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Posts Tagged ‘Mercosur’

La integración latinoamericana en la hora decisiva

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Por Emir Sader

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Está de moda en los análisis conservadores la idea de que las dificultades que encuentran los países latinoamericanos en la actualidad se deberían a un fin de ciclo. Habría pasado el momento favorable al crecimiento de las economías de esos países, que se habría fundado en el alto precio de productos primarios de exportación. Se habría agotado el modelo de crecimiento impulsado por la demanda, vinculada con la expansión del mercado interno de consumo popular.

Sí, hay problemas de ritmo de crecimiento en algunas economías, hay desequilibrios en las cuentas públicas de algunos países, hay presiones inflacionarias, hay presiones recesivas internas y externas sobre las economías de nuestros países. Se aprovechan de esas circunstancias los sectores que son los responsables por los inmensos retrocesos –recesiones, concentración de renta, exclusión social, entre tantos otros– para tratar de que se retroceda a políticas de aquel período, cuando de lo que se trata es de hacer las correcciones de ruta y seguir avanzando por el sendero de las políticas que permitieron que países del continente consigan resistir a la más profunda y prolongada recesión del capitalismo en ocho décadas.

De lo que se trata es de hacer las adecuaciones necesarias para quebrar la hegemonía del capital financiero bajo forma de capital especulativo que las políticas de desregulación del neoliberalismo promovieron como sector hegemónico en el plano económico, canalizando para el uso predatorio capitales que deberían ir a las inversiones productivas, que generan los bienes y los empleos que nuestras economías necesitan.

De lo que se trata es de buscar las formas –estatales y/o privadas– de obtener los recursos para retomar niveles superiores de expansión económica. De seguir profundizando crecimiento económico con distribución de renta, generando nuevas formas de dar continuidad a las políticas sociales que han permitido que el continente más desigual del mundo tenga países que consiguen –incluso en una época en la que predominan la austeridad, la concentración de renta y la exclusión de derechos a escala mundial– seguir disminuyendo la desigualdad, la miseria y la pobreza, como nunca se había hecho en esa escala en varios de nuestros países.

En ese marco, será difícil continuar resistiendo a las presiones recesivas internas y externas, dentro del margen de acción de cada uno de nuestros países aisladamente, aun con las formas de colaboración y apoyo actuales de los procesos de integración. Será preciso dar un salto decisivo en los procesos de integración latinoamericana, valiéndose de la ampliación del Mercosur –con el ingreso de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Surinam, Guayana–, para finalmente elaborar proyectos de desarrollo económico, tecnológico, financiero, físico y energético, de infraestructura, de cadenas productivas, de formas político-institucionales de integración, de medioambiente, culturales, de integración social y laboral, educacional, de salud pública, entre tantas otras esferas de integración.

Ha llegado el momento de que la Unasur dé un salto decisivo en la definición de sus funciones, que active el Banco del Sur, que extienda las atribuciones del Consejo Suramericano de Defensa, que cree instancias que puedan dirimir conflictos de diferente orden que existen o que pueden surgir en la región que la profundización y la extensión de los procesos de integración suramericana demandan, entre otros órganos. Que haga de la Unasur el gran espacio de coordinación de los proyectos situados en el Atlántico y en el Pacífico de la región. Que encuentre las formas conjuntas de resistencia a los flujos recesivos que vienen del centro del capitalismo. Que encuentre formas propias de resolución de los conflictos regionales, entre otras tantas funciones.

Este es el momento del reimpulso y profundización de los procesos de integración regional. La crisis recesiva no tiene fecha de terminación en el centro del sistema.

Tenemos que equiparnos para enfrentar conjuntamente la construcción de proyectos estratégicos de integración regional para seguir viabilizando América Latina como la región que más contribuye al combate a la desigualdad, a la exclusión social, a la pobreza y a la miseria.

Fuente: Página 12, 30.11.13
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Ser de izquierda en la era neoliberal

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Por Emir Sader

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¿Qué es ser de izquierda en los tiempos de hegemonía neoliberal, cuando varias fuerzas que estaban en el campo de la izquierda –socialdemócratas, nacionalistas– han desertado, para asumir programas neoliberales?

El marco latinoamericano es una desmentida concreta a los que han planteado el fin de la división entre derecha e izquierda. La diferencia entre gobiernos como los de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera y el de Hugo Chávez; la diferencia entre los gobiernos de Fernando Collor de Mello y de Fernando Henrique Cardoso y los de Lula y Dilma Rousseff; la diferencia entre los gobiernos de los partidos de derecha uruguayos y los gobiernos de Tabaré Vázquez y de Pepe Mujica; la diferencia entre los gobiernos previos a los de Evo Morales y de Rafael Correa y los gobiernos de éstos bastarían para demostrar que las contraposiciones siguen vigentes y definen el campo politico de los grandes enfrentamientos que vive América latina.

Nadie puede negar que esos países han cambiado mucho y han cambiado para mejor con los nuevos gobiernos. Así como nadie puede negar que esos gobiernos defienden tesis frontalmente contrapuestas a los programas neoliberales, así como a las defendidas por el gobierno de los Estados Unidos, por el FMI y por el Banco Mundial. Defienden la centralidad de las políticas sociales –más que justificada en el continente más desigual del mundo– y no de los ajustes fiscales. Defienden la prioridad de los proyectos de integración regional y no de los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos. Defienden un rol activo en lo económico y lo social del Estado, en lugar del Estado mínimo y de la centralidad del mercado.

Son esos gobiernos los responsables de recuperar la expansión económica para nuestros países y hacer de América latina el continente que más contribuye a la disminución de la desigualdad y de la miseria en un mundo donde esos fenómenos se expanden.

Son esos gobiernos los que hacen de América latina la única región del mundo que tiene procesos de integración regional autónomos respecto de Estados Unidos –con el Mercosur, Unasur, el Consejo Sudamericano de Defensa, el Banco del Sur, la Celac, el Alba, Petrocaribe, entre otros procesos regionales de integración–. Además del privilegio de la integración regional, el del intercambio Sur-Sur, que han permitido que esos países resistan a la recesión del centro del capitalismo.

La lucha de resistencia al neoliberalismo y la construcción de alternativas posneoliberales es la más grande tarea contemporánea de la izquierda. Porque el neoliberalismo es el traje que viste el capitalismo en el período histórico actual.

