no perdió las esperanzas en algún giro inesperado en el interior de una sociedad que profundizaba su propia barbarie social, política y cultural, tendió a dedicar sus esfuerzos reflexivos a la deconstrucción de la máquina ideológica que, bajo el formato de una nueva derecha, amenazaba con colonizar la totalidad del presente y de apropiarse del futuro.

Por eso, el artículo que voy a reproducir íntegramente y que Nicolás Casullo escribió en mayo de 2002 constituye una rareza en su trayectoria y, en especial, en lo que venía escribiendo en esos años alucinados en que nada se ofrecía como alternativa viable a la hegemonía neoliberal.

Un artículo en el que, haciendo gala de una maestría única para el uso de la parodia, del humor, de la ironía, de la nostalgia y de la rememoración, pintó la semblanza de quien estaría destinado a enloquecer la historia argentina; vamos entonces hacia esa escritura anticipatoria y sorprendente:

“Néstor Kirchner representa la nueva versión de un espacio tan legendario y trágico como equívoco en la Argentina: la izquierda peronista.

En su rostro anguloso, en su aire desorientado como si se hubiese dejado olvidado algo en la mesa del bar, Kirchner busca resucitar esa izquierda sobre la castigada piel de un peronismo casi concluido después del saqueo ideológico, cultural y ético menemista.

Convocatoria kirchneriana por lo tanto a los espíritus errantes de una vieja ala progresista que hace mucho tiempo atrás pensaba hazañas nacionales y populares de corte mayor.

Revolotean escuálidos los fantasmas de antiguas Evitas, CGT framinista, caños de la resistencia, Ongaro, la gloriosa JP, la tendencia, los comandos de liberación, ahora sólo eso, voces en la casa vacía.

Por eso un Néstor Kirchner patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado bacán casado con la más linda del pueblo, debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática) sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los años 70 se llenó de calles, revoluciones, fe en el general, pero también de violencia, sangre, pólvora, desatinos y muertes a raudales, y de la cual el propio justicialismo en todas sus instancias hegemónicas desde el 76 en adelante, renegó, olvidó y dijo no conocer en los careos historiográficos.

De ahí que en las nuevas generaciones jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel ‘peronismo de izquierda’ no dejó datos ni rastros: las nuevas generaciones medias no alcanzan a descifrar ese rótulo como algo digno de ser pensado.

Por eso, como espacio histórico dramático y fallido, lo de Kirchner tiene el signo de la nobleza, de respeto a una generación vilipendiada con el mote de puro guerrillerismo.

Es fiel a una memoria fuerte del país que ningún peronista ‘referente’ se animó a aludir en la nueva democracia, y también signo de aquellos fatalismos.

Larga es la lista de los enemigos internos y externos de esa izquierda nacional en el movimiento desde 1953 hasta hoy: los ‘cobardes, entreguistas, traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota, antipueblo’ y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y renovación justicialista que desembocó en el menemismo-liberal que enamoró a todos los poderes reales en la Argentina.

Lista de defecciones tan eterna y concreta que casi terminó siendo, desde 1955, la historia real del peronismo.

La de sus defecciones.

En esa temeraria pelea está inscripto hoy el de Santa Cruz.

Según muchos, Kirchner asume la representación de una pieza semiarqueológica: los militantes peronistas ‘setenteros’, ahora cincuentones, quienes viven la biografía del movimiento del 45 como sentados en una estación abandonada y ventosa muy al sur del país por donde volverá a pasar, aunque todavía no se note ni se crea ni se oiga, aquel verdadero tren de la historia que algún día podrá llenar de humo purificador la patria.

Sentados en el andén vacío y destartalado, como a una hora señalada, los del grupo toman mate, hacen muñequitos de madera con las navajas, parrillan corderitos en la estación sin nadie, miran de soslayo por si se acerca alguien, y achican los ojos cada tanto con las manos de visera en pos de un imaginario punto negro, lejano, que se vaya agrandando sobre las vías con un silbato anunciador.

La cuestión es no dar demasiados datos de esa espera.

Por eso Kirchner habla rápido, a veces medio desprolijo, o deambula confusamente entre cámaras de noticiero tratando de coincidir con la memoria de los mártires, con el subsuelo del tercer cordón ex industrial, o con una histérica cacerolera de Belgrano R.

