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Archive for the ‘15. Memorar – Historia’ Category

Madiba en los 50-60

Nelson Mandela, mayo 1961 en su primera entrevista televisiva con la cadena británica ITN  -Foto: ITN

MADIBA

Nelson Mandela,

así fue la entrevista

en la que desveló su lado oscuro y guerrillero

– –

Por María Torrens Tillack

– –

Era el 21 de mayo de 1961. Un activista negro en medio del xenófobo régimen del apartheid se escondía en algún lugar de Johannesburgo para que las autoridades no le atraparan. ¿Su crimen? Pedir la igualdad entre negros y blancos de forma pacífica, aunque no por mucho tiempo.

Se llamaba Nelson Mandela y por entonces aún era un completo desconocido para la mayoría de la población mundial. Él probablemente no sospechaba que décadas después obtendría el premio Nobel de la Paz y sería admirado en el mundo entero, mucho menos después de pasar a la lucha armada con la fundación del brazo armado de la organización nacionalista Congreso Nacional Africano (ANC) solo unos meses después de la histórica entrevista de aquel 21 de mayo.

En un acceso exclusivo a su guarida, el reportero Brian Widlake del canal británico ITN, tuvo que explicar en detalle quién era Mandela. Faltaban unos días para que se proclamara la república en Sudáfrica. Una ola de protestas ponía en tela de juicio las desigualdades provocadas por el gobierno de los afrikaans o colonos holandeses, que –entre muchas otras injusticias- negaba el derecho al voto a los negros.

Hubo 10.000 detenidos y cada cual que participaba en ellas se exponía a tres años de cárcel, explicaba Widlake. Un abogado de 42 años había impulsado esta revuelta; una revuelta pacífica que el Gobierno había contestado sacando al Ejército a la calle. El país llevaba en estado de emergencia desde marzo de aquel año y había comenzado una política represiva “brutal”, según la web Southafrican History Online.

Un joven Mandela con barba, más rechoncho que la imagen a la que nos acostumbró tras su salida de la cárcel en los años noventa, contestó a las preguntas del reportero que le calificó como “el líder más dinámico de Sudáfrica” de la época.

“Hemos dejado muy claro en nuestra política que Sudáfrica es un país multirracial, hay sitio para tooodas las razas en este país”, subrayó Madiba durante la entrevista.

Tuvo que contestar a preguntas como: “¿Hay muchos sudafricanos con estudios en Sudáfrica?”.Por supuesto que los había, indicó, pero en cualquier caso quiso dejar claro que “la cuestión de la educación no tiene nada que ver con el tema del voto”, algo que por entonces no resultaba evidente.

Hay mucha gente que cree que es inútil que continuemos hablando de paz y no a la violencia contra el Gobierno, cuya respuesta consiste en ataques salvajes a personas indefensas”, indicó. En diciembre pasó a las armas y se convirtió en el jefe de la guerrilla ‘Lanza de la Nación’ o MK, el brazo armado de la ANC, recuerda el Centro de Relaciones Internacionales de Barcelona (CIDOB).

Después de pasar cerca de 28 años en la cárcel, negociar el abandono de las armas y la aceptación política del ANC, fue proclamado el primer presidente de la democracia sudafricana en 1994. Este presidente negro en un país donde los de su raza antes no habían valido nada para las autoridades, conquistó los corazones de medio mundo, pero sobre todo de sus compatriotas, que hoy le consideran el padre de su país.

Fuente: Lainformación.com, 01.07.13 – http://noticias.lainformacion.com/mundo/nelson-mandela-asi-fue-la-entrevista-en-la-que-desvelo-su-lado-oscuro-y-guerrillero_JFQedcoe4q9fjj126Ch4v7/

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Eduardo Luis Duhalde

El intelectual militante

Un texto inédito de Eduardo Luis Duhalde, ex secretario de Derechos Humanos, redactado en colaboración con Guido L. Croxatto como “declaración de principios” del Centro de Estudios Enrique Marí.

La memoria es el derecho

“Más allá del foso no hay nada. Se sabe porque hay que decirlo. Arena negra extendida. Allí pueden caber millones. Errantes e inmóviles. Sin verse ni oírse jamás. Sin tocarse jamás. Es todo lo que se sabe. Profundidad del foso. Ver desde el borde todos los cuerpos colocados al fondo. Los millones que aún permanecen allí.” Beckett

¿Qué pasaría si el día de mañana las potencias se pusieran de acuerdo en derogar o en desconocer –por cualquier argumento retórico– la Declaración Universal de los Derechos Humanos?, ¿acaso dejarían de existir estos derechos?

Vivimos un cambio. Este es un cambio global de paradigma (en filosofía, y en teoría política) que se produjo en los últimos 50 años. No antes. Esto es lo que Ferrajoli llama “derecho sobre el derecho”: la rigidez de las constituciones. Los límites sustanciales –y no ya sólo formales– a la omnipotencia política del legislador: ya no se puede legislar sobre cualquier cosa. (Ni de cualquier manera.) Entramos en un ámbito esencial (el ámbito de los derechos humanos) que configura lo que Ferrajoli denomina “la esfera de lo indecidible” (ya no se puede decidir, por ejemplo, que los judíos no son personas, o que los extranjeros no tienen los mismos derechos o que los crímenes de lesa humanidad pueden y deben quedar impunes). Esto hiere a veces la susceptibilidad de los Estados. Y, sin embargo, es de entender que de esto depende el futuro de la democracia. Este es un nuevo límite. En efecto, los derechos humanos son esa esfera de lo “indecidible”: son algo sobre lo cual ni los Estados ni los pueblos ni nadie puede “decidir” u otorgar impunidad: ¿por qué? (y determinar ese por qué va a ser uno de los objetivos de este Centro Marí). Porque ya está decidido: deben ser respetados. Esto es lo que Rorty llama “la cultura histórica de los derechos humanos”.

El fundamento que emerge de su práctica. A esto se refiere Bobbio cuando habla –un poco confusamente– de un “tiempo de los derechos”. Este es ese tiempo. Un paso fundamental (como la abolición de la esclavitud o la abolición de la tortura, o los derechos de la mujer, etc.) en la historia de la humanidad. Estos pasos se advierten rara vez con el nacimiento de figuras jurídicas esenciales y propias como la de genocidio (que le debemos a Rafael Lempkin) y más aún, con la figura de la imprescriptibilidad. Hay ciertos delitos que ya no prescriben, los delitos de lesa humanidad se ligan, de manera fuerte, como vemos, con otro término esencial de la ecuación política actual, y que enriquece al derecho argentino: la memoria. No hay derechos humanos sin memoria. La memoria es parte de este cambio de paradigma en el derecho. La memoria viene a complementar y a enriquecer a la democracia liberal. El auge de los derechos humanos tiene mucho que ver con el respeto y la promoción (algunos dirán también con el abuso) de la memoria. Así como la impunidad tiene mucho que ver con la desaparición, el olvido, la muerte y el silencio, dar vuelta la página, como dice Günter Grass irónicamente, en El discurso de la pérdida, la memoria tiene que ver con la presencia, el derecho, la palabra, y la vida. Argentina está en ese camino.

El Centro Marí es una reflexión con un fin práctico. Como decía Adorno en Mínima moral, “lo único que le queda a la filosofía es responsabilizarse”. Esa es la única filosofía que según Adorno podemos hacer, no ya filosofía de los grandes sistemas (códigos y valores, ya que todos los sistemas terminaron o se hundieron en Auschwitz), sino hacer filosofía desde los fragmentos. Las ruinas. Los escombros. Y el dolor. Este era el dilema de la filosofía alemana. Pero también es el dilema de la filosofía argentina: responsabilizarse. Entre todos estamos pensando cómo entender esa responsabilidad. El tema de la responsabilidad del filósofo no es un tema nuevo: es un tema que preocupaba al mismo Platón, el problema de la responsabilidad es un problema que está en los orígenes mismos de la filosofía, para quien el descenso del filósofo, en la alegoría de la caverna, es un término ético esencial: debe liberar al otro de sus cadenas. Debe mostrar las cadenas que el otro no ve. Debe cooperar. Debe bajar de la nube. Debe ayudar. Debe actuar. Debe comprometerse. ¿Qué otra cosa sino ésa son los derechos humanos?

Decíamos que la desaparición responde a esta lógica de inhibir la denuncia en un plano que excede al Estado asesino. El Estado es consciente. Por eso es el típico crimen del siglo XXI. El desaparecido es una víctima que no puede hablar. Que carece del derecho más esencial de todos los derechos: la palabra. Su cuerpo mudo, muerto, es un testimonio. Pero se lo priva, incluso, de eso: de su muerte. Este es el extremo del horror. Pero en su lugar tenemos otra cosa: su desaparición (forzada) no prueba nada. Ya no basta con matar, ahora también hay que hacer desaparecer, porque ya no bastan las leyes de autoamnistía que el derecho internacional (caso Barrios Altos) tiene por inválidas. El poder soberano no se justifica a sí mismo. Teme. El poder teme y el poder que teme se vuelve peligroso, como advierte Eugenio Zaffaroni, porque se vuelve fácilmente asesino. Oculta y niega los cuerpos. Oculta y niega la verdad. Se vuelve impune.

Los derechos humanos no han tenido una historia fácil. Nosotros lo sabemos. Los jóvenes lo saben. El valor de los derechos no es un tema aislado. Es el único que le debe preocupar a una democracia. Hoy muchas democracias seleccionan. Dividen ciudadanos. Algunos tienen derechos. Otros no. Algunos discuten con otros argumentos la idea de que los derechos son universales. Este es en efecto un debate actual en Alemania, en Italia, en Francia. El pasado vuelve. Pensemos, por ejemplo, en las reacciones conservadores de Edmund Burke, Bonald o De Maistre a la Revolución Francesa. Para el obispo De Maistre, la sola idea de “derechos del hombre” universales era una idea “del diablo”, le parecía de una “injusticia extrema” que venía a alterar el “orden divino”. Le pareció absurdo y peligroso a Bonald que todos los hombres tuvieran derechos. Le parecía (nada menos que la propia idea de derechos) una “injusticia extrema” contra la tradición. De Maistre también hablaba o creía hablar desde la moral “correcta”. Desde “la verdad”. No son muy distintos de los argumentos que escuchamos ahora. Sólo que ahora es más difícil darse cuenta. Porque no se dice “que los hombres no tengan derechos”. Se usa un lenguaje diferente, se habla del “costo social”, del “mal necesario”, del “daño colateral”, de la “productividad”, de la eficiencia. El que va perdiendo espacio es el derecho. Por eso pensamos este centro como espacio abierto para elaborar entre todos una definición del Derecho. La memoria es el derecho.

Permítanme comentar, antes de seguir, una versión del argumento de la nueva página de la historia. Günter Grass se ha referido a él en su Discurso de la pérdida, y se refiere con ironía a esos alemanes que desde los medios incitaban a todos a “mirar sin vacilar para adelante, solo para adelante” (que a nadie se le ocurra mirar para atrás): en esta versión se sostiene que el pasado debe ser olvidado –incluso un pasado tan palpable y vivo y criminal como el genocidio nazi– rápidamente para que el futuro anhelado pueda empezar. O recomenzar de nuevo. Hay que “dejar paso” a lo nuevo. Esconder el cadáver. Barrer las heridas rápidamente. Como si el propio dolor no tuviera sus tiempos. Los artefactos obsoletos deben ser dese-chados y sustituidos por otros nuevos. No importa cuán encomiable sea en el campo de la tecnología, esta actitud (este simplismo, esta versión sesgada) está completamente fuera de lugar en relación con la historia de un país, como dice Agnes Heller, “que es tanto recordar y conservar el pasado cuanto proyectar el futuro”. Muchos dicen que nosotros defendemos “el pasado”. No es así. Nosotros defendemos vivamente el futuro. No se puede pasar la página sin catarsis y no hay catarsis si se barren los crímenes bajo la alfombra. Sigue el dolor. La idílica página nueva de la historia no estará limpia, después de todo. La decisión de no encausar a los agresores no produce el olvido del odio, el resentimiento y los agravios personales. Una democracia que otorga impunidad, que duerme con la impunidad, que camina y almuerza junto a la impunidad, que es ella impune, entonces niega un derecho. Y niega a la misma democracia. Defender los derechos humanos es la forma que encontramos nosotros para defender la democracia. Todavía hay un largo camino por hacer. Lo haremos nosotros y lo harán los jóvenes. Por eso pensamos este centro de reflexión sobre los derechos humanos Enrique Marí. Sobre el Derecho. Porque todavía hay una definición pendiente en la sociedad argentina. Una pregunta que no obtuvo respuesta.

La memoria trabaja con aquello que no ha sido. Nosotros también. Ese impedimento, eso que no ha llegado a ser, también tiene derechos. Voces. Sentidos. Palabra. Un nombre. Nosotros sabemos bien que no estamos acá porque nos interesa el pasado (lo que han rebautizado muchos como “el pasado”, está de moda decir “el pasado”). Estamos acá porque nos interesa el presente. Estamos acá porque nos interesa el futuro. Porque no podemos borrar. Porque no admitimos la impunidad.

Fuente: Página 12, 03.04.13

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José Hernández y la soberanía sobre Malvinas

Carta interesante * – Relación de un viaje a las Islas Malvinas [1]

Empezamos hoy en la primera página (de El Río de la Plata) la publicación de una interesante carta descriptiva de un viaje a las Malvinas, que nos es dirigida por nuestro amigo y distinguido Jefe de la Marina Nacional, Comandante D. Augusto Lasserre.[2] Contiene curiosidades ignoradas por la generalidad de nuestros lectores, y nos hace conocer de una manera sencilla, interesante y clara, la población, usos, costumbres, industria, comercio y demás, relativo a aquellas islas, cuya situación geográfica les da una grandísima importancia. (…)

Islas Malvinas. Cuestiones graves: [3]

A la interesante relación del viaje a las Islas Malvinas de nuestro distinguido amigo el señor Lasserre que publicamos hace algunos días en El Río de la Plata, ha llamado justamente la atención de la prensa ilustrada, y ha sido leída con profundo y general interés en toda la población. Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización.