El anticapitalismo, que siempre ha caracterizado a la izquierda, a lo largo del tiempo, fue asumiendo formas distintas, conforme el propio capitalismo se fue transformando, de un período histórico a otro, de un modelo hegemónico a otro. La izquierda fue antifascista, en los años 1920 y 1930, fue adepta al Estado de Bienestar social y al nacionalismo en la segunda posguerra, fue democrática en los países con dictaduras. Así como la derecha fue cambiando de traje, en la misma medida: fue liberal, fue fascista, fue adepta a la Doctrina de Seguridad Nacional, conforme a las configuraciones históricas que tuvo que enfrentar.

En la era neoliberal, impuesta tras inmensos retrocesos económicos, sociales, políticos e ideológicos, con reveses históricos en escala mundial, los ejes centrales de los debates y de las polarizaciones han cambiado, así como las configuraciones de los campos políticos.

La derecha logró imponer su modelo liberal renovado, marcado por la centralidad del mercado, del libre comercio, de la hegemonía del capital financiero, de la precarización de las relaciones de trabajo, del privilegio del consumidor sobre el ciudadano, de las relaciones mercantiles sobre los derechos. A la par de la descalificación de las funciones reguladoras del Estado, de las políticas redistributivas, de la política, de los partidos, de los derechos de ciudadanía.

Es en ese marco que América latina ha pasado de víctima privilegiada del neoliberalismo a única región del mundo con gobiernos y políticas posneoliberales, que se proponen concretamente la superación del neoliberalismo, con políticas como las mencionadas arriba, con el privilegio de las políticas sociales, de los procesos de integración regional, de rescate del rol del Estado. Esa contraposición define los campos de la izquierda y la derecha realmente existentes en la era neoliberal.

Los pueblos de esos países se han manifestado reiteradamente a favor de esas alternativas, eligiendo, reeligiendo a sus gobernantes, así como a sus sucesores, a lo largo de su primera década posneoliberal, después de rechazar, derrotar y aislar a los responsables por la maldita era neoliberal. Se han constituido nuevas mayorías políticas en nuestros países, apoyados en los nuevos derechos sociales que esos gobiernos han promovido.

En la era neoliberal, la línea divisoria fundamental está impuesta por el modelo neoliberal, que sigue vigente en escala mundial y mantiene todavía fuertes posiciones dentro de nuestros propios países. Lo nuevo da una dura pelea para afirmarse, mientras lo viejo lucha desesperadamente para sobrevivir. Es la lucha más grande de nuestro tiempo, entre neoliberalismo y posneoliberalismo.

En prácticamente todos los períodos históricos hubo una izquierda moderada y una izquierda radical. La socialdemocracia fue un ejemplo de la primera, mientras que los comunistas y las fuerzas de la izquierda radical, de la segunda.

En el período histórico actual hay, en América latina, gobiernos posneoliberales moderados –como los de Brasil, Argentina, Uruguay– y radicales –como los de Venezuela, de Bolivia, de Ecuador y además, está claro, el de Cuba. Unos y otros han roto con los tres principios estratégicos mencionados del neoliberalismo: centralidad del ajuste fiscal, de los TLCs, del mercado, y avanzan en su superación concreta.

El primer grupo de gobiernos es antineoliberal, mientras que el segundo, además de antineoliberal, se propone ser anticapitalista, articular la lucha contra el neoliberalismo con la lucha contra el capitalismo. La unidad férrea de los dos grupos de gobiernos es condición esencial para los avances de todos esos gobiernos.

Ser de izquierda hoy es luchar contra la modalidad asumida por el capitalismo en el período histórico contemporáneo, es ser antineoliberal, en cualquiera de las dos modalidades. La moderación o la radicalidad están en las formas de articulación –o no– entre antineoliberalismo y anticapitalismo. La comprensión de la naturaleza del período histórico contemporáneo, con todos sus rasgos nuevos –pasó del mundo bipolar al mundo unipolar, bajo hegemonía imperial norteamericana; pasó de un ciclo largo expansivo del capitalismo a un ciclo largo recesivo; pasó de la hegemonía de un modelo regulador, de bienestar social a un modelo liberal de mercado, con todos los retrocesos en la correlación de fuerzas que han traído–, es condición esencial para captar las condiciones de lucha para la izquierda contemporánea, la izquierda del siglo XXI.

Fuente: Página 12, 04.11.13

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El BRICS y la emancipación de Latinoamérica

Por Alfredo Jalife-Rahme
Foto

Los presidentes Sebastián Piñera, de Chile; Juan Manuel Santos, de Colombia;
Enrique Peña Nieto, de México, y Ollanta Humala, de Perú, participan en un encuentro
empresarial en el contexto de la séptima cumbre de la Alianza del Pacífico,
en Cali, Colombia, el pasado 23 de mayo – Foto Xinhua
Se trata del título de mi ponencia en el congreso conjunto de la UAM Xochimilco y la Academia de Ciencias Sociales de China, entre otras entidades de prestigio mundial, que se inició el 28 de mayo en la ciudad de México:

La dicotomía decimonónica clásica de izquierda/derecha es necesaria pero insuficiente para entender las tendencias geopolíticas, lo cual ha sido distorsionado por la plutocracia del neoliberalismo global centralbanquista que domina el mundo.

Hoy la verdadera bifurcación del siglo XXI versa en la colisión entre la globalización y el humanismo.

El concepto estratégicoSudamérica, más preciado por los estrategas brasileños, se ha movido más a un lulismo que a una izquierda (whatever that means), no pocas veces mercenaria, frente a la entelequia muy etérea de Latinoamérica (LA), más balcanizado que nunca, cuando se ha asentado que el “México neoliberalitamita” pertenece a Norteaméricacontrolada por Estados Unidos, al unísono de su súbdito anglosajón Canadá, extensivo a Centroamérica y al CAFTA.

A final de cuentas la colisión es entre EU/OTAN/Israel/Alianza del Pacífico (AP)/TPP (Asociación Transpacífica) contra Brasil/Unasur/BRICS.

Asistimos a una triple colisión en la añeja LA entre el neomonroísmo (patrocinado por Estados Unidos, en alianza con Gran Bretaña, España e Israel), el huérfano chavismo bolivariano (que quizá encabece Rafael Correa) y el lulismo.

