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Posts Tagged ‘Frente para la Victoria’

J Taiana

“La Ciudad merece una mejor administración”

El ex canciller planteó que “hay que reconciliar” a los porteños “con el proyecto nacional que está transformando el país”. Abogó “por una ciudad más inclusiva”.

Por Santiago Rodríguez

La rutina diaria de Jorge Taiana cambió abruptamente en cuestión de horas. De participar como “un militante más” en la campaña kirchnerista, el ex canciller pasó a ser el primer candidato a legislador local y se convirtió así en uno de sus protagonistas. “El Frente para la Victoria expresa los mejores y más legítimos intereses de la mayoría de los porteños”, declaró a Página/12 ayer, en un alto de la sesión de fotos que le hicieron para ilustrar los afiches que estos días empezarán a verse en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Además, criticó la gestión macrista y advirtió sobre la disparidad de visiones de los integrantes de Unen. Mañana hará su primera aparición como candidato junto a la presidenta Cristina Fernández en una visita a la Villa 31.

–¿El adversario a vencer en la Ciudad es el PRO o Unen?

–Nosotros tenemos que ganarles a todos porque creemos que el Frente para la Victoria tiene una visión de cambio a nivel nacional, pero también una propuesta para la Ciudad superior a la de Macri y la de Unen, que tampoco sabemos bien qué proponen porque tienen todos visiones muy distintas.

–¿Por qué el peronismo y el Frente para la Victoria nunca terminan de hacer pie en la Ciudad?

–Históricamente la Ciudad nunca se ha inclinado por el peronismo y tiene, además, una tradición de tener una posición diferenciada del país. Sin embargo, creo que la mayoría de los porteños tiene una vocación solidaria y una perspectiva progresista, por eso hay un trabajo importante que hacer para reconciliar a esa mayoría de porteños con el proyecto nacional y popular que está transformando el país.

–¿Cómo se reconcilia a esa mayoría?

–Dialogando, conversando y aunando voluntades. A nivel nacional tenemos realizaciones para mostrar y la Ciudad merece una mejor administración y una mejor calidad de vida. Buenos Aires tiene un producto bruto y un ingreso per cápita propio de una ciudad desarrollada y, sin embargo, no tiene ni servicios ni una calidad de vida similares a los de una ciudad desarrollada; faltan obras, hay atraso en infraestructura y la Ciudad no es amistosa para sus habitantes.

–¿Qué lectura hace del resultado de las primarias en la Ciudad?

–Las primarias son un anticipo. Hay muchos porteños con disposición de votar al Frente para la Victoria a los que debemos persuadir.

–¿Qué debería hacer el Frente para la Victoria para consolidar el voto del 11 de agosto y mejorar su desempeño?

–Hay que redoblar la voluntad militante de todos los que apoyamos al Frente para la Victoria y llegar a todos los rincones, hablar con todos. En el cierre de listas se vio un ambiente de entusiasmo y ese entusiasmo hay que volcarlo a la calle y acompañarlo con una actitud de diálogo. Tenemos que escuchar lo que dicen los porteños sobre sus problemas y las dificultades de su vida cotidiana.

–¿Qué ejes se plantea para la campaña?

–Hemos estado conversando con Juan Cabandié y con Daniel Filmus. Ellos han venido trabajando y se trata de hacer una campaña que se acerque más a la gente, no de aparatos ni sólo dirigida a la propia fuerza.

–¿Tenía expectativas de ser candidato a legislador porteño?

–En realidad no, pero surgió la posibilidad y me pareció que era mi contribución militante. Es un momento político importante para el Frente para la Victoria. Es un desafío interesante sumar votos para tener más voces del Frente para la Victoria en la Legislatura y para aportar a las listas de diputados y de senadores.

–En el cierre de las listas nacionales se habló de cierto disgusto del Movimiento Evita. ¿Qué fue lo que realmente pasó?

–Todos los cierres de listas tienen sus cosas. No creo que haya que volver sobre eso. Ahora estamos trabajando en esto y lo que tenemos por delante es un desafío distinto.

–¿Por qué sería necesaria una mayoría kirchnerista en la Legislatura?

–Porque el Frente para la Victoria expresa los mejores y más legítimos intereses de la mayoría de los porteños. Cuanto mejor representados estemos, mejor podremos incidir para tener una ciudad que no se conciba, como ahora con la gestión de Macri, aislada del ámbito metropolitano; una ciudad que sea más inclusiva y no expulsora y excluyente como ahora.

–¿Por qué alguien que quisiera apoyar el proyecto nacional debería votar la lista que usted encabeza en lugar de la de Alternativa Popular, que también lleva a los candidatos del kirchnerismo para el Congreso nacional?

–La lista que encabezo tiene un fuerte anclaje en ese proceso, expresa el núcleo peronista del mismo, que ha venido trabajando desde el principio de este proceso o incluso de antes.

–¿Le resta chances a la lista de legisladores del Frente para la Victoria que haya una colectora encabezada por Pablo Ferreyra?

–No. Lo que estamos tratando de demostrar es que la vocación frentista del peronismo se mantiene intacta. Estamos mostrando una sensibilidad para recoger distintas experiencias y tratar de expresarlas.

–¿Pensó alguna vez en la posibilidad de candidatearse a jefe de Gobierno?

–Siempre he tenido compromiso con los asuntos de la Ciudad; nací y he vivido años en la Ciudad y conozco bastante de sus problemas. En el 2015 va a haber un debate sobre la Jefatura de Gobierno y el objetivo político es que el Frente para la Victoria esté en condiciones de hacer una propuesta que pueda ser ganadora.

Fuente: Página 12, 08.09.13

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Galasso

BALANCE DE LAS ELECCIONES PRIMARIAS

Para efectuar un balance necesitamos establecer cuál es el objeto de análisis y desde donde se efectúa. Por ello es necesario partir de la condición semicolonial de la Argentina y su carácter de país que proviene de la disgregación de la Patria Grande Latinoamericana.

La condición semicolonial de un país, como en este caso, resulta de presentar símbolos de soberanía, pero no serlo realmente por motivos diversos: extranjerización del aparato productivo, deuda externa, colonización mental de gran parte de sus habitantes, saqueo de sus riquezas, entre otros. Esta sumisión genera la reacción  a través de movimientos nacionales que procuran quebrarla.

Estos movimientos nacionales, constituidos por las víctimas del vasallaje, enfrentan a una oligarquía nativa, muy poderosa, asociada a  intereses antinacionales. Por ese motivo, resulta crucial, en toda elección, conocer qué partidos o grupos expresan a los intereses de dominación externa y cuál y cómo se compone el movimiento nacional que lo enfrenta.

En nuestra historia, los caudillos federales del interior y el P.A.N. en cierto momento fueron en el siglo XIX la expresión de esa reacción nacional. En el siglo XX, el radicalismo irigoyenista expresó la reacción de los sectores desheredados del interior del país y de las clases medias del litoral, con una concepción nacionalista agropecuaria  que, siendo hija del modelo agroexportador montado por Gran Bretaña, no llegaba a constituir un auténtico antiimperialismo. Luego, el Peronismo nacido en 1945 vació al radicalismo ya en declinación y se presentó como un movimiento nacional sustentado por los trabajadores, los sectores más populares de la clase media y cierto apoyo débil e inestable de sectores empresariales nacionales, en alianza con sectores nacionales del Ejército.