Porque en verdad está diciendo algo difícil, complejo, discutible, pero a lo mejor por eso profundamente cierto en cuanto a por cuál sendero se sale realmente de este entuerto donde el país se desbarranca por la ladera perdida toda idea de sí mismo, toda imagen nacional.

Es posible que no sea candidato, o mejor dicho que no le alcance el envión entre los sueños solapados del presidente Duhalde, las encuestas optimistas de De la Sota, la coincidencia de los poderes con Reutemann, las infinitas ‘re-elecciones’ de Menem, el caradurismo simpático de Rodríguez Saá.

Desgarbado, Lungo, de palabra directa, está último en esa lista, cuando cada tanto viene del sur para exigir elecciones ya.

Para decir que va por adentro o va por afuera pero no va a entrar en ninguna trenza.

Lo converso con mis amigos y el 80% no lo ubica, lo semitienen en algún rincón de las imágenes del consciente pero no del todo.

Les digo que es el fantasma de la tendencia que vuelve volando sobre los techos y sonríen como si les hablase de una película que no se va a estrenar nunca porque falta pagar el master.

Si rompe con el peronismo corre el eterno peligro de quedarse solo, ser simple izquierda, ser no ‘negocio’.

Si se queda adentro, ya nadie sabe en qué paraje en realidad se queda: corre el peligro de no darse cuenta un día que él tampoco existe.

En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que esta no fue toda la historia.

Que hay una última narración escondida en los mares del sur” (N. Casullo, publicado en Página 12 el 12 de mayo de 2002).

Queda poco por agregar después de esta extraordinaria aguafuerte en la que, como decía Horacio González, “difícilmente podamos encontrar un escrito equivalente en que convivan el dramatismo de una situación política, la equiparación con famosos westerns, el uso de un lenguaje que usa la chanza o el desprecio como términos cariñosos (‘setenteros’, ‘parrillan’, ‘lungo’) y una áspera metafísica que quiere tornarse carnadura política.

La prosa casulleana trabaja con un sentido onírico absoluto para desembocar en la forma cruda de la realidad.

Es imaginativa para ser realista, es descarnada para ser utópica.

Y como la materia de la que trata, usa una lengua inestable, sincopada (‘lo semitienen’)”. Un Nicolás Casullo en el uso pleno de sus talentos y capaz de, bajo la protección de un lenguaje entre tierno, humorístico y paródico, atisbar en Néstor Kirchner lo que casi nadie o apenas un puñado de ilusos podían entrever.

Pero también alguien que no ha dejado de indagar en ese pasado que tantos quisieran para siempre clausurado y convertido en pieza de museo.

Todo se arremolinaba mientras buscaba el tono para darle forma a ese artículo anticipatorio: las imágenes de la infancia cuando su madre les contaba, a Nicolás y sus primos en la vieja casona de la calle Lavalle, poblada de sombras y de antiguos relatos, sobre Evita cuando la mayoría en el barrio se dedicaba a festejar la caída del tirano y a descorchar, como el padre de Nicolás, botellas de champagne.

Los primeros escarceos con la literatura y el amor mientras preparaba el viaje a Europa que lo llevaría, inopinadamente, a los adoquines parisinos de mayo del 68 entremezclada, la protesta estudiantil, de conversaciones con Cortázar y Le Parc mientras escuchaba a Jean Paul Sartre y creía estar tocando el cielo con las manos en compañía de alguna francesita tan revolucionaria como él y con la fogosidad de la liberación sexual recién alcanzada y eruditamente completada con los libros de Wilheim Reich.

El regreso a otra Argentina que transformaba el sueño dictatorial de Onganía en un final anunciado desde Córdoba y otras ciudades, que mostraban el retorno de la clase obrera al centro de la escena mientras se desplegaban nuevas organizaciones revolucionarias capaces de desmentir las agachadas y las traiciones de la izquierda tradicional que se veía rebasada por todos lados.

El trabajo periodístico, las conversaciones con Rodolfo Walsh y con el sociólogo Daniel Hopen cuando todavía se sentía atraído por la izquierda trotskista bajo la influencia del segundo mientras que el autor de Operación Masacre le iba introduciendo la pregunta, cada vez más inquietante, por el peronismo y el papel de los intelectuales.