La revista británica The Economist(18/5/13) –muy cercana al gobierno inglés, a la petrolera BP y a los banqueros esclavistas Rothschild– fractura el continente americano endos bloques alternativos: la AP, orientada al mercado (sic), y el Mercosur, más estatista (sic).

Se trata de un abordaje reduccionista muy simplón de corte maniqueo lineal, como acostumbra The Economist, portavoz de la desregulada globalización financierista: donde los buenos, elegidos de Dios, por el simple hecho de haber adoptado el modelo agónico del neoliberalismo global anglosajón resultarántriunfadores frente a los malos: losestatistas del BRICS.

The Economist le da vuelo ditirámbico a la séptima cumbre de Cali, adonde acudieron los presidentes de cuatro países de LA: Chile, Colombia, Perú y México, que tienen contemplado concretar un mercado común en un mínimo de siete años y al que pronto se incrustarán Costa Rica y Panamá (Ver Bajo la Lupa, 26/5/13).

Lo relevante del reduccionismo mercantilista, que pretende alcanzar nivel de análisis geoeconómico sin lograrlo, es la balcanización de LA entre la AP –controlada por Estados Unidos/Gran Bretaña, al que se unirían España e Israel– frente a Brasil, a quien se pretende aislar debido a su complementariedad geoeconómica con China en el seno del BRICS.

La revista británica se burla de laretórica gaseosa (sic) de las cumbres de LA cuando los regímenes izquierdistas (sic) que gobiernan la mayor parte de Sudamérica peroran sobre la integración regional pero con pocos resultados. ¡Pues ni tanto!

Compara en forma simplista el PIB combinado de los cuatro miembros fundadores de la AP, quienes han adoptado la globalización, frente al gigante brasileño: 2 billones de dólares:35 por ciento del total de LA y un poco menos (sic) que Brasil, el gigante de la región. Burda trampa cuando ocultan el segundo y el tercer PIB de Sudamérica: Argentina y Venezuela, sin contar Ecuador y Bolivia.

The Economist soslaya que la AP se encuentra bajo la espada de Damocles del neopinochetismo y, como buen vendedor de la privatización a ultranza, abulta la creación de una sola bolsa de valores regional que conjuga a Chile, Colombia y Perú.

En la misma forma que los multimedia israelí-anglosajones fustigan al BRICS, la revista propagandística británica arremete contra el Mercosur y cita tendenciosamente las teorías vetustas del entreguista cardosista Luis Felipe Lampreia, ex canciller brasileño, en contra del emergente bloque cuatripartita (Brasil, Argentina, Uruguay y Venezuela), al que desprecia como bloque político, como si la política fuera pecado capital para los mercantilistas neoliberales.

The Economist juzga que bajo la égida de Brasil la mayor parte del bloque antiestadunidense Alba de Chávez está siendo absorbido por el Mercosur. ¡Qué hipérbole!

Si Paraguay, presa de un golpe de Estado benigno teledirigido por Estados Unidos, es expulsado del Mercosur y sustituido por Venezuela,ergo, todo el grupo del Alba se incrustade facto en el bloque cuatripartito.

Por lo visto, el reconocimiento de Dilma Rouseff al presidente Nicolás Maduro, mediante una asociación estratégica, perturbó a los propagandistas israelí-anglosajones.

La crítica británica es feroz en proproción a su imprecisión:Argentina y Venezuela, los dos principales socios regionales de Brasil, tienen economías controladas por el Estado, de bajo crecimiento, y sus políticas cortejan a la autarquía (¡supersic!).

Hasta donde nos quedamos, Argentina y Venezuela tienen los mejores crecimientos de LA (incluida la darling de Estados Unidos al sur de su frontera, hoy en estado catatónico comprobable).

Les dolió a los propagandistas israelí-anglosajones el triunfo de Brasil en la OMC en detrimento del candidato entreguista filoestadunidense del “México neoliberal itamita”: The Economist llega hasta considerarirrelevante al organismo, y da por muerta a la ronda de Doha.

Suena divertido escuchar las lamentaciones neoliberales de The Economist, que pretende aislar a Brasil, y de paso, al BRICS.

La revista propagandista británica admite que en LA (AP y Mercosur por igual) no existe el género de cadenas de abasto regionales que vinculan a China a sus vecinos, donde lasconexiones de transporte son pobres (sic).

Es obvio que el depredador financierismo anglosajón que adoptaron sus súbditos en LA los dejó sin infraestructura (léase: puertos y sistemas de transporte).

Vienen los ditirambos insustentables de The Economist: en su corta vida la AP ha demostrado (¡supersic!) ser una pieza brillante (sic) de mercadotecnia (¡supersic!) diplomática, pero ahora tiene que agregar sustancia.

La revista afirma que la colisión ya empezó entre la AP y el Mercosur (léase: el BRICS, su gran aliado) y asegura la defunción del auge de las materias primas, que curiosamente a quienes, a mi juicio, afectará mayormente es a los miembros de la AP ( v. gr. Chile, tan monodependiente del cobre y que está jugando al fuego con su mayor importador: China) más que a los del Mercosur, ya no se diga el BRICS.

Un grave error del abordaje de The Economist, que colisiona a Brasil con la AP, es que deja de lado otros factores de poder, que van más allá de su vulgar mercantilismo que disfraza de falsa geoeconomía, y que versan sobre la investigación y el desarrollo (I&D), la tecnología de punta y las relaciones geopolíticas, como refleja Brasil con el continente africano (donde tiene más de 30 embajadas), ya no se diga con India: mediante el eje IBSA (India, Brasil y Sudáfrica) que conecta el Atlán­tico sur al océano Indico.

De nueva cuenta surge India como el país a seducir por todos lados: desde el alucinante Indo-Pacífico hasta el BRICS.

 Fuente: La Jornada, 29.05.13

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Lula:

“Yo era un indeseable

que llegué a una fiesta

a la que nadie me había invitado”

Luiz Inácio Lula da Silva, la cabeza visible del actual proceso de cambio en Brasil, repasa los diez años de gobierno del Partido de los Trabajadores en diálogo con el actual secretario del Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales, Pablo Gentili, y su antecesor, Emir Sader, que lo entrevistaron como parte de un libro sobre esa experiencia.

Por Emir Sader y Pablo Gentili

Lula con Sader y Gentili
Emir Sader y Pablo Gentili durante la entrevista con Lula da Silva.
Imagen: Ricardo Stuckert/Instituto Lula.