Se concibe y se explica fácilmente ese sentimiento profundo y celoso de los pueblos por la integridad de su territorio, y que la usurpación de un solo palmo de tierra inquiete su existencia futura, como si se nos arrebatara un pedazo de nuestra carne. La usurpación no sólo es el quebrantamiento de un derecho civil y político; es también la conculcación de una ley natural.

Los pueblos necesitan del territorio con que han nacido a la vida política, como se necesita del aire para libre expansión de nuestros pulmones. Absorberle un pedazo de su territorio, es arrebatarle un derecho, y esa injusticia envuelve un doble atentado, porque no sólo es el despojo de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación. El precedente de injusticia es siempre el temor de la injusticia, pues si la conformidad o la indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?

El pueblo comprende o siente esas verdades, y su inquietud es la intranquilidad de todos los pueblos que la historia señala como víctimas de iguales atentados. Allí donde ha habido un desconocimiento de la integridad territorial, hemos presenciado siempre los esfuerzos del pueblo damnificado por llegar a la reconquista del territorio usurpado.

El señor Lasserre ha dicho muy bien, inspirado en un noble sentimiento, al emprender su interesante narración: “Las siguientes líneas quizá ofrezcan algún interés por la doble razón de ser ellas (las islas) propiedad de los argentinos, y permanecer, sin embargo, poco o nada conocidas por la mayoría de sus legítimos dueños. No es mi intención, ni creo oportuno este caso, para entrar en consideraciones políticas sobre la no devolución de ese inmenso territorio que hemos prestado a los ingleses, un poco contra nuestra voluntad, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin deplorar la negligencia de nuestros gobiernos, que han ido dejando pasar el tiempo sin acordarse de tal reclamación pendiente. Es de suponer que la ilustración del actual Gobierno Nacional comprenda la importancia de esa devolución, que él se halla en el deber de exigir del de S.M.B., pues que esas islas, por su posición geográfica son la llave del Pacífico y están llamadas indudablemente a un gran porvenir con el probable aumento de población en nuestros fertilísimos territorios.”

La importancia de las Islas Malvinas es incuestionable. Su proximidad a la costa Sud de nuestro territorio, sus inmejorables puertos para el comercio y navegación de aquellas costas, el valioso ramo de la pesca, la cría de ganados vacuno y lanar, para la cual se prestan maravillosamente sus fertilísimos campos, con ricas aguadas permanentes, todas éstas son ventajas reconocidas por los que han visitado dichas Islas.

Refiriéndose el Standard [4] a la relación del señor Lasserre, y apreciándola en términos honoríficos, anuncia que va a traducirla para ofrecerla a sus lectores. Con este motivo, dice el colega inglés, “que se han realizado grandes compras de ovejas para las Islas Malvinas, las que han sido contratadas a 30 pesos, moneda corriente, elegidas y puestas a bordo”.

Pero no nos hemos propuesto esencialmente dar idea de las ventajas económicas que ofrece la posesión de aquellas Islas. Si no hemos debido prescindir de esos detalles, es porque ellos pueden estimular el celo de nuestro gobierno e influir en sus disposiciones en relación a la reclamación diplomática que debe entablar desde ya ante el gobierno británico.

Con esta cuestión se presenta enlazada otra que no es menos grave por ser individual, y que viene a explicar históricamente el origen de la usurpación del dominio de las Islas Malvinas. La República Argentina mantuvo siempre sobre las Islas su indisputable derecho de soberanía. Penetrados nuestros primeros gobiernos de la necesidad de afirmar la posesión de ese derecho por la explotación industrial de aquellas Islas, hicieron con ese fin algunos esfuerzos meritorios.

En 1828, el gobierno cedió al señor D. Luis Vernet la Isla llamada Soledad, a condición de formar en ella una Colonia a su costa. Esta se realizó con el mejor éxito después de vencer todas las dificultades inherentes a una empresa de tal magnitud.

La colonia prosperaba hacía ya algunos años y el gobierno argentino veía con singular satisfacción el gran porvenir que aquella naciente colonia auguraba para la navegación y comercio de nuestras extensas costas hasta el Cabo de Hornos.

En 1831 fueron apresados en las islas tres buques norteamericanos que habían reincidido en la pesca de anfibios contra los terminantes reglamentos que debía hacer observar la autoridad de aquella jurisdicción. El doctor Areco, en la tesis que presentó en 1866 para optar al grado de Doctor en Jurisprudencia, consagra algunos recuerdos a ese episodio histórico que debía tener tan deplorable consecuencias. Dice así: “El Gobernador de Malvinas [el señor Vernet], obligado a hacer respetar los reglamentos relativos a la pesca, o mejor dicho matanza de lobos, dentro de su jurisdicción, reglamentos tan antiguos como ésta, e interesado en gozar exclusivamente de una de las concesiones que le había hecho el gobierno de Buenos Aires, detuvo unos buques norteamericanos, que según confesión de sus mismos capitanes, se ocupaban de este tráfico ilegal. El tribunal competente los declaró buenas presas y legitimó la conducta del señor Vernet”. [5]

A consecuencia de ese apresamiento el comandante de un buque de guerra norteamericano, destruyó la floreciente colonia de la isla Soledad, y ese hecho injustificable fue precisamente lo que indujo a Inglaterra a apoderarse de las Islas Malvinas, consumando ese atentado contra la integridad territorial de la Nación Argentina, cuya soberanía sobre aquellas islas había sido siempre respetada.

Un distinguido diplomático argentino, el doctor D. Manuel Moreno, acreditado cerca del gobierno británico en calidad de Ministro Plenipotenciario de la República, en 1834, se expresaba en estos términos en nota dirigida a aquel gobierno: “No puede alegarse contra las Provincias Unidas [del Río de la Plata] que traten de revivir una cuestión que estaba transada después de más de medio siglo atrás. Por el contrario, la invasión de la Corbeta Clio en 5 de enero de 1833 es la que ha alterado e invertido el estado de cosas que había dejado la convención de 22 de enero de 1771”. [6]

Entre tanto, el gobierno argentino, que ha pagado íntegramente todas las deudas procedentes de perjuicios originados a los súbditos extranjeros, que se ha mantenido hasta ahora en estrechas y cordiales relaciones con todos los gobiernos europeos y americanos, excepto el del Paraguay, no ha obtenido reparación alguna por los serios perjuicios causados a un ciudadano argentino por la destrucción de la colonia Soledad, ni menos por la usurpación de las Islas Malvinas, arrebatadas por los ingleses, en una época en que los gobiernos hacían imprudente alarde de las ventajas materiales de la fuerza, en un momento dado.

Debemos creer que eso se deba a la indiferencia de nuestros gobiernos, o a las débiles gestiones con que se han presentado ante los gabinetes extranjeros. Absorbidos por los intereses transitorios de la política interna, nuestros gobiernos no han pensado en velar por los altos intereses de la Nación Argentina, más allá del círculo estrecho en que se han agitado estérilmente los círculos tradicionales. Nos hallamos felizmente en una situación nueva y especial.

Los últimos treinta años han marcado la serie de grandes progresos morales y materiales. Ya no es el alarde de la fuerza, el que apoya una gestión cualquiera en el mundo diplomático. Los gobiernos han comprendido ya que no hay otra fuerza legítima y respetable que la fuerza del derecho y de la justicia; que el abuso no se legitima jamás, e imprime siempre un sello odioso sobre la frente de los que lo consuman.

La historia y la moral les han enseñado que tarde o temprano se expía el atentado cometido a nombre de la fuerza, porque los que hoy se prevalen de la inferioridad relativa, hallarán mañana otro poder más fuerte, que utilizará en su ventaja la lección que se desprende de un acto depresivo y criminal.

En los tiempos contemporáneos tenemos ejemplos elocuentes de esa verdad. Austria devolviendo el Véneto a la Italia, después de haber experimentado el fusil de aguja; Francia desprendiéndose de México ante la actitud de los Estados Unidos; España abandonando las islas del Perú, ante la explosión del sentimiento americano, son hechos recientes que confirman la saludable revolución de las ideas de moral y de justicia, que se opera en el mundo.

Gobiernos ningunos en los últimos tiempos han llevado más adelante ese respeto por la opinión universal, que los gobiernos de Estados Unidos y de Inglaterra, y son los gobiernos más fuertes del mundo. La época lejana de ilusorias conquistas pasó y los americanos y los ingleses son hoy los primeros en condenar los atentados que se consumaron en otro tiempo a la sombra de sus banderas. ¿Cómo no esperar entonces que los Estados Unidos y la Inglaterra se apresuren a dar testimonio de su respeto al derecho de la Nación Argentina, reparando los perjuicios inferidos, devolviendo a su legítimo soberano el territorio usurpado?

Entendemos que la administración del General Mitre se preocupó de esta cuestión y envió instrucciones al ministro argentino en Washington, que lo era el señor Sarmiento, para iniciar una justa reclamación por la destrucción de la colonia y el abandono a que esto dio lugar. Parece que el señor Sarmiento no reputó bastante explícitas las instrucciones, aunque apoyó resueltamente el derecho de entablar aquella reclamación. Entre tanto, deber es muy sagrado de la Nación Argentina, velar por la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Esos derechos no se prescriben jamás.

Y pues que la ocasión se presenta, preocupada justamente la opinión pública con la oportuna publicación de la interesante carta del señor Lasserre, llenamos el deber de iniciar las graves cuestiones que surgen de los hechos referidos. Llamamos la atención de toda la prensa argentina sobre asuntos de tan alta importancia política y económica, de los cuales volveremos a ocuparnos oportunamente.

Descripción de un viaje a Malvinas [7]

Mi querido Hernández: Cumpliendo con la promesa que usted me exigió en julio próximo pasado de hacerle la relación de mi viaje a las Islas Malvinas, le envío las siguientes líneas, que quizá le ofrecerán algún interés, por la doble razón de ser ellas [las islas] propiedad de los argentinos y de permanecer, sin embargo, poco o nada conocidas por la mayoría de sus legítimos dueños.

No es mi intención, ni creo oportuno este caso, para entrar en consideraciones políticas sobre la no devolución de ese inmenso territorio que hemos prestado a los ingleses, un poco contra nuestra voluntad, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad sin deplorar la negligencia de nuestros gobiernos, que han ido dejando pasar el tiempo sin acordarse de tal reclamación pendiente, y haciendo con imperdonable indiferencia más imposible cada día la integridad de la República Argentina.

Es de suponer que la ilustración del actual Gobierno Nacional [8] comprenda la importancia de esa devolución, que él se halla en el deber de exigir del de S.M.B., pues que esas islas, por su posición geográfica son la llave del Pacífico, y están llamadas indudablemente a un gran porvenir, con el probable aumento de población de nuestros fertilísimos territorios. A ustedes, los de la prensa, es a los que compete, llegado el caso, tratar esa cuestión. (…) Muy pocos argentinos han permanecido en Malvinas después de la injusta ocupación inglesa. Los que aun existen allí no pasan de veinte, todos ellos empleados como peones o capataces en las estancias, para cuyo trabajo sobresalen de muchos de los extranjeros.

Referencias:

1 Título que encabezaban esta noticia en el Nº 86 de El Río de la Plata, publicada en la sección editorial correspondiente al día 19 de noviembre de 1869. El día 20, con objeto de dejar aclarados algunos errores que se habían deslizado en el texto de la susodicha noticia, ésta volvía a publicarse en la misma sección del diario donde apareció el día anterior y con el texto que transcribimos. José Hernández era propietario, fundador y redactor de El Río de la Plata con imprenta y redacción en la calle Victoria 202 de Buenos Aires. Desde el primer número, que vio la luz el 6 de agosto de 1869, hasta el último aparecido el 22 de noviembre de 1870, Hernández nutrió, con su pluma, las columnas de los 207 números del diario con más de quinientos editoriales y artículos. Todos ellos sobre temas políticos, de actualidad y bibliográficos. Solamente en casos excepcionales aparecieron firmados.

2 Augusto Lasserre nació en Buenos Aires el año 1826. Fue promovido a capitán de marina el 11 de junio de 1852, en cuya calidad prestó servicio en la escuadra de la Confederación Argentina. (…) El 30 de septiembre de 1886, Lasserre fue ascendido a comodoro. Falleció en Buenos Aires el 20 de septiembre de 1906.

3 Tales son los títulos que encabezan el artículo aquí reproducido de El Río de la Plata, publicado en el Nº 92 correspondiente al día 26 de noviembre de 1869. Ocupaba dos columnas de la sección editorial del diario… Este artículo, como todos los de la sección editorial del diario, aun cuando no va firmado, pertenece a la pluma de Hernández.

4 El día 20 de noviembre, en su número 2324, The Standard publicó en la sección Editor’s Table, entre otras noticias, la siguiente….

5 Este texto se lee en la página 76 de la Tesis presentada para obtener el grado de Doctor en Jurisprudencia por Isaac P. Areco. Buenos Aires, 241 Imprenta de Mayo, calle Moreno 243, 1866. La tesis del señor Areco lleva como proposición principal, las siguientes frases: “Las Islas Malvinas pertenecen exclusivamente a la República Argentina entre tanto no renuncie a sus derechos a la soberanía de ellas.” El texto que constituye la tesis, llena ciento dos páginas del total de ciento sesenta de que consta el volumen. El resto está destinado a las “piezas justificativas del proceso”, como dice su autor, estando entre ellas documentos publicados en Londres, el año 1841, por D. Manuel Moreno, y reales órdenes tomadas del panfleto del doctor Vélez Sarsfield titulado Discusión de los títulos del Gobierno de Chile a las tierras del Estrecho de Magallanes. Buenos Aires, Imprenta Argentina, 1853.