La militancia en el FATRAC y la cercanía con el PRT antes de romper con la organización de Santucho y encaminarse hacia el peronismo como quien se reencuentra con algunas escenas de su infancia.

El desgarramiento entre su pasión literaria y el llamado de la militancia que venía a recordarle el famoso prólogo de Sartre a Los condenados de la tierra de Fanon que tantas marcas dejó en el debate de aquellos años en los que los caminos del medio parecían vedados;

La distancia infinita entre algunas conversaciones con Manuel Puig y otras con Jarito Walker y sus compañeros de célula que, al joven desgarrado por sus dos pasiones, no dejaban nunca de inquietarlo, en especial después de escuchar el desenfado del autor de Boquitas pintadas, capaz de reírse de todo y de todos y de profetizar la amargura de los días por venir en un país sin medias tintas que se asomaba a la boca del lobo sin darse cuenta.

Aquellas jornadas inolvidables en la redacción de La Opinión charlando con Paco Urondo y Juan Gelman y escribiendo una larga crónica sobre el peronismo pedida por Jacobo Timerman y contribuyendo a hacer de ese diario una experiencia editorial de honda influencia en los sectores medios progresistas que no podían saber ni imaginar que en esa redacción escribían quienes eran o serían cuadros dirigentes de la guerrilla argentina o intelectuales y poetas que dejarían una marca fundamental entre nosotros.

El 25 de mayo de 1973, la plaza, el pueblo rebasándola junto a las interminables columnas de la juventud peronista, la alegría, la borrachera antes de tiempo viendo a Cámpora con Allende y Dorticós y gritando junto a la multitud: “Se van, se van y nunca volverán”.

La noche festiva en Devoto esperando que se abriesen las puertas de la prisión y salieran todos los compañeros de las organizaciones armadas.

Las certezas que amartillaban el alma borrando las inquietudes y las preguntas silenciosas; montoneros, la ilusión y el desencanto; el abismo y sus bordes; la insondable figura de un general sobrepasado por la vejez y la realidad, rodeado de una caterva de rufianes liderados por un brujo dispuestos a convertir al país en un infierno de violencia y muerte mientras todo se aceleraba hacia la catástrofe.

El exilio mexicano con sus espectros y sus heridas pero también con esa insólita oportunidad para pensar todo de nuevo y sin dogmatismos sacándolo, como no podía ser de otro modo, del aire provinciano de la política nacional para confrontarlo con un tiempo muy complejo del capitalismo y de la cultura de masas.

El regreso sin ilusiones desmedidas pero bajo la emoción de reencontrarse con sus recuerdos, con su barrio, con sus fantasmas y con su novela, El frutero de los ojos radiantes, bajo el brazo y como testimonio de su hondísimo viaje hacia lo más recóndito de la memoria argentina y familiar.

El peronismo prostibulario y la necesidad de revisar a fondo esa historia maltrecha y oxidada por el tiempo y las traiciones.

La conversión de la mayoría de los viejos revolucionarios en adoradores de la nueva religión democrática mientras se apresuraban a acomodarse en la vida burguesa y a execrar, como restos de una historia maldita, sus convicciones y sus prácticas en aquel otro tiempo dominado por el espíritu de la revolución que acabaría convertido, bajo la mirada de ojos impregnados del clima de época, en testimonio del error, la locura y el autoritarismo guerrillerista.

El refugio en los libros y en la escritura que lo llevaron a ampliar los límites de su biblioteca dejando que en ella entraran algunas tradiciones fundamentales de la filosofía que le permitirían recorrer con espíritu crítico ese tiempo civilizatorio previamente cartografiado, entre otros, por los pensadores de la Escuela de Frankfurt y por quien dejaría una huella indeleble en su derrotero intelectual, Walter Benjamin, autor con el que no dejaría nunca de dialogar en sus itinerarios por la cultura moderna.

El viaje hacia los confines de la modernidad para mirar del otro lado de la verdad siguiendo la pista de los poetas del romanticismo capaces de ofrecerle otro anclaje para pensar el revés de la racionalidad ilustrada y para seguirle la pista a la compleja trama del sujeto en sus claroscuros.