A partir de allí, el peronismo, como movimiento policlasista, ha ofrecido diversas versiones, según los sectores del movimiento que han logrado hegemonizarlo: el peronismo de la resistencia, después del 55, sustentado mayoritariamente en los trabajadores; el peronismo de los setenta que reclama la vuelta de Perón, que resulta de una alianza inestable y muy contradictoria entre camadas juveniles de clase media popular, con ímpetus revolucionarios y los sindicatos que resistían o conciliaban, en algunos casos, para subsistir a la proscripción; el peronismo posterior al fallecimiento de Perón, cuando se  agudizadaron esas disidencias, el cual mostró un rostro liberal en economía con una derecha lopezrreguista que enfrentó a la juventud y a ciertos sectores de una dudosa burguesía nacional, hasta su caída en 1976; el peronismo reaparecido posteriormente mostró una identidad confusa -que lo llevó a la derrota  electoral del 83- y peor aún, más tarde (entre 1989 y 2003) copado por el sector empresarial que se ha asociado al capital extranjero, quedando reducido, en los sectores populares, a solo un sentimiento afectivo que permitía suponer su desaparición como protagonista político.

Sin embargo, en el 2003, desde el peronismo aparece una nueva expresión del movimiento nacional que podría discutirse si es un nuevo movimiento -el kirchnerismo, con entidad propia- o una nueva versión del peronismo. En este caso, que es el que nos interesa, reinicia un proceso de liberación nacional con una base social integrada por  trabajadores  y movimientos sociales de desocupados aliados a sectores de clase media de posiciones progresistas (en especial, democráticos, defensa de los Derechos Humanos, etc.) así como a restos del viejo peronismo histórico.

Este peronismo kirchnerista asume una política nacional en cuestiones claves como independencia del FMI, disminución de la deuda externa, baja de la pobreza y de la desocupación, reactivación del mercado interno, recupero de conquistas laborales, avances previsionales, recuperación de algunas empresas que habían sido privatizadas, y una política latinoamericanista (rechazo al ALCA, Unasur , etc.)

Sin embargo, en su segundo período de gobierno, se evidencia, con el gobierno de Cristina, una cada vez mayor tendencia a suponer que su base de sustentación se encuentra especialmente en el movimiento juvenil  y que no puede ya decirse, como lo fue antes, que la clase trabajadora es la columna vertebral del movimiento. En este sentido, las listas del Frente para la Victoria para las PASO se caracterizan –no por el 25% o el 33% que Perón otorgaba a los sindicatos, sino por una escasísima presencia, casi nula, de representantes de los trabajadores. Asimismo, el sector más movilizado es el de la juventud de la clase media popular.

Hemos ido a las PASO con el movimiento obrero dividido en cinco organizaciones obreras, con sindicalistas en las listas de Partidos de derecha como el Renovador (Massa) y  la agrupación de Narváez. Asimismo, hemos llegado a las PASO con una campaña virulenta por parte de la oposición, especialmente de carácter mediático, aprovechando que en este tipo de elecciones de medio término –como ya se vió en el  2009- el electorado tiende a dispersarse, manifestándose en función de matices ideológicos, o de personajes mediáticos y no se polariza como en las elecciones presidenciales. (En 2011, Cristina obtuvo el 54%).

En estas condiciones, consideramos que el Frente para la Victoria debió rondar, en las PASO, por lo menos el 30% que es el núcleo duro de su apoyatura. No fue así, sin embargo, alcanzando sólo el 26%. Podemos argüir que el candidato del Frente se lanzó tardíamente y que alguna parte del electorado creyó votar peronismo al apoyar a Massa quien había sido jefe de gabinete del gobierno de Cristina, pero igualmente no podemos contentarnos con la derrota en municipios tradicionalmente peronistas del Gran Buenos Aires, especialmente porque la misma Cristina y el gobernador Scioli apuntalaron con fuerza al candidato oficialista en los últimos tramos de la campaña.

La oposición, a través de su fuerza mediática, logró hacer girar la campaña principalmente sobre cuestiones que son sumamente sensibles al electorado: la inseguridad, la inflación y la corrupción, responsabilizando de ellas al gobierno. Argumentos sobran para contrarrestar esas imputaciones pero o no fueron suficientemente esgrimidos o lo fueron con poca contundencia: una sociedad  que hasta hace muy poco tiempo mantenía altísimos niveles de desocupación y de trabajo en negro, así como altos niveles de pobreza, no puede evitar cierto grado de inseguridad por más que hayan bajado ostensiblemente los índices en estas cuestiones. Por otro lado, la violencia y la inseguridad, ligados a la marginalidad, se dan en casi todos los países.

La inflación, por su parte, proviene no de la emisión monetaria sino de la estructura económica creada por los gobiernos anteriores y caracterizada por un alto  grado de monopolización u oligopolización en el sector empresario Son las grandes y aún las medianas empresas las que al encontrarse con una creciente demanda de sus productos -debido a la reactivación del mercado interno- prefrieren, en vez de aumentar la producción, vender lo mismo en cantidad pero a precios más altos. La responsabilidad es de los formadores de precios y sólo es posible remediarlo indagando en sus costos, medida para la cual se necesita audacia y una correlación de fuerzas entre el gobierno y los capitalistas que lo haga posible. La corrupción, a su vez, integra la naturaleza  del capitalismo y aparece en todos los países. Si alguien pone su voto contra el gobierno por algún hecho de corrupción se equivoca. Debe ir contra el capital concentrado y proponer entonces el reemplazo del capitalismo por otro sistema donde prepondere la solidaridad y no el “soy porque tengo” propio del sistema en que vivimos. Son diversos los factores, pues, que han provocado la notoria disminución del caudal electoral del gobierno, aunque ello, por supuesto, no exime a éste de autocríticas.

Y aquí viene la segunda parte: ¿desde dónde analizamos los hechos ocurridos? Componentes consecuentes del campo nacional, nuestro objetivo no es la constitución de un posible y dudoso capitalismo nacional, sino como se planteó siempre desde la  Izquierda nacional como objetivo estratégico, como también lo voceó la Jotapé del 70, como asimismo lo sostuvo el propio Perón en 1968 cuando dijo que el capitalismo estaba perimido y la cuestión era ir en camino de un socialismo dogmático (como el ruso) o en cambio, de un socialismo nacional y latinoamericano, como también la izquierda peronista (Cooke y Hernández Arregui, por ejemplo). La Liberación Nacional por la que luchamos va en camino del Socialismo Nacional, resolviendo así, no sólo la cuestión nacional sino también la cuestión social.

Desde esta perspectiva, juzgamos que así como la clase trabajadora fue la columna vertebral del peronismo histórico  lo debe seguir siendo para, en la lucha misma, como objetivo estratégico, alcanzar las condiciones para convertirse en la cabeza política del frente nacional que integren todos los demás sectores sociales víctimas de la opresión nacional y de la explotación social. De ahí que aún colocando todas nuestras fuerzas para que el Frente para la Victoria prosiga adelante y profundice su modelo sin dar ni la más pequeña posibilidad para esa oposición que quiere atrasar de nuevo el reloj de la historia, consideremos, con vistas al futuro, que la actual débil presencia de los trabajadores resulta muy preocupante, especialmente cuando en barriadas tradicionalmente del peronismo histórico se ha reducido el caudal electoral del Frente para la Victoria, que no debió bajar de manera alguna, del 30  ó 32 % y sólo llegó al 26% en el total general. Es preciso, pues, redoblar los esfuerzos militantes, profundizar la autocrítica y reconstruir el Frente para mejorar notablemente los resultados en octubre y estar entonces, en condiciones de legítima gobernabilidad en los dos años siguientes, para continuar profundizando las transformaciones a partir del  2015.

