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J Taiana

“La Ciudad merece una mejor administración”

El ex canciller planteó que “hay que reconciliar” a los porteños “con el proyecto nacional que está transformando el país”. Abogó “por una ciudad más inclusiva”.

Por Santiago Rodríguez

La rutina diaria de Jorge Taiana cambió abruptamente en cuestión de horas. De participar como “un militante más” en la campaña kirchnerista, el ex canciller pasó a ser el primer candidato a legislador local y se convirtió así en uno de sus protagonistas. “El Frente para la Victoria expresa los mejores y más legítimos intereses de la mayoría de los porteños”, declaró a Página/12 ayer, en un alto de la sesión de fotos que le hicieron para ilustrar los afiches que estos días empezarán a verse en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Además, criticó la gestión macrista y advirtió sobre la disparidad de visiones de los integrantes de Unen. Mañana hará su primera aparición como candidato junto a la presidenta Cristina Fernández en una visita a la Villa 31.

–¿El adversario a vencer en la Ciudad es el PRO o Unen?

–Nosotros tenemos que ganarles a todos porque creemos que el Frente para la Victoria tiene una visión de cambio a nivel nacional, pero también una propuesta para la Ciudad superior a la de Macri y la de Unen, que tampoco sabemos bien qué proponen porque tienen todos visiones muy distintas.

–¿Por qué el peronismo y el Frente para la Victoria nunca terminan de hacer pie en la Ciudad?

–Históricamente la Ciudad nunca se ha inclinado por el peronismo y tiene, además, una tradición de tener una posición diferenciada del país. Sin embargo, creo que la mayoría de los porteños tiene una vocación solidaria y una perspectiva progresista, por eso hay un trabajo importante que hacer para reconciliar a esa mayoría de porteños con el proyecto nacional y popular que está transformando el país.

–¿Cómo se reconcilia a esa mayoría?

–Dialogando, conversando y aunando voluntades. A nivel nacional tenemos realizaciones para mostrar y la Ciudad merece una mejor administración y una mejor calidad de vida. Buenos Aires tiene un producto bruto y un ingreso per cápita propio de una ciudad desarrollada y, sin embargo, no tiene ni servicios ni una calidad de vida similares a los de una ciudad desarrollada; faltan obras, hay atraso en infraestructura y la Ciudad no es amistosa para sus habitantes.

–¿Qué lectura hace del resultado de las primarias en la Ciudad?

–Las primarias son un anticipo. Hay muchos porteños con disposición de votar al Frente para la Victoria a los que debemos persuadir.

–¿Qué debería hacer el Frente para la Victoria para consolidar el voto del 11 de agosto y mejorar su desempeño?

–Hay que redoblar la voluntad militante de todos los que apoyamos al Frente para la Victoria y llegar a todos los rincones, hablar con todos. En el cierre de listas se vio un ambiente de entusiasmo y ese entusiasmo hay que volcarlo a la calle y acompañarlo con una actitud de diálogo. Tenemos que escuchar lo que dicen los porteños sobre sus problemas y las dificultades de su vida cotidiana.

–¿Qué ejes se plantea para la campaña?

–Hemos estado conversando con Juan Cabandié y con Daniel Filmus. Ellos han venido trabajando y se trata de hacer una campaña que se acerque más a la gente, no de aparatos ni sólo dirigida a la propia fuerza.

–¿Tenía expectativas de ser candidato a legislador porteño?

–En realidad no, pero surgió la posibilidad y me pareció que era mi contribución militante. Es un momento político importante para el Frente para la Victoria. Es un desafío interesante sumar votos para tener más voces del Frente para la Victoria en la Legislatura y para aportar a las listas de diputados y de senadores.

–En el cierre de las listas nacionales se habló de cierto disgusto del Movimiento Evita. ¿Qué fue lo que realmente pasó?

–Todos los cierres de listas tienen sus cosas. No creo que haya que volver sobre eso. Ahora estamos trabajando en esto y lo que tenemos por delante es un desafío distinto.

–¿Por qué sería necesaria una mayoría kirchnerista en la Legislatura?

