Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘kirchnerismo’

De apuro

– –

Por Horacio Verbitsky

– –

Apenas minutos después del cierre de la votación, los principales voceros opositores (dirigentes políticos, encuestadores, periodistas y opinadores de profesión) sacaron sus conclusiones inapelables: se trató de una derrota del gobierno nacional, que hubiera sido peor sin la enfermedad de CFK; el oficialismo es necio y por eso negó la caída en las primarias, error que se agravó en las legislativas de ayer; más que los porcentajes nacionales importan los de la provincia de Buenos Aires, donde se amplió la brecha a favor de la oposición; quedó sepultada la eventual reforma de la Constitución Nacional; sin la posibilidad de reelección presidencial el ciclo iniciado en 2003 llega a su fin; se abrió la lucha por la sucesión y los principales aspirantes son Sergio Massa, Julio Cobos, Maurizio Macrì, José De la Sota y Hermes Binner. La única alternativa razonable que le queda al gobierno es encolumnarse detrás de Daniel Scioli y abandonar toda fantasía de continuidad con un candidato propio, ya que la abrumadora mayoría de la sociedad se pronunció en contra del kirchnerismo. Se ha producido un cambio de humor que es irreversible y ni siquiera se sabe si Cristina reasumirá la presidencia y en qué condiciones.

Esta asombrosa capacidad de procesamiento de datos dispersos de todo el país, para llegar a un análisis tan completo y una prospectiva tan precisa sobre el futuro, se explica porque en realidad se trata de la expresión de deseos de quienes la formularon, impermeables a los datos de la realidad. En primer lugar, que ayer sólo se eligieron diputados en todo el país y senadores en ocho distritos y los resultados no alteran la composición de ambas cámaras del Congreso. El oficialismo renovó bancas obtenidas en su peor elección anterior de Diputados, en 2009, y en la mejor de Senadores, de 2007.

Los duros datos indican que diez años después de la elección de Néstor Kirchner, el Frente para la Victoria ratificó su calidad de primera minoría, con el 32,5 por ciento de los votos y a una distancia apreciable de la segunda fuerza. En el balance, mejoró su representación. Los candidatos del oficialismo se imponían en doce de los veinticuatro distritos y perdían en otros tantos, pero ante una oposición fragmentada en diferentes alternativas de alcance provincial que hasta ahora no han logrado proyectarse más allá de sus respectivos bastiones ni alcanzar acuerdos entre ellas para componer una alianza con capacidad electoral y viabilidad gubernativa.

En 2007, en cuanto terminó el escrutinio presidencial en el que CFK duplicó los votos de la segunda fuerza, Elisa Carrió dijo que el nuevo gobierno nacía con una legitimidad segmentada, porque había perdido en los principales centros urbanos. Esto se repitió ayer, con un agravante para el oficialismo, que esta vez también fue batido en la provincia de Buenos Aires, incluso en los distritos del conurbano donde reside la base electoral a la que se dirige su proyecto político. Parte de un debate pendiente será determinar los respectivos componentes nacional y local de ese resultado, incluyendo las candidaturas y las estrategias de campaña.

Esta contradicción entre los guarismos nacionales y los obtenidos en los distritos más caudalosos abre una de las mayores incógnitas. La alianza entre socialistas y radicales parece consolidada al cabo de varias elecciones santafesinas. A ella podría sumarse sin repugnancia el radicalismo triunfante en Mendoza, y no es descabellado que en 2015 confíen a una primaria la decisión entre sus dos candidatos, Binner y Cobos, como hizo este año Unen para escoger a sus postulantes porteños. A esa hipótesis se afilió incluso la juguetona Carrió. Del mismo modo, no habría incompatibilidad ideológica entre las fórmulas bonaerense y cordobesa del Peornismo Opositor, que tampoco son excluyentes con el PRO macrista ni con la ahora minúscula fracción del filántropo colombiano Francisco De Narváez. Un editorial militante de su diario de negocios no necesitó esperar a que se votara para anticipar que los resultados serían una pesadilla para el Gobierno. Pero la afinidad conceptual no basta para allanar un camino conjunto en el que sólo De la Sota estaría dispuesto a competir en la primaria. Tanto Macrì como Massa han anunciado que no seguirán ese camino. Ambos tenían preparado su lanzamiento para 2015 con discursos presidenciales incluidos. En la hipótesis más optimista para todos ellos, la oposición seguiría dividida en al menos dos grandes agrupamientos, lo cual no alcanza para obtener la presidencia.

Como en agosto, el mayor festejo fue el del Frente Renovador, nacido en el corredor norte del conurbano bonaerense y que anoche se extendió por toda la provincia, con pocas excepciones. En ausencia de Cristina, el incremento de la ventaja de Ma-ssa respecto de las primarias impacta en forma directa sobre el gobernador Scioli, cuya expresión en la conferencia de prensa posterior al primer informe oficial y en el acto de la noche era indisimulable, igual que la del resto del oficialismo bonaerense. Ma-ssa, en la comprensible ebriedad de sus quince minutos de gloria, no vaciló en prometer la imposible conciliación de menos impuestos y más prestaciones sociales. También anunció la conformación de sus equipos de gobierno, para mostrar que no se quedará inmóvil en su banca de diputado y que, como anunció, se propone cruzar la frontera de la provincia.

Pero su primer desafío es conformar una fuerza competitiva a escala nacional, para no repetir el frustrante itinerario de sus grandes antecesores provinciales. El enorme peso aritmético de ese distrito, con casi cuatro de cada diez votos nacionales, nunca tuvo una traducción política automática. Ni el radical Alejandro Armendáriz, ni los justicialistas Eduardo Duhalde, Carlos Rückauf, Felipe Solá y Francisco De Narváez, ni la frepasista Graciela Fernández Meijide pudieron transmutar una victoria ocasional bonaerense en un proyecto sólido, nacional y ni siquiera provincial. Que ello ocurra o no dependerá tanto de Massa como del kirchnerismo. Si a mediados del siglo pasado bastaba con las pintadas que decían “Vote a Perón votando a sus candidatos”, cuyos rostros y voces no eran conocidos porque bastaba con el carisma presidencial, las técnicas actuales de comunicación y la no menos sofisticada capacidad social para decodificar los mensajes imponen otras condiciones. La combinación desatinada de propuestas de mano dura y frivolidad no es la oferta que espera la base social del kirchnerismo, en cuyo calendario de celebraciones no hay lugar para Halloween. De estos errores también se nutre el resistible ascenso del intendente de Tigre, en una noche de brujas autoinfligida.

Fuente: Página 12, 28.10.13

Read Full Post »

Galasso

BALANCE DE LAS ELECCIONES PRIMARIAS

Para efectuar un balance necesitamos establecer cuál es el objeto de análisis y desde donde se efectúa. Por ello es necesario partir de la condición semicolonial de la Argentina y su carácter de país que proviene de la disgregación de la Patria Grande Latinoamericana.

La condición semicolonial de un país, como en este caso, resulta de presentar símbolos de soberanía, pero no serlo realmente por motivos diversos: extranjerización del aparato productivo, deuda externa, colonización mental de gran parte de sus habitantes, saqueo de sus riquezas, entre otros. Esta sumisión genera la reacción  a través de movimientos nacionales que procuran quebrarla.

Estos movimientos nacionales, constituidos por las víctimas del vasallaje, enfrentan a una oligarquía nativa, muy poderosa, asociada a  intereses antinacionales. Por ese motivo, resulta crucial, en toda elección, conocer qué partidos o grupos expresan a los intereses de dominación externa y cuál y cómo se compone el movimiento nacional que lo enfrenta.

En nuestra historia, los caudillos federales del interior y el P.A.N. en cierto momento fueron en el siglo XIX la expresión de esa reacción nacional. En el siglo XX, el radicalismo irigoyenista expresó la reacción de los sectores desheredados del interior del país y de las clases medias del litoral, con una concepción nacionalista agropecuaria  que, siendo hija del modelo agroexportador montado por Gran Bretaña, no llegaba a constituir un auténtico antiimperialismo. Luego, el Peronismo nacido en 1945 vació al radicalismo ya en declinación y se presentó como un movimiento nacional sustentado por los trabajadores, los sectores más populares de la clase media y cierto apoyo débil e inestable de sectores empresariales nacionales, en alianza con sectores nacionales del Ejército.