Luiz Inácio Lula da Silva es un ser práctico, intuitivo, que busca la resolución concreta de los problemas. Fue en buena medida por eso que se desarrolló en Brasil un complejo proceso de articulación política que tornó posible la prioridad de lo social y la promoción de políticas igualitarias, la soberanía externa y la recuperación del papel activo del Estado en la construcción de los derechos ciudadanos.

–¿Cuál es su balance de los diez años de gobierno del Partido de los Trabajadores?

–Creo que estos últimos diez años forman parte del mejor período que vivió Brasil en muchas décadas. Si analizamos las carencias que todavía existen, podemos reconocer que aún queda mucho por hacer para garantizarle a nuestro pueblo la conquista plena de ciudadanía. Pero si analizamos lo que hicimos, observaremos que otros países no consiguieron, en treinta años, hacer lo que nosotros conseguimos hacer en una década. Quebramos tabúes y prejuicios establecidos. Y algunas verdades se esfumaron. Primero probamos que era plenamente posible crecer distribuyendo riqueza, que no era necesario esperar el crecimiento para distribuir. Segundo, que era posible aumentar los salarios sin inflación. Durante los últimos diez años, los trabajadores tuvieron un aumento real en sus ingresos, el salario mínimo creció casi 74 por ciento y la inflación estuvo controlada. Tercero, durante esa década aumentamos nuestro comercio exterior y aumentamos nuestro mercado interno sin que eso entrase en conflicto. Antes decían que no era posible que crecieran al mismo tiempo el mercado externo y el mercado interno. Esos fueron algunos tabúes que rompimos. Y, al mismo tiempo, hicimos una cosa que yo considero extremadamente importante: probamos que poco dinero en mano de muchos es distribución de la riqueza y que mucho dinero en mano de pocos es la puerta para todo tipo de injusticias.

–¿La ruptura de esos tabúes fue percibida por la sociedad?

–Creo que mucha gente de clase media y rica terminó entendiéndolo. Quienes ironizaban sobre el Programa Beca Familia, el aumento del crédito para la agricultura familiar, el programa Luz para Todos y otras políticas sociales que desarrollamos, aquellos que los despreciaban diciendo que eran limosna, que eran mero asistencialismo, percibieron que fueron esos millones de personas, cada quien con un poquito de dinero en la mano, los que comenzaron a dar estabilidad a la economía brasileña. Hicieron que creciese, que generase empleo y más riqueza. Es una lógica que todo el mundo debería conocer. ¿Qué país del mundo va a crecer si su pueblo no tiene poder de compra? Desde el punto de vista económico, creo que nosotros marcamos una nueva trayectoria en la vida brasileña.

–¿Cuál es el gran legado de estos diez años de gobierno?

–Recuperamos el orgullo personal, el orgullo propio, la autoestima. Conquistamos cosas que antes parecían imposibles. Pasamos a ser más respetados en el mundo: la gente mira hoy a Brasil y no ve sólo chicos de la calle, Pelé o el Carnaval. Sabe que Brasil tiene gobierno, que este país tiene política, que este país pasó a ser tratado como referencia para muchas cosas que fueron decisivas en el mundo. Llegaremos al 2016 como la quinta economía del mundo. Pero lo más importante es tener en claro que el mayor objetivo de Brasil no es ser la quinta o la cuarta economía mundial. Es importante mejorar día a día la calidad de vida del pueblo brasileño, desde el punto de vista del salario, de la vivienda, del saneamiento básico o de la educación. Ya no nos tratan más como ciudadanos de segunda clase. Recuperamos el placer y el gusto de ser brasileños. El gusto de amar a nuestro país.

–¿Qué es lo que le produce más orgullo de todo lo que hizo en su gobierno?

–Siento mucho orgullo, en este caso es un orgullo muy personal, hasta un poco de vanidad, por pasar a la historia como el único presidente que no tuvo diploma universitario, pero creó más universidades en este país. Creamos 14 universidades nacionales nuevas, 126 nuevos campus universitarios y 214 escuelas técnicas superiores. Esto entre 2003 y 2010. Ayer recibí la carta de un señor que agradece la formación de su hijo, en Biomedicina. Es un chofer de ómnibus y también él está estudiando Derecho. Los dos pudieron cursar estudios universitarios gracias al Programa Universidad para Todos (Prouni). Pienso que esas cosas pasaron porque, en su sabiduría, el pueblo consiguió después de tanto tiempo, de tantos prejuicos, probar que uno del pueblo podía gobernar este país. Pudimos concretar aquellas tres promesas de mi discurso de asunción: “Primero voy a hacer lo necesario, después voy a hacer lo posible y, cuando menos lo imagine, estaré haciendo lo imposible”. Lo sagrado es no tener miedo de conversar con el pueblo. Cuando tenés un 92 por ciento de aprobación en las encuestas de opinión pública, quizá no necesitás conversar con el pueblo. Necesitás conversar con el pueblo cuando las papas queman, cuando estás siendo acusado, acorralado. Lo necesitás porque cuando conversás con el pueblo y lo hacés mirando a cada uno a los ojos, ellos saben distinguir qué es mentira y qué es verdad. Y quién está de qué lado en toda esta historia.

–¿La reacción de la oposición y de ciertos sectores de la prensa a los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) son desproporcionadas frente a esos resultados?

–En 1979, cuando surgió la bandera de la lucha por la libertad de organización política, posiblemente yo era la única referencia nacional unánime del movimiento sindical. Recuerdo que por primera vez hablé de la necesidad de creación del Partido de los Trabajadores en un encuentro en Sao Bernardo do Campo. Cuando finalmente lo fundamos, dijeron que no sería posible tener un partido con las características del PT, creado y dirigido por trabajadores. Después dijeron que no pasaríamos de una cosa pequeñita, linda y radical. Y nosotros no nacimos para ser bonitos ni radicales. Nacimos para tomar el poder.