–Porque el Frente para la Victoria expresa los mejores y más legítimos intereses de la mayoría de los porteños. Cuanto mejor representados estemos, mejor podremos incidir para tener una ciudad que no se conciba, como ahora con la gestión de Macri, aislada del ámbito metropolitano; una ciudad que sea más inclusiva y no expulsora y excluyente como ahora.

–¿Por qué alguien que quisiera apoyar el proyecto nacional debería votar la lista que usted encabeza en lugar de la de Alternativa Popular, que también lleva a los candidatos del kirchnerismo para el Congreso nacional?

–La lista que encabezo tiene un fuerte anclaje en ese proceso, expresa el núcleo peronista del mismo, que ha venido trabajando desde el principio de este proceso o incluso de antes.

–¿Le resta chances a la lista de legisladores del Frente para la Victoria que haya una colectora encabezada por Pablo Ferreyra?

–No. Lo que estamos tratando de demostrar es que la vocación frentista del peronismo se mantiene intacta. Estamos mostrando una sensibilidad para recoger distintas experiencias y tratar de expresarlas.

–¿Pensó alguna vez en la posibilidad de candidatearse a jefe de Gobierno?

–Siempre he tenido compromiso con los asuntos de la Ciudad; nací y he vivido años en la Ciudad y conozco bastante de sus problemas. En el 2015 va a haber un debate sobre la Jefatura de Gobierno y el objetivo político es que el Frente para la Victoria esté en condiciones de hacer una propuesta que pueda ser ganadora.

Fuente: Página 12, 08.09.13

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Notas motivadas por Una economía sin jefe,

de Joaquín Morales Solá (La Nación, 10.11.10)

 

Por Roberto Páez González 

Por cierto es notorio que la oposición acude a los temas de la inseguridad o de la inflación para hacer mella en el gobierno. Del mismo modo, nos tiene acostumbrados Joaquín Morales Solá a aguzar cualquier bolazo para deslustrar la acción gubernamental, enhebrando a los ministros Florencio Randazo y Amado Boudou, en su nota de hoy que –socarronamente- titula una economía sin jefe.

Los ministros echaron mano de sendas litotes para no admitir que la inflación es un problema, pero lo hicieron para destacar que no es la cuestión mayor de la economía en la actualidad, como insisten en presentarlo los periodistas titulares de la prédica opositora. 

El panorama que pinta JMS consiste en decir que el gobierno miente y que la economía está en aprietos. Desde luego, el columnista saca a relucir los manuales y asesta: “Derecha e izquierda le contestaron con los manuales más simples de economía: la inflación golpea a todos los sectores sociales, pero siempre hace los peores estragos entre los más pobres”. 

Aunque a manuales se refiere, no dice quienes son los autores. Para el caso citemos a uno, Milton Friedman, ejemplo adecuado ya que es bien conocido por haber puntualizado eso de que la inflación es un impuesto a los pobres, pero que sobre todo se caracterizó por ser de los más conspicuos fundamentadores de las políticas monetaristas y las bases del neoliberalismo, ahora en bancarrota intelectual frente a la actual crisis global. 

¡Pero qué le importa a JMS la verdad! Pues, ¡nada de nada! Los dichos de los ministros son para él “jaleo verbal” y saca a relucir palabras que la prensa atribuyó a la Presidenta cuando la renuncia de Jorge Taiana, por lo que –extrapolando- acusa a Boudou de “acatar todo, y más también”: lo peor del kirchnerismo, entonces, según el periodista de La Nación.   

Y fundamentando su título, se regodea afirmando: “El problema de fondo de la economía oficial es que se quedó, hace hoy 15 días, sin su jefe”. Juega con eso aquí y al final. 

No es que la muerte de Néstor Kirchner no tenga importancia. Que la tiene y mucha. Pero JMS como otros agoreros pretenden hacer de cuenta que hay vacíos que antes Néstor cubría y, deslizándose sucesivamente intenta instalar la idea de un vacío de poder. Pero no hay vacío de poder. Y es falso que Kirchner manejara la economía hablando con Guillermo Moreno, Juan Carlos Pezoa, Julio de Vido “y el propio Boudou”. 