6 Fragmento de la nota, de don Manuel Moreno al Duque de Wellington, fechada en 29 de diciembre de 1834; véase en la página 65 del opúsculo, impreso en Londres por Arturo Carlos Luthman, en 1841, titulado: Reclamación del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra El de Su Majestad Británica sobre la soberanía y posesión de las Islas Malvinas (Falkland). Discusión Oficial. Este opúsculo de 69 páginas en castellano, inglés y francés, es un trabajo del doctor Moreno que “hace honor a la República Argentina –dice el doctor Isaac P. Areco-, cuyos derechos defendió con toda la elevación de un hombre de ciencia y la probidad de una conciencia austera.” El opúsculo en cuestión, contiene un mapa de las Malvinas y una cantidad de documentos incluidos en las diversas secciones en que aquél se divide y que son: a) Protesta del Ministerio plenipotenciario de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Manuel Moreno, fechada en 17 de junio de 1833, cuyo texto y los apéndices A, B y C, están en castellano e inglés. B) El mismo texto y apéndices de la protesta susodicha, pero en francés. C) Respuesta de Lord Palmerston, en castellano e inglés, fechada el 8 de enero de 1834. d) Nota del señor Moreno, al duque de Wellington, referente a la respuesta del vizconde Palmerston. Lleva la fecha 29 de diciembre de 1834; su texto está en castellano y en inglés. E) Nota del señor Moreno al conde de Aberdeen, del 18 de diciembre de 1841. Se lee en castellano e inglés. F) La respuesta del conde de Aberdeen al señor Moreno, en castellano y en inglés; tiene fecha del 29 de diciembre de 1841. Este documento cierra el opúsculo cuyo título y divisiones acabamos de transcribir.

7 Con este título se encabeza la trascripción de la carta del señor Augusto Lasserre en El Río de la Plata. Comenzó a publicarse el día 19, continuó el 20 y finalizó el día 21 de noviembre de 1869.

8 El Gobierno que había en noviembre de 1869, estaba constituido así: Presidente, Coronel D. Domingo Faustino Sarmiento. Vicepresidente, Coronel y Doctor Adolfo Alsina…

* Autor: Artículo periodístico de José Hernández, acerca de las Islas Malvinas, publicado en El Río de la Plata, en noviembre de 1869, citado en HERNÁNDEZ, JOSÉ, Las Islas Malvinas. Buenos Aires, Joaquín Gil – Editor, 1952.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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Alfredo Ferraresi

Alfredo Ferraresi

> Roberto Páez González

> 04/03/2013

>>> Quiero escribir sobre Alfredo Ferraresi, pero no porque ha muerto, sino porque ha vivido y luchado. Su deceso sobrevino el último sábado. Su vida transcurrió desde 1932 y se destacó -luego del derrocamiento de Perón- en la Resistencia Peronista, en la vida sindical, en la lealtad y solidaridad con los compañeros y en la obstinación en la firmeza de sus convicciones, que hemos compartido: la justicia social, la soberanía nacional, la democracia participativa y la unión de los pueblos latinoamericanos.

Ya en la Década Peronista Alfredo trabajaba en una farmacia y tenía militancia sindical. Después del 55, con la agrupación 22 de Diciembre, llegó a formar parte de la conducción del gremio, liderado por Jorge Di Pasquale. Desde allí, a mediados de 1957 y en lo sucesivo, impulsaron y articularon actividades de los resistentes, de la Juventud Peronista, de los trabajadores que se organizaban.

Ferraresi intervino en los procesos de definiciones de los obreros peronistas que dieron lugar al Programa de La Falda de 1957 y a la recuperación de los sindicatos. Participó en varios momentos culminantes de las luchas de los trabajadores, como en la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, a principios de 1959. Apoyó el Programa de Huerta Grande y la candidatura de Framini para gobernador de la Provincia de Buenos Aires en 1962. Formó parte de la “línea dura” sindical, contra las claudicaciones del vandorismo y el participacionismo. Más adelante, fue uno de los sindicalistas que constituyeron la CGT de los Argentinos, junto a Raimundo Ongaro, Jorge Di Pasquale, Mario Aguirre, entre otros. Participó en el lanzamiento de una tendencia revolucionaria con el Primer Plenario del Peronismo Revolucionario, en 1968, convocado por Bernardo Alberte, Gustavo Rearte y John William Cooke. Padeció la cárcel y el exilio. Luchó incansablemente para hallar los restos de Jorge Di Pasquale, desaparecido durante la dictadura de 1976-1983, lo que se logró hace solamente tres años.

Volver a ver a Alfredo Ferraresi

Fue así.

Me preguntó: “¿Qué querés tomar?”

Me reí. Le dije, “Mate, como antes”.

En 1961 -y todavía bastante después- el local sindical era más pequeño; era una casa común y corriente de Buenos Aires. Al final de un patio o pasillo había a la izquierda una cocina y ahí tomábamos mate (tupido). Ahora, el edificio de Rincón 1044 era mucho más grande (sin olvidar que hay otro más enfrente). Me dijo “Esperame un momento”. Y yo me quedé mirando diversos afiches que decoraban los costados del despacho. A mi izquierda vi un grupo de fotos. Los conocía a todos: Jorgito, Gustavo Rearte, Cachito El Kadri, Horacio Mujica. Vi, también, el dibujo de Carpani. Aunque por momentos miré otras cosas que había en las demás paredes, cuando Alfredo volvió me encontró mirando a los muchachos. Hablamos de ellos, de Norberto Galasso, del gobierno nacional.

Alfredo apoyaba resueltamente el proceso kirchnerista: lo actuado en materia de derechos humanos, el desendeudamiento, la incentivación económica, la elevación del nivel del empleo, la redistribución de los ingresos…

Lo dos queríamos más, pero también sabíamos que lo que se había logrado estaba bien.

Luego tuvimos unas cuantas ocasiones de cotejar nuestras impresiones. Como muchos compañeros compartimos que con Kirchner habíamos vuelto a la esperanza, que con Cristina estábamos profundizando los logros, que existía un contexto suramericano y latinoamericano favorable a la unión y las convergencias.

Comprendíamos los asedios de la derecha argentina. Alfredo decía riendo: “Si la izquierda somos nosotros”… “Si siempre fuimos nosotros la izquierda”. Se tornaba inevitable hablar de Cooke, de quien había sido amigo, se entusiasmaba para celebrar los aniversarios del sindicato y convocaba con profundo afecto a conmemorar a Jorge…

Alfredo Ferraresi apoyó la Ley de Medios, la actuación de Cristina Fernández de Kirchner acerca de las Malvinas, la asignación universal por hijo y las diversas medidas sociales que mejoraron la calidad de vida y la capacidad adquisitiva de los sectores humildes de nuestra pueblo; el espíritu libertario de las tradiciones del Sindicato de Farmacia y la experiencia de la Década Peronista y la Resistencia de “los 18 Pirulos” -que él recordaba a veces con alguna mención a Alfredo Carballeda- nos alejaba de cualquier ilusión sobre el poder judicial realmente existente en nuestro país. Y aunque no puedo probar que Alfredo habría aplaudido el discurso de la Presidenta al inaugurar el nuevo ciclo parlamentario, no me cabe la más mínima duda de que lo habría hecho.

Al final, esto es lo que quiero decir: que la vida de Alfredo Ferraresi muestra muy bien que -acaso más por la fuerza de los hechos que por su propia voluntad, que la tuvo- fue un puente intergeneracional en una lucha que ha sido y es la misma, la lucha por la liberación nacional y social, que es la lucha que sigue siendo la lucha real en nuestro país, Suramérica y Latinoamérica.

Fuente: http://cristinabuenosaires.wordpress.com

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Aludiendo y acudiendo a Hessel

Stéphane Hessel en los 50 Studio Harcourt AFP

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Por Roberto Páez González

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Entre las manifestaciones sociales a que dio lugar el rechazo de las últimas evoluciones del capitalismo y de su crisis financiera a partir de las subprimes (2007/2008), todo el mundo tiene presente la de Los indignados. Sus acciones, muy difundidas por los medios periodísticos, particularmente las de España y las de Wall Street, en Estados Unidos, rubricaron el disconformismo de diversos sectores sociales de los países desarrollados respecto de los fenómenos de globalización, financiarización de la economía internacional y de cada uno de los países, así como de los planes de ajuste que se sucedieron, especialmente en Europa, en Grecia, Portugal, etc.

Cuando las repercusiones de esos procesos ya estaban generando resistencias crecientes, apareció el opúsculo de Stéphane Hessel, ¡Indígnense!, que fue traducido inmediatamente a muchos idiomas y se difundió extraordinariamente por todo el mundo. En España, con el título ¡Indignaos!En Francia, Indignez-vous! En inglés, Time for outrage! Y también traducido a estas lenguas (por lo menos): griego, esloveno, vasco, japonés, croata, portugués, hebreo, catalán, italiano, alemán, sueco, coreano, húngaro…

El éxito instantáneo de la publicación simbolizó hasta qué punto una parte muy considerable de los pueblos del mundo tenían una común sensibilidad de rechazo frente a la orientación que lleva la economía mundial bajo la hegemonía de la globalización dominante.

Los Indignados ofrecieron testimonios de resistencia a esta globalización, llamaron mucho la atención en todas partes del mundo, suscitando simpatías, fueron reprimidos en diversas circunstancias -en ocasiones, muy duramente- y hasta hoy no registran un tipo de éxito político como los que suelen esperarse, ya de cambios electorales, ya de revoluciones políticas; aunque estas rebeldías están presentes, en parte, en procesos que la gran prensa internacional recubre bajo motes como La Primavera Arabe, etc. o que oculta o difama -sin ir lejos, procesos suramericanos.

De todas maneras, el malestar existente en las poblaciones de los países desarrollados es inocultable y, en determinados aspectos, puede asimilarse a otras contestaciones surgidas hace pocos años por los alternativistas de Otro mundo es posible, que expresaron una diversidad de movimientos como el Zapatista, el del Foro de San Pablo, y desde luego -antes que ellos- otros y otros.

Las raíces contestatarias se han desarrollado en simultáneo con la evolución y las mutaciones del capitalismo y adquieren formas que son propias de cada momento, pero fuerza es constatar que van a la zaga de los cambios del sistema que las origina.

No obstante, estas luchas crean una cultura de resistencia popular y se eslabonan a través de las generaciones. No son capaces de lograr una victoria sobre el sistema, pero también simbolizan una irreductibilidad y plantean la necesidad de luchar contra ese sistema.

Hemos conocido a lo largo del siglo veinte luchas anticoloniales, luchas obreras, luchas nacionales, luchas por la democracia y la justicia social y todas esas luchas se enlazan en los anhelos de la inmensa mayoría de los seres humanos de emanciparse de las sociedades que los aherrojan en unas vidas que los individuos tienen la sensación de vivir como si no fueran unas verdaderas vidas, sino unas vidas sin igualdad de oportunidades, condicionadas por los patrimonios familiares al nacer, por el acaparamiento de los medios de producción, distribución y cambio de los productos del trabajo humano.

Después de las denuncias del ¡Indígnense! Stéphane Hessel y Edgar Morin ofrecieron al público las proposiciones de El camino de la esperanza (en francés, Le chemin de l’espérance).

Es un dato contextual de la proeza de estas ediciones el que los autores son dos jóvenes de 95 y 91 años, y que durante 2011 fueron muy solicitados por distintos medios de gran alcance o difusión, en especial por programas de televisión, en los que defendieron con ahínco y argumentaciones impecables sus puntos de vista y proposiciones.

Se trata de personas que han visto y vivido el siglo veinte. Y que se lo tome como el período 1901-2000 o como el siglo corto de Hobsbawm (1914-1991) es un ciclo altamente catastrófico por lo militarista y sus consecuencias, así como ingentemente tecnológico con las novedades del automóvil, la aviación, el armamento nuclear, las computadoras y los hallazgos de miniaturización, etc.

Ambos participaron en la Resistencia francesa y en diversas actividades intelectuales, políticas y diplomáticas y han ofrecido una nutrida obra en libros, artículos y reportajes, pero han sentido la obligación ética de poner de manifiesto sus puntos de vista y sus críticas de la sociedad en que vivimos en estas obras recientes que tienen el carácter de un legado.

Algunas de las ideas expresadas en El camino de la esperanza estaban presentes en La Voie, de Edgar Morin.

Pero el libro que firmaron juntos mantiene un parecido con el ¡Indígnense! de Hessel que es el de la brevedad que aspira a concentrar en pocas palabras algunas que sean decisivas para los lectores y dentro de lo posible para muchos lectores jóvenes.

Hessel y Morin llegan a plantear una opción política innovadora porque reclaman una nueva manera de pensar y para ello la reforma de los sistemas de enseñanza -de la primaria a la secundaria- con la meta de estimular la aparición de un pensamiento complejo entre los jóvenes y/o futuros ciudadanos.

Proponen -pero podría decirse que aconsejan- que entre los alumnos, además de los conocimientos tradicionales se abran paso actividades que conduzcan al conocimiento del Hombre y su lugar en el ecosistema que llamamos tierra, a fin de mejorar la comprensión de la sociedades humanas y la capacidad de participación afectiva de unas personas en las realidades que afectan a otras, una empatía, una posibilidad de ponerse en el lugar de los demás, de los otros.

Ven necesario desarrollar la comprensión de lo que son los conocimientos para que los estudiantes distingan sus límites y los desvíos ideológicos, científicos y epistemológicos.

Los autores de El camino de la esperanza dicen al inicio del libro: “Nuestro propósito es denunciar el curso perverso de una política ciega que nos conduce a los desastres. Consiste en enunciar una nueva política de salvación pública. En anunciar una nueva esperanza” (en francés: Notre propos est de dénoncer le cours pervers d’une politique aveugle qui nous conduit aux désastres. Il est d’énoncer une voie politique de salut public. Il est d’annoncer une nouvelle espérance).

A nadie se le escapa la dificultad del reto. Sin embargo, solamente si las nuevas generaciones disponen de un pensamiento complejo serán capaces de enfrentar los saldos de las crisis actuales y buscar salidas que puedan aportar mejoras y nuevas vías a las sociedades humanas.