Intereses expresados por la oposición

Esto lo sabe el enemigo. Lo supo la Mesa de Enlace Agropecuaria cuando logró arrastrar detrás suyo a la Federación Agraria quebrando su vieja  tradición  y colocar a su servicio a amplios sectores de clase media inclusive algunos enarbolando insólitamente  banderas rojas cuando fue la disputa por la Repsol. 125. Grondona y Biolcati fueron claros en aquel diálogo inolvidable creyendo que a poco tiempo del  2009 llevarían al poder a un traidor, pero el kirchnerismo reaccionó y golpeó con sucesivas medidas que desbarataron la maniobra y los derrotó ampliamente  en el 2011 (con nueve puntos más que en el  2007) dejando al segundo candidato a una distancia enorme de  casi 40 puntos). Todos sabemos que se avanzó en lo económico, en los derechos sociales, en los pasos hacia la unidad latinoamericana y se luchó por la desmonopolización de los medios de comunicación, etc. “El modelo” empezó a resultar demasiado molesto para una parte de la sociedad que veía con pavor estos avances mientras el neoliberalismo conducía a Europa y a Estados Unidos a una fuerte crisis. De allí que el frente antikirchnerista se jugara entero por incrementar su fuerza y disputar el poder, antes de que fuese demasiado tarde.

La Sociedad Rural estrechó filas junto a las grandes corporaciones multinacionales y mediáticas y con los sectores más conservadores de la  Justicia. Además, sus más conocidos políticos se convirtieron en asiduos visitantes de la embajada de Estados  Unidos. Desde el frente reaccionario brotó una campaña virulenta imputando al gobierno todos los males. Ese frente económico social encontró –como lo dijo la Presidente- sus representantes en una dirigencia política de izquierda a derecha que solo supo oponerse a cuanto proyecto manifestase el gobierno. Es el neoliberalismo que quiere volver. Disfrazado de Capriles, el señor Massa ya habla de rescatar el sistema jubilatorio privado y de recurrir al mercado de capitales mundial. Nos cabe la responsabilidad de no dar un paso atrás y eso solo se logra dando pasos hacia adelante, porque quedarse en lo que estamos ya no basta. Quien recuperó algunas conquistas, como el caso de los trabajadores que pasaron del 24% de desocupación al 7,5% ahora exigen aún más y reclaman el trabajo en blanco para los compañeros  que trabajan en  negro sin protección social alguna.

En este sentido, las dos primeras medidas adoptadas por la Presidente expresan esa reacción: elevar el mínimo no imponible para Ganancias y para Asignaciones familiares –que si se hubiese hecho con anterioridad hubiera evitado problemas con el sindicalismo- y entablar el diálogo con “los titulares” como ella dice y no con los suplentes, especialmente porque estos suplentes son saltibanquis y cambian de camiseta de un día para otro, no siendo rescatables ni política ni éticamente. (Ha corrido mucho dinero comprando punteros y concejales para convencer al votante a cambio de promesas ilusorias: por ejemplo, otorgar el 82% móvil de las jubilaciones mientras por debajo de la mesa concertaban con los Bancos la vuelta de las AFJP).

Caracterización del actual proceso político

Vivimos hoy pues un proceso de transformación que tiene detrás una Década Ganada  o para ser más precisos, un proceso de liberación nacional que por supuesto, como en todo proceso de este tipo, mantiene aún algunos problemas sin resolver. Pero este proceso no lo encabeza una burguesía nacional dispuesta a enfrentar a los intereses imperialistas para desarrollar un capitalismo autónomo. Carece de esa estrategia porque carece de conciencia nacional, porque es débil, porque ni siquiera puede rotularse como burguesía nacional (ya que el aparato productivo está altamente extranjerizado). De manera tal que un proceso de liberación nacional en estas condiciones sólo puede profundizarse  en un camino de cambios drásticos, a través de una profundización, en un camino semejante al que ha tomado Venezuela, por ejemplo donde, cuando Techint no quiso someterse a la planificación del gobierno, fue expropiada.

Todo lo hecho hasta aquí  ya ha advertido  al enemigo que vamos por más y que ese es el único camino, Avanzar en las elecciones de octubre  implicará un primer paso. El segundo estará dado por robustecer todas las líneas del Frente para la Victoria  y preparar las fuerzas para ganar el 2015. Para ello es imprescindible que la clase trabajadora vuelva a constituir, por ahora, la columna vertebral, sin desmerecer por eso los aportes que pueda cumplir la juventud, reorganizar el P. J. o el Frente o como se llame, en la estructura partidaria, donde la opinión de los militantes incida, donde el compañero de base sepa que va a tener su posibilidad de promover a un candidato y no a otro, que “las mesas chicas” ya no arman las listas con gruesos errores y que  si hubo errores, no hay que repetirlos. Sólo una fuerte participación popular, en los sindicatos, en las unidades básicas, en los ateneos culturales, etc. puede asegurar la permanente revalidación de los liderazgos para avanzar en las transformaciones que urgen.

La oposición –desde los traidores que integraron un día nuestras filas hasta los declinantes que un día levantaron nuestras banderas- se jugará el todo por el todo. Ellos saben lo que quieren aunque no pueden expresarlo públicamente como no podía expresarlo Menem en el 89, según propia confesión. Pero saben que quieren las AFJP, el libre juego de divisas, la libertad de empresa (y no de prensa verdadera), en fin, “el ajuste”.  Nosotros estamos en condiciones de expresar que vamos a dar apoyo total a las empresas recuperadas, a las cooperativas, que vamos a producir medicamentos en empresas estatales, que vamos a recuperar la red ferroviaria, no en vanas promesas demagógicas, y además explicar incluso cuando no se puede hacer determinada transformación  cuáles son los inconvenientes que exigen dejarla para más adelante.

De la  Presidenta hacia el pueblo y del pueblo hacia la presidenta, pero no sólo en los actos sino en el día a día, a través de la forja de los cuadros medios necesarios en las distintas áreas y mecanismos de comunicación, exigir por ejemplo que las comunas funcionen aunque para ello entremos en conflicto con el macrismo que las  obstaculiza, aplicar  la ley de medios para que todos se expresen, controlar los costos en origen. Sabemos que  solo con la democracia, como decía Alfonsín, no basta, que no se come, ni se educa, ni se cura, que sólo un auténtico protagonismo popular  hará posibles cambios  profundos y  duraderos, y el surgimiento de militantes y cuadros que aseguren  que las conquistas logradas no se perderán.

Que no se ilusionen los Magneto, los Mitre, los Biolcati, los  Etchevere y otros por el estilo. Que saluden amablemente y se retiren del escenario, ya no tienen nada que hacer en el mundo nuevo, en esta América Latina, que a pesar de todos los obstáculos, va consolidando su liberación y  su unificación  concretando transformaciones profundas y Argentina debe estar a la altura que corresponde vigorizando esos cambios..

Para ello también es preciso un conocimiento profundo de la realidad en que actuamos. Que el militante común, cuando confronta dentro de su familia y le piden paz y consenso, sepa que en ningún lado donde hay ricos y pobres hay fraternidad ni siquiera buenas maneras. Que la paz y la tranquilidad son propias de los cementerios. Que antes es necesario que impere la justicia y entonces no habrá confrontación. Que cada ateneo o unidad básica se convierta en un hervidero de discusión, de descolonización ideológica, de “avivar giles siendo nosotros solo giles avivados”-como decía Jauretche- que transmitimos la verdad en la economía, la historia, la cultura, la unión latinoamericana y que salgan de allí las nuevas propuestas, nuevas refutaciones a los mitos de la clase dominante.  La fuerza de la juventud debe estar puesta en el territorio, en la ayuda al barrio, pero no hay mejor ayuda que  difundir las ideas de Jauretche, de Scalabrini Ortiz, de Cooke, de Hernández Arregui y por supuesto, de Perón.