A partir de allí, el peronismo, como movimiento policlasista, ha ofrecido diversas versiones, según los sectores del movimiento que han logrado hegemonizarlo: el peronismo de la resistencia, después del 55, sustentado mayoritariamente en los trabajadores; el peronismo de los setenta que reclama la vuelta de Perón, que resulta de una alianza inestable y muy contradictoria entre camadas juveniles de clase media popular, con ímpetus revolucionarios y los sindicatos que resistían o conciliaban, en algunos casos, para subsistir a la proscripción; el peronismo posterior al fallecimiento de Perón, cuando se  agudizadaron esas disidencias, el cual mostró un rostro liberal en economía con una derecha lopezrreguista que enfrentó a la juventud y a ciertos sectores de una dudosa burguesía nacional, hasta su caída en 1976; el peronismo reaparecido posteriormente mostró una identidad confusa -que lo llevó a la derrota  electoral del 83- y peor aún, más tarde (entre 1989 y 2003) copado por el sector empresarial que se ha asociado al capital extranjero, quedando reducido, en los sectores populares, a solo un sentimiento afectivo que permitía suponer su desaparición como protagonista político.

Sin embargo, en el 2003, desde el peronismo aparece una nueva expresión del movimiento nacional que podría discutirse si es un nuevo movimiento -el kirchnerismo, con entidad propia- o una nueva versión del peronismo. En este caso, que es el que nos interesa, reinicia un proceso de liberación nacional con una base social integrada por  trabajadores  y movimientos sociales de desocupados aliados a sectores de clase media de posiciones progresistas (en especial, democráticos, defensa de los Derechos Humanos, etc.) así como a restos del viejo peronismo histórico.

Este peronismo kirchnerista asume una política nacional en cuestiones claves como independencia del FMI, disminución de la deuda externa, baja de la pobreza y de la desocupación, reactivación del mercado interno, recupero de conquistas laborales, avances previsionales, recuperación de algunas empresas que habían sido privatizadas, y una política latinoamericanista (rechazo al ALCA, Unasur , etc.)

Sin embargo, en su segundo período de gobierno, se evidencia, con el gobierno de Cristina, una cada vez mayor tendencia a suponer que su base de sustentación se encuentra especialmente en el movimiento juvenil  y que no puede ya decirse, como lo fue antes, que la clase trabajadora es la columna vertebral del movimiento. En este sentido, las listas del Frente para la Victoria para las PASO se caracterizan –no por el 25% o el 33% que Perón otorgaba a los sindicatos, sino por una escasísima presencia, casi nula, de representantes de los trabajadores. Asimismo, el sector más movilizado es el de la juventud de la clase media popular.

Hemos ido a las PASO con el movimiento obrero dividido en cinco organizaciones obreras, con sindicalistas en las listas de Partidos de derecha como el Renovador (Massa) y  la agrupación de Narváez. Asimismo, hemos llegado a las PASO con una campaña virulenta por parte de la oposición, especialmente de carácter mediático, aprovechando que en este tipo de elecciones de medio término –como ya se vió en el  2009- el electorado tiende a dispersarse, manifestándose en función de matices ideológicos, o de personajes mediáticos y no se polariza como en las elecciones presidenciales. (En 2011, Cristina obtuvo el 54%).

En estas condiciones, consideramos que el Frente para la Victoria debió rondar, en las PASO, por lo menos el 30% que es el núcleo duro de su apoyatura. No fue así, sin embargo, alcanzando sólo el 26%. Podemos argüir que el candidato del Frente se lanzó tardíamente y que alguna parte del electorado creyó votar peronismo al apoyar a Massa quien había sido jefe de gabinete del gobierno de Cristina, pero igualmente no podemos contentarnos con la derrota en municipios tradicionalmente peronistas del Gran Buenos Aires, especialmente porque la misma Cristina y el gobernador Scioli apuntalaron con fuerza al candidato oficialista en los últimos tramos de la campaña.

La oposición, a través de su fuerza mediática, logró hacer girar la campaña principalmente sobre cuestiones que son sumamente sensibles al electorado: la inseguridad, la inflación y la corrupción, responsabilizando de ellas al gobierno. Argumentos sobran para contrarrestar esas imputaciones pero o no fueron suficientemente esgrimidos o lo fueron con poca contundencia: una sociedad  que hasta hace muy poco tiempo mantenía altísimos niveles de desocupación y de trabajo en negro, así como altos niveles de pobreza, no puede evitar cierto grado de inseguridad por más que hayan bajado ostensiblemente los índices en estas cuestiones. Por otro lado, la violencia y la inseguridad, ligados a la marginalidad, se dan en casi todos los países.

La inflación, por su parte, proviene no de la emisión monetaria sino de la estructura económica creada por los gobiernos anteriores y caracterizada por un alto  grado de monopolización u oligopolización en el sector empresario Son las grandes y aún las medianas empresas las que al encontrarse con una creciente demanda de sus productos -debido a la reactivación del mercado interno- prefrieren, en vez de aumentar la producción, vender lo mismo en cantidad pero a precios más altos. La responsabilidad es de los formadores de precios y sólo es posible remediarlo indagando en sus costos, medida para la cual se necesita audacia y una correlación de fuerzas entre el gobierno y los capitalistas que lo haga posible. La corrupción, a su vez, integra la naturaleza  del capitalismo y aparece en todos los países. Si alguien pone su voto contra el gobierno por algún hecho de corrupción se equivoca. Debe ir contra el capital concentrado y proponer entonces el reemplazo del capitalismo por otro sistema donde prepondere la solidaridad y no el “soy porque tengo” propio del sistema en que vivimos. Son diversos los factores, pues, que han provocado la notoria disminución del caudal electoral del gobierno, aunque ello, por supuesto, no exime a éste de autocríticas.

Y aquí viene la segunda parte: ¿desde dónde analizamos los hechos ocurridos? Componentes consecuentes del campo nacional, nuestro objetivo no es la constitución de un posible y dudoso capitalismo nacional, sino como se planteó siempre desde la  Izquierda nacional como objetivo estratégico, como también lo voceó la Jotapé del 70, como asimismo lo sostuvo el propio Perón en 1968 cuando dijo que el capitalismo estaba perimido y la cuestión era ir en camino de un socialismo dogmático (como el ruso) o en cambio, de un socialismo nacional y latinoamericano, como también la izquierda peronista (Cooke y Hernández Arregui, por ejemplo). La Liberación Nacional por la que luchamos va en camino del Socialismo Nacional, resolviendo así, no sólo la cuestión nacional sino también la cuestión social.

Desde esta perspectiva, juzgamos que así como la clase trabajadora fue la columna vertebral del peronismo histórico  lo debe seguir siendo para, en la lucha misma, como objetivo estratégico, alcanzar las condiciones para convertirse en la cabeza política del frente nacional que integren todos los demás sectores sociales víctimas de la opresión nacional y de la explotación social. De ahí que aún colocando todas nuestras fuerzas para que el Frente para la Victoria prosiga adelante y profundice su modelo sin dar ni la más pequeña posibilidad para esa oposición que quiere atrasar de nuevo el reloj de la historia, consideremos, con vistas al futuro, que la actual débil presencia de los trabajadores resulta muy preocupante, especialmente cuando en barriadas tradicionalmente del peronismo histórico se ha reducido el caudal electoral del Frente para la Victoria, que no debió bajar de manera alguna, del 30  ó 32 % y sólo llegó al 26% en el total general. Es preciso, pues, redoblar los esfuerzos militantes, profundizar la autocrítica y reconstruir el Frente para mejorar notablemente los resultados en octubre y estar entonces, en condiciones de legítima gobernabilidad en los dos años siguientes, para continuar profundizando las transformaciones a partir del  2015.

Intereses expresados por la oposición

Esto lo sabe el enemigo. Lo supo la Mesa de Enlace Agropecuaria cuando logró arrastrar detrás suyo a la Federación Agraria quebrando su vieja  tradición  y colocar a su servicio a amplios sectores de clase media inclusive algunos enarbolando insólitamente  banderas rojas cuando fue la disputa por la Repsol. 125. Grondona y Biolcati fueron claros en aquel diálogo inolvidable creyendo que a poco tiempo del  2009 llevarían al poder a un traidor, pero el kirchnerismo reaccionó y golpeó con sucesivas medidas que desbarataron la maniobra y los derrotó ampliamente  en el 2011 (con nueve puntos más que en el  2007) dejando al segundo candidato a una distancia enorme de  casi 40 puntos). Todos sabemos que se avanzó en lo económico, en los derechos sociales, en los pasos hacia la unidad latinoamericana y se luchó por la desmonopolización de los medios de comunicación, etc. “El modelo” empezó a resultar demasiado molesto para una parte de la sociedad que veía con pavor estos avances mientras el neoliberalismo conducía a Europa y a Estados Unidos a una fuerte crisis. De allí que el frente antikirchnerista se jugara entero por incrementar su fuerza y disputar el poder, antes de que fuese demasiado tarde.