Es interesante notar que tanto Indígnense como El camino de la esperanza invocan en sus títulos la necesidad de una capacidad de reacción -de los individuos y de los grupos humanos- para enfrentar así las construcciones sociales que se basan en la evacuación de los derechos del hombre y los ciudadanos mediante la globalización neoliberal y -a la vez- esbozan un camino -un método- para tener y ejercer la esperanza, o sea el horizonte de un posible futuro mejor.

Hessel ha vivido y contribuido. El homenaje ha de ser vivir y contribuir. Y tiene que verse en calles y ciudades, resistiendo y también venciendo a los privilegios que se oponen a la esperanza. Seguro que en París y otras capitales se va a ver que lo queríamos.

Foto: Stéphane Hessel en los 50 – Studio Harcourt AFP

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Fallece el pensador Stéphane Hessel

El escritor, diplomático y autor

del popular manifiesto ‘Indignaos’,

murió este miércoles a los 95 años

Stéphane Hessel. EFE

Stéphane Hessel. EFE

El pensador, escritor, diplomático y resistente francoalemán Stéphane Hessel, autor del popular manifiesto Indignaos, falleció hoy a los 95 años, informó su esposa a medios locales franceses.

Nacido en Berlín en 1917 y refugiado en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, Hessel fue capturado por la Gestapo y pasó por los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau. Tras el final de la contienda participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

Pero su fama mundial llegó de la mano de Indignaos, un manifiesto político publicado en Francia en 2010 y que, en palabras del autor,”exhorta a los jóvenes a indignarse”. “Este libro ha transformado totalmente mi vida. Yo era un pequeño diplomático jubilado que llevaba una vida tranquila y ahora no puedo pasearme por París sin que alguien me pare en la calle para darme las gracias. Es maravilloso”, afirmaba el autor hace unos meses.

En apenas 32 páginas, Hessel hizo todo un llamamiento a la resistencia de la población que inspiró movimientos de protesta en todo el mundo, entre ellos, el de los indignados de España. Publicado por una pequeña editorial de Montpellier, en el sur de Francia, sin apenas promoción mediática, el libro se convirtió en un gran éxito de ventas, con casi un millón de ejemplares en apenas diez semanas.

El libro traspasó fronteras, ha sido traducido a una treintena de lenguas y se han vendido unos cuatro millones de ejemplares en un centenar de países. A partir de ese éxito editorial, Hessel se convirtió en un referente de la izquierda, muy crítico con las políticas llevadas a cabo en occidente, en particular en lo referente a la acogida de inmigrantes o las políticas sociales. A partir del éxito de “Indignaos” escribió otros libros que también tuvieron buena acogida.

La promoción de uno de ellos, À nous de jouer, un “llamamiento a los indignados de este planeta”, le había llevado a Italia, desde donde tuvo que ser repatriado hace unos días por un problema de salud que, finalmente, le ha costado la vida.

Fuente: Público.es, 27.02.13

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Entrevista

Eduardo Jozami

Una nueva lectura

de la Asamblea del año XIII

Por Miguel Russo y Francisco Balázs
“Hay que tener cuidado en no simplificar la Historia, como si los conflictos se hubieran expresado siempre de la misma manera, y siempre hubiera estado claro un solo bando de los buenos, contra un solo bando de los malos.”
Afirma que los grandes temas de un país que quiere ser más independiente y más democrático, no son demasiado diferentes desde la Asamblea hasta ahora. Analiza el proceso actual de América latina, y de la Argentina: “Lo que está pasando en la Argentina es la consecuencia de un proceso que está afectando intereses”. La re-reelección y los debates que hay que seguir realizando.

Cómo se piensa, hoy, A 200 años,la Asamblea del año XIII? ¿Fue el gran proyecto federal, copado por los unitarios, que cambió lo que pretendía hacer?

–Lo primero es que la Asamblea del Año XIII fue convocada con dos objetivos, ninguno de los cuales pudo cumplirse. Y eso vale la pena estudiarlo un poco más, porque muestra las contradicciones que sufrió el proceso independentista argentino desde un primer momento. Esos dos objetivos eran la Independencia y el dictado de una Constitución. La Independencia no se llegó a declarar porque, por un lado, la presión inglesa fue fuerte. Inglaterra, sobre todo a través del embajador en la Corte portuguesa, que estaba en Brasil, Lord Strangford, ejercía una gran influencia sobre la situación argentina. Esto lo vamos a ver porque algunas de las medidas que tomó la Asamblea del Año XIII, las más liberadoras, fueron limitadas por los reclamos de los portugueses, que se hacían a través del embajador inglés, como el caso de la declaración de libertad de todos los esclavos que pisaran el suelo argentino, es decir de las Provincias Unidas. La Asamblea sólo declaró la libertad de vientres, y no votó la libertad de los esclavos. Bueno, Inglaterra, que en ese entonces, principios de 1813, tenía como objetivo central formar un bloque lo más amplio posible contra Napoleón, no quería profundizar las contradicciones con la monarquía española, aunque todavía estaba cautivo Fernando. Y en segundo lugar, porque a medida que avanzaba la Asamblea, la situación europea empezaba a ser más complicada. Es decir, Napoleón era derrotado primero en Rusia, después en España, y entonces la idea de que se iba a conformar lo que después fue la Santa Alianza en Europa, y todo lo que había sido un movimiento o una influencia de alguna manera renovadora, como las Cortes de Cádiz que se había formado en España. Pero, por otro lado, también tuvo que ver con las vacilaciones de algunos sectores, porque Artigas siempre estuvo a favor de la declaración de la Independencia, y San Martín, aunque no lo manifestó en un primer momento, desde que se instala en Mendoza lo hace con mucha fuerza. El segundo objetivo de redactar la Constitución tenía que ver con las contradicciones, que se manifestaron desde un primer momento, y que después van a ser unitarios y federales. Ahí es difícil hacer un balance muy claro. Pensemos que algunos de los actores principales del Mayo de 1810, el más importante de ellos, Mariano Moreno, desaparece a los seis meses de declarada, de formado el gobierno patrio. Pero uno puede decir que, desde un primer momento, en Buenos Aires coexistieron una voluntad revolucionaria muy profunda de algunos sectores (Moreno, Castelli, Monteagudo) y al mismo tiempo una idea centralista también muy fuerte, que, por un lado, se pensaba que hacía más viable la expansión de la Revolución.

–Y de la Revolución Francesa…

–Sí, había cierta influencia también del jacobinismo francés en esto. La centralización, pero también estaban los intereses directamente ligados al puerto y al comercio de Buenos Aires, que no querían, de ninguna manera, que predominaran los intereses de las provincias. De ahí viene la contradicción con Artigas, que es uno de los temas importantes de la Asamblea del Año XIII, porque los delegados de Artigas, es decir, los delegados de la Banda Oriental, vienen con instrucciones donde plantean tres puntos fundamentales para la Asamblea: la declaración de Independencia, y la conformación de un régimen confederal, es decir, no federal, sino una Confederación, como había sido la de la primera Constitución norteamericana, 11 años después de la primera Constitución de 1776, en que se dicta otra, que es un federalismo más parecido al que tenemos hoy en la Argentina, donde ya hay más predominio del gobierno central. Artigas pensaba que tenía que haber un régimen donde todas las provincias, las regiones, se integraran en un pie de igualdad, y que hubiera un gobierno central con menos facultades. Aunque no se puede hacer lo que se llama historia contrafáctica, que es saber lo que hubiera pasado, pero es interesante decir que, por ejemplo, que los paraguayos eran sensibles a esta iniciativa de Artigas. Y uno puede fantasear un poco y decir “bueno, a lo mejor esa idea confederacional hubiera permitido agrupar al Paraguay también, y hasta incluso a las regiones del Alto Perú”. Lo cierto es que en Buenos Aires eso era muy temido, era inaceptable. Y la tercera condición que ponía, que estaba en el mandato de los delegados artiguistas, era que la ciudad donde residiera el gobierno central tenía que ser cualquiera menos Buenos Aires. Con todas esas razones, aunque no dijeron que era por eso, pero es casi obvio, y todos los historiadores coinciden, fueron rechazados los delegados de Artigas, y esto explica por qué no surge la Constitución y no se declara la independencia, sino de algún modo la debilidad de todo el proyecto. Pensemos que estos mismos sectores aliados al artiguismo, en 1815, se amplían con Córdoba, Santa Fe, otros sectores, que no van a participar del Congreso de Tucumán, entonces la Asamblea queda limitada, al no cumplir sus dos funciones y objetivos fundamentales. Esto va a ser un antecedente muy importante para nosotros, porque no se cumplieron los tres objetivos, pero se manifestaron con una fuerza muy grande en un primer momento. Por ejemplo, la Asamblea no juró por Fernando VII, como sí había hecho la Junta de Mayo. Por otro lado, se tomaron una serie de medidas, que fueron aprobadas por la Asamblea del Año XIII, que son las que aprendemos en el colegio, que tienen que ver con todo lo que después va a ser el aparato de derechos y garantías y de la Constitución Nacional, a saber: la libertad de vientres, la libertad de palabra, la abolición de los tormentos, la abolición de la mita, el yanaconazgo, la abolición de los títulos de nobleza. También es cierto, para explicar la historia y no simplemente crear mitos, que esas medidas en el territorio de la actual Argentina eran bastante menos conflictivas que si hubieran sido dictadas en el Perú o en el Alto Perú, porque por ejemplo, la regulación del trabajo indígena prácticamente no se aplicaba aquí, títulos de nobleza había muy pocos. Cita un historiador que los únicos dos que se hubieran visto perjudicados estaban a favor de la causa independentista, así que no es que estábamos terminando con un sector, como en la Revolución Francesa… Pero de cualquier manera fueron iniciativas muy importantes, y cuando uno ve todo esto hoy, me parece que lo interesante es recoger el antecedente de la Asamblea, como se ha hecho, y me parece muy acertada esta recordación del Bicentenario de la Asamblea, como un antecedente importante del proceso democrático popular en la Argentina, y al mismo tiempo valorar las resistencias, las debilidades, las influencias externas, porque eso también va a ser una característica de la Historia Argentina desde entonces hasta ahora.

–Entre los tres sucesos, la Revolución de Mayo, la Asamblea del Año XIII, el Congreso de Tucumán y la Independencia en 1816, lo que más nos representa, hoy, es la Asamblea del Año XIII, no es ni una revolución ni una independencia, pero sí está esa fuerza bipolar, yendo de un lado para el otro, estos opuestos…

–Sí, empiezan a aparecer más claramente algunas tendencias centrales, o conflictos centrales de la Historia argentina. También es cierto que la Asamblea del Año XIII es una asamblea verdaderamente nacional. Entonces el 25 de mayo, que es una fecha importantísima, tiene una dimensión que no es la misma en todo el territorio de la Argentina. Si uno va a algunas de las provincias, sobre todo las más alejadas de Buenos Aires, recuerdan otras fechas. Recuerdo que estuve en Misiones y me sorprendí que del Bicentenario se hablaba muy poco, pero sí se hablaba mucho del momento en que el Cabildo había declarado aceptar a la Junta de Buenos Aires como autoridad. Es decir, el proceso tuvo en cada una de las regiones de la Argentina sus características particulares. Con la Asamblea del Año XIII es la primera vez que aparece manifestada una voluntad nacional, que después se va a repetir en el Congreso de 1816, y aparece con estas limitaciones que siguen siendo o van a seguir siendo tema central de la historia argentina, siempre…

–Cuáles serían los puntos de lo propuesto por la Asamblea del Año XIII que hoy hemos logrado consolidar, y qué paralelos entre las disputas que hoy tenemos, políticamente hablando, con aquellas disputas, con aquellos objetivos…

–Para ver cuáles son, profundizar la idea de la Asamblea del Año XIII como antecedente, creo que paradójicamente hay que citar a alguien que no llegó a estar en la Asamblea del Año XIII o a estar ahí sentado, que es Artigas. Porque me parece que, y ahí contesto parte de tu pregunta, el legado más interesante hoy para nosotros sigue siguiendo el de Artigas. Así como va a ser poco después del año 13 también el de San Martín, por su vocación independentista contra viento y marea, Artigas aparece casi excepcionalmente en la Historia argentina de esa época con una idea muy clara de la independencia, una idea federal, y una concepción social muy avanzada para la época. Pensemos que Artigas reconocía como ciudadanos a los indígenas, que desarrolló una política que podríamos llamar de reforma agraria muy avanzada. Tuvo que pagar el precio de la alianza absolutamente necesaria en ese momento para subsistir no sólo con los pequeños propietarios, sino también con los grandes ganaderos, y eso lo hizo a veces tener que negociar y retroceder en muchos de estos puntos, pero no cabe duda de que a lo largo de la trayectoria de Artigas, aparece esta vocación social muy fuerte, este pensamiento democrático, al que se lo suele presentar como una suerte de caudillo bárbaro. Un liderazgo que era, como el de todos los caudillos, necesariamente muy vertical, como diríamos hoy, hasta muy paternalista. Se lo llamaba el protector, pero al mismo tiempo Artigas, cuando se reúne la Asamblea para ser aprobadas las instrucciones para los delegados, les dice, “de vuestro mandato depende…” –no me acuerdo la palabra ahora–, “…o mi liderazgo, y eso es revocable en cualquier momento”. Entonces, esto sería retórico si no hubiera una experiencia de lo que hizo Artigas en la Banda Oriental. Qué cosas hoy nosotros podemos decir? “Estamos realizando la Asamblea del Año XIII”. Bueno, a mí me gusta calificar el actual proceso que estamos viviendo como un proceso de expansión de derechos, en todos los sentidos. Me parece que la Asamblea del Año XIII es un momento de expansión de derechos en la Argentina. Es decir, muchas cosas que, por supuesto, no las inventó la Asamblea del Año XIII, que ya estaban en los escritos de Moreno en la Gazeta, en las Declaraciones de la Junta, en los textos y en los discursos de Castelli, como el discurso frente a las ruinas de Tiwanaku, cuando anuncia la liberación de los indígenas.