El reinado del cinismo posmoderno de la mano de la traición final del peronismo convertido en partido liberal conservador ejecutando la pirueta del travestismo bajo la máscara facundeana impostada del riojano impresentable.

El estallido y la pregunta, reiterada, por el destino trágico de un país imposible que, de todos modos, no lo llevó a festejar la aparición, de nuevo en la historia nacional, de la clase media y sus cacerolas “insurreccionales” sonando con especial estrépito en Barrio Norte, Caballito y Belgrano, de las que no dejaría de hablar en un artículo memorable que ya he citado largamente.

Todo eso estaba en la memoria de quien desprevenidamente posaba su mirada en aquel desconocido personaje venido del sur patagónico para descubrir en él, en su insólita presencia, la acumulación de tantas imágenes y experiencias asoladas por el viento de una historia implacable.

Tal vez Nicolás, mientras escribía sobre Kirchner, no hacía otra cosa que proyectar su propio sueño, delirante, enfebrecido, alucinado pero intenso y bello de una redención infinitamente postergada por una época que, eso parecía, no ofrecía ninguna oportunidad para recobrar las voces, las ideas, las vivencias de ese otro tiempo arqueológicamente reducido a pieza de museo por los sepultureros de siempre que se regocijaban proclamando el fin de la historia y la muerte de las ideologías.

Simplemente Nicolás vio otra cosa en ese flaco desgarbado que venía a reponer la experiencia de una generación, la del setenta, que sólo era recordada a la hora de revisar el horror de la dictadura que había transformado toda esa historia en un gigantesco osario.

Nicolás Casullo quiso imaginar, con la impunidad de una escritura que no tenía que responder a ningún disciplinamiento ideológico o político, que había “una última narración escondida en los mares del sur”.

Fuente: InfoNEWS, 15.02.13

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Dilemas y debates

tras una década de cambios

Predomina una lógica dicotómica

atravesada por el respaldo al gobierno

o la oposición cerrada a la presidenta.

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Por Eduardo Anguita
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La lógica del silencio sobre los temas espinosos de la sociedad es conservadora, es funcional a mantener un statu quo donde los privilegiados no pierdan sus ventajas. No sólo eso: los medios de comunicación en manos de los sectores más ricos de la sociedad actúan de modo pedagógico para que la vida cultural de los sectores desposeídos se distraiga observando y tratando de imitar los hábitos y costumbres de los sectores minoritarios. En esa concepción de la cultura y la comunicación que pretende no cambiar los privilegios, hay un fuerte arraigo en lo más conservador de los sectores desposeídos: la creencia de que el mejor sistema de promoción y movilidad social es el que descansa en el ojo del amo. Es decir, quedar bien y congraciarse con aquellos que poseen los medios de producción y tienen el privilegio de decidir quién está más capacitado para tal o tal puesto de trabajo.

En muchas familias humildes y trabajadoras, el efecto imitación crea escalas de valores y de disvalores cuya traza es un complejo cruce entre los valores dominantes y aquellos destinados a la subsistencia. Una subsistencia en dos direcciones: la de reproducir el sistema y la de concretar algunas mejoras individuales. Un ejemplo grafica esta doble vía: el obrero que no quiere conflicto con el patrón con la esperanza de no perder el trabajo y con la esperanza de que aquel le dé trabajo a sus hijos o, al menos, los recomiende para un empleo. Se trata de una lógica potente. Aunque esté atravesada de conductas poco épicas desde el punto de vista de la identidad proletaria, aunque resulten muy poco entusiastas para quienes profesan (profesamos) una confianza ilimitada en la capacidad transformadora de los pueblos, esa forma de razonar a veces es indestructible. En todo caso, para desafiarla e intentar por todos los medios debilitarla y remplazarla por los valores del protagonismo popular, es necesario desmenuzarla con cierto desapasionamiento.