La Sociedad Rural estrechó filas junto a las grandes corporaciones multinacionales y mediáticas y con los sectores más conservadores de la  Justicia. Además, sus más conocidos políticos se convirtieron en asiduos visitantes de la embajada de Estados  Unidos. Desde el frente reaccionario brotó una campaña virulenta imputando al gobierno todos los males. Ese frente económico social encontró –como lo dijo la Presidente- sus representantes en una dirigencia política de izquierda a derecha que solo supo oponerse a cuanto proyecto manifestase el gobierno. Es el neoliberalismo que quiere volver. Disfrazado de Capriles, el señor Massa ya habla de rescatar el sistema jubilatorio privado y de recurrir al mercado de capitales mundial. Nos cabe la responsabilidad de no dar un paso atrás y eso solo se logra dando pasos hacia adelante, porque quedarse en lo que estamos ya no basta. Quien recuperó algunas conquistas, como el caso de los trabajadores que pasaron del 24% de desocupación al 7,5% ahora exigen aún más y reclaman el trabajo en blanco para los compañeros  que trabajan en  negro sin protección social alguna.

En este sentido, las dos primeras medidas adoptadas por la Presidente expresan esa reacción: elevar el mínimo no imponible para Ganancias y para Asignaciones familiares –que si se hubiese hecho con anterioridad hubiera evitado problemas con el sindicalismo- y entablar el diálogo con “los titulares” como ella dice y no con los suplentes, especialmente porque estos suplentes son saltibanquis y cambian de camiseta de un día para otro, no siendo rescatables ni política ni éticamente. (Ha corrido mucho dinero comprando punteros y concejales para convencer al votante a cambio de promesas ilusorias: por ejemplo, otorgar el 82% móvil de las jubilaciones mientras por debajo de la mesa concertaban con los Bancos la vuelta de las AFJP).

Caracterización del actual proceso político

Vivimos hoy pues un proceso de transformación que tiene detrás una Década Ganada  o para ser más precisos, un proceso de liberación nacional que por supuesto, como en todo proceso de este tipo, mantiene aún algunos problemas sin resolver. Pero este proceso no lo encabeza una burguesía nacional dispuesta a enfrentar a los intereses imperialistas para desarrollar un capitalismo autónomo. Carece de esa estrategia porque carece de conciencia nacional, porque es débil, porque ni siquiera puede rotularse como burguesía nacional (ya que el aparato productivo está altamente extranjerizado). De manera tal que un proceso de liberación nacional en estas condiciones sólo puede profundizarse  en un camino de cambios drásticos, a través de una profundización, en un camino semejante al que ha tomado Venezuela, por ejemplo donde, cuando Techint no quiso someterse a la planificación del gobierno, fue expropiada.

Todo lo hecho hasta aquí  ya ha advertido  al enemigo que vamos por más y que ese es el único camino, Avanzar en las elecciones de octubre  implicará un primer paso. El segundo estará dado por robustecer todas las líneas del Frente para la Victoria  y preparar las fuerzas para ganar el 2015. Para ello es imprescindible que la clase trabajadora vuelva a constituir, por ahora, la columna vertebral, sin desmerecer por eso los aportes que pueda cumplir la juventud, reorganizar el P. J. o el Frente o como se llame, en la estructura partidaria, donde la opinión de los militantes incida, donde el compañero de base sepa que va a tener su posibilidad de promover a un candidato y no a otro, que “las mesas chicas” ya no arman las listas con gruesos errores y que  si hubo errores, no hay que repetirlos. Sólo una fuerte participación popular, en los sindicatos, en las unidades básicas, en los ateneos culturales, etc. puede asegurar la permanente revalidación de los liderazgos para avanzar en las transformaciones que urgen.

La oposición –desde los traidores que integraron un día nuestras filas hasta los declinantes que un día levantaron nuestras banderas- se jugará el todo por el todo. Ellos saben lo que quieren aunque no pueden expresarlo públicamente como no podía expresarlo Menem en el 89, según propia confesión. Pero saben que quieren las AFJP, el libre juego de divisas, la libertad de empresa (y no de prensa verdadera), en fin, “el ajuste”.  Nosotros estamos en condiciones de expresar que vamos a dar apoyo total a las empresas recuperadas, a las cooperativas, que vamos a producir medicamentos en empresas estatales, que vamos a recuperar la red ferroviaria, no en vanas promesas demagógicas, y además explicar incluso cuando no se puede hacer determinada transformación  cuáles son los inconvenientes que exigen dejarla para más adelante.

De la  Presidenta hacia el pueblo y del pueblo hacia la presidenta, pero no sólo en los actos sino en el día a día, a través de la forja de los cuadros medios necesarios en las distintas áreas y mecanismos de comunicación, exigir por ejemplo que las comunas funcionen aunque para ello entremos en conflicto con el macrismo que las  obstaculiza, aplicar  la ley de medios para que todos se expresen, controlar los costos en origen. Sabemos que  solo con la democracia, como decía Alfonsín, no basta, que no se come, ni se educa, ni se cura, que sólo un auténtico protagonismo popular  hará posibles cambios  profundos y  duraderos, y el surgimiento de militantes y cuadros que aseguren  que las conquistas logradas no se perderán.

Que no se ilusionen los Magneto, los Mitre, los Biolcati, los  Etchevere y otros por el estilo. Que saluden amablemente y se retiren del escenario, ya no tienen nada que hacer en el mundo nuevo, en esta América Latina, que a pesar de todos los obstáculos, va consolidando su liberación y  su unificación  concretando transformaciones profundas y Argentina debe estar a la altura que corresponde vigorizando esos cambios..

Para ello también es preciso un conocimiento profundo de la realidad en que actuamos. Que el militante común, cuando confronta dentro de su familia y le piden paz y consenso, sepa que en ningún lado donde hay ricos y pobres hay fraternidad ni siquiera buenas maneras. Que la paz y la tranquilidad son propias de los cementerios. Que antes es necesario que impere la justicia y entonces no habrá confrontación. Que cada ateneo o unidad básica se convierta en un hervidero de discusión, de descolonización ideológica, de “avivar giles siendo nosotros solo giles avivados”-como decía Jauretche- que transmitimos la verdad en la economía, la historia, la cultura, la unión latinoamericana y que salgan de allí las nuevas propuestas, nuevas refutaciones a los mitos de la clase dominante.  La fuerza de la juventud debe estar puesta en el territorio, en la ayuda al barrio, pero no hay mejor ayuda que  difundir las ideas de Jauretche, de Scalabrini Ortiz, de Cooke, de Hernández Arregui y por supuesto, de Perón.

Lograr colocar al lado de los trabajadores a las clases medias a través de la descolonización es una de las  tareas principales para destrozar el mensaje de los Lanata, Nelson Castro, Bonelli y tantos otros periodistas al servicio del gran capital. Ese  mensaje intenta legitimar la vuelta a los 90 y es preciso quebrarlo con argumentos poderosos, que nos sobran, en todos los frentes donde presenten batalla ideológica

Con esos mensajes crean agenda e imponen los  temas que resultan más sensibles a los sectores medios. Lo hicieron desde allá lejos con la historia mitrista, la economía liberal, la cultura enciclopedista, etc. Lo siguen haciendo ahora adjudicado al gobierno la inseguridad, la inflación, la corrupción y la intolerancia con la consiguiente  confrontación. Estos fueron la base de un gorilismo que ha resurgido en los últimos años.

No podemos, sin embargo, dejar de mencionar algunos errores del movimiento nacional, como lanzar, con poco tiempo, un candidato casi desconocido así como, en la preparación de las listas “a mesa chica” ignorar algunas figuras importantes por motivos secundarios.

El actual proceso político

Las grandes corporaciones económicas, Sociedad Rural, Clarín, etc. se dieron a la  tarea de buscar un Capriles, es decir, alguien que escondiese su verdadera condición liberal tras una aparente reconocimiento a algunos hechos del gobierno, como si se tratase de un peronista prolijo, honesto, que aceptaba lo bueno realizado pero corregiría la confrontación, (inevitable en un régimen social desigual). Allí apostaron con mucho dinero y sacaron de la galera a un tipo joven -lindo según dijo la señora de Duhalde- que vive en uno de los countries mas caros del país y cuya intendencia está rodeada por los municipios donde vive la gente más rica del país. La circunstancia de haber  participado del gobierno como jefe de gabinete  facilitó la confusión y aparece hoy como un posible presidenciable, mientras que el movimiento nacional ofrece debilidad en este terreno pues no se han forjado los cuadros necesarios.