–Una ya fuerte tradición libertaria, emancipadora…

–Una tradición que se expresa o se consolida, culmina, claramente como una disposición de gobierno en la Asamblea del Año XIII. ¿Qué podemos ver nosotros como actual de eso? Bueno, creo que ahí hay que hacer una aclaración: los grandes temas de un país que quiere ser más independiente o más democrático, o por lo menos que algunos queremos que sea más independiente y más democrático no son demasiado diferentes desde entonces hasta ahora. Lo que hay que tener cuidado es de no simplificar la historia, como si los conflictos se hubieran expresado siempre de la misma manera, y siempre hubiera estado claro un solo bando de los buenos, contra un solo bando de los malos. Porque, por ejemplo, el sector que va a ser dominante en la Asamblea del Año XIII, que además había logrado imponerse en la elección de delegados en casi todas partes, el grupo de la Logia Lautaro, que tenía que ver con la vuelta de San Martín y Alvear desde España, y con la incorporación también a ese grupo de la Sociedad Patriótica, que era lo que quedaba del morenismo, con el liderazgo de Monteagudo. Ese grupo tiene posiciones muy avanzadas, seguramente tuvo mucho que ver con todo este impulso llamémosle democratizador de la Asamblea, pero también el alvearismo…

–Claro, estaba también Alvear…

–Alvear terminó siendo responsable de las peores cosas, tanto en la relación con Artigas como después, en el momento en que se va a producir la finalización de las actividades de la Asamblea, la crisis política, Alvear poco antes había escrito al embajador inglés en Brasil ofreciéndole (no pidiéndole) colaboración), lo cual, en un momento tan conflictivo, donde todavía se está peleando contra España, uno quizás hubiera podido aceptar… lo que está diciendo es “estaremos más cómodos y más satisfechos si somos parte del gobierno británico”. Entonces, también la relación entre San Martín y Artigas, porque es muy lindo imaginarse una historia en que uno dice “bueno, Moreno expresó una cosa, eso mismo lo expresó Artigas de otra manera, y San Martín…”. Bueno, es cierto, San Martín tuvo una visión, centró mucho más su política en la independencia, se desentendió de algún modo de lo que pasaba en la Banda Oriental. Entonces, Moreno fue tal vez excesivamente centralista, pero Moreno…, es difícil pensar en una tradición democrática y popular en la Argentina hoy, democrática, nacional, popular, sin tener como antecedente a Moreno. Y esto, no porque siempre hayan estado todos de acuerdo, o porque no hubiera conflictos entre ellos, sino porque son como diferentes momentos y diferentes vertientes que se integran…

–Refleja la complejidad de analizar distintos procesos en distintos tiempos con el riesgo de caer en simplificaciones o reducciones, como mencionaba anteriormente…

–Bueno, yo diría que hay, pidiendo disculpas por dar respuestas tan categóricas a problemas que son muy complicados, diría que hay dos respuestas, una desde el campo de la política hoy, y otra desde el campo de la visión de la historia. El campo de la política hoy, no ser sectario. Es decir, entender que cada etapa nueva del movimiento popular en la Argentina, cada momento del proyecto nacional, recoge tradiciones diversas y síntesis que no son las mismas, y afortunadamente no son las mismas. Por ejemplo, la izquierda argentina, o los sectores que se asumían políticamente como de izquierda, los partidos de izquierda, tuvieron una posición muy desafortunada en 1945, frente al nacimiento del peronismo. Es importantísimo, y me parece muy valioso, que hoy estén participando plenamente en este proceso. Sería medio ridículo decir “bueno, pero éstos no estuvieron en el ’45 y entonces no tienen la misma…”, los mismos derechos que quién? Porque el peronismo ha tenido en su seno contradicciones tan espantosas que tampoco puede alegar ninguna…

–Que no hubieran estado en el ’45 tampoco…

–¡Claro! Entonces, creo que ésa es una primera cosa: aceptar que uno recoge lo mejor de todas las tradiciones en un proyecto popular, y entonces esto también ayuda a tener una mirada más amplia de la historia, y a pensar además que uno tiene, pienso, todo el derecho a, y es correcto, hacerse cargo de una tradición nacional, popular, federal, democrática. Pero me parece que eso es valioso siempre que uno entienda que eso no nos resuelve todos los problemas de la historia. Porque está lleno de momentos en la historia argentina en que los que aparecen contradicciones muy fuertes… El revisionismo histórico surgió con la reivindicación de la figura de Rosas. Pero esos mismos autores, o muchos de ellos, no todos, reivindicaron después, o por lo menos condenaron la represión contra el Chacho Peñaloza y Felipe Varela, bueno, esos caudillos estuvieron contra Rosas, por ejemplo. Entonces, yo creo que más que desesperarse por entender quién tenía razón en cada momento, hay que ver que lo que uno recoge hoy de esa tradición son grandes tendencias, grandes líneas, son valores, no pretende reescribir la historia desde el presente, esa es la discusión que uno podría tener con el pensamiento que todavía hoy se reconoce como revisionismo histórico. Es decir, a veces, en su afán de desmitificar la historia, de criticar una historia oficial muy marcada por la herencia de Mitre y el liberalismo, termina haciendo también una contrahistoria, a lo mejor más simpática, pero igualmente lineal, y sesgada.

–En estos días se realiza en Chile la Cumbre Celac-UE. ¿Cómo observa la evolución de los países de la región en estos últimos diez años?

–Bueno, yo creo que hay desniveles, hay características diferentes también de los países porque no es que sea más fácil gobernar Bolivia que Brasil, a lo mejor es al revés. Pero lo que está claro es que hay contradicciones muy fuertes, muy claras. Por ejemplo, con haber protagonizado esta revolución de los pueblos originarios en Bolivia ya Evo Morales pasó a la historia, aunque no pudiera seguir avanzando como esperamos en este proceso. Lula tuvo que hacerse cargo de un país que es una de las grandes potencias económicas hoy, y donde pensar en un proceso más radical en Brasil a lo mejor es más difícil, es como pensarlo en los grandes países desarrollados. Pero, por otro lado, me parece que uno tiene que ubicarse… es decir, como analistas, nosotros podemos decir “este proceso es más profundo que este otro”, y me parece que, si en toda América latina se habla de Chávez, de Ecuador, de Evo Morales, es porque efectivamente ahí aparece una mayor radicalización. Pero, por otro lado, políticamente uno se ubica frente a lo que en otra época se llamaba la “contradicción principal”, que ahora ese lenguaje no se utiliza. La oposición brasileña no lo alaba tanto a Lula como nosotros. Aquí porque aparece, en algún aspecto, como un factor de moderación. Es decir, la política social de Lula no se pone como ejemplo. Se pone como ejemplo la mayor debilidad de Lula, que son sus políticas frente al establishment económico-financiero. Pero no se dice “los planes sociales de Lula, sería importante que los aplicáramos en la Argentina”. Entonces, yo creo que, sobre todo desde una mirada argentina, es decir de la necesidad de impulsar la integración desde nuestro país, lo que me parece que es el corte divisorio es quiénes avanzan en este proceso y quiénes siguen en la línea contraria, añorando las relaciones carnales con los Estados Unidos. En ese sentido, me parece que Brasil juega un papel fundamental para Argentina. Es decir, la alianza entre Argentina y Brasil es en buena medida la trama más sólida de este proceso de integración latinoamericano contra las posibilidades de existir en el mundo, con una política independiente, del mismo modo que lo de Venezuela tiene una influencia y un simbolismo político notables. Cuando hubo elecciones en Venezuela, todos estábamos mirando lo que ocurría en Venezuela, porque una victoria de la oposición hubiera sido un golpe muy fuerte, también en la Argentina.

–A propósito de lo que menciona, se ha instalado en la oposición más conservadora, de derecha, la idea de que el modelo a imitar es el de Chile, Uruguay y Brasil. Este es un interesantísimo debate que no se está dando a fondo, donde no se ponen en evidencia los modelos que imperan en esos países versus el que se lleva adelante aquí. ¿No cree que el oficialismo debería promover mas debates de este tipo?

–En primer lugar, siempre es complejo ser oficialista. Eso es algo que uno acepta desde un primer momento. Es más, yo siempre cuento una anécdota de que un amigo, a quien no voy a nombrar porque sería comprometerlo, cuando yo estaba más activo en la vida política, me dijo “uy, a vos… por ahí ahora te toca ser diputado oficialista, y es un plomazo eso”. Claro, yo venía del Concejo Deliberante y la Legislatura de la Ciudad, donde permanentemente denunciás, la oposición… un protagonismo que uno salía a la calle y ya todos los medios… y de pronto, la tarea del oficialismo es una tarea distinta, de una construcción necesariamente liderada por el Poder Ejecutivo, en este caso por Cristina, en donde hay menos espacio por ahí para estas actitudes personales mucho más notorias. Eso creo que también se expresa en el periodismo. Y también lo sentimos y lo discutimos nosotros, los intelectuales de Carta Abierta. Porque vivimos siempre entre la tensión entre que no queremos que se ponga en duda nuestro compromiso con el Gobierno, porque nos parece que éste es un gobierno que está muy acosado, hostigado permanentemente, incluso el gobierno permanentemente hostigado necesita que lo apoyen y uno siente la necesidad de apoyarlo, y por el otro lado sabemos que un análisis más profundo de una cuestión nunca puede ser 100% oficialista, porque ni el gobierno de Jesucristo hubiese tenido todos aciertos. Entonces creo que aparece esa tensión, que bueno, no creo que sea irresoluble. Creo que hay que priorizar las grandes coincidencias, y al mismo tiempo, mostrar a veces también disposición a discutir otras cosas, que a lo mejor no están tan bien, y también creo que hasta es cuestión de estilos, de escuchar al otro, de prestarse al debate. Me parece que en ese sentido esto es importante, y yo participo de la idea de que a nosotros nos interesa debatir, porque estamos muy convencidos de que tenemos razón. Entonces, cuando uno tiene razón, tiene que debatir.

–Sin embargo, hay temas profundos a debatir, tanto para el oficialismo como para la oposición, aunque luego los esquive…

–Bueno, me parece que hay una razón, no digo que lo explique, pero que evidentemente tiene mucho que ver, que es la tremenda polarización de la situación política. Esto es una realidad que no podemos evitar. Hasta incluso quienes somos, digo lo que me pasa a mí, que cuando era chico tenía más fama de peleador, ahora se me conoce más como reflexivo. Y hay momentos que tengo pocas ganas de ser reflexivo. Por lo menos de serlo públicamente, uno tiene que ser reflexivo, porque veo ataques tan primarios, tan absurdos. Cuando veo por ejemplo cómo se pierde la oportunidad de discutir este problema de cómo se construye el espacio de Memoria en la ESMA, que es una tarea histórica, algo que si lo resolvemos bien va a tener una importancia central en el vida argentina, y se bastardea del modo como se hizo… Para mí, escribir un trabajo que no sé si fue bueno o malo, pero que me pareció que fue una reflexión, realmente me costó bastante, porque mi primer respuesta era ir a cualquier medio y decir “bueno, esto es una porquería, no nos pueden hacer esto”. Entonces, yo creo que se dan todas estas cosas y no me atrevo ni tengo elementos para hacer mayores interpretaciones. Creo que es útil que tengamos esta idea de que es bueno discutir, porque además hay una franja a ganar. Es decir, nunca en la política estamos todos los que tenemos que estar, y un proyecto que no avanza, se detiene. Y a mí me parece que avanzar no es ni pactar o bajar las banderas, para ver si bueno, después de Cristina por ahí viene Scioli, da lo mismo, dicen algunos… yo no creo eso. Eso, pero al mismo tiempo tampoco puede ser “ya estamos todos” y nos negamos a discutir con los demás, porque eso tampoco sirve, al contrario. Yo soy de esta ciudad, quiero ganar esta ciudad. Para ganar esta ciudad no nos vamos a juntar con Pino Solanas y transformarnos en semioficialistas y semiopositores, eso sería una estupidez y una conducta vergonzosa desde el punto de vista político. Pero creo que tenemos que salir a pelear, por ejemplo a ese sector, muchos votantes, que por ahí no están de acuerdo con algunas cosas del Gobierno, a lo mejor las irán entendiendo más adelante, pero tienen grandes coincidencias, con los derechos humanos, con el matrimonio igualitario, con la ley de medios. Y bueno, esa es una tarea que exige a veces esta disposición al dialogo, que me parece importante…

–Habida cuenta de lo inútil de los análisis contrafácticos, ¿sería posible ubicar esa bipolaridad brutal, en el mejor sentido del término que existe, en una Asamblea hoy?

–Bueno, yo creo que esta bipolaridad nosotros sólo la podemos pensar por el camino de la profundización del proceso. ¿Por qué digo esto? Porque son muchos los que ponen la tensión que existe, el conflicto, se preguntan por qué hay tanto odio. Y me parece que todo esto es interesante preguntárselo, siempre que partamos de que no es caprichoso lo que está pasando en la Argentina. Es la consecuencia de un proceso que está afectando intereses, y que entonces en la medida que sigamos avanzando, va a afectar más intereses y va a provocar más reacciones todavía. Lo importante es que, como nosotros sabemos que vamos a avanzar y vamos a tener reacciones todavía más violentas, sepamos también ampliar nuestra convocatoria, para dejar más aislados a los que nos atacan. En ese contexto, yo pienso que una Asamblea hoy sería deseable, porque hay muchas cosas que pueden servir para una convocatoria que unifique a mucha gente atrás. Pensemos que la Constitución tiene que incorporarse todo lo que hace a esta política de expansión de derechos, lo que hemos tenido en los últimos tiempos. Sería interesante que queden incorporada en la Constitución las conclusiones de este debate sobre la democratización de la Justicia que hoy está instalado, pero todo esto suena un poco ingenuo hoy, porque inmediatamente le dirán “bueno, pero acá está de por medio la reelección, los sectores opositores no van a prestar su acuerdo a ninguna reforma constitucional”. Me parece que si uno opinara ahora sobre el tema de la reelección en sí –que me parece que, como todo el mundo sabe, se va a plantear después de las elecciones de este año, cuando se vea realmente la relación de fuerzas legislativa–, yo creo que en este tema como en otros la oposición hace una demonización que es una falacia. La consigna ésta de “no reformar la Constitución, sino cumplirla”. Entonces, pareciera ser que hay un monarca que va a reformar la Constitución, en vez de que siga funcionando la organización de poderes democrática… no, la Constitución también contempla la posibilidad de ser reformada.