Hay un equipo de gobierno que ya dio sus pruebas, por más que en un país como el nuestro haya todavía tanto por hacer. No obstante, la ignominia rezuma por doquier en las líneas de JMS: dice que “la Presidenta, a su vez, tiene más formación en leyes que en economía, al revés exactamente del sedimento intelectual de su marido”. Y expresa cierta sandez que indudablemente está profundamente arraigada en la superficial reflexión que comentamos.  

No sabemos qué títulos tiene JMS en economía como para aseverar temerariamente las advertencias catastrofistas con las que nos alerta a todos de lo mal que podría llegar a irnos porque Cristina Fernández “tiene más formación en leyes que en economía”.  

Después se refiere a Alejandro Arlía, ministro de economía de la Provincia de Buenos Aires, con quien JMS parece estar más de acuerdo porque, Arlía, ayer, aceptó una “puja distributiva” (las comillas las puso JMS).  

Ahora bien, lo de la puja distributiva es en sí un descubrimiento como el de la pólvora. Ninguno de los ministros que él citó antes ignora el concepto, ni la realidad. Pero en el espíritu reductor de JMS la puja distribitiva es, dice, “en última instancia, otro nombre de la inflación”. 

Para JMS dijeron dos cosas diferentes. Pero lo que está más claro es que JMS quiere darle el valor de una divergencia, fundamental; cuando menos, significativa.  

Por cierto, luego reconoce que tanto Randazzo como Arlía “señalaron que existe un consumo alto en el país y … culparon … a los empresarios por no invertir”. ¿Cuál es la cuestión? En una economía que estuvo en recesión desde 1997 hasta el estallido de 2001, que empezó a salir del infierno durante el gobierno de Néstor Kirchner y que habiéndose desendeudado considerablemente, pagando incluso con reservas, creció a un promedio de alrededor del 8,5 % durante unos siete años, llegando a bajar la tasa del paro al 7,6 % no cabe ver solamente la situación general por el indicador de la inflación. 

Como Argentina experimentó en carne propia períodos de baja inflación, de inflación alta y de hiperinflación, gritar a voz en cuello que la inflación nos amenaza es una prédica alarmista que aspira a zapar la confianza en un país que la necesita y que por una vez, la tiene. 

Por eso, cuando vemos que un párrafo después dice “desde que el mundo es mundo, la inflación se disparó siempre cuando la oferta fue menor que la demanda”, corroboramos que no era que no lo supiera, sino que deseaba presentar las cosas para pintar mundos apocalípticos que según meteretes como él pueden sacarnos el suelo debajo de los pies. 

¿Qué sabrá él de las leyes de la economía que menta? Argumenta el porqué de “la escasez en la inversión”: afirma que en la versión oficial “los empresarios espolean la inflación” como “otra prueba de la avaricia de los empresarios” a quienes –sin embargo- también “perjudica la anomalía inflacionaria”. Sin embargo, si puede existir avaricia o voracidad de los empresarios que se inclinan por lo más fácil, que es aumentar los precios en vez de aumentar la oferta, también cabe comprender que los tiempos que requiere la oferta para adaptarse son más largos que la urgencia de respuestas que se plantean a consecuencia del crecimiento experimentado y las perspectivas inmediatas de negocio.  

El verdadero problema consiste en saber cómo ayudar a proveer los bienes en cantidades y calidades adecuadas; y acaso esté claro que si los empresarios, tal como se encuentran en la actualidad en el contexto económico, no dan a basto en este plano, será necesario que se implementen soluciones complementarias (incentivos, empresas del Estado, cooperativas, importaciones de ramos específicos).  

Pero para JMS “La carencia de inversión tiene como fundamento la razón más expuesta en el interior y el exterior del país, y también en la oposición política de diverso pelaje: el kirchnerismo ha hecho muchas cosas en la economía, menos establecer las garantías necesarias que requiere la inversión”. Todo un palabrerío ignorante del pelaje opositor al que JMS pertenece. Frases de transición, nada más, para declamar la ingente necesidad de Argentina de inversiones extranjeras, las que descendieron en nuestro país al sexto lugar en Latinoamérica, siendo la nuestra la tercera economía latinoamericana después de Brasil y México, ¡vaya!.  