También es cierto que los vaticinios demasiado optimistas provienen del microclima  que existe en los sectores de nueva clase media, progresistas, que han celebrado fervorosamente el matrimonio igualitario, la identidad de género, el castigo a los represores,  avances que  valoran en alto grado esos lectores de Página  12  pero que en cambio resultan  evaluadas con menor interés por los trabajadores.

A su vez los sectores de clase media con pensamiento más ligado al viejo país se molestan  según su criterio, porque es una mujer la que ejerce la presidencia, porque no se cumple con formalidades como reuniones de gabinete, porque se cuestiona a un periódico que por rutina compran hace muchos años.

Desafíos futuros

Pero al igual que en el 2009, cuando fue derrotado por Narváez, el gobierno ha reaccionado políticamente. Por un lado, ha elevado el mínimo no imponible  liberando a los trabajadores que ganan hasta 15.000 de la obligación de pagar ganancias -reclamo que había sido bandera de Moyano, antes de su derrumbe político,  y de otros sectores de la oposición a la cual el gobierno no había accedido porque provocaría déficit fiscal. Al mismo tiempo ha creado un sistema de diálogo con sectores económico-sociales, mejorando así su relación con la CGT  de Caló, que hasta ese momento no había tenido mayor reconocimiento por su oposición a los planteos del moyanismo y también con  sectores de la industria. Al mismo tiempo, intenta robustecer la figura de Insaurralde  para lograr que la elección arroje resultados mejores que los de las PASO. Esto no es fácil porque los votantes de Narváez probablemente se vuelquen a Massa e incluso algunos reaccionarios de otros partidos, pero expresa que el gobierno se defiende y avanza. La tenida en la Justicia con respecto a la ley de medios también parece haberle salido bien  en el debate, aunque no se sabe si la justicia fallará o lo dejara para más adelante pero sería vergonzoso para los magistrados declarar la inconstitucionalidad de la ley después de los debates contundentes que probaron la constitucionalidad.

Quienes entendemos  que el gobierno debe profundizar el modelo retomando las banderas del  45 con la perspectiva  de avanzar hacia el socialismo del siglo XXI que planteó Chávez, (control de precios y otras medidas), consideramos que ese es el camino que se consolidará haciendo posible  transformaciones más profundas con la mira puesta en una América Latina  libre, unida e igualitaria.

Fuente: Agencia Paco Urondo, 06.09.13

Read Full Post »

Después de diez años en el gobierno,

el FPV es la fuerza más votada en la Argentina

Sergio Massa logró imponerse por algo más de cinco puntos al candidato del oficialismo, Martín Insaurralde, en la estratégica provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo recuperó   posiciones en Santa Fe y Córdoba. UNEN desplazó al PRO como primera fuerza en la Ciudad. 

Por Viviana Mariño

 Con una amplia participación ciudadana que se ubicó por encima del piso histórico del 70%, los argentinos cerraron el round de inicio. La  convocatoria a elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) –la primera para consagrar únicamente candidatos legislativos y con la participación optativa de los jóvenes de entre 16 y 18 años– bosquejó un reparto tentativo. La secuencia terminará de definirse en poco más de 60 días, cuando se realicen los comicios parlamentarios del 27 de octubre para renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. El resultado de la votación de ayer, provisorio y destinado a sufrir desplazamientos –como ya demostró la aplicación de las PASO en 2011–, confirmó al oficialismo como la primera fuerza en la geografía nacional, aunque con derrotas en los distritos de mayor peso electoral y resultados adversos o reñidos en otros históricamente identificados con la oferta del Frente para la Victoria. Escrutado el 76,63% de las mesas en todo el país, el FPV conseguía el 25,80% de los votos, muy por debajo de la perfomance de 2009, cuando alcanzó el 31,2%, pese a la caída de Néstor Kirchner frente a Francisco de Narváez en la decisiva provincia de Buenos Aires.

Ayer, el FPV logró el primer lugar a nivel nacional empujado por el hecho de ser la única fuerza que compitió con sello propio –el mismo que identifica al espacio desde 2003– en todos los distritos. El segundo puesto fue para el Frente Renovador –la flamante fuerza de Sergio Massa– con el 10,86 por ciento. El Frente Progresista Cívico y Social, el espacio que también nuclea al radicalismo, la otra fuerza nacional con representación en todo el mapa, quedaba en el tercer lugar, con el 7,99 por ciento.
Si repitiera en octubre  el resultado preliminar de los comicios de ayer, el FPV lograría sumar cuatro bancas a las 34 propias que pondrá en juego en la Cámara de Diputados, y perdería dos de los 12 escaños que disputará en el Senado. Si a ese cuadro se suman los aliados del oficialismo en ambas Cámaras, el FPV podría mantener su condición de primera minoría. “Esta es una precalificación, pero estamos en condiciones de mantener, e incluso aumentar, la representación parlamentaria”, advirtió la presidenta Cristina Fernández al evaluar el resultado de la elección, casi sobre la medianoche, en el Hotel Intercontinental, el lugar elegido por el kirchnerismo para esperar el veredicto de las urnas.
La mandataria también llamó a profundizar el trabajo militante durante la campaña que arrancará hoy mismo, con la foto del resultado de las PASO como lectura obligatoria de todas las fuerzas políticas.
  La provincia fue epicentro de la pelea mayor. Con el 37,3% del padrón nacional, el primer distrito del país hizo inclinar la balanza a favor del Frente Renovador de Sergio Massa. La lista encabezada por el intendente de Tigre lograba anoche el 34,53% de los votos. Tras una campaña intensa en la que logró descontar un amplio nivel de conocimiento en el electorado, el candidato del FPV, Martín Insaurralde, lograba el segundo lugar con el 29,29% de los apoyos. El tercer lugar quedaba para el Frente Progresista Cívico y Social de Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, quienes con casi el 11,16% de los respaldos, marcaban el principio del fin de la estrella de De Narváez en la provincia, que alcanzaba el 10,56 por ciento.
La diferencia descontada por el intendente de Tigre comenzó a dibujar anoche una de las previsibles consecuencias de las PASO: su proyección como uno de los potenciales actores de la disputa por la sucesión presidencial en 2015. Anoche, desde Tigre, Massa habló con tono de dirigente nacional, un recurso que también marcó su tránsito por la campaña. Apoyado en los poco más de cinco puntos de ventaja que le descontaba a Insaurralde al cierre de esta edición, habló de construir un “nuevo camino”, evitar la “confrontación”, e insistió con la agenda con la que buscó diferenciarse del kirchnerismo: las promesas de combate a la inseguridad y la inflación y las críticas a impuestos regresivos. “Esta elección deja atrás el pasado y nos permite abrir una puerta al futuro”, se animó el intendente de Tigre.
En la Capital Federal, el macrismo festejó por anticipado un triunfo que, sin embargo, quedó a medio camino. Anoche, escrutado casi el 95% de las mesas, las cuatro listas que compitieron por el espacio UNEN, lideradas por la boleta encabezada por Elisa Carrió, se imponían en la categoría de precandidatos a diputados con el 35,67% de los votos. En el rubro senadores, la propuesta liderada por el rabino Sergio Bergman disputaba por un punto el primer lugar con la sumatoria de boletas del flamante frente opositor. El Frente para la Victoria, con las candidaturas de Daniel Filmus y Juan Cabandié, arañaba el 20% de los votos.
La elección en Córdoba y Santa Fe también dibujó fuertes posicionamientos de la oposición. En el distrito mediterráneo, el gobernador  José Manuel De la Sota logró imponer a su delfín, Juan Schiaretti, quien anoche lograba el 29,97% de los votos; seguido por el radicalismo, con el 22,21; el PRO, con el 12,14 por ciento; y el FPV, con el 10,87 por ciento. Aunque la expectativa del kirchnerismo era pelear con la candidatura de la ex rectora de la Universidad de Córdoba, Carolina Scotto, el tercer lugar con el PRO, el oficialismo logró superar en un punto y medio su performance de 2009, cuando el distrito cordobés se ubicó en el pelotón de opositores, tras el impacto que significó el conflicto con el campo de 2008.
Como Massa en la provincia, Schiaretti ensayó un discurso de sesgo nacional, concentrado en el mensaje a la clase media y media alta, con propuestas de modificación del Impuesto a las Ganancias y subsidios a las pymes.
La provincia de Santa Fe votó signada por la tragedia de Rosario, pero no dio demasiadas sorpresas. Binner salía anoche fortalecido en esa escena. El Frente Progresista Cívico y Social conseguía el 41,26% de los votos, seguido por el macrismo –cuya boleta encabezó el cómico Miguel Del Sel– con el 25,80 por ciento; y el FPV, que postuló al ex gobernador Jorge Obeid, con el 20,91 por ciento. Pese al tercer lugar, el oficialismo también logró mejorar su perfomance en relación a 2009. Entonces llegó casi al 10%, quedó en tercer lugar, y sólo pudo conseguir la renovación de la banca del hoy ministro de Defensa, Agustín Rossi.
En Mendoza, el ex vicepresidente Julio Cobos confirmó su posición de favorito con el 44,28% de los votos y descontando una diferencia  de cerca de 18 puntos con el kirchnerismo.
EL RESTO DEL PAÍS. Más allá de las derrotas, muchas de ellas previsibles según los pronósticos sobre el cierre de una campaña que terminó en forma abrupta por la tragedia de Rosario, en los distritos de mayor peso, el oficialismo también deberá anotar un descenso en la performance de otros distritos. Esa lista incluye a Corrientes –elegirá gobernador el mes próximo–; Chubut, donde el ex gobernador Mario Das Neves conseguía el 46,68% y relegaba al FPV al segundo lugar con el 28,4. También a La Rioja: el FPV quedó segundo con el 37,83% frente a la Fuerza Cívica Riojana (un frente opositor encabezado por el radical Julio Martínez) con el 41,42 por ciento. Y quedó relegado en San Juan por la lista de Compromiso Federal, el espacio que lideran los puntanos Alberto y Rodríguez Saá: ese sector consiguió el 42,54% de los votos y relegó al segundo lugar al FPV, con el 37,21.
Con ese cuadro, el oficialismo logró mantener posiciones en nueve distritos: Formosa (con una victoria clara superior al 70%), Chaco, Misiones, Santiago del Estero, Tucumán, Entre Ríos, La Pampa, Río Negro y Tierra del Fuego.
La ciudadanía dio ayer un primer pronunciamiento. Un indicador de lo que serán las elecciones de medio término del segundo mandato de Cristina Fernández. Los números provisorios indican un retroceso del FPV y, aunque una elección legislativa supone criterios diferenciados de una ejecutiva, está claro que anoche comenzó a bosquejarse el escenario de una pulseada por la sucesión y, en especial, por el liderazgo del peronismo. En esa disputa, la figura de los gobernadores –muchos de los cuales no pudieron garantizar un triunfo en sus distritos– y la de Massa y Daniel Scioli –el mandatario bonaerense demostró un compromiso firme con la campaña del FPV en la provincia– están destinadas a sumar espacios en la escena pública.    «
La cifra
76 por ciento del padrón total de electores participó ayer de las primeras Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) para definir candidatos legislativos.
La cifra
27 por ciento de los votos a nivel nacional cosechaba anoche el Frente para la Victoria. Esa perfomance ubica al oficialismo como la primera fuerza en la geografía nacional.
Fuente: Tiempo Argentino, 12.08.13