Lograr colocar al lado de los trabajadores a las clases medias a través de la descolonización es una de las  tareas principales para destrozar el mensaje de los Lanata, Nelson Castro, Bonelli y tantos otros periodistas al servicio del gran capital. Ese  mensaje intenta legitimar la vuelta a los 90 y es preciso quebrarlo con argumentos poderosos, que nos sobran, en todos los frentes donde presenten batalla ideológica

Con esos mensajes crean agenda e imponen los  temas que resultan más sensibles a los sectores medios. Lo hicieron desde allá lejos con la historia mitrista, la economía liberal, la cultura enciclopedista, etc. Lo siguen haciendo ahora adjudicado al gobierno la inseguridad, la inflación, la corrupción y la intolerancia con la consiguiente  confrontación. Estos fueron la base de un gorilismo que ha resurgido en los últimos años.

No podemos, sin embargo, dejar de mencionar algunos errores del movimiento nacional, como lanzar, con poco tiempo, un candidato casi desconocido así como, en la preparación de las listas “a mesa chica” ignorar algunas figuras importantes por motivos secundarios.

El actual proceso político

Las grandes corporaciones económicas, Sociedad Rural, Clarín, etc. se dieron a la  tarea de buscar un Capriles, es decir, alguien que escondiese su verdadera condición liberal tras una aparente reconocimiento a algunos hechos del gobierno, como si se tratase de un peronista prolijo, honesto, que aceptaba lo bueno realizado pero corregiría la confrontación, (inevitable en un régimen social desigual). Allí apostaron con mucho dinero y sacaron de la galera a un tipo joven -lindo según dijo la señora de Duhalde- que vive en uno de los countries mas caros del país y cuya intendencia está rodeada por los municipios donde vive la gente más rica del país. La circunstancia de haber  participado del gobierno como jefe de gabinete  facilitó la confusión y aparece hoy como un posible presidenciable, mientras que el movimiento nacional ofrece debilidad en este terreno pues no se han forjado los cuadros necesarios.

También es cierto que los vaticinios demasiado optimistas provienen del microclima  que existe en los sectores de nueva clase media, progresistas, que han celebrado fervorosamente el matrimonio igualitario, la identidad de género, el castigo a los represores,  avances que  valoran en alto grado esos lectores de Página  12  pero que en cambio resultan  evaluadas con menor interés por los trabajadores.

A su vez los sectores de clase media con pensamiento más ligado al viejo país se molestan  según su criterio, porque es una mujer la que ejerce la presidencia, porque no se cumple con formalidades como reuniones de gabinete, porque se cuestiona a un periódico que por rutina compran hace muchos años.

Desafíos futuros

Pero al igual que en el 2009, cuando fue derrotado por Narváez, el gobierno ha reaccionado políticamente. Por un lado, ha elevado el mínimo no imponible  liberando a los trabajadores que ganan hasta 15.000 de la obligación de pagar ganancias -reclamo que había sido bandera de Moyano, antes de su derrumbe político,  y de otros sectores de la oposición a la cual el gobierno no había accedido porque provocaría déficit fiscal. Al mismo tiempo ha creado un sistema de diálogo con sectores económico-sociales, mejorando así su relación con la CGT  de Caló, que hasta ese momento no había tenido mayor reconocimiento por su oposición a los planteos del moyanismo y también con  sectores de la industria. Al mismo tiempo, intenta robustecer la figura de Insaurralde  para lograr que la elección arroje resultados mejores que los de las PASO. Esto no es fácil porque los votantes de Narváez probablemente se vuelquen a Massa e incluso algunos reaccionarios de otros partidos, pero expresa que el gobierno se defiende y avanza. La tenida en la Justicia con respecto a la ley de medios también parece haberle salido bien  en el debate, aunque no se sabe si la justicia fallará o lo dejara para más adelante pero sería vergonzoso para los magistrados declarar la inconstitucionalidad de la ley después de los debates contundentes que probaron la constitucionalidad.

Quienes entendemos  que el gobierno debe profundizar el modelo retomando las banderas del  45 con la perspectiva  de avanzar hacia el socialismo del siglo XXI que planteó Chávez, (control de precios y otras medidas), consideramos que ese es el camino que se consolidará haciendo posible  transformaciones más profundas con la mira puesta en una América Latina  libre, unida e igualitaria.

Fuente: Agencia Paco Urondo, 06.09.13

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Dilemas y debates

tras una década de cambios

Predomina una lógica dicotómica

atravesada por el respaldo al gobierno

o la oposición cerrada a la presidenta.

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Por Eduardo Anguita
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La lógica del silencio sobre los temas espinosos de la sociedad es conservadora, es funcional a mantener un statu quo donde los privilegiados no pierdan sus ventajas. No sólo eso: los medios de comunicación en manos de los sectores más ricos de la sociedad actúan de modo pedagógico para que la vida cultural de los sectores desposeídos se distraiga observando y tratando de imitar los hábitos y costumbres de los sectores minoritarios. En esa concepción de la cultura y la comunicación que pretende no cambiar los privilegios, hay un fuerte arraigo en lo más conservador de los sectores desposeídos: la creencia de que el mejor sistema de promoción y movilidad social es el que descansa en el ojo del amo. Es decir, quedar bien y congraciarse con aquellos que poseen los medios de producción y tienen el privilegio de decidir quién está más capacitado para tal o tal puesto de trabajo.

En muchas familias humildes y trabajadoras, el efecto imitación crea escalas de valores y de disvalores cuya traza es un complejo cruce entre los valores dominantes y aquellos destinados a la subsistencia. Una subsistencia en dos direcciones: la de reproducir el sistema y la de concretar algunas mejoras individuales. Un ejemplo grafica esta doble vía: el obrero que no quiere conflicto con el patrón con la esperanza de no perder el trabajo y con la esperanza de que aquel le dé trabajo a sus hijos o, al menos, los recomiende para un empleo. Se trata de una lógica potente. Aunque esté atravesada de conductas poco épicas desde el punto de vista de la identidad proletaria, aunque resulten muy poco entusiastas para quienes profesan (profesamos) una confianza ilimitada en la capacidad transformadora de los pueblos, esa forma de razonar a veces es indestructible. En todo caso, para desafiarla e intentar por todos los medios debilitarla y remplazarla por los valores del protagonismo popular, es necesario desmenuzarla con cierto desapasionamiento.

Hace muy pocos días, el expresidente brasileño Lula dio una cátedra al respecto. Fue en el marco de un encuentro de militantes e intelectuales en La Habana (IIIª Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo) que sesionó bajo la invocación de José Martí, de cuyo nacimiento se cumplieron 160 años. Lula hizo una reseña de sus años de lucha por arribar al gobierno de Brasil y puso énfasis en la cantidad de universidades y casas de estudios terciarios creadas durante sus dos mandatos, sobre todo por estar dirigidas a la educación y capacitación de sectores sociales que no accedían a los más altos niveles de conocimiento académico. Lula, con ironía y sagacidad, aclaraba que se trata de una gran paradoja: un obrero que apenas terminó la primaria fue quien puso al Brasil en el camino de la inclusión, pero de una inclusión que brinda herramientas para la verdadera soberanía popular, la que brinda a los desposeídos el acceso a un aspecto del poder que es fundamental: el poder del conocimiento refrendado por un título académico. A continuación, este obrero metalúrgico, que creció en la fragilidad de la pobreza, agregó con determinación que sólo estaría conforme con estos logros si se llega a la verdadera igualdad de oportunidades, consistente en que la hija del patrón sea compañera de aula del hijo de la empleada doméstica.

No fue necesario que Lula desplegara la cantidad de intersubjetividades que despierta la sola idea de tener un ámbito de igualdad en un escenario de desigualdades. Quizá esa sea una de las puntas del ovillo para repensar lo que está pasando –o no pasando– en la Argentina que fue hundida por los sectores privilegiados (especialmente los poderosos de las finanzas) en 2001 y que empezó a recorrer un camino de protagonismo popular desde mayo de 2003. Antes de entrarle a la Argentina, un comentario más sobre Lula: ese encuentro en La Habana, fue el escenario en el que Frei Betto recibió el prestigioso premio internacional José Martí de la UNESCO.