Hace muy pocos días, el expresidente brasileño Lula dio una cátedra al respecto. Fue en el marco de un encuentro de militantes e intelectuales en La Habana (IIIª Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo) que sesionó bajo la invocación de José Martí, de cuyo nacimiento se cumplieron 160 años. Lula hizo una reseña de sus años de lucha por arribar al gobierno de Brasil y puso énfasis en la cantidad de universidades y casas de estudios terciarios creadas durante sus dos mandatos, sobre todo por estar dirigidas a la educación y capacitación de sectores sociales que no accedían a los más altos niveles de conocimiento académico. Lula, con ironía y sagacidad, aclaraba que se trata de una gran paradoja: un obrero que apenas terminó la primaria fue quien puso al Brasil en el camino de la inclusión, pero de una inclusión que brinda herramientas para la verdadera soberanía popular, la que brinda a los desposeídos el acceso a un aspecto del poder que es fundamental: el poder del conocimiento refrendado por un título académico. A continuación, este obrero metalúrgico, que creció en la fragilidad de la pobreza, agregó con determinación que sólo estaría conforme con estos logros si se llega a la verdadera igualdad de oportunidades, consistente en que la hija del patrón sea compañera de aula del hijo de la empleada doméstica.

No fue necesario que Lula desplegara la cantidad de intersubjetividades que despierta la sola idea de tener un ámbito de igualdad en un escenario de desigualdades. Quizá esa sea una de las puntas del ovillo para repensar lo que está pasando –o no pasando– en la Argentina que fue hundida por los sectores privilegiados (especialmente los poderosos de las finanzas) en 2001 y que empezó a recorrer un camino de protagonismo popular desde mayo de 2003. Antes de entrarle a la Argentina, un comentario más sobre Lula: ese encuentro en La Habana, fue el escenario en el que Frei Betto recibió el prestigioso premio internacional José Martí de la UNESCO.

El propio Lula lo abrazó reiteradamente. Para quienes no estén familiarizados con Frei Betto, se trata de un religioso, fraile dominico y teólogo de la liberación, de 68 años, que transita la militancia popular desde los años ’60. Apoyó siempre a Lula en todas las oportunidades (cuatro) en las que se presentó a las elecciones presidenciales. Cuando ganó, en diciembre de 2001, Frei Betto participó por un tiempo en su gobierno. Lo hizo en los programas para sacar del hambre a 45 millones de compatriotas. Al cabo de dos años, renunció, argumentando que el gobierno había cambiado aquellos programas emancipatorios por programas asistencialistas con fines electorales. Frei Betto se volvió a la celda del convento dominico en San Pablo de donde nunca había sacado sus pocas pertenencias materiales. Y no se quedó callado: publicó un libro (La mosca azul) en el que critica con dureza las apetencias y transformaciones de quienes acceden a funciones públicas y al manejo del poder político.

Este cronista tuvo oportunidad de dialogar con Frei Betto sobre su libro y sobre las conductas de aquellas personas y colectivos forjados en la resistencia y que, tras ganar elecciones, se encuentran albergados en sistemas de vida diseñados para que la sociedad no cambie. Los dilemas de la vida cotidiana, de los estímulos del poder, de la exacerbación de mezquindades, de todas esas cosas se trata La mosca azul. Era un palo muy fuerte para el propio Lula y para los petistas (militantes del Partido dos Trabalhadores, que fue fundado en San Pablo en pleno Carnaval de 1980) que llegaban al Palacio del Planalto. Lula, a casi diez años de aquel distanciamiento, incluso salpicado por los procesos de corrupción de algunos de sus máximos colaboradores, no tuvo empacho en abrazar y festejar junto a Frei Betto.

LABERINTOS ARGENTINOS. Puede constatarse que, en los últimos años, especialmente desde el conflicto con las patronales agropecuarias de 2008, la circulación de debates que articulen distintos puntos de vista se empobreció. Predomina una lógica dicotómica atravesada por el respaldo al gobierno o la oposición cerrada a la presidenta. Para el kirchnerismo esto se debe fundamentalmente a la manipulación mediática de quienes se resisten a perder privilegios (el Grupo Clarín). Si bien eso es así, cualquiera que pretenda analizar las tensiones de una sociedad deberá preguntarse cuánto puede aguantar la mentira o la tergiversación sin el soporte que brinda ser parte de una clase dominante que cuenta, además del aparato mediático, con la hegemonía en valores (o disvalores) culturales.