Read Full Post »

¿Inundado o hundido?

– –

Por Hernán Brienza

– –

La inundación en la Ciudad de Buenos Aires puso al descubierto, de modo trágico, la ineficiencia del macrismo en la gestión de los problemas en la capital argentina. Pero no solo en el sentido de lo que no se hizo sino, fundamentalmente, en la forma descuidada en la cual el Jefe de Gobierno se dirigió a los damnificados y la opinión pública.

Y un día, un buen día, el relato macrista hizo agua por todos lados. Y no fue el Kirchnerismo el que desarticuló la construcción marketinera del Jefe de Gobierno porteño. Cayó por el propio peso de su ineficacia política –de acumulación de poder en la congruencia entre discurso y realidad- pero sobre todo por su ineficiencia en materia de gestión.

Evidentemente, el caudal de lluvia que cayó en la región bonaerense fue inusual: más de 160 milímetros en CABA, cuando la media es 70 mm por mes, aproximadamente. Por eso no son las causas de la inundación lo que vale la pena analizar en términos políticos, más allá de la imprevisión municipal y de las consecuencias de un negocio inmobiliario descontrolado. Son las respuestas políticas que dio el Jefe de Gobierno de la Ciudad tras la catástrofe.La primera conferencia de prensa que ofreció el intendente fue deficiente desde todo punto de vista: se defendió absurdamente culpando al gobierno nacional, tiró la pelota afuera, se mostró distante, tenso, insensible, y, lo peor, quebró el contrato tácito que tenía con su propia clientela electoral: defraudó a quienes lo habían votado. El relato macrista hizo agua por distintos motivos: 1) prometía equipos técnicos preparados para gobernar la ciudad y no pudo paliar siquiera las inundaciones; 2) acusaba al gobierno nacional por falta de colaboración, pero quedó al desnudo que el propio Macri decidió gastar su presupuesto en el Metrobús y en carreras de autos antes que en la obras del arroyo Vega, por ejemplo; 3) mostró poca o nula sensibilidad como para recorrer los barrios que habían sufrido la inundación; y 4) en un canto a la discriminación a favor de los sectores enriquecidos prometió subsidios solo para aquellos que tuvieran los impuestos pagos, es decir, que para los sectores más pobres con dificultades económicas para pagar los siderales aumentos de ABL por ejemplo.
Inexplicable: Macri quiere subsidiar a los sectores más favorecidos económicamente y dejar sin subsidios a los más pobres.

Solo en el planeta Macri algo así puede ser pensado. Hundido.
La actitud de Macri quedó más destemplada aún en horas de la tarde cuando la Presidenta en persona decidió recorrer las zonas afectadas haciéndose presente tanto en La Plata como en los barrios afectados de la CABA. Podría no haberlo hecho. Podría haber especulado con dejar hundirse solos al gobernador Scioli o al intendente Bruera o Macri en sus propios lodazales. Sin embargo, decidió tener una actitud de contención política para con los damnificados. Y lo hizo, incluso, dejando de lado las diferencias circunstanciales con el mandatario provincial.

Pero los errores de Macri fueron un cine en continuado. No hubo autocrítica en ningún momento por los errores cometidos desde su gestión, tampoco sobre el desdén por las denuncias de los vecinos de Saavedra sobre las inundaciones producidas por el shopping DOT.

Hay tragedias naturales que pueden fortalecer políticamente a un dirigente o debilitarlo, según como actúe antes, durante y después de esa catástrofe. Incluso, hay crisis que ni siquiera las coberturas mediáticas pueden ocultar. El destrato de  Macri con su propia clientela quebró el contrato que había hecho con muchos porteños que hoy reclaman que se vaya desde un lugar visceral. Es la respuesta antipolítica que parte de los electores a un discurso antipolítico.

Es decir, Mauricio Macri se cansó de tanto utilizar el discurso de la antipolítica. Sus argumentos eran que él no pertenecía a esa clase, que era empresario, que era nuevo, del lado de los vecinos y del hombre común, y le sirvieron para generar una empatía con un electorado que descree de la política y se refugia en una antipolítica de corte liberal libertario rayano a la falta de escrúpulos deloutsider. Pero hoy se relato se quebró: para los “vecinos” de Buenos Aires Macri pasó a formar parte de la clase política y cayó bajo el latiguillo de “son todos iguales de corruptos”, frasecilla histérica que sólo favorece a los intereses de los grupos económicos que devastan al Estado en contra, obviamente, de los ciudadanos.

Hoy Mauricio Macri gira en falso con su discurso antipolítico. Intenta reproducirlo y no hacerse cargo de sus propias responsabilidades. Y resulta patético escucharlo vociferar con el agua al cuello. Pero no está en esa situación porque el agua subió, está así, simplemente porque el hombre se hundió solito.

notas relacionadasFuente: Télam, 06.04.13

Read Full Post »

Justicia y geopolítica

(A propósito de la discusión del memorando)

– –

Casi todas las medidas gubernamentales han sido y son procesadas desde la perspectiva de la dialéctica kirchnerismo-antikirchnerismo. De modo que lo que está ocurriendo en estos días con el memorando de entendimiento acordado por los gobiernos de Irán y Argentina no puede sorprender a nadie. A lo sumo podría formularse razonablemente la pregunta sobre cuál es la razón por la cual las oposiciones perseveran dramáticamente en la misma estrategia política que preludió su desastrosa performance en las últimas elecciones presidenciales. Sin duda es una pregunta central cuando estamos a pocos meses de otra elección, en este caso exclusivamente legislativa, pero no será el objeto de esta nota.