–Y otra es que el verdadero signo de la democracia es la alternancia en el poder…

–Claro, eso tampoco se entiende…

–Como si entonces la democracia se encontrara en peligro…

–Además, tenemos ejemplos, yo un día me tomé el trabajo de ver cuánto tiempo habían estado en el poder algunos de los grandes líderes de la socialdemocracia europea, por tomar un sector que es bien tomado por muchos…
–Sí, nadie se escandaliza aquí de que, en España, Felipe Conzález gobernara, sin interrupción,14 años, o Mitterrand, en Francia, también 14 años, o Tony Blair, en Inglaterra, 11 años…
–Bueno, queda clarísimo con esos ejemplos. Más en un país donde los jueces son vitalicios, y donde además hay una estructura del poder económico que no cambia, aunque se incorpore algún nuevo miembro, pero permanece intocada, me parece que negar la posibilidad de la reelección es negar una posibilidad a la democracia también. Es tener una idea de la democracia que se basa en una cláusula no escrita, pero es la que impide todo cambio profundo.
–O también puede ser la confesión oculta del temor que no se puede llegar a ganar…
–Lógico, eso está claro.

Perfil

Escritor, periodista y abogado, Eduardo Jozami es el actual director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Fue legislador de la Ciudad de Buenos Aires. Forma parte del Espacio Carta Abierta, y tiene una extensa militancia que comenzó en los años ’60. Estuvo detenido entre 1975 y 1983. Es autor de numerosos libros entre ellos, Rodolfo Walsh. La palabra y la acción (2006) y Dilemas del peronismo (2009).
Por su biografía de Rodolfo Walsh recibió el Premio Anual de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.

Fuenete: Miradas al Sur, 27.01.13

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JUAN CARLOS LIVRAGA

EL ULTIMO SOBREVIVIENTE DE LA OPERACION MASACRE

Relato de un fusilado

Fue acusado sin prueba ni juicio de conspirar contra la dictadura de Aramburu en 1956. Fue fusilado en un basural de José León Suárez. Sobrevivió y su testimonio disparó la investigación de Rodolfo Walsh. Ahora tiene 80 años y aquí cuenta su historia.

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Por Andrés Osojnik

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El que está sentado a la mesa es Juan Carlos Livraga. Es un hombre menudo, sencillo, que habla con carraspera. Tiene ochenta años y seis meses. Y dice que los gatos lo esquivan, porque tiene más vidas que ellos. Juan Carlos Livraga es el mismo que a los 24 años fusiló la dictadura de Aramburu en un basural de José León Suárez. Es el mismo que sobrevivió a esa pesadilla y el mismo que se animó a contarla a Rodolfo Walsh, seis meses después de ocurrida. Es el “fusilado que vive”, el protagonista de un relato que fue el punto de partida de la investigación más impactante del periodismo argentino, condensada en el libro Operación Masacre. Ahora, Juan Carlos Livraga se dispone a repetir su historia a Página/12. Es la primera vez que lo hace ante un medio gráfico nacional. Cuenta su historia y más: sus contactos con Walsh, su vida posterior en Estados Unidos, el encuentro con Néstor Kirchner y las consecuencias físicas que aún sufre por los balazos de la noche trágica que empezó el 9 de junio de 1956.

Ese día, el general Valle dirigió una sublevación militar contra la dictadura. Para sofocar la rebelión fue implantada la ley marcial. Pero antes de que entrara en vigencia, en Florida fue arrestado un grupo de civiles que la policía creyó vinculado con el motín.

–Yo ni siquiera era peronista. Nunca lo fui.

Aclara el hombre, aunque sabe que si lo hubiera sido, la barbarie igual no tendría justificación.

–¿Alguna vez entendió por qué lo detuvieron?

–Esa duda la tengo siempre, porque nunca supe.

Nunca supo, dice, por qué lo detuvieron, por qué lo fusilaron. Había trabajado en albañilería desde niño junto a su padre. Había trabajado en la Aeronáutica. Luego fue colectivero. Ese era su trabajo cuando sucedió todo.

–¿Empiezo a contar de cero?–propone.

–Empiece a contar de cero.

–Yo vivía a una cuadra y media de donde me pasó. Tenía un amigo del otro lado, Vicente Rodríguez. El día 9 de junio yo manejaba un colectivo de la línea 10, que venía de Chacarita a Munro y pasaba por la esquina ésa. Ese día empezaron las cosas al revés. Yo llevaba cinco días sin trabajar porque el coche estaba en el mecánico y me llaman los patrones para decirme que ya estaba arreglado. Ese día había partido entre Colegiales y All Boys. Y yo tenía una cita con una muchacha que hacía tiempo la venía trabajando en el colectivo. Fui invitado por ella a bailar en la Hostería de Munro, un lugar muy agradable. Yo iba con el colectivo repleto, baja la gente en el estadio, voy a arrancar y se rompe el palier. Con toda la rabia del mundo cerré la puerta y dije, bueno, voy a ver el partido. Comí un sandwich de chorizo y una Coca-Cola. Hacía un frío terrible. Cuando falta un minuto, All Boys le hace 1-0 a Colegiales. ¡Para qué! A mí me gustaba ese equipo. Bueno, me fui para mi casa caminando. Llegué descompuesto, lo que comí me hizo mal por el frío y la amargura. Le dije a mi papá que me iba a acostar porque después tenía que salir y él me dijo: “¿Así como estás te vas a ir?”. “Sí, papá, usted sabe que citas son citas y no hay que fallar.” Al salir, alguien me silba de atrás. Era este amigo Vicente Rodríguez. “¿Adónde vas?”, me dice. “Tengo un asunto que me espera en Munro. Pero voy temprano.” “Ah, fantástico, ¿por qué no venís a la casa de un amigo a escuchar la pelea de Lausse y Loayza?” Le dije, bueno, tengo tiempo. Me meto en el departamento, era un pasillo atrás. Había dos personas que no conocía, Rodríguez y yo. Me senté al lado de la radio, ellos jugaban al chinchón. Después vi un revólver tan viejo que si le ponían una bala salía para atrás. Ganó Lausse por nocaut y yo dije: “Me voy, Gordo, que se me hace tarde”. Abrí la puerta y un policía me da un culatazo en el pecho, caí bajo un mueble y ahí quedé. Después me levantan como un trapo y me llevan afuera, hasta la esquina, unos diez metros. Ahí veo que hay un colectivo de la línea 19, que no pasaba por ahí, lleno de gente, otros policías y una persona parada en la ochava de uniforme militar. Yo no sabía quién era. Me llevan con él, saca una 45 y empieza a pegarme. “¿Dónde está Tanco? ¿Dónde está Cogorno?”

En Operación Masacre, Walsh cuenta que el colectivo había sido secuestrado por la policía para el operativo. Y que el hombre de uniforme militar era el jefe de Policía de la Provincia de Buenos Aires Desiderio Fernández Suárez. Tanco y Cogorno eran junto a Valle los líderes de la rebelión.

“Para mí era todo nuevo –sigue Livraga sorprendiéndose hoy–. De política no me interesaba ni sabía. Yo le decía no sé. Y él me decía: “¿Con esa facha vas a hacer la revolución?”. Y no dejaba de golpearme. Después me suben al colectivo, ahí vi a otra gente que conocía del barrio. Nos llevan a la Regional San Martín. Cuando nos meten en una habitación conté 16.”

–¿Usted y quince más?

–Exactamente. Después me enteré de que estaba el dueño de la casa, que vivía adelante, Miguel Angel Salvador Giunta. A Rodríguez le dije: “Gordo, ¿estás metido?”. El me dice: “No”. Le digo: “Si estás metido –como teníamos que declarar– decímelo a ver qué podemos decir”. Yo estaba de campera de gamuza, camisa y corbata. Bien vestido y con documentos. Le dije al oficial, cuando me atiende: “Escúcheme, ¿usted cree que alguien que va a hacer un robo o algo malo va a andar vestido así y con documentos?”. Yo iba a un baile y hasta di el nombre de la muchacha. Mientras, leía en la hoja al revés lo que había declarado Rodríguez, mejor dicho no lo que declaró, lo que quiso escribir el oficial. Yo le explico lo mismo y cuando me hace firmar, leo y le dije “esto no es lo que dije yo”. “Mirá, pibe, más vale firmá.” Yo pensé un segundo y dije más vale firmo y después veremos. Volví y después fueron a declarar los demás. Como a las tres de la mañana, íbamos al baño una vez cada uno y al policía le sacábamos alguna palabra. Ahí me enteré del levantamiento en La Plata, el general Valle y todo eso. Como a las cinco y pico de la mañana, seis, nos sacan en un carro de asalto, yo voy adelante, éramos cinco, y cuatro policías que venían con el fusil, casi dormidos. Atrás iban otros, después supe que iban Troxler, Lizaso y otros más, porque en la otra habitación de la casa donde nos llevaron había más gente. Bueno, nos llevan. ¿A dónde? Seguro a Campo de Mayo. Llegamos a la estación de José León Suárez, de ahí por una ruta. Estaba todo oscuro, pero yo sabía dónde estaba. Dijeron “bajen los cinco”, bajaron los policías y ahí detrás veo una camioneta con gente adentro. Después supe que era el comisario Rodríguez Moreno. Caminamos como unos cien metros y ahí sentimos el golpe de manivela que para mí era conocido. Eran los fusiles.

–Ahí recién se dieron cuenta de que los iban a matar.

–Sí, recién ahí. Y ahí viene un desparramo, los gritos y a uno lo agarró la desesperación. Se viene a mi lado a agarrarme. Yo lo sacudo y me tiro cuerpo a tierra, pero mirando hacia ellos. Al otro lo vi que escapó por el campo en diagonal. Corrió más rápido que los tiros. Era Giunta.

–¿Ya habían empezado los tiros?

–Sí, pero a mí no me habían pegado, sí a los que estaban al lado. Cuando terminaron de tirar, en un momento siento que paran donde estaba yo y me enfocan en la cara. Entonces yo moví los párpados.

Se venía el tiro de gracia. De los doce que la policía debía fusilar aquella noche, siete se salvaron. Uno de ellos fue Livraga, que se hacía el muerto. Pero esa luz lo traicionó.

–Empezaron a tirarme –recuerda–. Me tiraron tres tiros. Uno me pegó en la nariz, apenas me sacó un pedacito. Otro me perforó la mandíbula de un lado a otro y a partir de esa época quedé sordo de ese oído. Y el del brazo es una 45, me lo pegó Rodríguez Moreno.

–¿Y entonces?

–Me quedé sin moverme, siento que se van. Volvieron al carro de asalto y ahí hubo unos tiros, se habían escapado uno de los presos y dispararon contra los policías, eso lo supe después. Cuando vi que ya no había moros en la costa, me levanté y vi a los que estaban muertos. Rodríguez tenía once tiros. Yo tomé el mismo camino que hizo Giunta. Al llegar al cruce de la barrera me caigo desmayado junto a una garita donde había policías adentro. Eran cuatro o cinco cuadras, pero no habían sentido los tiros porque con el frío estaban encerrados. Uno me preguntó qué me pasaba y yo sólo vomitaba sangre. Me suben a un jeep y me llevan al policlínico San Martín. Me dejan en la sala de primeros auxilios y ahí las muchachas me salvaron parte de la vida. Mientras me curaban me preguntan si tenía el teléfono de mi papá y yo se los di con los dedos. Cuando me estaban por llevar a terapia intensiva vi que había llegado. Pero como a las nueve de la noche me viene a buscar la policía.

–Se lo llevan otra vez.

–Sí, y lo primero que hicieron fue buscar mi ropa. Querían recuperar el certificado que me habían dado por las cosas que me sacaron en la Regional y que llevaba la fecha en la que había entrado. Pero las enfermeras salvaron el papel, se lo habían dejado a mi papá sin que se diera cuenta. Ese papel probaba que lo que dijeron ellos después era mentira: que me escapé, que me había tiroteado con la policía, incluso que me habían matado. Mi papá recibió del gobernador el certificado de defunción mío, porque había muerto en un tiroteo.

–¿Cuándo le mandan el certificado a su padre?

–A los dos días, porque mi papá había mandado un telegrama para saber qué había pasado conmigo y le respondieron con eso.

–¿Y después del hospital?

–Me sacan prácticamente desnudo y me llevan de paseo en una camioneta descubierta. Me di cuenta de que buscaban que me muriera solo, paraban en todo teléfono público que hubiera para recibir las órdenes. Así me tuvieron hasta las dos de la mañana. Al final me llevan a la 1ª de Moreno y me meten en el calabozo. Vino un médico y me dio dos pastillas, pero yo hice que me las tomaba y después me las saqué. Ahí me tuvieron 28 días, sin atención médica, ni comida, ni nada. Nadie se podía acercar a ese cuartito, puro cemento y a oscuras. Un día vienen unos auditores a tomarme declaración, qué declaración si no podía hablar. Entonces me mostraron algo escrito y me amenazaron. Yo dije, medio muerto y muerto, firmé lo que inventaron ellos, eso del tiroteo y que me escapé.

–¿Entonces?

–Entonces un día las cosas cambiaron. Vinieron dos suboficiales nuevos y como no estaba el sargento entraron a verme, yo estaba con barba, desfigurado, flaco, sin la mitad de los dientes, perdí quince kilos. Me quisieron preguntar, pero no pude hablar por cómo tenía la boca. Y les dio tanta lástima que se fueron a comprar fruta, naranja, mandarina. Yo la empecé a chupar y me dio una diarrea que aunque no tenía nada en el estómago me pasé un día y medio revolcándome en el piso. Al día siguiente estaba tan mal, todo oscuro, desesperado, y siento una sombra atrás. No puedo decir quién fue, pero me empezó a hablar, me dijo que me calmara y yo me sentí más tranquilo. Al día siguiente me traen ropa y después me dicen: “Vamos a la cárcel de Olmos”.