–Pero también el PT nació para ser radical…

–El PT era muy rígido, y fue esa rigidez la que le permitió llegar donde llegó. Sólo que, cuando un partido crece mucho, entra gente de todas las especies. O sea: cuando uno define que va a crear un partido democrático de masas, al partido puede ingresar un cordero y puede ingresar un jaguar. Pero el partido llega al poder. Nuestra llegada al poder no fue vista por la actual oposición como una alternancia beneficiosa para la democracia. Ellos no lo vieron así. Yo era un indeseable que llegué a una fiesta a la que nadie me había invitado. Lo cierto es que entramos a la fiesta. Y lo peor para ellos: gobernamos bien. Así fue que intentaron usar el episodio del mensalao para acabar con el PT y, obviamente, terminar con mi gobierno. En esa época, había gente que decía: “El PT murió, el PT se terminó”. Pasaron seis años y quienes se acabaron fueron muchos de los partidos de oposición. El DEM ni sé si existe más. Creo que no. El Partido de la Socialdemocaracia Brasileña está intentando resucitar al “joven” Fernando Henrique Cardoso porque no creó liderazgos y no promovió nuevos cuadros. Estas cosas supongo que aumentan el resentimiento contra nosotros. Sin embargo, las elites nunca ganaron tanto dinero como durante mi gobierno. Ni las emisoras de televisión, que estaban casi todas quebradas. Ni los periódicos, que también estaban casi todos quebrados cuando asumí. Las empresas y los bancos nunca ganaron tanto. Pero los trabajadores también ganaron. El trabajador sólo puede ganar si a la empresa le va bien. No conozco, en la historia de la humanidad, un momento en que a una empresa le vaya mal y sus trabajadores consigan conquistar alguna otra cosa que no sea el desempleo.

–¿Por qué esto no se traduce en un análisis favorable de los gobiernos de Lula y Dilma por parte de la prensa brasileña?

–Este país está andando bien, pero es verdad que eso no se ve en la prensa. Es increíble. Una vez el ex presidente de Portugal Mário Soares vino a Brasil a hacerme una entrevista. Cuando llegó traía Le Monde, Der Spiegel, el Financial Times y muchas otras revistas y periódicos internacionales. Me dijo: “Lula, estoy enloquecido. Vengo de un continente en que todos sólo hablan bien de Brasil. Pero cuando llego aquí leo la prensa brasileña y dice que en este país nada anda bien”. Una parte de la prensa nacional parece querer sustituir a los partidos políticos. O sea, el debate que debería hacerse en el Parlamento, entre los partidos y por la sociedad, está siendo monopolizado por la prensa. Es realizado solamente por algunas redacciones y, dentro de ellas, por algunos pocos columnistas que intentan fingir que no son políticos, que son imparciales. Creo que eso es malo, muy malo. Intentar negar la política es un desastre. Es un error que puede ser cometido tanto por la derecha como por la izquierda. No sirvió en ningún lugar del mundo porque lo que vino después fue peor. Feliz la nación que tiene como interlocutores instituciones fuertes, sean ellas partidos, sindicatos, iglesias o movimientos sociales. Cuanto más fuertes sean las instituciones y los movimientos sociales, más fuerte será la democracia y más garantías tendrá. Y es esto lo que los sectores conservadores no comprenden.

–Lula, Brasil cambió en estos diez años y cambió para mejor. Y usted, ¿en qué cambió?

–Una de las cosas buenas de la vejez es sacar provecho de lo que te enseña la vida. La vida me enseñó mucho. Fundar un partido en las condiciones en las que lo hicimos fue muy difícil. Ahora que es un partido grande, todo es más fácil, pero yo viajaba de Norte a Sur de Brasil para hacer asambleas con tres o cuatro personas. Salía de San Pablo para Acre, en el extremo Norte, para hacer una reunión con diez personas o para convencer a Chico Mendes de que entrara en el PT. Era muy difícil hacer caravanas, viajar para el Nordeste, tomar un ómnibus, estar una semana caminando, haciendo reuniones al mediodía, con un sol terrible, explicando lo que era el PT para que la gente se afiliara. Yo cambié. Cambié porque aprendí mucho, pero continúo con los mismos ideales. Creo que sólo tiene sentido gobernar si uno consigue hacer que las personas más pobres tengan más oportunidades. Las personas necesitan solamente de oportunidades. Teniendo oportunidad, todo el mundo puede ser igual. La gente sólo necesita una chance. Creo que empezamos a hacer esto en mi gobierno. Pero la tarea no está terminada. Uno no cambia generaciones de equívocos en pocos años. Necesita tiempo para poder hacerlo. Creo que el camino que elegimos es el correcto.

–Y el PT, ¿cambió?

–Existen dos partidos de los Trabajadores. Uno es el PT del Congreso, de los parlamentarios, el PT de los dirigentes. Otra cosa es el PT de la base. Yo diría que el 90 por ciento de la base del PT continúa igual a lo que era en 1980. Sigue queriendo un partido que no haga alianzas políticas, pero al mismo tiempo sabe que, para ganar, tiene que hacer acuerdos. Es una base muy exigente, muy solidaria y todavía desconocida por parte de la elite brasileña que conoce el PT sólo superficialmente. El PT es muy fuerte en los movimientos sociales y en el interior del país. Esa fortaleza no siempre se expresa en la cantidad de votos. Pero también está el PT de las elecciones. En Brasil, o hacemos una reforma política o la política va a tornarse más perversa de lo que ya fue en cualquier otro momento. Es necesario que las personas entiendan que no solamente deberíamos tener financiamiento público de la campaña, como también debería ser un delito el uso de dinero privado. Que es necesario hacer el voto por lista, para que la pelea se dé internamente en los partidos. Podríamos tener un modelo mixto (un voto puede ser para la lista, el otro para el candidato). Lo que no se puede es continuar como está actualmente. El PT necesita reaccionar e intentar poner la reforma política en la agenda pública. Algunas veces tengo la impresión de que los partidos políticos son un negocio, cuando, en rigor, deberían ser una institución extraordinariamente importante para la sociedad. La sociedad tendría que creer en los partidos y participar en ellos.

–¿Entonces el PT no necesariamente cambió para mejor?