La cuestión es el contenido concreto, el significado político que en cada ocasión asume el casi incondicional anticristinismo militante. En este caso se trata de establecer la naturaleza del debate abierto en el Congreso, los argumentos que se emplean, la descripción de la situación que cada uno de los actores realiza. El Gobierno se ha empeñado en demostrar que el acuerdo no tiene ningún otro propósito que el intento de destrabar la causa por el atentado en la AMIA de hace casi diecinueve años. Las oposiciones, por su parte, le atribuyen al Gobierno el designio de pactar con el régimen iraní por causas que, según sus expositores, van desde el interés en la ampliación del intercambio comercial con ese país hasta un viraje en la ubicación del Gobierno en el mapa geopolítico mundial.

Naturalmente, cualquier defensa de la iniciativa que se esgrima pasa por la afirmación de su utilidad para el alcance de la verdad sobre el atentado y la justicia para sus responsables. Si se demuestra que esa utilidad no existe, difícilmente se podría sostener cualquier objetivo ulterior por plausible que fuese; sería la conversión del deseo de verdad y justicia en un medio para obtener otros fines. De modo que en principio parecería deseable que la dilucidación de ese punto fuera la cuestión central, si no la única, del debate. Si así hubiera sido, los argentinos habríamos tenido la ocasión de acercarnos críticamente al proceso judicial por el atentado. Se habría ampliado el conocimiento social sobre el vergonzoso proceso de ocultamientos y vilezas que caracterizó su primer tramo; nuestra información y nuestra memoria sobre la trama de complicidades dirigidas a llevar la investigación a una vía muerta que atravesaron por dentro al menemismo. Habría sido también la oportunidad de discutir qué otra alternativa, que no sea la del acuerdo con Irán, serviría al avance real de una causa que hace años está totalmente estancada. No ha sido esa la opción estratégica elegida por las oposiciones.

El hilo argumentativo opositor, como siempre ocurre, fue trazado por los editorialistas de los grandes medios. Su centro fue el alerta por la gravedad que tiene la firma de un pacto con Irán. Nos vamos del mundo occidental. Sostenemos regímenes teocráticos. Auspiciamos a un gobierno que niega el Holocausto. Nos incorporamos a la lista de países sospechosos de vínculos con el terrorismo. Toda la pirotecnia “occidental-moderna-liberal-democrática” contra el tratado. Es decir, el tema no fue el atentado a la AMIA y el proceso en el que se juzga, sino la naturaleza del régimen iraní y el lugar de nuestro país en el tablero global.

No creemos, hay que insistir, que esa sea la discusión central a propósito del memorando, pero creemos que hay que afrontarla. El lugar geopolítico de la Argentina no es un tema menor, demanda salir de los títulos espectaculares y los estereotipos, para pensar la realidad de un mundo en pleno proceso de cambios y discernir sobre el lugar de nuestro país en ese mundo. Las derechas –incluidas las de tradición “progresista”– han asumido como propia una visión del mundo maniquea y extremadamente simple que fue no solamente prestigiosa sino plenamente dominante durante la última década del siglo pasado. A saber, la que clasifica a las naciones del mundo según sea su adhesión a la cultura llamada occidental y a las formas políticas que esa cultura prescribe. Esa cosmovisión tuvo su momento estelar en la primera guerra del Golfo, en la que –no lo olvidemos nunca– participó nuestro país a instancias del entonces presidente Menem. No son pocos los analistas internacionales que ubican en aquella intervención comandada por Estados Unidos el hecho clave para la escalada del crecimiento de las organizaciones terroristas de origen islámico. Lo cierto es que la vieja argumentación colonialista sobre la superioridad cultural y la condición universal de la civilización occidental desembocó a comienzos de este siglo en una doctrina muy curiosa que incluye entre sus preceptos el derecho de Estados Unidos a intervenir en cualquier lugar del mundo en el que esa ideología civilizatoria –en el modo en que la entienden las autoridades de ese país– esté en peligro. Para construir esa doctrina se desempolvó la vieja tradición de la “guerra justa” que acuñaron los monoteísmos, particularmente el catolicismo.

El concepto de “Occidente” fue central en el dispositivo ideológico-político de Estados Unidos y sus aliados durante la guerra fría que lo enfrentaba a la Unión Soviética. Trasplantado literariamente por Samuel Huntington a la época posterior al derrumbe de la Unión Soviética y del “campo socialista”, en el nuevo contexto de una “guerra de civilizaciones”, el término “Occidente” es hoy el santo y seña de quienes auspician la visión del mundo predominante en los años noventa. Lo que queda fuera de “Occidente” es un campo caótico de dictadorzuelos que especulan con la ignorancia de sus pueblos, nacionalistas irredentos, nostalgiosos del comunismo y, sobre todo, cómplices actuales o potenciales del “terrorismo”. Una expresión, esta última que carece de definiciones precisas pero no de poder evocativo y capacidad manipuladora. Si se ensaya una definición del tipo “uso indiscriminado de la violencia contra una población civil para obtener fines políticos o militares”, conviene aclarar rápidamente que es así siempre que el acto no haya sido cometido por fuerzas estadounidenses o de sus países aliados. La administración de esas definiciones no está sometida a ningún debate público: son generalmente los documentos del Pentágono o de la OTAN quienes las producen.

Irán es hoy uno de los principales Estados incluidos en el llamado “Eje del Mal”, fórmula con la que Bush hijo ordenó el mapa imperial mundial. Las voces nada marginales de la derecha estadounidense no han dejado de presionar a favor de una invasión a ese país, con el pretexto de sus investigaciones en materia nuclear. Por otro lado, sus autoridades hacen gala de un discurso fundamentalista y su régimen político dista de cubrir el más modesto de los cánones de la democracia liberal. Pero lo cierto es que Irán es un Estado soberano que forma parte de los organismos internacionales que dicen preservar el orden mundial. ¿Dónde están los tribunales que juzgan la naturaleza democrática de un régimen concreto? ¿Dónde, los que evalúan la condición “terrorista” de un Estado? El ideal de un mundo reconciliado y universal por fuera de las fronteras internacionales sigue siendo un hermoso sueño kantiano que a veces se reencarna en la pesadilla de un inmenso Leviatán con formas de grupos financieros poderosos y organismos burocráticos supranacionales que organizan la rapiña mundial.

Es muy cierto y muy claro que nuestro país ha cambiado su lugar en el tablero mundial. Pero esto no ocurrió cuando el Gobierno firmó el memorando con Irán. Empezó en 2003 cuando el país tuvo que reorganizar sus relaciones con el mundo después del colapso de 2001 que incluyó el más voluminoso default de deuda soberana de la historia. Desde entonces Argentina ha militado a favor del fortalecimiento del proceso de integración regional con Mercosur y Unasur, ha impulsado centralmente su relación con Brasil, intervenido a favor de una recomposición del rol de los organismos internacionales, denunciado la práctica del colonialismo británico en Malvinas, argumentado en contra del unilateralismo estadounidense y la doctrina de las guerras preventivas, auspiciado una política de paz en la región y en el mundo y denunciado el poder de los grandes grupos financieros en el diseño del orden mundial. Al mismo tiempo ha condenado el terrorismo, cualquiera sea el Estado o la fuerza que lo practique.

Está claro que entre esta política y la del alineamiento automático con la principal potencia mundial hay una diferencia muy grande. Y la diferencia central está en el esfuerzo por identificar en cada circunstancia el interés nacional, definido en los términos de nuestro sistema democrático y no desde ningún centro de poder internacional. Se podría decir que es este profundo cambio de concepción de nuestro lugar en el mundo el que hace posible una iniciativa como la que está en debate. Nada de esto asegura el éxito en el logro de los objetivos buscados en relación con los hechos de la AMIA. Pero ningún ajedrez geopolítico ajeno condiciona nuestra exploración de las alternativas para evitar la impunidad del bárbaro crimen de la mutual.

Fuente: Página 12, 24.01.13

Read Full Post »

Macri tiene casi descartado desdoblar las elecciones porteñas

A un paso de la unificación

El jefe de Gobierno recibió encuestas que dicen que su gestión no está bien valorada y no quiere que los comicios se conviertan en un plebiscito sobre lo que viene haciendo. Una votación junto con la nacional le permitiría polarizar con el kirchnerismo.