–La cárcel parecía mejor que el calabozo de la comisaría.

–Sí, pero cuando salimos estaba oscuro y yo temí otra vez. En eso se descompone el jeep. Yo dije, de ésta ya no me salvo. Pero pararon en un taller mecánico, arreglaron la falla y a la ruta. Llegamos a Olmos, abren la puerta y ahí a Juan Carlos Livraga lo cambiaron. Uno de los presos dice un cuento, que yo estaba ahí por haber matado a cuatro policías. No sé de dónde lo sacó, pero eso cambió mi vida, me empezaron a respetar. Quedé en manos de los presos, uno de ellos, el capo de la cárcel. Era la mafia. Me protegieron, me cortaron el pelo, me afeitaron. Me pude bañar, me dieron ropa. Nunca comí la comida de la cárcel, me hacían comida los presos y empecé a recuperarme. Ahí me encontré con Giunta. Yo lo creí muerto, pero estaba con los presos políticos. Me cuenta que no le habían disparado, que después se entregó, y que lo habían amenazado, le hacían como que lo mataban y se volvió medio loco, pobre. Y me cuenta que un abogado cobraba 15 mil pesos para sacar gente de la cárcel. “El no me cree a mí”, me dijo Giunta. Al día siguiente estaba ahí el doctor Von Kotsch. Era un hombre joven, de la parte de Frondizi, intransigente. Me preguntó y le conté. Le conté del papel, que lo tenía mi papá. Era lo que esperaba él.

–Una prueba.

–Sí. Me dice, dame el teléfono de tu papá que lo voy a ir a ver. Fue a mi casa, arregló y fue de ahí mismo a la Regional San Martín. El comisario le dice una sarta de mentiras. Pero el abogado le mostró el papel. Y salió con mi reloj, mi cinturón y los veinte pesos. Empezó a moverse con el doctor Doglia, que era un fiscal y antes de los quince días me dijo que me iba a sacar. Nunca aceptó un centavo.

–Y lo sacó.

–Todas las noches venía una voz de ultratumba que decía: “Atención a la población”. Y llamaba a Fulano y a Mengano. A muchos los llamaban para darle picana. Esa noche, al final, la voz dice: “Juan Carlos Livraga y Miguel Angel Salvador Giunta”. Todos vienen y me dicen: “Juan, te vas, te vas”. Yo no creía. Me llevan y me encuentro con mi abogado. Ahí me quedé tranquilo. Me hicieron el pianito y quedé libre. Era 17 de agosto. El abogado me dio dinero y ahí fuimos con Giunta a tomar el tren. El estaba muy mal, pobrecito. Llego a Florida, caminé las siete cuadras, en mi casa no sabían nada. Siempre cuando yo llegaba le pegaba un silbido a mi mamá. Y silbé. Mi mamá salió a los gritos, mi papá se estaba preparando para ir a verme. A las dos horas había más de cien personas en mi casa. Mi papá era italiano y allá en Italia era costumbre que cuando volvía de la guerra alguno de los hijos prendían fuego tres días y mataban una vaca. En mi casa se hizo. Tres días de fiesta, todos borrachos, se abrazaban, cantaban.

–¿Ahora sigue con problemas físicos?

–La primera operación en la boca duró 16 horas. Llevo siete operaciones, tengo todo de platino, arriba perdí todos los dientes, hubo que hacer todo de nuevo. Y me quedó un agujero arriba que cuando terminaba de comer tenía que hacer fuerza con la nariz tapada para que saliera la comida por el agujero y no se infectara. Igual me agarró una infección muy grande. Me llevaron a la Facultad de Odontología con un nombre falso para que no me reconocieran. Y ahí me curaron. Hasta ahora me cuesta mover la mandíbula, si la abro mucho se me sale. Tengo una sinusitis crónica. Y tuve otro problema. Cuando con la 45 Fernández Suárez me pegaba acá (se señala el estómago), me quedó todo negro durante ese mes que estuve preso. Resulta que me afectó la aorta. En el 2006 me operaron porque estaba muy mal, y al abrir encontraron una bola de sangre de doce centímetros en el nacimiento de la aorta. Era un coágulo que se empezó a formar ese día, fue creciendo y me lo sacaron 50 años después.

–¿Alguna vez recibió alguna disculpa del Estado?

–No.

–¿Y la muchacha de la cita?

–Nunca más la volví a ver.

Fuente: Página 12, 11.11.12 – Imagen: Adrián Pérez

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ARTISTA UNICO, FIGURA DE LA CULTURA POPULAR DEL ULTIMO MEDIO SIGLO

Un niño solo, un cine grande

En sus películas pueden encontrarse ejercicios íntimos y movimientos operísticos; como cantante encontró la popularidad antes que en el cine. En cualquiera de sus facetas, Favio fue un artista personalísimo, caracterizado por la integridad y la coherencia.

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Por Luciano Monteagudo
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Hacía tiempo que su salud lo tenía frágil, muy guardado, cada vez más reacio a los reconocimientos y los homenajes, que por otra parte nunca le gustaron (“Los valoro mucho, son como caricias, pero ya no quiero más”, dijo hace poco). Y aunque estaba internado en terapia intensiva desde varias semanas atrás, por una afección pulmonar, la noticia de su muerte –ayer, a los 74 años, en el Sanatorio Anchorena, de Capital; sus restos son velados en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Senadores– no fue menos dolorosa. Leonardo Favio fue, qué duda cabe, un cineasta enorme, único, de un talento y un vuelo lírico sin parangones en el cine argentino, al que le entregó algunas de sus películas más bellas, desde Crónica de un niño solo (1964) hasta Aniceto (2008).

Pero Favio fue, también, mucho más que eso: una figura singularísima, incomparable, de la cultura popular del último medio siglo, a la que marcó no sólo con sus canciones –incorporadas al inconsciente colectivo de varias generaciones– sino también con su perenne, incondicional adhesión al peronismo, del que se convirtió en una suerte de encarnación de su imaginario. Hay algo básico, esencial, de la identidad argentina que siempre se expresó en Favio, en su vida y en su obra.

Aun en sus facetas más disímiles, que podían parecer antagónicas, Favio logró ser siempre él mismo, un hombre de una sola pieza, de una integridad y una coherencia que provenían de su humildad y de su franqueza a toda prueba. “Cuando canto no hago cine y cuando hago cine no canto. Pero las dos cosas me apasionan, me gustan… Y son cosas de Favio”, le dijo al autor de estas líneas en un reportaje publicado en Página/12 en agosto de 2006. “Yo no me separo. Y como yo digo, cada uno vuela hasta donde le dan sus alas, ¿no? A mí me gustaría haber tenido el vuelo poético del Serrat de los primeros discos. Bueno, llegué nada más que a Favio, pero estoy contento. Yo sé que estoy en el corazón de casi todo el mundo de habla hispana con mis canciones. Son simples, muy simples. Hasta hay un libro que escribió el chileno Luis Sepúlveda que está basado en una canción mía. A mí me gusta todo lo que hago. Pueden parecer cosas distintas, pero yo lo vivo con la misma pasión.”

Esa pasión se remonta a un callejón de tierra de Luján de Cuyo, en Mendoza, donde Leonardo Favio nació, el 28 de mayo de 1938, como Fuad Jorge Jury. Desde que tuvo memoria, su padre siempre estuvo ausente, pero ese abandono lo compensaron el amor de sus abuelos –que habían formado una compañía de teatro en el pueblo– y el de su madre y su tía, Laura Favio y Elcira Olivera Garcés, actrices que lo iniciaron en la magia del radioteatro, donde Leonardo también hizo sus primeras incursiones como actor. Esa vida lenta de provincia, en la que había tiempo para contemplar la luna y las estrellas, y en la que las mujeres de su familia rezaban a la luz de las velas, unida a la revelación de un mundo hecho de ficciones tan ingenuas como desbocadas, contribuyó –según el propio Favio– a su cosmogonía artística. Su paso triste por el Hogar El Alba, un correccional de menores, también, como lo probaría su primer largometraje, Crónica de un niño solo, al que llegó de la mano de su querido maestro y mentor, Leopoldo Torre Nilsson.

El descubrimiento del cine

Babsy, como le decía cariñosamente Favio, lo había descubierto en papeles menores en la televisión, mientras buscaba desesperadamente al protagonista de El secuestrador. Corría el año 1958 y Torre Nilsson ya era –después de su película inmediatamente anterior, La casa del ángel (1957), premiada en Cannes– el director más importante del cine argentino. “Fue la primera vez que yo identifiqué el nombre de un director”, le contó Favio a Adriana Schettini en Pasen y vean – La vida de Favio (1995), un libro esencial para conocer su biografía y su obra. “Yo nunca me había fijado en que las películas tenían director. No sabía lo que era un director. Para mí en las películas sólo existían los actores y las hacían los actores.”

A partir de allí, Favio y Torre Nilsson se hicieron grandes amigos, y no parece arriesgado afirmar que Leonardo tomó a Babsy como una figura paterna. Fue Torre Nilsson quien le dio vuelo a Favio, que de pronto pasó a convertirse en una estrella del cine argentino de esos años, como coprotagonista de El jefe (1958), de Fernando Ayala, junto a Alberto de Mendoza; En la ardiente oscuridad (1958), de Daniel Tinayre, con Mirtha Legrand; y Dar la cara (1961), de José Antonio Martínez Suárez, con Lautaro Murúa. El propio Torre Nilsson también lo volvió a convocar para Fin de fiesta (1960), La mano en la trampa (1961) y La terraza (1963), pero Favio nunca se sintió verdaderamente un actor de cine, donde, a diferencia del radioteatro, se sentía incómodo.

“No me gusta mucho acordarme de eso, porque pasó por mi vida como quien lee un diario rápido. No quedó en mis sentimientos. Quedó El jefe, de Ayala, porque en la época en que trabajaba en esa película descubrí mi cuerpo, pero eso es algo que está más relacionado con lo hermoso de ser joven que con la película en sí. Las películas con Babsy quedaron, por el hecho de que me permitían estar con un amigo. Pero la única película que para mí fue trascendente es Cuando en el cielo pasen lista, en la que participé cuando estaba internado en el Hogar El Alba. Esa película la recordé toda mi vida porque ese día –yo tendría ocho años– nos dieron chocolate.”

El cine, sin embargo, le permitió conocer a María Vaner, el primer gran amor de su vida y a la que se propuso conquistar dándose aires como director, primero con un corto, El amigo (1960), sobre sus recuerdos de adolescencia en el Parque Japonés, y luego con la seminal Crónica de un niño solo (1964), también de origen confesional, inspirada en su paso por el instituto de menores.

La revelación como director

Relato de iniciación, la ópera prima de Favio sigue sorprendiendo hoy por la clásica modernidad de su puesta en escena, que ha logrado atravesar indemne la prueba del tiempo. A casi medio siglo de su realización, Crónica de un niño solo parece hecha casi ayer, al punto de que no es casual que buena parte del llamado Nuevo Cine Argentino –desde los pibes chorros de Pizza, birra, faso hasta el Rulo de Mundo Grúa– pueda reconocer su origen en esta película. En un momento en que el cine nacional solamente parecía confiar en los diálogos (y a cual más impostado), el debut de Favio vino a demostrar cómo era posible hacer del sonido un elemento dramático: el silbato del celador del correccional es tan elocuente como el silencio que impone la disciplina o los gritos de furia que de pronto estallan en una forzada pelea en el baño.

Como en Los olvidados, de Buñuel, Favio no embellece la pobreza. Simplemente la expone en todos sus sentimientos, por complejos y crueles que sean. “Por Crónica… pasa la vida, no es ni triste ni alegre, es la vida contada con ternura. No tengo rencor con los personajes”, dijo. La materia de su película está viva, respira, se reconoce como una parte intransferible de la realidad argentina y, al mismo tiempo, la trasciende, con una belleza auténtica, completamente ajena a la sensiblería y la complacencia. Hay aquí un lirismo, una poesía que no teme trabajar con los elementos más oscuros, que en manos del director se vuelven extrañamente luminosos.

A este film primordial le siguió otro no menos fundante: Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más… (1967). Basado en un estupendo cuento, “El cenizo”, escrito por su hermano y permanente colaborador, Jorge Zuhair Jury, Favio depuró aún más el ascético estilo que había desarrollado en su película anterior y –en el que muchos consideran el mejor film de toda su obra y, por consiguiente, de todo el cine argentino– narró la tragedia de un triángulo amoroso condenado por el destino con un laconismo y una hondura mítica casi borgeanas (de hecho, Borges, a pesar de su antiperonismo, siempre fue uno de los pocos autores que Favio reconocía como de lectura permanente, además de la Biblia y el Corán).

En el papel protagónico, el de ese galán de pueblo dueño de un gallo de riña, descubrió a un joven actor llamado Federico Luppi, un Aniceto inmejorable, a quien acompañaron a la perfección Elsa Daniel como la Francisca y María Vaner como Lucía, la otra, “la intrusa”, desencadenante de la tragedia. Multipremiada por la Asociación de Cronistas de la Argentina y por el Instituto Nacional de Cinematografía, El romance… también fue reconocida en el exterior, pero Favio siempre descreyó del circuito de festivales internacionales, a los que siempre les dio la espalda, por lo cual su obra nunca fue bien conocida fuera del país.

Otro tanto sucedió con El dependiente (1969), su tercer largo y el último de su obra filmado en blanco y negro, basado también en un cuento de su hermano Zuhair Jury. De un minimalismo extremo, la anécdota volvía a girar alrededor de la pequeña vida de pueblo, en este caso el amor tácito del dependiente de un almacén (Walter Vidarte) por la señorita Plasini (Graciela Borges). Pero a diferencia de El romance…, se percibe en El dependiente una mirada menos sensible y más crítica a la mezquina, sórdida vida de pueblo. La cámara y las actuaciones también se vuelven más expresivas, anticipando el giro copernicano que dará su obra.