Es decir, la batalla cultural, a la que tanto refieren comunicadores o dirigentes kirchneristas, aparece como una simplificación entre quienes argumentan verdades y quienes intoxican a la comunidad. Más de una vez, quienes tienen (tenemos) una concepción transformadora de la sociedad enfrentan una serie de interrogantes respecto de quiénes pueden verse beneficiados y quiénes perjudicados por la instalación de debates que van al fondo de un sistema capitalista, dependiente y periférico pero que no tienen masa crítica social, cultural y política. Es decir, más de una vez, caben preguntas como si la Argentina está en condiciones de discutir en serio la renta agropecuaria y el modelo de soja transgénica hecha por Monsanto y exportada por las multinacionales donde el Estado aparece sólo para cobrar las retenciones. Y la pregunta no es cobarde: basta ver cómo Gerónimo Venegas, secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores, le cuenta a La Nación cómo ya no existe la oligarquía, por la sencilla razón de que las herencias se ocuparon de subdividir los campos. Y chau. El gran problema es que Venegas no tiene por ahora siquiera una lista opositora en el sindicato que pueda disputarle no sólo el aparato sino la hegemonía de tantos años de construcción política. Convengamos, en un sector que hace 70 años fue un bastión de Juan Domingo Perón contra la oligarquía. Para muestra basta recordar el Estatuto del Peón Rural.

Si los debates no circulan con más profundidad por los medios, cabe preguntarse si lo hacen por otros carriles, como por ejemplo, los partidos políticos y las organizaciones sociales. Es probable que sí, que en el seno de las organizaciones libres del pueblo haya mucho más caldo de cultivo que en los medios. Pero tampoco al punto de pensar que el Frente para la Victoria y sus aliados reciban una presión social como para avanzar de modo firme y lineal en establecer un modelo de transformaciones. Más bien, puede constatarse que las iniciativas para recortar privilegios y promover cambios culturales estuvieron fomentadas desde el propio gobierno. Los ejemplos al respecto son arrolladores y los protagonistas por excelencia resultaron Néstor y Cristina Kirchner. Entonces, muchos de quienes militan a favor de profundizar los cambios no son partidarios de abrir debates porque, consideran, eso resta consistencia al bloque popular que apoya a Cristina.

Ese razonamiento, fuerte, tiene, sin embargo, al menos tres flancos muy débiles, a juicio de quien escribe estas líneas. El primero es que se asienta en una falacia: creen que de un lado están los buenos y del otro los malos. Pretende que toda la clase media es anti-K. Basta recorrer el voto de estos años para verificar que tanto en áreas rurales como urbanas, hay un voto cambiante especialmente en las capas medias. Pero hay un problema adicional para los que se ven seducidos por ese razonamiento dicotómico: el voto con el estómago o el bolsillo es parte de la política, la gran mayoría de la sociedad, además de votar por sus identidades partidarias, lo hace con el humor que le dejan ver sus ingresos. Y una buena parte de la clase media consumista es anti-K pero también buena parte del pueblo (asalariados, cuentapropistas y sectores medios) afianza su cristinismo más por cuánto gana que por dimensionar los cambios históricos. El segundo tema es que hay mucho para hacer en la perspectiva de la historia, especialmente para entender las tradiciones coloniales de Latinoamérica y la Argentina. Ese aspecto de la batalla cultural no se mide en rating sino en saber introducir cambios reales. Los cambios curriculares en la enseñanza media se van dando, lentamente, pero se dan. La nueva producción historiográfica y de documentales o ciclos televisivos o de radio y medios gráficos va cobrando fuerza. La integración latinoamericana y la solidaridad entre naciones hermanas van cambiando paradigmas de xenofobia. En definitiva, aquellas acciones que no sólo muestran lo malos que son los malos sino la cantidad de veces que los proyectos nacionales y populares no pudieron plasmar su fuerza o que cuando lo hicieron se encontraron con la ferocidad impiadosa de los poderosos. Para que la gente pueda sentirse parte de un proceso transformador es preciso abrir las puertas para que se debatan los temas claves de la economía y la sociedad, desde los recursos mineros y petroleros hasta los impuestos y el pacto federal.