Así, pues, pasó de la inversiones de los empresarios locales a las inversiones extranjeras, por razones de credo ideológico y de denostación sistemática. 

El inefable JMS nos comenta que según “economistas privados” en algunas semanas la inflación en el rubro alimentos fue, recientemente del 40 %, pero también que el Indec aceptó que ese rubro fue el más afectado. Por lo que no tiene de qué quejarse del Indec, aunque vuelve a la carga contra Boudou.  

Desde luego, también los aumentos salariales dan la pauta, según él, de que la inflación es más elevada … Como sólo concibe el derecho de los trabajadores de correr atrás de la inflación, se niega a aceptar el principio de la recomposición salarial. Por cierto, asegura que “algunos superaron ampliamente el 30 por ciento anual” e interroga retóricamente: “¿Alguien consentiría esa magnitud de incrementos salariales si la inflación no existiera?”. Peor aún, testifica adueñandose de la historia anterior a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández: “Una consecuencia de esos aumentos es que, sin duda, se trasladan a los precios”. 

Para que quede claro, ironiza: “Si el Gobierno no ha confundido a los empresarios con abnegadas damas de beneficencia, debería aceptar que ésa es otra ley inmodificable de la economía”. 

Pero claro, al final, como ha de haberle quedado un entripado, echa una mirada retrospectiva al manejo del Banco Central: “esas tasas de inflación no existieron con las gestiones de Alfonso Prat-Gay y de buena parte de la de Martín Redrado”. Y lo atribuye a que tuvieron un control mucho más independiente de la emisión monetaria; ellos “fijaron pautas inflacionarias … la emisión monetaria es un componente esencial de la inflación, según los manuales de economía que Boudou olvidó o no leyó”. 

A eso le llamaba “el último problema, pero no el menos importante”. Sin embargo, insiste luego en seguir transmitiendo ansiedades: “La pregunta que no tiene respuesta es quién se hará cargo de la economía cuando el ministro del rubro es capaz de hacer gala de tanta inopia intelectual” (acá el jefe es Boudou, pero todo vale; en cambio, inopia es la suya, confundiendo emisión monetaria con oferta monetaria, diciendo que “la emisión monetaria es un componente esencial de la inflación” como si se dijera que el oxígeno es un componente esencial de los océanos o un burro, de la estupidez).  

En realidad, la moneda requiere una definición. Como es algo que sirve, conviene preguntarse para qué sirve. La moneda argentina debe servirle al país, a sus habitantes y ciudadanos. Debe pues, servir a la justicia social, la democracia participativa y la integración sudamericana y latinoamericana. No queremos todo eso para estar tristes sino para estar felices, asique debe servir para la felicidad.  

Por eso, deber servir para el pleno empleo, el crecimiento económico y la redistribución de los ingresos. Esa moneda no es una meta en sí, independiente de la política económica del país, como si la soberanía fuera la soberanía financiera. Esa era la moneda del 1 a 1 y en otras medidas las monedas “nacionales” que tuvimos mucho tiempo, que merecen mejor ser llamadas monedas semicoloniales.  

El fenómeno inflacionario no es tampoco una cosa en sí, independiente del contexto de una economía. En el país o en el mundo existieron  fenómenos de inflación con estancamiento (la estanflación), alta inflación con bajo crecimiento, baja inflación con desocupación muy alta, y en otros órdenes, inflación con tipos de cambio múltiples o con la tablita que favorecieron terriblemente la migración de capitales especulativos, la importación masiva de suntuarios, el endeudamiento exterior y la fuga de capitales, etc.  

De modo que –lejos de los manuales de Morales Sola- tenemos que ver de qué inflación se trata, para nosotros, argentinos, aquí y ahora.  

Es posible que puestos a debatir la inflación, los argentinos, los cultores del neoliberalismo huyan despavoridos ante nuestra capacidad de encontrar los verdaderos problemas y las verdaderas soluciones.  

Desde luego, no nos vale barrer hacia abajo de la alfombra o esconder los ojos como el avestruz, pero tampoco mirarnos en los espejos deformantes del pasado y sus manuales.  

Por Roberto Páez González, 10.11.10 

 

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