El cantante

Para entonces, ninguna de sus películas había sido un éxito de público, pero Favio conoció de pronto el fervor popular gracias a sus canciones. En 1968 grabó el single “Fuiste mía un verano”, que se convirtió en un hit de ventas no sólo en Argentina sino en toda América latina. Por primera vez se hablaba de “vos” y no de “tú” en una balada, se incorporaba la palabra “piba” y con ella el lenguaje argentino. Le siguieron otros éxitos, como “Ella ya me olvidó”, “O quizás simplemente le regale una rosa” y “Quiero aprender de memoria”, donde en una época de rígida censura –eran los años de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía– asombraba el erotismo de la letra, que decía: “Quiero aprender de memoria, con mi boca tu cuerpo, muchacha de abril”. Y para las orquestaciones, Favio –que nunca estudió música de manera académica, como tampoco cine– pedía oboes y cellos, por su pasión por la música barroca, que ya había utilizado de manera magistral en sus tres primeras películas.

Utilizando una comparación de orden musical, se podría pensar que si en sus comienzos Favio hizo un cine íntimo, equivalente a la música de cámara, luego sintió la necesidad –una necesidad expresiva, pero también ideológica, que se correspondía con su naturaleza popular y con su fervor por el peronismo– de cambiar el curso de su obra hacia un cine de masas, de dimensiones primero operísticas y luego sinfónicas. A su vez, con la llegada del color, su cine reveló una naturaleza desmesurada, orgiástica, dionisíaca: de los susurros de Crónica de un niño solo pasó a los gritos de Nazareno Cruz y el lobo; de la soledad que habitaba en el alma gris de El dependiente saltó a las multitudes embanderadas de Gatica; del ascetismo monocromático del Aniceto y la Francisca viró al rojo sangre de Juan Moreira.

El sonido y la furia

En mayo de 1973 (un mes antes de la masacre de Ezeiza, donde salvó de la muerte a una docena de militantes, amenazando a los torturadores con su suicidio público), Favio entregó uno de los mayores éxitos de público de la historia del cine argentino, Juan Moreira, protagonizada por Rodolfo Bebán. En retrospectiva, es imposible no ver a ese gaucho renegado, que se resiste a ser sometido por la “milicada”, como una sintonía absoluta con el espíritu de la época: la primavera democrática y el regreso del peronismo al poder.

Los recursos formales ya no son los del rigor y la austeridad bressonianos sino los del folletín, del spaghetti western y de las telenovelas. Ese desborde lo llevó inmediatamente después al exceso verdiano de Nazareno Cruz y el lobo (1975), basado en un radioteatro de Juan Carlos Chiappe, un film lleno de sonido, de amor y de furia, que con sus tres millones y medio de espectadores sigue siendo el film más popular de toda la historia del cine argentino. Pero que por su uso de los estereotipos despertó las suspicacias de la crítica de izquierda, que antes lo había celebrado, como sucedió con Enrique Raab y un memorable y polémico artículo publicado en el diario La Opinión.

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 sorprendió a Favio en pleno rodaje de Soñar, soñar, una fantasía de ambiente circense protagonizada por Carlos Monzón y Gianfranco Pagliaro como dos grotescos artistas trashumantes. Y una vez más, Favio pareció sintonizar intuitivamente con su época. El que en su momento fue un auténtico film maldito, ignorado por el público y vilipendiado por la crítica, hoy puede ser leído como el reflejo de esa época violenta y oscura, con esos dos tristes personajes como los restos heridos del pueblo peronista después del brutal asalto al poder de Videla.

La sangre derramada llegaría con Gatica, el Mono (1993), un proyecto largamente acariciado por Favio y que hizo del célebre boxeador una parábola cristiana y peronista, el mártir del pueblo envuelto en una bandera argentina teñida de rojo.

Con Perón, sinfonía del sentimiento (1994-1999), Favio se permitió contar la historia del peronismo a su manera. En las seis horas de duración de este documental en muchos sentidos fuera de serie –por su extensión desmesurada; por su estética entre anacrónica y naïve; por su insólita producción, asumida tanto por Eduardo Duhalde como por Héctor Ricardo García–, Favio se sumergió en la mitología antes que en la política, como si hubiera querido encontrar el paraíso perdido de su infancia.

La síntesis

Finalmente, Aniceto (2008), su versión-ballet de la película original, con el bailarín Hernán Piquín en el papel protagónico, vino a expresar un momento de síntesis en la obra de Favio; de síntesis en el sentido de summa, donde conviven por fin esos dos grandes bloques en que hasta entonces parecía dividirse de manera irreconciliable su filmografía. Es, al mismo tiempo, volver al principio –al principio de su cine, pero también al pueblo y a las historias de su infancia– pero con el bagaje expresivo y la paleta multicolor adquirida en sus años de madurez. Este Aniceto tiene mucho de paradoja: es la intimidad, pero a gran escala.

La voz en off del propio Favio –dulce, temblorosa– que introduce la tragedia confirma también el carácter casi confesional de un proyecto como Aniceto: Favio habla de esta historia como una que nunca ha dejado de “poblar mis noches de insomnio”. Se trata de ingresar en su mundo más personal, el de sus sueños y sus desvelos, esa frontera del alba que alimentó obsesivamente su imaginación. Por eso es coherente que Aniceto haya sido filmada íntegramente en el interior de un estudio: allí Favio pudo reproducir su idea de ese pequeño pueblo de provincia, simbolizarlo con unos pocos elementos escenográficos, casi como si fuera teatro kabuki, pero con una identidad inexorablemente argentina. Como la de toda su obra.

Fuente: Página 12, 06.11.12

 

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A DOS AÑOS DE LA MUERTE DEL EX PRESIDENTE

El recuerdo de Kirchner

El compañero, el presidente

Por Alejandro Demichelis *

Hace dos años, centenares de miles despedíamos a este gran hombre, sencillo y desacartonado, gran compañero, gran presidente.

Llegó y en su primera intervención dejó perplejos a millones de argentinos que lo escuchábamos en la Plaza del Congreso, en los bares, en las casas: “Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas, creyendo en valores y convicciones que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”.

Sus palabras acompañaron sus políticas de gobierno: renovación de la Corte Suprema, derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, juicio a los genocidas, generación de trabajo, nueva Ley Nacional de Educación y más inversión en educación, fortalecimiento de la relación con los países de América latina, freno al intento de implementar el ALCA, valoración de la juventud como motor de las transformaciones… los hechos fueron centenares…

El, que se proclamó hijo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, expresó estas palabras que nos conmovieron: “Como presidente de Argentina, vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades”, palabras que vinieron a refundar la democracia argentina.

Aquel 27 de octubre de 2010 nos dolió al alma, el corazón, la cabeza… se iba un presidente que por primera vez desde 1983 había puesto la política en su justo lugar: siendo él quien definía los destinos de la economía, quien ejercía el mando de comandante en jefe, quien decidía la política exterior, quien no se subordinó a los grupos económicos, mediáticos y de poder.

Estos días, el sentimiento es de profunda alegría y agradecimiento. Alegría por todo lo que sembró, agradecimiento por habernos devuelto la esperanza a un pueblo castigado, sufrido, diezmado.

“Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo. Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación: la nuestra.”

Estos días festejamos en las plazas del país a este hombre, a este compañero, a este presidente que se quedó para siempre con nosotros.

* Secretario de Prensa de la Confederación de Trabajadores de la Educación Argentina (Ctera).

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El sueño colectivo

Por Oscar González *

Hace dos años, mientras miles de personas llegaban a la Casa Rosada para expresar su dolor y rendir tributo a la memoria de un hombre excepcional, un lúcido testigo y protagonista privilegiado de las transformaciones experimentadas por nuestro país en la ultima década decía que Néstor Kirchner les había devuelto la autoestima a los argentinos. Era el entonces presidente Lula da Silva, que había compartido con él una etapa inédita para la región, caracterizada por la emergencia de gobiernos progresistas en casi todos los países y por la materialización de la tantas veces proclamada integración latinoamericana.

La conmoción provocada por la repentina desaparición de Kirchner hizo que millones de argentinos valoraran en su verdadera dimensión la importancia de este hombre llano, abierto, valiente y convencido, que renegaba de la grandilocuencia y la solemnidad, pero que con sus acciones dejó marcas indelebles en la historia nacional.

Néstor Kirchner fue el presidente justo en el momento preciso. Para una Argentina diezmada por la aventura neoliberal, quebrada por una lacerante fractura social y abrumada por la impotencia o la complicidad de sus gobernantes con los poderes concentrados, esa recreación de la autoestima estaba necesariamente asociada a la posibilidad de construir un futuro en común, contradiciendo de ese modo el “sálvese quien pueda” heredado de la década anterior.

Esa posibilidad, como lo advirtió y reafirmó rápidamente Kirchner, iba de la mano de la recuperación de la política como herramienta de transformación, como ámbito de debate y decisión, como instancia donde el interés general prevalece sobre el privilegio sectorial. La famosa transgresión que caracterizó su actitud no fue mera iracundia sino serena indignación frente a la injusticia, y por ello desde 2003 pasó al olvido aquel mandato neoliberal que asignaba a la política el papel de mera facilitadora y garante del fundamentalismo de mercado.

Como encarnación de esa desobediencia, con decisiones inesperadas que sorprendieron a propios y extraños, Kirchner fue cimentando la nueva etapa institucional argentina, signada por una creciente participación social y política, que fue el inicio de un largo itinerario de reformas irreversibles y ampliación de derechos que continúan desplegándose hoy en las iniciativas de Cristina Fernández.

La autoestima de que hablaba Lula no era vanidad ni arrogancia. Era confianza en las capacidades y la propia fuerza. Era, y es, la convicción de que es posible avanzar, construir un destino y crecer como sociedad y como país. Es, finalmente, la decisión de animarse a encarnar un sueño colectivo, rechazando el mandato del poder que prescribe sólo la resignación. Ese es el gran legado de Néstor Kirchner.

* Dirigente de la Confederación Socialista Argentina. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional.

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Era de las plazas y de las calles

Por Fernando “Chino” Navarro *

En la Plaza saltó las vallas y destruyó el protocolo. En la Plaza se lastimó la cabeza y siguió estrechándose con la gente, plantado sobre sus mocasines. Néstor era de las plazas, de las calles, de los barrios, de los lugares que habita día a día el pueblo. Así lo recuerdan los vecinos lomenses de La Loma y El Faro cuando caminó junto a ellos desde el jardín de infantes hasta la Plaza de la Paz. Los miles de testimonios que recibimos para su película corroboran que él, como señaló Alejandro Dolina, “se atrevió a recorrer el camino que nadie se atrevía a transitar, y que parecían alejarse de la concurridas avenidas centrales que recomendaban los poderosos del mundo global, y se metió entonces por unas callecitas ya olvidadas, cuyos nombres sólo se pronunciaban en foros estudiantiles, o en las reuniones de obreros soñadores, y en rincones que siempre estaban alejados del poder político”. Se metió por esas callecitas en cada decisión que tomó y en cada paso que dio.

Era de las plazas y de las calles en las buenas y en la adversidad.

El 14 de junio de 2008, Néstor Kirchner estuvo en la Plaza junto a las argentinas y argentinos que nos movilizamos para defender al gobierno de Cristina. El 28 de junio de 2009, luego de la derrota electoral, Néstor vino a debatir a Parque Lezama a un plenario abierto convocado por Carta Abierta. Recuerdo que aquella vez ingresó caminando en medio de aplausos, se quedó en el medio del anfiteatro aplaudiendo con nosotros y así estuvimos, un larguísimo minuto, aplaudiendo sin parar, quizá tomando conciencia de que nos disponíamos a remontar una cuesta que nos querían dibujar como infranqueable.

Los hogares, las calles y las plazas fueron testigos del amor de su pueblo aquel día de censo nacional en que amanecimos con la noticia de su muerte. Aunque no terminamos de sobreponernos a la pérdida, seguimos adelante liderados por Cristina, construimos una victoria electoral inolvidable y, en medio de una crisis mundial sin precedentes, seguimos sosteniendo esta nueva patria y enfrentando los obstáculos que día a día nos ponen las minorías que no quieren desprenderse de sus privilegios.

El linchamiento mediático sigue, con más desparpajo, mintiendo sin rubor, procurando horadar cada día el consenso del gobierno, apostando a cada instante a su derrota.

Creían que una victoria de Capriles sería la llave que abriría la puerta a un retroceso del renacimiento de Sudamérica, como alguna vez lo fue el golpe a Salvador Allende en Chile. Pero el pueblo venezolano les dijo no, por el mismo porcentaje que obtuvo Cristina Kirchner en nuestra patria.

Sabemos que son muy poderosos. Sabemos que tienen mucho para perder. Sabemos que harán lo imposible para defender sus intereses. Si en el pasado desaparecieron, mataron, robaron, mintieron, enajenaron el patrimonio nacional, ¿qué nos puede asombrar de lo que sean capaces ahora para terminar con este proyecto?

Por eso, el mejor homenaje que le podemos brindar a Néstor Kirchner es ganar las plazas y las calles de todas las ciudades y pueblos de nuestra patria. En las plazas donde juegan los pibes, matean nuestras familias y ensayan o actúan nuestros artistas. En las calles que se llenan de gente que sale a pasear, a hacer las compras, a trabajar o a hacer lo que quedó pendiente de la semana. Allí, Néstor tiene que estar desde nosotros, que tenemos el desafío de construir el Néstor colectivo.

No es una tarea que nadie deba acaparar: allí debemos estar las mil flores, unidos y organizados, demostrando que los jóvenes, los trabajadores, las mujeres, los jubilados, los estudiantes y todos aquellos que luchan por más y mejores derechos nos sentimos expresados por este proyecto.

Nos encontraremos desde el compromiso militante y la alegría en cada rincón de nuestra Nación, demostrando que estamos de pie y preparándonos para demostrar, cuando sea necesario, que hay una multitud dispuesta a dejar en claro que no queremos volver al pasado, que no hay poder ni privilegio que nos aparte del desafío de ir por más. Será la mejor manera de reafirmar que somos consecuentes con la enseñanza y el legado de Néstor Kirchner.

* Diputado provincial por el Frente para la Victoria.

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