El propio Lula lo abrazó reiteradamente. Para quienes no estén familiarizados con Frei Betto, se trata de un religioso, fraile dominico y teólogo de la liberación, de 68 años, que transita la militancia popular desde los años ’60. Apoyó siempre a Lula en todas las oportunidades (cuatro) en las que se presentó a las elecciones presidenciales. Cuando ganó, en diciembre de 2001, Frei Betto participó por un tiempo en su gobierno. Lo hizo en los programas para sacar del hambre a 45 millones de compatriotas. Al cabo de dos años, renunció, argumentando que el gobierno había cambiado aquellos programas emancipatorios por programas asistencialistas con fines electorales. Frei Betto se volvió a la celda del convento dominico en San Pablo de donde nunca había sacado sus pocas pertenencias materiales. Y no se quedó callado: publicó un libro (La mosca azul) en el que critica con dureza las apetencias y transformaciones de quienes acceden a funciones públicas y al manejo del poder político.

Este cronista tuvo oportunidad de dialogar con Frei Betto sobre su libro y sobre las conductas de aquellas personas y colectivos forjados en la resistencia y que, tras ganar elecciones, se encuentran albergados en sistemas de vida diseñados para que la sociedad no cambie. Los dilemas de la vida cotidiana, de los estímulos del poder, de la exacerbación de mezquindades, de todas esas cosas se trata La mosca azul. Era un palo muy fuerte para el propio Lula y para los petistas (militantes del Partido dos Trabalhadores, que fue fundado en San Pablo en pleno Carnaval de 1980) que llegaban al Palacio del Planalto. Lula, a casi diez años de aquel distanciamiento, incluso salpicado por los procesos de corrupción de algunos de sus máximos colaboradores, no tuvo empacho en abrazar y festejar junto a Frei Betto.

LABERINTOS ARGENTINOS. Puede constatarse que, en los últimos años, especialmente desde el conflicto con las patronales agropecuarias de 2008, la circulación de debates que articulen distintos puntos de vista se empobreció. Predomina una lógica dicotómica atravesada por el respaldo al gobierno o la oposición cerrada a la presidenta. Para el kirchnerismo esto se debe fundamentalmente a la manipulación mediática de quienes se resisten a perder privilegios (el Grupo Clarín). Si bien eso es así, cualquiera que pretenda analizar las tensiones de una sociedad deberá preguntarse cuánto puede aguantar la mentira o la tergiversación sin el soporte que brinda ser parte de una clase dominante que cuenta, además del aparato mediático, con la hegemonía en valores (o disvalores) culturales.

Es decir, la batalla cultural, a la que tanto refieren comunicadores o dirigentes kirchneristas, aparece como una simplificación entre quienes argumentan verdades y quienes intoxican a la comunidad. Más de una vez, quienes tienen (tenemos) una concepción transformadora de la sociedad enfrentan una serie de interrogantes respecto de quiénes pueden verse beneficiados y quiénes perjudicados por la instalación de debates que van al fondo de un sistema capitalista, dependiente y periférico pero que no tienen masa crítica social, cultural y política. Es decir, más de una vez, caben preguntas como si la Argentina está en condiciones de discutir en serio la renta agropecuaria y el modelo de soja transgénica hecha por Monsanto y exportada por las multinacionales donde el Estado aparece sólo para cobrar las retenciones. Y la pregunta no es cobarde: basta ver cómo Gerónimo Venegas, secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores, le cuenta a La Nación cómo ya no existe la oligarquía, por la sencilla razón de que las herencias se ocuparon de subdividir los campos. Y chau. El gran problema es que Venegas no tiene por ahora siquiera una lista opositora en el sindicato que pueda disputarle no sólo el aparato sino la hegemonía de tantos años de construcción política. Convengamos, en un sector que hace 70 años fue un bastión de Juan Domingo Perón contra la oligarquía. Para muestra basta recordar el Estatuto del Peón Rural.

Si los debates no circulan con más profundidad por los medios, cabe preguntarse si lo hacen por otros carriles, como por ejemplo, los partidos políticos y las organizaciones sociales. Es probable que sí, que en el seno de las organizaciones libres del pueblo haya mucho más caldo de cultivo que en los medios. Pero tampoco al punto de pensar que el Frente para la Victoria y sus aliados reciban una presión social como para avanzar de modo firme y lineal en establecer un modelo de transformaciones. Más bien, puede constatarse que las iniciativas para recortar privilegios y promover cambios culturales estuvieron fomentadas desde el propio gobierno. Los ejemplos al respecto son arrolladores y los protagonistas por excelencia resultaron Néstor y Cristina Kirchner. Entonces, muchos de quienes militan a favor de profundizar los cambios no son partidarios de abrir debates porque, consideran, eso resta consistencia al bloque popular que apoya a Cristina.

Ese razonamiento, fuerte, tiene, sin embargo, al menos tres flancos muy débiles, a juicio de quien escribe estas líneas. El primero es que se asienta en una falacia: creen que de un lado están los buenos y del otro los malos. Pretende que toda la clase media es anti-K. Basta recorrer el voto de estos años para verificar que tanto en áreas rurales como urbanas, hay un voto cambiante especialmente en las capas medias. Pero hay un problema adicional para los que se ven seducidos por ese razonamiento dicotómico: el voto con el estómago o el bolsillo es parte de la política, la gran mayoría de la sociedad, además de votar por sus identidades partidarias, lo hace con el humor que le dejan ver sus ingresos. Y una buena parte de la clase media consumista es anti-K pero también buena parte del pueblo (asalariados, cuentapropistas y sectores medios) afianza su cristinismo más por cuánto gana que por dimensionar los cambios históricos. El segundo tema es que hay mucho para hacer en la perspectiva de la historia, especialmente para entender las tradiciones coloniales de Latinoamérica y la Argentina. Ese aspecto de la batalla cultural no se mide en rating sino en saber introducir cambios reales. Los cambios curriculares en la enseñanza media se van dando, lentamente, pero se dan. La nueva producción historiográfica y de documentales o ciclos televisivos o de radio y medios gráficos va cobrando fuerza. La integración latinoamericana y la solidaridad entre naciones hermanas van cambiando paradigmas de xenofobia. En definitiva, aquellas acciones que no sólo muestran lo malos que son los malos sino la cantidad de veces que los proyectos nacionales y populares no pudieron plasmar su fuerza o que cuando lo hicieron se encontraron con la ferocidad impiadosa de los poderosos. Para que la gente pueda sentirse parte de un proceso transformador es preciso abrir las puertas para que se debatan los temas claves de la economía y la sociedad, desde los recursos mineros y petroleros hasta los impuestos y el pacto federal.

La creencia de que no se puede administrar el debate de los temas de fondo sin debilitar un proceso político popular es ciertamente un error profundo. Se puede, con responsabilidad, con mayor acceso a la información, y no sólo la de la gestión pública sino con datos de cuáles son los niveles de rentabilidad de las clases propietarias, para que todos puedan saber quiénes son los que “se la llevan en pala” y para ver dónde están parados esos que conservan privilegios. Y aquí viene el tercer elemento: desde el Estado, desde el gobierno, se pueden hacer cosas maravillosas para que los sectores postergados históricamente estén mejor y sean protagonistas de una nueva Argentina. En buena hora que las derechas acusen a los gobernantes latinoamericanos de populistas. El gran desafío de estos años es si los sectores populares, tras el convite del kirchnerismo, están poniendo sus propias marcas en este proceso o se limitan a acompañar lo que se hace.