–Cambió porque aprendió la convivencia democrática en la diversidad. Pero también creo que, en muchos momentos, el PT cometió las mismas desviaciones que criticaba en los otros partidos políticos. Ese es el juego electoral que está en danza: si el político no tiene dinero, no puede ser candidato y no tiene cómo ser elegido. Si no tiene dinero para pagar la televisión, no hace campaña. El PT tiene que aprender que, cuanto más fuerte sea, debe tornarse más serio y riguroso. El PT necesita volver a creer en los valores en que creíamos y que fueron banalizados por la disputa electoral. Yo, sinceramente, creo que éste es el tipo de legado que tenemos que dejarles a nuestros hijos y a nuestros nietos. Probar que es posible hacer política con seriedad. Uno puede jugar el juego político, puede hacer alianzas, puede hacer coaliciones, pero para hacer política no necesita establecer una relación promiscua con nadie. El PT necesita volver urgentemente a tener esto como un horizonte propio, como un ejercicio práctico de la democracia.

–¿Qué lamenta de esta última década?

–Si hay un ciudadano que no puede quejarse por estos últimos diez años, soy yo.

Fuente: Página 12, 17.05.13

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“Son acuerdos para profundizar la relación”

La Presidenta recordó a Hugo Chávez y destacó que los doce convenios acordados con su par venezolano ayudarán a las dos naciones a “seguir avanzando en los procesos de inclusión social”. Maduro se definió como el “segundo presidente peronista” de su país.

Por Nicolás Lantos

“Brindemos por estos doscientos años de historia, por todos los hombres y mujeres que en distintas circunstancias han sabido afrontar el desafío y estar a la altura de ese reto. Por nuestros países, por Argentina, por Venezuela, por todos los sudamericanos que están convencidos de que nuestra hora es hoy.” Ese saludo propuso la presidenta Cristina Fernández de Kirchner antes de la cena con la que agasajó a su par venezolano, Nicolás Maduro, en su primera visita oficial a la Argentina desde que fue electo como sucesor de Hugo Chávez. El mandatario caribeño, minutos antes, había recordado la fórmula de Juan Domingo Perón respecto de que este siglo encontraría a los países de la región “unidos o dominados” y había planteado que “el siglo XXI parece ser el siglo de la unión, del reencuentro con las raíces, de la liberación de nuestros pueblos, de la consolidación de una verdadera nación de repúblicas sudamericanas”.

Por la tarde, los dos presidentes habían compartido reuniones bilaterales y habían firmado una docena de acuerdos (ver aparte). Durante esta primera visita al país como jefe de Estado, Maduro también participó de un acto que organizó el espacio Unidos y Organizados en el estadio de All Boys para agasajarlo, en la Ciudad de Buenos Aires, mientras que parlamentarios opositores de Venezuela fueron recibidos por sus pares locales en repudio a la visita. Buenos Aires fue la segunda escala del dirigente bolivariano en su primera gira oficial, que comenzó en Montevideo y concluirá en Brasilia.

“Gracias por esta primera visita como presidente de Venezuela a la Argentina. Debo confesarles que cuando uno recibe a un amigo suele estar feliz y contento, pero cuando falta otro amigo, esa alegría tiene sensaciones cruzadas, sentimientos encontrados”, manifestó Cristina Fernández, en referencia a la muerte de Chávez. “Debo decir que para nosotros es muy especial este momento, que me hace remover sentimientos y situaciones muy especiales; ustedes saben de la amistad con Hugo y también de la amistad entrañable con Néstor Kirchner”, dejó bien claro CFK, antes de agradecer “la ayuda invalorable” que le brindó Venezuela a la Argentina “cuando todo el mundo le soltaba la mano”.

Por su parte, Maduro realizó un guiño a su anfitriona al declararse el “segundo presidente peronista” de su país. “Soy el primer presidente chavista de Venezuela, obrero, y segundo presidente peronista, porque el primer presidente peronista fue Hugo Chávez”, manifestó, arrancando un aplauso de los asistentes al acto realizado en el Salón Sur de la Casa Rosada. El flamante mandatario comparó los procesos políticos en los dos países y destacó las coincidencias: “Ambos gobiernos somos dos fuerzas telúricas de cambio, y tenemos relaciones de confianza y nuestros pueblos ahora se conocen, se quieren, se respetan y se admiran”, señaló.

Los presidentes realizaron sus declaraciones a la prensa luego de compartir una jornada de reuniones bilaterales de las que también participaron secretarios y ministros, y que culminó con la firma de una docena de “importantes convenios bilaterales” que ayudarán a las dos naciones a “seguir avanzando en los procesos de inclusión social tan poderosos y tan fuertes” que se vienen desarrollando. “Son acuerdos para profundizar la relación. Para, como decía Hugo, utilizar esa complementariedad tan perfecta, casi de rompecabezas”, señaló Fernández de Kirchner. En ese sentido, Maduro agregó: “Hemos venido a ratificar el camino de la Patria Grande”, y llamó a “seguir profundizando en materia de gas y alimentos la ecuación perfecta de los dos países”.

Maduro había arribado a la Casa Rosada alrededor de la una y media del mediodía, tras llegar a Buenos Aires desde Montevideo, la primera escala de su gira inaugural como presidente venezolano, que culminará hoy en Brasil. El sucesor de Hugo Chávez eligió el Mercosur y a sus pares José Mujica, Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff como una clara señal de continuidad en lo que se refiere a la política exterior de Caracas respecto de la desarrollada por Chávez.

“La integración de Venezuela al Mercosur es uno de los más grandes éxitos de la política latinoamericana de la última década”, celebró el canciller argentino, Héctor Timerman. “Que Venezuela decida basar su desarrollo en asociaciones con países de la Unasur y no países hacia el norte es muy importante. No es la figura de Maduro la que molesta, sino las políticas de Maduro, que han sido atacadas por los centros de poder, que siempre han preferido una América Latina desunida y desorganizada”, aseveró el ministro.

Luego de asistir al acto en el estadio de All Boys, el venezolano regresó al centro porteño para participar, en el Museo del Bicentenario, ubicado en la ex bodega Taylor, tras la Casa Rosada, de la habitual cena ceremonial en honor de los mandatarios que visitan el país. Antes de la comida, Maduro fue condecorado con el collar de la Orden del Libertador San Martín y ambos presidentes dijeron unas palabras a modo de brindis.

Allí, Maduro emparentó el proceso de integración regional de la actualidad con “la historia de nuestra América, marcada desde la resistencia indígena, la lucha de la independencia y la guerra por ser libre” llevada a cabo en la época de la colonia por Simón Bolívar y José de San Martín. A su turno, CFK señaló que este siglo ha encontrado a Sudamérica “mucho mejor parada que el XIX y el XX”, pero advirtió que “dependerá de la capacidad e inteligencia de los pueblos para superar las adversidades, los palos en la rueda y el odio”, por lo que harán falta “nuevas ideas, nuevos paradigmas, nuevos modelos y nuevos valores”.