La creencia de que no se puede administrar el debate de los temas de fondo sin debilitar un proceso político popular es ciertamente un error profundo. Se puede, con responsabilidad, con mayor acceso a la información, y no sólo la de la gestión pública sino con datos de cuáles son los niveles de rentabilidad de las clases propietarias, para que todos puedan saber quiénes son los que “se la llevan en pala” y para ver dónde están parados esos que conservan privilegios. Y aquí viene el tercer elemento: desde el Estado, desde el gobierno, se pueden hacer cosas maravillosas para que los sectores postergados históricamente estén mejor y sean protagonistas de una nueva Argentina. En buena hora que las derechas acusen a los gobernantes latinoamericanos de populistas. El gran desafío de estos años es si los sectores populares, tras el convite del kirchnerismo, están poniendo sus propias marcas en este proceso o se limitan a acompañar lo que se hace.

Es, a juicio de quien escribe, un tema lleno de incógnitas. Si las tradiciones sindicales se están desvaneciendo o se corre el riesgo de haber perdido los puentes con algunos dirigentes que quizá todavía tienen fuerza en las bases. Si la nueva participación juvenil alberga una dirigencia sin la contaminación propia de ser parte del nuevo funcionariado político. Si habrá algunos sectores anti-K que se den cuenta realmente que están siendo funcionales a la peor derecha y a los sectores más privilegiados del capitalismo. En fin, si al cabo de una década, y en medio de las turbulencias propias del día a día, estaremos viviendo en un mundo que albergue esperanzas ciertas de cambio.

Al respecto, Frei Betto publicó hace poco un artículo con algunas referencias imprescindibles: “Según la ONU, para facilitar la educación básica a todos los niños del mundo sería preciso invertir 6000 millones de dólares. Y sólo en los EE UU gastan cada año en cosméticos 8000 millones. El agua y el alcantarillado básico de toda la población mundial quedarían garantizados con una inversión de 9000 millones de dólares. El consumo de helados por año en Europa representa el desembolso de 11 mil millones de dólares. Habría salud elemental y buena nutrición de los niños de los países en desarrollo si se invirtieran 13 mil millones de dólares. Pero en EE UU y Europa se gastan cada año en alimentos para perros y gatos 17 mil millones; 50 mil millones en tabaco en Europa; 105 mil millones en bebidas alcohólicas en Europa; 400 mil millones en estupefacientes en todo el mundo; y más de un millón de millones en armas y equipamientos bélicos en el mundo. El mundo y la crisis que le afecta sí tienen solución. Siempre que los países fueran gobernados por políticos centrados en otros paradigmas que huyan del casino global de la acumulación privada y de la incontenible espiral del lucro. Paradigmas altruistas, centrados en la distribución de la riqueza, en la preservación ambiental y en el compartimiento de los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo humano.

Fuente: Tiempo Argentino, 02.02.13

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El escenario gremial

después de la modificación

del mínimo no imponible para ganancias

Los dos caminos de las centrales obreras

El aumento del mínimo no imponible anunciado por la Presidenta les dio impulso interno a los sectores de la CGT y la CTA que apuestan al diálogo con el Gobierno, frente a los sectores que promueven medidas de acción directa.

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Por Julián Bruschtein

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En un escenario sindical caracterizado por la fragmentación de las representaciones de los trabajadores, los diversos sectores gremiales impulsan una agenda de pedidos casi calcada y se diferencian, sobre todo, por la metodología con que buscan encaminar sus logros. El anuncio presidencial del aumento del mínimo no imponible de Ganancias les dio aire a quienes apuestan por el diálogo, como la CGT oficial que encabeza el metalúrgico Antonio Caló y la CTA que lidera el docente Hugo Yasky. La CGT de Hugo Moyano y la CTA de Pablo Micheli impulsan medidas de acción directa, que hasta el momento solo esbozaron planteos políticos como sectores de la oposición, al igual que la CGT Azul y Blanca del gastronómico Luis Barrionuevo.

“Es menos de lo que nosotros creemos que se debe aumentar, pero es un claro gesto de la Presidenta hacia las organizaciones sindicales y a los que estamos convencidos de que a través del diálogo y el acercamiento de posiciones se puede llegar a un acuerdo”, señaló a Página/12 un dirigente sindical de la CGT que conduce Caló, poniendo énfasis en las diferencias de criterio para llevar adelante los reclamos de los trabajadores, que generaron además la fractura de la CGT que encabezó durante ocho años el camionero Moyano, hoy en la vereda de enfrente. El proceso político iniciado en el 2003 por Néstor Kirchner terminó siendo la divisoria de aguas para las centrales obreras, que comenzaron con un debate interno ante el cambio de paradigma que ofreció el ex presidente luego de doce años de neoliberalismo explícito.