Es, a juicio de quien escribe, un tema lleno de incógnitas. Si las tradiciones sindicales se están desvaneciendo o se corre el riesgo de haber perdido los puentes con algunos dirigentes que quizá todavía tienen fuerza en las bases. Si la nueva participación juvenil alberga una dirigencia sin la contaminación propia de ser parte del nuevo funcionariado político. Si habrá algunos sectores anti-K que se den cuenta realmente que están siendo funcionales a la peor derecha y a los sectores más privilegiados del capitalismo. En fin, si al cabo de una década, y en medio de las turbulencias propias del día a día, estaremos viviendo en un mundo que albergue esperanzas ciertas de cambio.

Al respecto, Frei Betto publicó hace poco un artículo con algunas referencias imprescindibles: “Según la ONU, para facilitar la educación básica a todos los niños del mundo sería preciso invertir 6000 millones de dólares. Y sólo en los EE UU gastan cada año en cosméticos 8000 millones. El agua y el alcantarillado básico de toda la población mundial quedarían garantizados con una inversión de 9000 millones de dólares. El consumo de helados por año en Europa representa el desembolso de 11 mil millones de dólares. Habría salud elemental y buena nutrición de los niños de los países en desarrollo si se invirtieran 13 mil millones de dólares. Pero en EE UU y Europa se gastan cada año en alimentos para perros y gatos 17 mil millones; 50 mil millones en tabaco en Europa; 105 mil millones en bebidas alcohólicas en Europa; 400 mil millones en estupefacientes en todo el mundo; y más de un millón de millones en armas y equipamientos bélicos en el mundo. El mundo y la crisis que le afecta sí tienen solución. Siempre que los países fueran gobernados por políticos centrados en otros paradigmas que huyan del casino global de la acumulación privada y de la incontenible espiral del lucro. Paradigmas altruistas, centrados en la distribución de la riqueza, en la preservación ambiental y en el compartimiento de los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo humano.

Fuente: Tiempo Argentino, 02.02.13

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Agenda parlamentaria y profundización del modelo

Por Agustín Rossi *

Durante el período preelectoral, muchos me preguntaban qué podía llegar a significar la denominada “profundización del modelo”. En esas entrevistas, trataba de explicar que no había que esperar grandes sorpresas y que, en todo caso, se trataría de avanzar nuevos pasos sobre caminos ya trazados, buscando concretar los objetivos aún no conseguidos plenamente. La agenda de temas incluidos en el llamado a sesiones extraordinarias realizado por la Presidenta va en este sentido.

El proyecto de ley de Presupuesto Nacional para 2012 al que dimos media sanción la semana pasada en Diputados ratifica el rumbo trazado desde el 25 de mayo de 2003: superávit gemelos, tipo de cambio competitivo, desendeudamiento externo y activo rol del Banco Central a través de la utilización de las reservas acumuladas. El Presupuesto 2012 incrementa partidas para obras de infraestructura claves, genera fuentes de financiamiento para avanzar en proyectos de envergadura (como el Gasoducto del NEA, histórico reclamo de las provincias del norte argentino), aumenta fondos para educación, ciencia y tecnología. Esto refleja una actitud que el Gobierno ya sostuvo en 2009, con los primeros coletazos de la crisis financiera internacional: el Estado, de ser necesario, tiene todas las herramientas suficientes para ubicarse en el centro del dispositivo económico con la finalidad de sostener, aun con las turbulencias externas, el proceso de crecimiento e inclusión social más continuado de la historia argentina. Por eso la prórroga de la Ley de Emergencia, otra de las leyes tratadas. Contar con un Estado fuerte es condición necesaria (aunque no suficiente) para atravesar con éxito la crisis internacional.

Por otra parte, el nuevo régimen de los trabajadores rurales significa un avance en materia de derechos sociales y laborales. La legislación que impulsamos retoma el rumbo impulsado por Perón en 1944, camino interrumpido a sangre y fuego por las dictaduras, en especial la última que, en 1980, desarmó la arquitectura de derechos en beneficio de los trabajadores rurales creada por el primer peronismo. Que las patronales rurales se hayan manifestado en contra de la ley que obtuvo media sanción en Diputados es una señal de que vamos por el camino correcto. Con la nueva ley, se establece que los trabajadores agrarios quedan comprendidos dentro del Régimen de Convenciones Colectivas; una jornada de 8 horas y 44 horas semanales; la limitación de la jornada nocturna; la baja en la edad jubilatoria de 65 a 57 años; el descanso semanal con sábado inglés; licencia por paternidad de 15 días; y los trabajadores denominados no permanentes, que constituyen más de dos tercios del total de los trabajadores del sector, adquieren los mismos derechos de los que gozan los trabajadores temporarios incluidos en la Ley de Contrato de Trabajo.

Lo mismo puede decirse del proyecto que declara de interés público la producción, comercialización y distribución de pasta de celulosa para papel de diarios. Lejos de significar potenciales límites a la libertad de expresión, el proyecto apunta al centro de una cuestión que tiene más de 35 años de historia. La provisión equitativa de un insumo básico para la prensa gráfica, la regulación del precio del papel, la participación de los medios del interior en la planificación de la distribución del insumo y el monitoreo de una comisión bicameral de seguimiento de la aplicación de la nueva ley constituirán avances sustanciales respecto del actual statu quo, donde apenas dos diarios terminan imponiendo las reglas de juego al conjunto de las empresas periodísticas. La ley con media sanción de Diputados implica una profundización en la línea marcada por la ley de medios: queremos más voces y más diarios con capacidad de comunicar sus ideas sin las restricciones impuestas por actitudes monopólicas de las empresas que ostentan posición dominante en el mercado.

La decisión de modificar el régimen penal tributario y de consagrar nuevos delitos contra el orden económico-financiero, se inscribe en el marco de políticas fiscales y penales de estricto cumplimiento a las obligaciones impositivas, que facilitan la persecución y el castigo a los grandes evasores e impiden que éstos sigan especulando con pagar toda la deuda o solicitar la probation (suspensión del juicio a prueba) para terminar con la causa penal. En el profundo convencimiento de que la evasión es un acto de egoísmo por parte de quienes más tienen en detrimento de aquellos desprotegidos que más necesitan de las políticas inclusivas del Estado, ya en 2003 ante la Asamblea Legislativa el ex presidente Néstor Kirchner había prometido “traje a rayas para los evasores”. Hoy, estas medidas, además de saldar aquella deuda, persiguen beneficios para toda la sociedad y son un ejemplo de solidaridad social.

Finalmente, el proyecto de limitación de la extranjerización de tierras recupera la significación estratégica de la tierra como recurso natural escaso y no renovable para la soberanía económica e independencia de un pueblo. La ley intenta regular –no prohibir– los derechos de los extranjeros sobre las tierras rurales, en ejercicio de las competencias constitucionales propias del Congreso. Además de limitar el dominio y posesión de tierras rurales en manos de extranjeros (en un 15 por ciento en el país, por municipio y por provincia; en un 30 por ciento por nacionalidad extranjera; y en 1000 hectáreas en la zona núcleo o cantidad equivalente por propietario extranjero), el proyecto crea el Registro Nacional de Tierras Rurales, con el objeto de obtener información real sobre la titularidad dominial y la situación de ocupación de las tierras rurales en todo el país.

El paquete de leyes que tratamos los diputados y que debatirán los senadores en los próximos días representa un real avance hacia el país que queremos construir. La profundización del modelo implica seguir avanzando en políticas públicas que continúen el rumbo trazado por Kirchner en mayo de 2003 y profundizado por Cristina desde 2007. La nueva composición del Congreso será una herramienta al servicio de estos objetivos.

* Presidente del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria.

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Para que lo necesario se haga posible

 

Por Isaac Grober *

 

Desde el infierno al que nos condujo el neoliberalismo que hasta amenazó con la disolución nacional, a partir del año 2003 y con el cambio de paradigma la sociedad argentina se ha ido recuperando y fundamentalmente ha ido recuperando su dignidad y con ello su autoestima.