– –
Por Werner Pertot

– –

Unificar o desdoblar. Esa es la cuestión que ronda en la cabeza de Mauricio Macri, que debe decir cuándo convocará a las elecciones porteñas. Hace un mes la posibilidad de separarlas de las elecciones nacionales cobraba fuerza. Pero la mesa chica del PRO se inclina ahora por unificarlas. ¿Qué cambió? Las encuestas que encargaron encendieron dos alertas: “La gente no quiere ir a votar tres veces en un año. Además, una elección local se podía llegar a convertir en una suerte de plebiscito de la gestión y en este momento no está bien valorada”, señaló un dirigente macrista. La posibilidad de que el eje de la elección sea la aprobación o no del gobierno de Macri y no el kirchnerismo o antikirchnerismo asustó a más de uno en Bolívar 1. Si el procesado jefe de Gobierno opta por unificar, deberá enviar un proyecto de ley a la Legislatura y tendrá que salvar un obstáculo formal: la Ciudad no adhirió al voto a los 16 años.

Quienes conocen de las internas del gabinete porteño dicen que la idea de desdoblar tenía como principal objetivo mostrar a Horacio Rodríguez Larreta victorioso, sin la necesidad de competir con su eterna adversaria Gabriela Michetti por una candidatura a senadora. “Más allá de eso, no vimos ventajas en desdoblar”, indicó un legislador macrista. Para el bloque PRO, el objetivo de separar las elecciones no era otro que obtener las preciadas 31 bancas que le permitirían al macrismo tener quórum propio y aprobar una buena parte de las leyes sin necesidad de acuerdos con otros sectores políticos en la Legislatura.

Algunos legisladores evaluaban que el mejor escenario para lograr esto era desdoblar, dado que ninguno de los otros partidos parecía tener candidatos de peso para presentar en una elección de la Ciudad. Los que están en el armado nacional contraargumentaron que se puede lograr el mismo efecto con una buena candidatura nacional que arrastre a nivel local. Tanto con Michetti como con Larreta, las cuentas de los legisladores no superaban un 35 por ciento de intención de voto y los alejaba del sueño del quórum propio. “La idea de todos es tener la mayor cantidad de legisladores”, se atajaba uno de los armadores nacionales.

El ministro de Gobierno, Emilio Monzó, empezó a evaluar que si dividía las elecciones corrían riesgo de un resultado menor en octubre. La sospecha es que algunos sectores del peronismo jugarían todo en la elección porteña y, una vez que obtuvieran sus bancas, no pondrían el mismo esfuerzo en las nacionales. “Y un mal resultado en la Ciudad en octubre sería catastrófico”, indicaban los estrategas del PRO. De todas formas, todos aclaraban que el tema seguía en discusión y que no había –hasta ayer– una decisión tomada.

Sin embargo, la opción de desdoblar se viene quedando sin defensores. Quizá tenga que ver con algunas encuestas que circularon y que mostraban cierto fastidio social. “Ojo, no es sólo con nuestro gobierno. Es con los gobiernos en general. La gente tiende a separar las gestiones de algunas figuras políticas, que siguen teniendo buena imagen”, indicaban. La estrategia del macrismo parece ir en busca de capitalizar el voto antikirchnerista y eso era menos claro en la elección desdoblada. A eso se sumaba el fastidio que implicaría votar tres veces: primero legisladores, luego en las primarias nacionales y luego diputados y senadores.

El principal obstáculo con el que se encontrará el jefe de Gobierno si decide unificar es legal: las elecciones nacionales permitirán el voto optativo a los jóvenes de 16 y 17 años (en la Ciudad, son cerca del 2,5 por ciento del padrón) y la Ciudad no tiene una norma similar. Más aún: los 13 diputados nacionales del PRO votaron en contra. “No se va a poder permitir que los menores voten a legisladores porteños. Tendría que ser en urnas diferentes y con padrones diferentes”, analizaban en el PRO. En el propio gobierno de Macri ya advirtieron que hubo fallos adversos a los intentos de hacer elecciones concurrentes con distintos padrones. Es posible que el Tribunal Superior de Justicia porteño señale algunas objeciones a este escenario, si se concreta el anuncio.

Fuente: Página 12, 14.02.13

Read Full Post »

Dilemas y debates

tras una década de cambios

Predomina una lógica dicotómica

atravesada por el respaldo al gobierno

o la oposición cerrada a la presidenta.

– –
Por Eduardo Anguita
– –

La lógica del silencio sobre los temas espinosos de la sociedad es conservadora, es funcional a mantener un statu quo donde los privilegiados no pierdan sus ventajas. No sólo eso: los medios de comunicación en manos de los sectores más ricos de la sociedad actúan de modo pedagógico para que la vida cultural de los sectores desposeídos se distraiga observando y tratando de imitar los hábitos y costumbres de los sectores minoritarios. En esa concepción de la cultura y la comunicación que pretende no cambiar los privilegios, hay un fuerte arraigo en lo más conservador de los sectores desposeídos: la creencia de que el mejor sistema de promoción y movilidad social es el que descansa en el ojo del amo. Es decir, quedar bien y congraciarse con aquellos que poseen los medios de producción y tienen el privilegio de decidir quién está más capacitado para tal o tal puesto de trabajo.

En muchas familias humildes y trabajadoras, el efecto imitación crea escalas de valores y de disvalores cuya traza es un complejo cruce entre los valores dominantes y aquellos destinados a la subsistencia. Una subsistencia en dos direcciones: la de reproducir el sistema y la de concretar algunas mejoras individuales. Un ejemplo grafica esta doble vía: el obrero que no quiere conflicto con el patrón con la esperanza de no perder el trabajo y con la esperanza de que aquel le dé trabajo a sus hijos o, al menos, los recomiende para un empleo. Se trata de una lógica potente. Aunque esté atravesada de conductas poco épicas desde el punto de vista de la identidad proletaria, aunque resulten muy poco entusiastas para quienes profesan (profesamos) una confianza ilimitada en la capacidad transformadora de los pueblos, esa forma de razonar a veces es indestructible. En todo caso, para desafiarla e intentar por todos los medios debilitarla y remplazarla por los valores del protagonismo popular, es necesario desmenuzarla con cierto desapasionamiento.

Hace muy pocos días, el expresidente brasileño Lula dio una cátedra al respecto. Fue en el marco de un encuentro de militantes e intelectuales en La Habana (IIIª Conferencia Internacional por el Equilibrio del Mundo) que sesionó bajo la invocación de José Martí, de cuyo nacimiento se cumplieron 160 años. Lula hizo una reseña de sus años de lucha por arribar al gobierno de Brasil y puso énfasis en la cantidad de universidades y casas de estudios terciarios creadas durante sus dos mandatos, sobre todo por estar dirigidas a la educación y capacitación de sectores sociales que no accedían a los más altos niveles de conocimiento académico. Lula, con ironía y sagacidad, aclaraba que se trata de una gran paradoja: un obrero que apenas terminó la primaria fue quien puso al Brasil en el camino de la inclusión, pero de una inclusión que brinda herramientas para la verdadera soberanía popular, la que brinda a los desposeídos el acceso a un aspecto del poder que es fundamental: el poder del conocimiento refrendado por un título académico. A continuación, este obrero metalúrgico, que creció en la fragilidad de la pobreza, agregó con determinación que sólo estaría conforme con estos logros si se llega a la verdadera igualdad de oportunidades, consistente en que la hija del patrón sea compañera de aula del hijo de la empleada doméstica.

No fue necesario que Lula desplegara la cantidad de intersubjetividades que despierta la sola idea de tener un ámbito de igualdad en un escenario de desigualdades. Quizá esa sea una de las puntas del ovillo para repensar lo que está pasando –o no pasando– en la Argentina que fue hundida por los sectores privilegiados (especialmente los poderosos de las finanzas) en 2001 y que empezó a recorrer un camino de protagonismo popular desde mayo de 2003. Antes de entrarle a la Argentina, un comentario más sobre Lula: ese encuentro en La Habana, fue el escenario en el que Frei Betto recibió el prestigioso premio internacional José Martí de la UNESCO.

El propio Lula lo abrazó reiteradamente. Para quienes no estén familiarizados con Frei Betto, se trata de un religioso, fraile dominico y teólogo de la liberación, de 68 años, que transita la militancia popular desde los años ’60. Apoyó siempre a Lula en todas las oportunidades (cuatro) en las que se presentó a las elecciones presidenciales. Cuando ganó, en diciembre de 2001, Frei Betto participó por un tiempo en su gobierno. Lo hizo en los programas para sacar del hambre a 45 millones de compatriotas. Al cabo de dos años, renunció, argumentando que el gobierno había cambiado aquellos programas emancipatorios por programas asistencialistas con fines electorales. Frei Betto se volvió a la celda del convento dominico en San Pablo de donde nunca había sacado sus pocas pertenencias materiales. Y no se quedó callado: publicó un libro (La mosca azul) en el que critica con dureza las apetencias y transformaciones de quienes acceden a funciones públicas y al manejo del poder político.