La cruzada por encabezar un nuevo mandato en la CGT fue dejando a Moyano aislado de sus antiguos aliados. Su empecinamiento por pegar el salto del gremialismo a la política y su intento de posicionarse como el heredero del kirchnerismo lo hicieron jugar sus cartas de manera anticipada y terminó debilitado, haciendo alianzas con sectores de la oposición que no mucho tiempo atrás le dedicaban críticas y denuncias en su contra.

La agenda compartida entre las cinco centrales ponía como primer punto el aumento del mínimo no imponible de Ganancias. La modificación del piso salarial a partir del cual se aplica el impuesto fue uno de los caballitos de batalla sobre el que Moyano y Micheli se montaron para realizar medidas de fuerza sostenidas, con cortes en los ingresos a la Ciudad de Buenos Aires y movilizaciones a Plaza de Mayo. Por su lado, Caló y Yasky empujaron una mesa de diálogo con el Gobierno, que terminó dando sus frutos con el anuncio de la semana pasada de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lo que descomprimió la discusión de paritarias que se viene. Primero fue la exención de la aplicación del impuesto al medio aguinaldo de diciembre pasado y, ahora, el aumento de un 20 por ciento en el mínimo no imponible.

A pesar de que el porcentaje logrado les pareció insuficiente, los gremialistas de la CGT liderada por Caló aseguran que “la medida nos va a permitir encarar la discusión salarial con mayor tranquilidad”, según confió un dirigente de un sindicato de los trabajadores industriales. La discusión en paritarias generaba cierta preocupación entre los sindicalistas, por la posibilidad de que una mayor cantidad de trabajadores superaran el límite del mínimo no imponible y vieran licuado el aumento salarial al que pudieran llegar en la mesa de negociación. Yasky también aseguró que esperaban un aumento del mínimo no imponible cercano al 25 por ciento, pero también fue bien recibido el anuncio presidencial.

Para las centrales obreras enroladas en la oposición, el número anunciado por la Presidenta “está muy lejos de lo que debería ser, cercano al 35 por ciento”, confió un sindicalista cercano a Moyano, a pesar de que el propio Facundo, hijo del camionero, dijo que “debería haber sido del 50 por ciento”. “El moyanismo exagera su posición como una novia despechada, pero a la hora de las resoluciones y los acuerdos no va más allá de los acuerdos generales de los demás gremios, como pasó con el monto que pedían para fin de año, de cuatro mil pesos, y finalmente no lograron ni la mitad de lo que planteaban”, recordó el dirigente del gremio industrial. Y agregó que “Moyano hizo siempre lo mismo, negociaba para su gremio y que los demás se arreglen por su cuenta”.

La agenda sigue su curso con la universalización de las asignaciones familiares y la devolución de una deuda que el Estado mantiene con las obras sociales sindicales. Todos plantean los mismos reclamos, lo que varía es la forma de plantearlos. Mientras Caló y Yasky abogan por el diálogo para encaminar los reclamos gremiales, Micheli, Moyano y Barrionuevo eligen directamente las medidas de fuerza. Hay que destacar que estos tres sectores gremiales sostienen relaciones con sectores y partidos políticos de la oposición. Moyano está por lanzar su agrupación en todo el país (el Partido para la Producción y el Trabajo), Micheli aporta a la estructura la Unión Popular, que tiene diputados como el ex titular de la CTA Víctor De Genaro; y Barrionuevo opera con cercanía al duhaldismo y ahora al delasotismo, sin dejar de lado las incursiones individuales en Catamarca.

“Es verdad que está fraccionado el movimiento obrero, pero mucho menos que en Europa, y es una situación coyuntural. Tienen la misma agenda y seguramente se irán acercando en los próximos años”, señaló el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, como conclusión de un escenario que tiene al movimiento obrero fraccionado en cinco partes.

Fuente: Página 12, 04.02.13

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