Fuente: Página 12, 09.05.13

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A 5 días de las elecciones

Paraguay en la recta final

Cartes, el favorito, aspira a devolver el timón presidencial al conservador Partido Colorado, vinculado con el autoritarismo, el clientelismo y la corrupción y derrotado hace cinco años por el ex presidente izquierdista Lugo.

Paraguay entró en la recta final hacia las elecciones nacionales del domingo, en un clima de tranquilidad, expectativas e incertidumbre sobre lo que pueda pasar.

De hecho, las previsiones no favorecen a ninguno de los dos candidatos. Una de los dos últimas encuestas divulgadas, de la firma Grau y Asociados, adjudica a Horacio Cartes, un empresario multimillonario candidato del Partido Colorado, el 45,3 por ciento de la intención de voto, a 14 puntos de su principal rival, el oficialista Efraín Alegre, del Partido Liberal. Pero el otro sondeo publicado el domingo, de la consultora Gabinete de Estudios de Opinión (GEO), ubica al empresario con 34,8 por ciento de las preferencias, por debajo de Alegre (36,7 por ciento).

Sin embargo, los analistas, que explican en parte esta caída de Cartes por un pacto electoral de los liberales con los herederos políticos del fallecido líder Lino Oviedo, aseguran que la puja será ajustada. Cartes, un exitoso hombre de negocios y dirigente deportivo de 56 años, recién llegado a la política, aspira a devolver el timón presidencial al conservador Partido Colorado, vinculado con el autoritarismo, el clientelismo y la corrupción, y derrotado en las urnas hace cinco años por el ex presidente izquierdista Fernando Lugo. El triunfo en 2008 del ex obispo católico, destituido en junio pasado por el Congreso por “mal desempeño”, marcó el final de una hegemonía colorada de 61 años, que incluye el régimen de Stroessner entre 1954 y 1989.

Además, esta elección concentra muchas esperanzas en cuanto al porvenir del país. Aislado regionalmente desde la destitución de Fernando Lugo, Paraguay espera recuperar sus credenciales democráticas en los comicios del día 21 y ser readmitido en el Mercosur.

De hecho, para mediar en la crisis abierta por el juicio político contra el presidente Fernando Lugo, que fue destituido el 22 de junio de 2012, Maduro, en esa fecha canciller venezolano, acudió de urgencia a Asunción, en el marco de una misión de la Unasur. Una semana después, la Unasur y el Mercosur suspendieron a Paraguay de la participación hasta ver el desarrollo de sus comicios, y este segundo bloque admitió además a Venezuela, cuyo ingreso había bloqueado el Legislativo paraguayo durante años. El panorama se complicó más cuando, a principios de este mes, Franco consideró un milagro la muerte del antecesor de Maduro, Hugo Chávez, lo que le llevó a ser calificado de escoria humana y política por el canciller venezolano, Elías Jaua. Además, la Cancillería paraguaya se sumó este lunes a las peticiones de nuevo recuento, en forma rápida y con total transparencia, de los votos de las presidenciales venezolanas del pasado domingo, en las que Maduro obtuvo un 50,75 por ciento de los sufragios, frente al 48,97 por ciento del opositor Henrique Capriles.

No obstante, el embrollo diplomático que tendrá que solucionar el nuevo Ejecutivo apenas ha tenido incidencia en la campaña electoral, y los dos candidatos favoritos a la presidencia han dado muestras de que optarán por el pragmatismo para facilitar su regreso al Mercosur, aun con Venezuela dentro. “Venezuela ya está adentro, duele decirlo, pero voy a ser presidente”, declaró la semana pasada el colorado Cartes. Por otro lado, Alegre dijo que sólo el nuevo gobierno que tome posesión el 15 de agosto en Paraguay podrá restaurar los puentes con Venezuela y recomponer las relaciones con el Mercosur. “Estoy seguro de que no es un tema insuperable. Al contrario, para el Mercosur, Paraguay es importante, para nosotros también es importante el Mercosur. Vamos a sentarnos a dialogar y estoy seguro de que se van a recomponer esas relaciones”, dijo en una entrevista. Con Maduro como nuevo presidente en Venezuela, claro que habrá una relación de Estado, declaró también el candidato liberal, que confió en que los cuatro mandatarios socios del Mercosur estarán en Asunción para la jura presidencial del 15 de agosto del vencedor de las elecciones del próximo domingo.

Con este complejo panorama diplomático de trasfondo, Paraguay se juega a recuperar la credibilidad democrática ante sus vecinos, en las elecciones más vigiladas en sus 24 años de democracia. Se montó un esquema informático con tecnología de punta para la transmisión de los resultados y se han cursado invitaciones a unas 300 instituciones internacionales para que envíen observadores, muchos de los cuales ya están en el país. Así, la Unasur y el Parlamento del Mercosur sumarán sus observadores a los destacados por la Unión Europea, la Organización de Estados Americanos y varios organismos electorales del continente. “La gente va a participar con mucho criterio cívico. No creemos que haya violencia”, declaró ayer el candidato Alegre.

De los 6,5 millones de habitantes que tiene Paraguay, 3,5 millones están en el extranjero y se registraron en España, Estados Unidos y la Argentina. El presidente que surja de la elección del domingo asumirá el 15 de agosto.

Fuente: Página 12, 17.04.13

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Hoy se movilizan

Hoy se movilizan los uruguayos

Roberto Páez González

> 25/02/2013

>>> A estos jueces ¿quién los juzga?

En Uruguay también el poder judicial expresa su carácter conservador y reaccionario: la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucionales los artículos que permitían juzgar a los culpables de crímenes contra la humanidad en la ley que había anulado la de Caducidad.

Un decreto del Poder Ejecutivo, de junio de 2011, había anulado los actos administrativos en los que se había aplicado la ley de Caducidad y la ley 18.831 aprobada a fines de ese año había declarado imprescriptibles los delitos de la dictadura.