Este cronista tuvo oportunidad de dialogar con Frei Betto sobre su libro y sobre las conductas de aquellas personas y colectivos forjados en la resistencia y que, tras ganar elecciones, se encuentran albergados en sistemas de vida diseñados para que la sociedad no cambie. Los dilemas de la vida cotidiana, de los estímulos del poder, de la exacerbación de mezquindades, de todas esas cosas se trata La mosca azul. Era un palo muy fuerte para el propio Lula y para los petistas (militantes del Partido dos Trabalhadores, que fue fundado en San Pablo en pleno Carnaval de 1980) que llegaban al Palacio del Planalto. Lula, a casi diez años de aquel distanciamiento, incluso salpicado por los procesos de corrupción de algunos de sus máximos colaboradores, no tuvo empacho en abrazar y festejar junto a Frei Betto.

LABERINTOS ARGENTINOS. Puede constatarse que, en los últimos años, especialmente desde el conflicto con las patronales agropecuarias de 2008, la circulación de debates que articulen distintos puntos de vista se empobreció. Predomina una lógica dicotómica atravesada por el respaldo al gobierno o la oposición cerrada a la presidenta. Para el kirchnerismo esto se debe fundamentalmente a la manipulación mediática de quienes se resisten a perder privilegios (el Grupo Clarín). Si bien eso es así, cualquiera que pretenda analizar las tensiones de una sociedad deberá preguntarse cuánto puede aguantar la mentira o la tergiversación sin el soporte que brinda ser parte de una clase dominante que cuenta, además del aparato mediático, con la hegemonía en valores (o disvalores) culturales.

Es decir, la batalla cultural, a la que tanto refieren comunicadores o dirigentes kirchneristas, aparece como una simplificación entre quienes argumentan verdades y quienes intoxican a la comunidad. Más de una vez, quienes tienen (tenemos) una concepción transformadora de la sociedad enfrentan una serie de interrogantes respecto de quiénes pueden verse beneficiados y quiénes perjudicados por la instalación de debates que van al fondo de un sistema capitalista, dependiente y periférico pero que no tienen masa crítica social, cultural y política. Es decir, más de una vez, caben preguntas como si la Argentina está en condiciones de discutir en serio la renta agropecuaria y el modelo de soja transgénica hecha por Monsanto y exportada por las multinacionales donde el Estado aparece sólo para cobrar las retenciones. Y la pregunta no es cobarde: basta ver cómo Gerónimo Venegas, secretario general de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores, le cuenta a La Nación cómo ya no existe la oligarquía, por la sencilla razón de que las herencias se ocuparon de subdividir los campos. Y chau. El gran problema es que Venegas no tiene por ahora siquiera una lista opositora en el sindicato que pueda disputarle no sólo el aparato sino la hegemonía de tantos años de construcción política. Convengamos, en un sector que hace 70 años fue un bastión de Juan Domingo Perón contra la oligarquía. Para muestra basta recordar el Estatuto del Peón Rural.

Si los debates no circulan con más profundidad por los medios, cabe preguntarse si lo hacen por otros carriles, como por ejemplo, los partidos políticos y las organizaciones sociales. Es probable que sí, que en el seno de las organizaciones libres del pueblo haya mucho más caldo de cultivo que en los medios. Pero tampoco al punto de pensar que el Frente para la Victoria y sus aliados reciban una presión social como para avanzar de modo firme y lineal en establecer un modelo de transformaciones. Más bien, puede constatarse que las iniciativas para recortar privilegios y promover cambios culturales estuvieron fomentadas desde el propio gobierno. Los ejemplos al respecto son arrolladores y los protagonistas por excelencia resultaron Néstor y Cristina Kirchner. Entonces, muchos de quienes militan a favor de profundizar los cambios no son partidarios de abrir debates porque, consideran, eso resta consistencia al bloque popular que apoya a Cristina.

Ese razonamiento, fuerte, tiene, sin embargo, al menos tres flancos muy débiles, a juicio de quien escribe estas líneas. El primero es que se asienta en una falacia: creen que de un lado están los buenos y del otro los malos. Pretende que toda la clase media es anti-K. Basta recorrer el voto de estos años para verificar que tanto en áreas rurales como urbanas, hay un voto cambiante especialmente en las capas medias. Pero hay un problema adicional para los que se ven seducidos por ese razonamiento dicotómico: el voto con el estómago o el bolsillo es parte de la política, la gran mayoría de la sociedad, además de votar por sus identidades partidarias, lo hace con el humor que le dejan ver sus ingresos. Y una buena parte de la clase media consumista es anti-K pero también buena parte del pueblo (asalariados, cuentapropistas y sectores medios) afianza su cristinismo más por cuánto gana que por dimensionar los cambios históricos. El segundo tema es que hay mucho para hacer en la perspectiva de la historia, especialmente para entender las tradiciones coloniales de Latinoamérica y la Argentina. Ese aspecto de la batalla cultural no se mide en rating sino en saber introducir cambios reales. Los cambios curriculares en la enseñanza media se van dando, lentamente, pero se dan. La nueva producción historiográfica y de documentales o ciclos televisivos o de radio y medios gráficos va cobrando fuerza. La integración latinoamericana y la solidaridad entre naciones hermanas van cambiando paradigmas de xenofobia. En definitiva, aquellas acciones que no sólo muestran lo malos que son los malos sino la cantidad de veces que los proyectos nacionales y populares no pudieron plasmar su fuerza o que cuando lo hicieron se encontraron con la ferocidad impiadosa de los poderosos. Para que la gente pueda sentirse parte de un proceso transformador es preciso abrir las puertas para que se debatan los temas claves de la economía y la sociedad, desde los recursos mineros y petroleros hasta los impuestos y el pacto federal.

La creencia de que no se puede administrar el debate de los temas de fondo sin debilitar un proceso político popular es ciertamente un error profundo. Se puede, con responsabilidad, con mayor acceso a la información, y no sólo la de la gestión pública sino con datos de cuáles son los niveles de rentabilidad de las clases propietarias, para que todos puedan saber quiénes son los que “se la llevan en pala” y para ver dónde están parados esos que conservan privilegios. Y aquí viene el tercer elemento: desde el Estado, desde el gobierno, se pueden hacer cosas maravillosas para que los sectores postergados históricamente estén mejor y sean protagonistas de una nueva Argentina. En buena hora que las derechas acusen a los gobernantes latinoamericanos de populistas. El gran desafío de estos años es si los sectores populares, tras el convite del kirchnerismo, están poniendo sus propias marcas en este proceso o se limitan a acompañar lo que se hace.

Es, a juicio de quien escribe, un tema lleno de incógnitas. Si las tradiciones sindicales se están desvaneciendo o se corre el riesgo de haber perdido los puentes con algunos dirigentes que quizá todavía tienen fuerza en las bases. Si la nueva participación juvenil alberga una dirigencia sin la contaminación propia de ser parte del nuevo funcionariado político. Si habrá algunos sectores anti-K que se den cuenta realmente que están siendo funcionales a la peor derecha y a los sectores más privilegiados del capitalismo. En fin, si al cabo de una década, y en medio de las turbulencias propias del día a día, estaremos viviendo en un mundo que albergue esperanzas ciertas de cambio.

Al respecto, Frei Betto publicó hace poco un artículo con algunas referencias imprescindibles: “Según la ONU, para facilitar la educación básica a todos los niños del mundo sería preciso invertir 6000 millones de dólares. Y sólo en los EE UU gastan cada año en cosméticos 8000 millones. El agua y el alcantarillado básico de toda la población mundial quedarían garantizados con una inversión de 9000 millones de dólares. El consumo de helados por año en Europa representa el desembolso de 11 mil millones de dólares. Habría salud elemental y buena nutrición de los niños de los países en desarrollo si se invirtieran 13 mil millones de dólares. Pero en EE UU y Europa se gastan cada año en alimentos para perros y gatos 17 mil millones; 50 mil millones en tabaco en Europa; 105 mil millones en bebidas alcohólicas en Europa; 400 mil millones en estupefacientes en todo el mundo; y más de un millón de millones en armas y equipamientos bélicos en el mundo. El mundo y la crisis que le afecta sí tienen solución. Siempre que los países fueran gobernados por políticos centrados en otros paradigmas que huyan del casino global de la acumulación privada y de la incontenible espiral del lucro. Paradigmas altruistas, centrados en la distribución de la riqueza, en la preservación ambiental y en el compartimiento de los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo humano.

Fuente: Tiempo Argentino, 02.02.13

Read Full Post »

Older Posts »