La recuperación, sin embargo, no se limitó al espacio de lo económico, a la producción, los ingresos y el empleo. Junto con ello, que fue determinante, se vino también recorriendo un camino que extendió derechos sociales y culturales que apuntan a fijar un piso de protección social en favor de ancianos, niños, desocupados, de ir borrando prejuicios discriminatorios y que van cimentando valores de una vida más humana, más merecedora de ser vivida. Es a este todo al que nos referimos cuando hablamos de modelo, proyecto en desarrollo, vivo, que también se deberá revisar y pulir y superar sus falencias. 

Son ejemplos el fin de la impunidad para los genocidas, la no criminalización de la protesta social, las políticas de repatriación de científicos y las de promoción de la educación, la ciencia y la técnica, la entrega de computadoras a alumnos y docentes, la puesta en vigencia de la asignación universal por hijo y a mujeres embarazadas sin suficientes recursos, la ley de matrimonio igualitario, la ley de servicios audiovisuales destinada a garantizar infinidad de bocas de expresión libre y diversificada en toda la geografía del país, política exterior autónoma y de hermandad regional, etc.

Para hombres y mujeres tradicional e inconscientemente aferrados a una cultura individualista, sin horizontes trascendentes, en la que lo que prima en general, en el marco de la chatura, es la angustiante vivencia de que la “salvación“ es individual y dependiente de la “viveza” y suerte de cada uno frente al mundo, gracias a estos cambios también ha comenzado a desplegarse sentimientos solidarios, luces de esperanza de ser contenidos y abrazados por la compañía de un colectivo. De allí también el renacer del interés por la política como herramienta de transformación, en especial entre los jóvenes. 

Este es el clima que enmarcó el aluvión de votos que encumbró para un nuevo período a Cristina Fernández de Kirchner y al Frente para la Victoria y sus aliados en las recientes elecciones de octubre. Por eso también es comprensible el clima de euforia que embarga a vastos sectores sociales luego de la ratificación ciudadana. No es la felicidad como la de después de ganar un partido de futbol. 

Pero ahora se abre una nueva etapa, la de consolidar lo logrado y profundizar el modelo. Consolidar y profundizar, términos distintos que definen acciones diferentes, pero de interacción dialéctica. El problema es cómo consolidar y en qué profundizar. 

Está claro que las reformas hasta hoy emprendidas, sin hacer de ello una revolución, han implicado el roce de intereses y por tanto de cuotas de poder de los grupos corporativos, de los sectores más concentrados. Y cuando los tocan reaccionan, atacan. Por citar el caso más emblemático, basta recordar la feroz campaña destituyente que desplegaron con el pretexto de la resolución 125, campaña tras la cual en su momento también se encolumnaron sectores integrantes del campo popular, incluido parte de las capas medias y hasta algunos políticos que traicionando su trayectoria y confundidos respecto de quién es el enemigo, se plegaron al discurso y a los actos convocados por la Mesa de Enlace o en el Congreso votaron en contra. La historia argentina y mundial está plagada de ejemplos similares, muchos lamentablemente con éxito. 

Si este peligroso conflicto político se desató a pocos meses de un triunfo electoral con el respaldo del 46 % del sufragio, con un presidente como Nestor Kirchner que al concluir su mandato recogía el 70 % de valoración positiva y además, en el momento de mayores y más extendidos ingresos, adviértase la vital importancia de consolidar lo conquistado, de consolidar el modelo en que estas conquistas están contenidas. En concreto, de la construcción del sustento que lo haga políticamente inamovible, máxime cuando toda profundización ineludiblemente obligará a accionar contra el poder económico, político y mediático de los grupos corporativos. 

En los procesos políticos jamás puede garantizarse el no retorno. Nunca digas que no se volverá atrás. Es un riesgo y hay que construir murallas que lo impidan. 

Si una de las metas, por citar un caso, es la diversificación y crecimiento de la industria, este objetivo será una fantasía, sólo un discurso de buenas intenciones, sin el crecimiento del mercado interno y éste terminará siendo un sueño de ingenuos si no existe redistribución progresiva del ingreso. Esto obligará – si se quiere mantener y mucho más si se quiere profundizar el modelo – a capturar parte del ingreso y de los resortes del poder económico de los grupos concentrados. 

La reforma impositiva y la de entidades financieras, una política de precios o de control de la inflación, la de comercialización interna y externa, una política ecológica que preserve el medio ambiente, hasta la difusión del arte y en general de la cultura, por citar ejemplos, donde uno ponga el dedo chocará contra los intereses y el poder mediático y operativo de las corporaciones. 

Y entonces retomamos la preocupación inicial, cómo consolidar y en qué profundizar. 

Para esto hay sólo una receta que es también una profundización, madre de todas las demás profundizaciones en cualquiera de las otras áreas: la participación popular, la acción consciente, organizada y coordinada del campo popular, la profundización de la democracia. 

Vivimos en una cultura para la que el poder, naturalmente, se ejerce por delegación y para la que, como mucho, la democracia es sinónimo de recurrir burocráticamente cada tantos años a una consulta electoral. Y más allá de que el gobierno no es el poder, los resultados electorales reflejan generalmente estados de ánimo, a los que muchas veces no es tan difícil de doblegar sin hay circunstancias que modifican la dirección del viento. 

Cuando hablamos de la profundización de la democracia pensamos en el protagonismo de organizaciones sociales, sindicales, juveniles, estudiantiles y también de pequeños y medianos productores y empresarios, cooperativistas, de profesionales y otros sectores de capas medias, en una acción impulsora y gestora de los cambios, de su instrumentación y del control de su funcionamiento. Que por eso mismo vivan los cambios como que les pertenecen, que le son propios porque ellos mismos los han generado y desarrollado, todo lo cual hace a la construcción de una nueva cultura en la que se viva con naturalidad que el modelo le es propio y no gracia de un gobierno bien inspirado. 

Esta es la muralla y el seguro motor de todos los cambios y la que obligará a que lo piense dos veces quien pretenda emprender acciones para retrotraernos al pasado. 

Pero está claro que esta tarea no depende del gobierno, cualquier él sea. Es tarea esencial de las organizaciones del campo popular, aunque también en esto el Estado puede ayudar. 

Hoy por ejemplo, está en debate un proyecto de distribución de utilidades de empresas destinando una porción de ellas a sus trabajadores. En muchos la idea se asocia sólo a la mejora de los ingresos del trabajador. Y no es criticable. No obstante hay un posible adicional mucho más valioso y es el involucramiento de los trabajadores de la empresa en su funcionamiento, controlando sus costos, los precios, el abastecimiento, el destino de los excedentes. Es una escuela de gestión. 

El ejemplo vale también para un control de costos y precios de las grandes empresas, las formadoras de precio, en una real y exitosa política antiinflacionaria. Francia ha sido un ejemplo de ello, desde hace muchos años. 

O en la comercialización de la producción agropecuaria y de sus insumos, creando organizaciones en la que participen pequeños y medianos productores y cooperativas. 

Finalmente, entre los ejemplos, la organización y puesta en marcha del llamado presupuesto participativo, en el que los vecinos y ciudadanos de una región definen con su participación las inversiones y gastos del sector público, como se hizo en Porto Alegre, Brazil y la posibilidad que abre la organización en comunas de la Ciudad de Buenos Aires, si es que la gestión Macrista no bloquea su desarrollo. 

Ahora, después de las elecciones, es el momento de la euforia, pero manos a la obra, el camino que tenemos por delante no está asfaltado ni es un lecho de rosas, aún con el 54%.

* Isaac Grober, Contador Público y Magister en Economía

Miembro del Consejo Editorial de la Asociación Civil-Cultural y Biblioteca Popular Tesis 11

Fuente: Correo de amigos 

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 Esta es la boleta auténtica

Verifiquen los detalles para evitar errores.