El excoronel Jorge ‘Pajarito’ Silveira dijo: “Nos tienen presos a nosotros, que se queden contentos”. Dicho militar “fue procesado con 25 años de prisión por el caso Gelman y por el segundo vuelo clandestino que transportó desde Argentina a ciudadanos uruguayos desaparecidos”, dice La República de este domingo.[1]

Pero los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles y esos crímenes – muertes y desapariciones durante la dictadura– siguen y seguirán siendo crímenes. Muchas voces en el Frente Amplio, empezando por la de José Mujica, y en la ciudadanía piden el juicio político de los jueces de la Suprema Corte. Los uruguayos, hoy se movilizan.

Para Uruguay y para Latinoamérica, todos los avances en materia de DDHH y muy especialmente los relacionados con las dictaduras padecidas son importantes para cada país y para el conjunto, así como cada retroceso es grave.

A la hora de preparar y empezar un futuro que sea una nueva época latinoamericana, también es indispensable protegerlo y distinguirlo de las horas sombrías en que algunos militares y represores disponiendo de mando y envueltos en propuestas políticas y económicas ajenas al bienestrar de los pueblos y a sus intereses nacionales usaron la fuerza y su abyección en contra de sus propios conciudadanos.

Uruguay tiene 176.000 km² de superficie y alrededor de 3 millones y medio de habitantes, pero como todas las partes constituyentes de Latinoamérica y el Caribe nucleadas en la Celac, nada de lo que le concierne en estos órdenes nos es ajeno a los otros latinoamericanos.

Esta visión que reiteró Rafael Correa en la noche del festejo popular de su reelección, refiriéndose también a actuaciones del poder judicial de su país y de los grandes medios de comunicación -“prensa corrupta”, dijo- convoca a todos los organismos de convergencia latinoamericana: Unasur, Alba, Celac e incluso Mercosur.

Hace apenas días, algunos voceros de la UE dijeron en voz bastante alta que solo aceptarían negociar con un Mercosur al que se haya reintegrado Paraguay. Nuestra Presidenta y Dilma Rousseff ya habían expresado sus deseos de ese pronto retorno al regazo de Mercosur, lo que será posible inmediatamente después de las elecciones presidenciales paraguayas de este año, esperando revertir una situación anómala en el bloque.

Pero esta tentativa de vuelta a la impunidad en Uruguay no será legitimada por algún silencio cómplice, ni por mirar para el otro costado por parte de gobiernos suramericanos, movimientos de derechos humanos, movimientos sociales, partidos políticos y alianzas que en la región llevamos ya muchos años en el rumbo actual, y lo que queremos es profundizarlo.

El acoso del conglomerado mediático a nuestros gobiernos es permanente. Recordemos también el insidioso asunto de la foto de Chávez que publicó el diario español El País, el del “mensalão” en Brasil…

 

Ya se urden los aprontes marzo

… Y ahora una acción en embudo, haciendo leña con todo lo que puede arder, en Argentina, contra el congelamiento de precios y la política económica en general, instrumentando la complicidad de dirigentes sindicales que se prestan a la campaña de infundir el miedo a la inflación y no defienden adecuadamente los salarios reales de los trabajadores, un jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que pretende aumentar todo: desde el ABL hasta los boletos de los subtes, entidades mutuales que se arrogan un rol en la determinación de la política exterior argentina, y sobre todo prefieren que la justicia mantenga bloqueado el proceso judicial, contra al interés de las víctimas y del país de conocer la verdad, campañas que instrumentan tragedias como la de Once en vistas de suscitar, captar y usar el rencor…

Ya hubo durante el verano una tanda de disconformes con el asunto de los dólares para gastar en el exterior, pero cabe hacer notar que la salida neta de dólares estadounidenses en 2012 fue 3.404 millones, en vez de los 21.504 millones de 2011. [2] Y entre otras cifras que podemos considerar buenos resultados, hay que mencionar el crecimiento del 2 % del PIB en contexto recesivo internacional y la contención del desempleo que solo alcanzó al 6,9 %.

Sin embargo, el fuego graneado de la oposición amenaza con paros, no vender la producción sojera, medidas judiciales y diversas amenazas y pronósticos sobre el fracaso del congelamiento de precios.

En una nota de este domingo, Hernán Brienza pregunta, retóricamente, “¿Puede ser que los principales medios opositores como Clarín y La Nación fogoneen el tema inflacionario para generar más inflación?” [3]

La respuesta es: ¡ claro que sí !

Brienza además destaca que a menudo en los cafés está TN en los televisores y se encuentran disponibles ejemplares de Clarín. Agrego que también ocurre que en algunos restaurantes ofrecen descuentos si el cliente tiene la tarjeta de La Nación.

En el entorno, la prédica opositora tiene sus baterías emplazadas, sin excluir los aparatos de televisión de los hogares.

Y además, vemos que en diversos países latinoamericanos la gran prensa no solo trata de desgastar la imagen positiva de Cristina, Dilma, Chávez, Morales, Correa, Mujica sino que también tratan de desgastarla los medios de otras regiones, porque tienen en común formar parte del conglomerado mediático al servicio del sector financiero de la globalización neoliberal.

 

Con los ojos abiertos

No se presenta fácil en absoluto continuar con una redistribución económica que conquiste o reconquiste la igualdad de oportunidades en nuestros países. Pero en la defensa de lo ya logrado y en el ir por más el papel participativo de los pueblos es indispensable.

En la situación actual de Argentina, necesitamos “llenar las urnas” en las próximas elecciones y el espíritu de la campaña se va a manifestar ya en marzo. El programa explícito de todos es la defensa del empleo, el salario real, la soberanía, la democracia participativa, la unión suramericana y latinoamericana. Los electores lo tendrán presente para no dejarse engañar por las oposiciones conservadoras y “la cadena del desánimo”.

[1] En la misma edición de La República, Gustavo Yocca asevera que “La declaración de inconstitucionalidad del ICIR (impuesto a la concentración de inmuebles rurales) primero, y de la ley interpretativa de la Caducidad fueron dos golpes directos al plexo solar de la construcción política frenteamplista en pos de un Uruguay más justo y equitativo”. La nota se intitula La semana agridulce de la Unasur.

[2] Lo afirma Carlos Heller en La puja por las divisas, Tiempo Argentino, 24/02/2013. En este artículo Heller da cuenta de diversos datos que confirman un comportamiento bastante satisfactorio del sector externo.

[3] Hernán Brienza, La inflación, un cuento sencillo

Fuente: Cristina, Buenos Aires http://cristinabuenosaires.wordpress.com/

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