Comprueben que en la parte superior diga

“ELECCIONES GENERALES” 23 DE OCTUBRE DE 2011

Que diga “CANDIDATA” o “CANDIDATO”

y NO “precandidata” o “precandidato”.

El fondo debe ser azul y el texto con letras  blancas,

salvo las palabras “FRENTE PARA LA VICTORIA”,

que van en azul, con el sol en la “O”.

La lista es la 131.

!!!VAMOS CON CRISTINA A LA VICTORIA!!!

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Elecciones y plataformas económicas

Por Guillermo Wierzba *

Hay un clásico debate acerca de la democracia y la representatividad. Una discusión que lleva implícitas ideas contradictorias respecto de esos conceptos. La definición de “gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo” tributa a la tradición que entiende a la primera en su versión sustantiva, constituyendo la elección de representantes una forma que permite, en sociedades multitudinarias, resolver el ejercicio del poder. Sin embargo las elecciones tienen en sí mismas una tensión antagónica: por una parte permiten una expresión popular, a la vez que son un acto de alienación del poder radicado en el pueblo, por el que éste lo delega en sus representantes. Esto ha permitido, en la otra vertiente, la mutación de la idea de la democracia en una pura propuesta formal, un régimen de representatividad donde las elecciones serían en sí mismas el acto democrático. La democracia quedaría como sinónimo de delegación.

La tensión entre una democracia rica en contenido y otra exclusivamente de formas se expresa en distintos climas y estilos electorales. El neoliberalismo generalizó una dinámica electoral en la que las campañas fueron signadas por ofertas de productos (candidatos) a consumidores (votantes), para que éstos elijan cuál de ellos sería el más apropiado para gestionar el Estado. Quedaba implícita una única y naturalizada política, impuesta por los poderes fácticos.

Con la recuperación de la política como instrumento transformador de la realidad, el desalojo de la lógica del pensamiento único y la reintroducción del ideario del autogobierno, el dispositivo de la democracia sustantiva ha reintroducido en América latina, y en particular en Argentina, la discusión de distintos programas y proyectos de país. Hoy no se trata sólo de optar por una figura, sino de elegir el propio destino de la nación y del pueblo al que se pertenece.

Así readquieren valor –en el actual proceso electoral– las plataformas electorales de los partidos, en ellas está la propuesta de país que se piensa construir. Plataformas sometidas al ostracismo durante el neoliberalismo, devaluadas a una formalidad llena de palabras huecas, hoy recobran su rol de expresar programas bien distintos (muchas veces antagónicos) de país.

El análisis de las propuestas económicas de un grupo de ellas resulta elocuente. El Frente Amplio Progresista, que postula a Binner, propone como primer instrumento de su modelo macroeconómico “el establecimiento de un esquema de metas de inflación como ancla antiinflacionaria”, más adelante le adiciona “una regla fiscal que garantice la sustentabilidad de la deuda”. En su discurso se refiere al “financiamiento inflacionario del gasto creciente”. El enfoque sustenta que la cuestión de la inflación es la de primer orden en la economía, promete aplicar lo que el FMI recomienda, que es el aludido esquema de metas, y caracteriza de inflacionario al gasto. El referente económico de la fuerza (Angel Sciara) sostiene que las causas de la inflación son un mix entre expectativas y exacerbación de la demanda, mientras que el candidato a presidente expresa que la tarea es dinamizar la inversión privada, merituando su rol frente al de inversión pública. Estas caracterizaciones y propuestas son contradictorias y regresivas frente a la política en curso. El esquema de metas de inflación, el diagnóstico de exacerbación de la demanda y la caracterización de gasto inflacionario concurren a un camino de enfriamiento de la economía. Entonces, en ese escenario, frente al cual la inversión privada que se pregona no se vería atraída por el ritmo del crecimiento, ¿se trataría de mejorar el “clima de negocios”? El proyecto de ley de entidades financieras del diputado Milman, dirigente de una de las fuerzas del Frente, conlleva al continuismo de la Ley 21.526 en sus aspectos fundamentales: permite hacer todo lo que no está prohibido a los bancos y no prevé regulaciones efectivas sobre las tasas de interés. Esta plataforma está situada en el paradigma de los socialismos europeos que renunciaron a sus propuestas reformistas y gestionan programas de “consistencia fiscal” ortodoxos e ineficientes. No existe mención a la instrumentación de política de ingresos –precios y salarios– ni a regulaciones de la tasa de ganancia ni al papel de las empresas concentradas en la formación de precios, claves tradicionales de las propuestas reformistas.

La “Propuesta para una Economía Sostenible” de la Coalición Cívica, que postula a Elisa Carrió, también ubica la inflación como “la primera gran incertidumbre que enfrenta nuestra economía”. Sostiene que “sin moneda no hay desarrollo”, ingenuidad que invierte el orden causal, pues sin desarrollo una nación no puede tener una moneda fuerte que cumpla el rol de reserva de valor. Propone como fin de la política monetaria la inflación baja y defiende la independencia del BCRA como su condición. También adhiere al esquema de “metas de inflación”. Esta propuesta es, en forma acabada, la que atiende a las demandas de los capitales financieros globales. Se opone al pago de deuda con reservas, insinúa su preferencia por una suba de las tasas de interés, se pronuncia por una reducción del gasto público y por la construcción de un fondo de ahorro durante los años buenos. Su diagnóstico respecto del tipo de cambio presupone una intención devaluacionista. Es la plataforma del ajuste, la devaluación y la inserción en la financiarización.

La plataforma de la UCR está construida sobre un discurso en el que no existen precisiones sobre rumbos e instrumentos de política económica. Más bien es una declaración de intenciones. Insinúa su oposición al uso de reservas, enuncia una política gradual de eliminación de las retenciones y ubica en el centro de los objetivos macro las políticas antiinflacionarias. De todos modos, la orientación del candidato a vicepresidente, en una fuerza como el radicalismo, constituye una señal inequívoca de la dirección económica que proponen: “amistad” con los mercados. El estilo del escrito no se ha hecho eco del retorno de los debates de fondo a la política nacional y realiza, en el mismo estilo del PRO y Durán Barba, una formulación imprecisa en medidas que devendrían en un futuro encantador.

Las “Propuestas para un nuevo rumbo”, de Duhalde, luego de indicar como necesarias las reformas estructurales de orden neoliberal llevadas a cabo en el continente –es la única que lo hace explícitamente–, adjudica el crecimiento económico al argumento del “viento de cola” y critica los controles de precios y las limitaciones a las importaciones. Condena el uso de las reservas internacionales y de los fondos previsionales. También propone un esquema de metas de inflación. El resto del programa radica en un conjunto de políticas de corte ofertista. Sostiene la posibilidad de mejorar la distribución del ingreso sin puja distributiva mientras se “erradicaría” la inflación, al tiempo que se crecería a altas tasas. Hace elogios apologéticos de la globalización y centra su preocupación en la “confiabilidad externa”. Es tributaria del pensamiento neoclásico y refuta conceptos clave del estructuralismo latinoamericano.

La lectura de los proyectos analizados conduce a ubicarlos, en términos de las claves de sus propuestas de política macroeconómica, en la polaridad opuesta al rumbo seguido por el Gobierno, reafirmado por la plataforma del Frente para la Victoria. Mientras ésta prioriza la reinstauración de una sociedad de pleno empleo, aquéllos coinciden en la urgencia de políticas de estabilización y de restricción fiscal. La profundización de la crisis europea debe prender un alerta respecto de las consecuencias de la adopción del cambio de rumbo que propone la oposición.

* Economista y profesor de la UBA.

Fuente: Página 12, 11.08.11

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